Efesios, Epístola a los
Este articulo será tratado bajo los siguientes encabezados:
* I. Análisis de la Epístola;
* II. Características Espiales;
* 1 Forma: a Vocabulario; b Estilo;
* 2 Doctrinas;
* III. Objeto;
* IV. A quien va dirigida;
* V. Fecha y lugar de la Composición; Ocasión;
* VI .Autenticidad
* 1 Relación con los otros libros del Nuevo Testamento;
* 2 Dificultades debido a la forma y doctrinas;
* 3 Tradición.
I. ANÁLISIS DE LA EPÍSTOLA
La carta que, en los manuscritos conteniendo las Epístolas de San Pablo, lleva el título de " A los Efesios " comprende dos partes distintamente separadas por una doxología (Efe.iii,20ss.). La salutación, en la cual el apóstol se menciona solamente a sí mismo, no es seguida por un prólogo; en verdad, toda la parte dogmática desarrolla la idea central la cual usualmente es el objeto del prologo en las cartas de San Pablo. En una oración larga que pare un himno(Efe.,1,3-14), Pablo alaba a Dios por las bendiciones que Él ha derramado sobre todos los fieles de acuerdo con el plan eterno de su voluntad, el plan sublime por el cual todos estaremos unidos bajo una cabeza, Cristo, un plan que aunque en tiempos pasados, secreto y misterioso, se ha manifestado ahora a los creyentes. Aquellos a los cuales va dirigida la Epístola, habiendo ribido el Evangelio han a su vez sido hhos participes de estas bendiciones, y el Apóstol, habiendo rientemente conocido de sus conversiones y de su fe, les asegura a ellos, que el no deja de darle gracias al Cielo por eso, ( Ef.,i,15,16)y que sobre todo, el reza por ellos. La explicación de esta oración, de su objetivo y motivo, constituye lo restante de la parte dogmática(cf. Ef.,iii, 1,14). Pablo le pide a Dios de que sus ltores tengan un conocimiento completo de la esperanza a la que Él los ha llamados, de que ellos puedan estar completamente conscientes de las riquezas de sus herencias y de la grandeza del Poder Divino que garantiza la herencia. Este poder Divino se manifiesta primero a sí mismo en Cristo, A quien levanto de entre los muertos y A quien exalto en gloria sobre todas las creaturas y lo establió como Cabeza de la Iglesia, que es Su cuerpo. Este poder y bondad de Dios se estaba evidenciando en los ltores los cuales fueron rescatados de sus pados y elevados y exaltados con Cristo. Pero brilló aún más, sobre todo porque establió una comunidad de salvación que les daba la bienvenida dentro de ella tantos a los Judíos como a los Gentiles sin distinción, la muerte de Cristo derribo la pared intermedia de separación, i.e. la Ley, y ambas partes de la raza humana habiendo sido así ronciliados con Dios, forman desde ese momento y para siempre un solo cuerpo, una sola casa, un solo templo del cual los apóstoles y los profetas cristianos son la fundación y Cristo mismo es la piedra angular (Ef.2,16-ii,20.) Pablo, como sus ltores habrían sabido, fue el ministro escogido para predicarle a los Gentiles acerca de este misterio sublime de Dios, desde toda la eternidad y no revelado ni siquiera a los Ángeles, de acuerdo al cual los Gentiles son hhos co-herederos junto con los Judíos, constituyen parte del mismo cuerpo, y toman parte de las mismas promesas ( Ef.,iii,1-13). Influenciado profundamente por este misterio, el Apóstol implora al Padre que conduzca a sus ltores a la perfción del estado Cristiano y al conocimiento completo de la caridad Divina ( Ef.,iii,14-19), continuando con la misma oración con la que él había empezado (Ef., 1, 16 sq.). Habiendo alabado a Dios en la parte doxológica (Ef.,iii, 20 sq.), Pablo pasa a la parte moral de su carta. Sus exhortaciones como es su manera habitual las fundamenta en consideraciones dogmáticas, todo guía a eso como se lee en el capitulo 4, versículo 1, en donde él le ruega a sus ltores a mostrarse ellos mismos en todas las cosas dignas de su vocación. Antes de todo, ellos deben trabajar para preservar la unidad descrita por el autor en los tres primeros capítulos y aquí otra vez saca a relucir Un Espíritu, un Señor, una fe, un bautismo, un Dios. Hay por supuesto una diversidad de ministerios, pero los resptivos ministerios de apostolado, de profía, etc., todos fueron instituidos por el mismo Cristo exaltado en gloria y todos van hacia la perfción de la sociedad de santos en Cristo (Ef., iv, 2-16). Desde estas grandes tareas sociales, Pablo procede con las consideraciones de las tareas individuales. Él contrasta la vida Cristiana que sus ltores deben llevar, con su vida pagana, insistiendo sobre todo en el evitar dos vicios, inmodestia y codicia (Ef.,iv,17-v,3). Entonces, en el tratamiento de la vida familiar él da abundante información sobre las responsabilidades entre esposos y esposas, cuya unión él la compara con la de Cristo con Su Iglesia y de las responsabilidades de los niños y de los sirvientes (v,21-vi,9).Para poder llenar estos requisitos y responsabilidades y combatir las fuerzas adversas, los ltores se deben de poner la armadura de Dios (vi,10-20)
La Epístola termina con un corto epilogo ( vi, 21-24), en donde el Apóstol les dice a sus ltores de que la ha enviado a Tíquico a darles noticias de él y de que les desea paz, caridad y gracia
II. CARACTERÍSTICAS ESPIALES
(1) FORMA
(a) Vocabulario
Esta carta como todas las escritas por San Pablo, contiene hapax legomena, cerca de setenta y cinco palabras que no se encuentran en otros escritos del Apóstol; sin embargo, seria un error utilizar este dato como base para argumentar la autenticidad Paulina. De estas palabras nueve ocurren entre paréntesis en el Viejo Testamento y otras pertenen al lenguaje corriente o talvez designan cosas de las cuales Pablo no había tenido ocasión de mencionar antes. Otras, son derivadas de raíces usadas por el Apóstol y además, comparando estas hapax legomena unas con otras, es imposible ronocer en ellas un vocabulario característico que nos revelaría a una personalidad distinta. (Cf. Brunet, de l’authenticite de l’epitre aux Ephesiens; preuves philologiques", Lyons 1897; Nageli, "Der Wotscharz des Apostels Paulus", Gottingen, 1905.)
(b) Estilo
Esta Epístola, aun más que la de los Colosenses, es notable por lo largo de sus oraciones. Los tres primeros capítulos escasamente contienen más de tres oraciones y estas están sobrargadas con relativos o participios causales que simplemente están entrelazados, fruentemente sin estar contados por unas partículas lógicas como ocurre tan fruentemente en San Pablo. Cada cláusula esta a su vez sobrargada con numerosos modificativos preposicionales( espialmente con en y syn) de los cuales es difícil establer su significado exacto. A menudo, también, varios sinónimos son utilizados uno al lado del otro y en muchos casos se tiene su fuente de explicación, y esa explicación difiere muy ligeramente de la del nombre mismo. Por todas estas razones el lenguaje de la Epístola, pesado, difuso, y lánguido, pare muy diferente del de la dialéctica, animada y estilo vigoroso de las cartas sin contestar del Apóstol. Es importante notar que en la parte moral de la Epístola estas puliaridades de estilo no aparen y por lo tanto ellas parieran depender mas de la materia tratada que del autor mismo; de hecho, en la exposición dogmática de la gran Epístola, el lenguaje de San Pablo esta fruentemente involucrado (cf. Rom, ii 13 sq; iv, 16 sq; v, 12 sq.;etc.). Además debe ser observado que todas estas puliaridades resultan por la misma causa: Todas ellas indican una cierta redundancia de ideas emanadas desde una profunda y tranquila meditación sobre una materia sublime, varios asptos de los cuales aparen simultáneamente en la mente del autor y que evocan su admiración. De ahí también el tono lírico que prevale en los tres primeros capítulos, los cuales constituyen una serie de alabanzas, bendiciones, acción de gracias, y oraciones. Cierta clase de composición rítmica a sido señalada en el capitulo i ( cf. T. Innitzer, "Der ’Hymnus’ im Eph., i, 3-14" en "Zeitschrift fur katholische Theologie", 1904, 612sq.), y en el capitulo iii vestigios de himnología litúrgica se han encontrado ( Ef.,iii,20 ), pero no son tan llamativos como en 1 Cor. Y no debe de ser comparado con el lenguaje litúrgico de 1 Clemente.
(2) DOCTRINAS
Las doctrinas de justificación, la Ley, fe, la carne, etc., que son características de las grandes Epístolas Paulinas, no faltan en la Epístola a los Efesios siendo ronocidas en el Capitulo ii ( 1-16). Sin embargo el tema no lo lleva a desarrollar estas doctrinas. Por otro lado, él indica claramente, espialmente en el capitulo i, el lugar supremo el cual, en orden de naturaleza y gracia, es adjudicado a Cristo, el autor y centro de la creación, el punto hacia el cual todas las cosas convergen, la fuente de toda gracia, etc. Aunque, en su gran Epístola, San Pablo algunas ves aborda estas doctrinas ( cf. 1 Cor., vii, 6; xv, 45 sq.; II Cor., v, 18 sp.), ellas constituyen el objetivo espial de su carta a los Colosenses, donde él los desarrolla a un mayor grado que en la de los Efesios. De hecho esta Epístola trata mas el tema de la Iglesia que de Cristo.( Sobre la doctrina de la Iglesia en la Epístola a los Efesios ver Meritan en "Revue biblique", 1898, pp. 343 sq., y W. H. Griffith Thomas en el "Expositor", Oct., 1906, pp. 318 sq.) La palabra iglesia ya no significa, como es usual en la gran Epístola de San Pablo (ver, como quiera, Gal)., i, 13; ICor., xii, 28, xv, 9),alguna iglesia local u otra, pero la Iglesia universal, un todo orgánico uniendo a todos los Cristianos en un cuerpo en el cual Cristo es la cabeza. Aquí encontramos el desarrollo sistematizado de elementos insinuados de tiempo en tiempo en las cartas a los Gálatas, Corintios, y a los Romanos. El autor ha dlarado que ahora no hay Judíos ni Griegos, pero que todos son uno en Jesús (Gal., iii, 28); que en cada Cristiano la vida de Cristo se ha hecho manifiesta ( Gal., ii, 20; II Cor., iv, 11 ss.); que todos son guiados por el Espíritu de Dios y de Cristo ( Rom., viii, 9-14); que cada uno de los fieles tiene a Cristo por cabeza ( 1 Cor., xi, 3), pudieran, por la combinación de estos elementos, fácilmente llegar a considerar a todos los Cristianos como formando un solo cuerpo ( Rom., xii, 5; I Cor., xii, 12, 27 ), animados por un Espíritu ( Ef., iv, 4), un solo cuerpo teniendo a Cristo por cabeza. A este cuerpo por el mismo derecho, pertenen tanto los Judíos, como los Gentiles. Indudablemente, esta misteriosa dispensación de la Providencia fue de acuerdo a la Epístola a los Efesios, hecho manifiesto a todos los Apóstoles, una dlaración la cual, además, la Epístola a los Gálatas no la contradice ( Gal.,ii, 3-9); sin embargo esta revelación permane como si fuera, el regalo espial de San Pablo ( Ef., iii, 3-8 ). El derecho de los paganos pare que ya no se cuestiona mas, lo cual es fácilmente entendido al final de la vida del Apóstol. A la muerte de Cristo, la pared de separación fue derribada ( fc. Gal., iii, 13), y todos desde entonces tienen acceso al Padre por el mismo espíritu. Ellos no se encuentran en el nivel Judío de la Ley abolida, pero en el nivel Cristiano, en el edificio fundado dirtamente por Cristo. La Iglesia así constituida, el autor la contempla como esta le pare a él. Además, si en la extensión de la Iglesia él contempla la realización del dreto divino por el cual todos los hombres han sido predestinados a la misma salvación y el no esta obligado a repetir la historia religiosa de la humanidad de la manera en la que él tuvo ocasión de describir en la Epístola a los Romanos, ni esta obligado a explorar los privilegios históricos de los Judíos, a lo cual el no obstante alude ( Ef., ii, 12) ni a contar la nueva onomía con la vieja ( ver, sin embargo, Ef., iii, 6) ni a introducir, al menos dentro de la exposición dogmática, los pados de los paganos, a quienes el se satisface en acusar de falta de intima comunión con Dios ( Ef. , ii, f12). Por el momento todos estos puntos no son el sujeto principal de meditación. Es mas bien, el hecho positivo de la unión de todos los hombres en la Iglesia, el Cuerpo de Cristo, lo que para él es prominente; el Apóstol contempla a Cristo mismo en Su influencia actual sobre este cuerpo y sobre cada uno de sus miembros; de ahí que él sólo ocasionalmente menciona el poder redentor de la Muerte de Cristo. ( Ef., i, 7; ii, 5,6,.) Desde el Cielo, donde Él ha sido exaltado, Cristo confiere Sus regalos a todos los fieles sin distinción, demandando, sin embargo, que en Su Iglesia ciertas oficinas sean mantenidas para el bienestar común. Los términos jerárquicos tan usados mas tarde(episkopoi, presbyteroi, diakonoi) no los encontramos aquí. Los apóstoles y profetas, siempre mencionados juntos, en la Epístola a los Efesios, juegan partes iguales, siendo los fundadores de la Iglesia (Efesios.ii,20 ). Puestos así en igualdad con los profetas, los apóstoles no son los Doce escogidos pero, como se indica en las cartas de San Pablo, aquellos que han visto a Cristo y han sido comisionados por Él a predicar Su Evangelio. Es por el mismo propósito que los profetas en la Epístola a los Efesios usaron el carisma , o regalos espirituales descritos en 1 Cor., xii-xiv. Los evangelistas, que no son mencionados en Efesios, ii, 20 o iii, 5, son inferiores en dignidad con respto a los apóstoles y profetas, sin embargo se mencionan (Efe.,iv,11). En sus primeras cartas San Pablo, no tiene ocasión para aludir a ellos, pero ellos pertenen a la edad Apostólica. Finalmente los "pastores y doctores" ( A.V. pastores y maestros), quienes son claramente distinguidos ( Efe.,iv,11) de los apóstoles y profetas, fundadores de las iglesias, paren ser aquellas autoridades locales indicados en 1 Tesa., v, 12; 1 Cor., xvi, 15 sig.; H., xx, 28. Mientras que la atención dada a estos diferentes ministros forma una nota distintiva en la Epístola a los Efesios, no podemos por lo tanto admitir ( con Klopper, por ejemplo)que el autor esta preocupado con la jerarquía como tal. La unidad de la Iglesia, un punto que el claramente enfatiza, no es tanta la unidad jurídica de una sociedad organizada como la unidad vital que une todos los miembros del cuerpo a la cabeza, el Cristo glorificado. Tampoco es cierto que el autor predice siglos futuros de existencia para esta Iglesia ( Klopper)como, propiamente hablando, "siglos venideros", referido en la Epístola a los Efesios ( ii, 7) son siglos a venir en el Reino de los Cielos ( cf. ii,6 ). Por otro lado sabemos que las esperanzas de San Pablo de ser testigo de la segunda venida de Cristo, fueron constantemente disminuyendo y por lo tanto, en los últimos años de su vida, él definirá ( Efe., v,22 sig.) las leyes del matrimonio Cristiano, las cuales en un primer periodo ( 1 Cor., vii, 37 sig.) él las consideró sólo bajo la luz de la inminente venida de Cristo. La exposición que nosotros hemos dado de las doctrinas propias de la Epístola de los Efesios ha sido hecha para mostrar que ninguna de estas doctrinas tomadas separadamente contradicen la teología de las grandes Epístolas Paulinas y que cada una individualmente puede ser contada con ciertos elementos diseminados en estas Epístolas. Sin embargo es cierto que tomada en su totalidad, esta carta a los Efesios constituye un nuevo sistema doctrinal, la autenticidad Paulina, la cual solo se puede defender críticamente señalando las circunstancias debido a las cuales el Apóstol fue capaz de desarrollar su primera teología y profundamente modificar su manera de ajustarlas hacia adelante. Naturalmente esto nos lleva primero de todo a tratar de averiguar el objeto de la carta a los Efesios.
III. OBJETO
Se ha dicho que San Pablo combatió doctrinas inmorales y una propaganda antinomia que puso en peligro espialmente a aquellos a los cuales las cartas fueron dirigidas (Pfleiderer), pero esta hipótesis no podría explicar la parte dogmática de la Epístola, y aun en la parte exhortatoria nada revela preocupaciones polémicas. Todas las advertencias son hhas por el origen pagano de los ltores y cuando el autor dirige sus oraciones al Cielo de parte de ellos ( Efe., I, 17 sig.) el no menciona ningún peligro en particular del cual él le habría pedido a Dios que librara sus vidas Cristiana. Klopper pensó que el autor tenia a los Judeo-Cristianos en mente, negando todavía a los paganos convertidos sus derechos en la Iglesia, y Jacquier agrega esto como un motivo adicional. Otros han dicho que los Cristianos-Gentiles de la Epístola tenían que ser rordados de los privilegios de los Judíos. Pero ninguna palabra en la carta, aun en la sción que contiene exhortaciones a la unidad ( Efe., iv, 2 sig), revela la existencia de cualquier antagonismo entre aquellos a los cuales el Apóstol escribe, y no hay cuestionamiento de la reproducción o re-establimiento de la unidad. El autor nunca se dirige a ningún pagano convertido salvo, y todas sus consideraciones tienden a proveerle a ellos con el conocimiento completo de sus bendiciones las cuales, a pesar de su origen pagano, ellos han adquirido en Cristo y de la grandeza del Amor que Dios les ha mostrado. Si en el capitulo iii, San Pablo habla de su Apostolado personal, no lo hace de ninguna manera para defenderlo de ataques, sino como expresando toda su gratitud por haber sido llamado, a pesar de no ser digno, para anunciar el gran misterio del cual él ha cantado las alabanzas. Brevemente, nada en la carta nos permite sosphar que esta responde a cualquier nesidad espial de parte de aquellos a los cuales va dirigida, tampoco que ellos, de su parte, le han dado al autor cualquier ocasión particular para escribirla. En la medida en que su parte dogmática o moral concierne, esta pudiera haber sido dirigida a cualquiera de las iglesias fundadas en el mundo pagano.
IV. A QUIEN VA DIRIGIDA
¿A quién, entonces, va dirigida la Epístola? Esta pregunta ha provocado una variedad de respuestas. Hay críticos que mantienen la opinión tradicional de que la Epístola fue escrita para los Efesios exclusivamente (Danko, Cornely), pero la mayoría lo considera bajo la luz de una carta circular. Algunos mantienen que esta fue dirigida a Efeso y a las iglesias que estaban en ella, es dir, la metrópolis (Michelis, Harless, y Henle), mientras otros mantienen que esta fue enviada a las Siete Iglesias del Apocalipsis (H. Holtzmann) o al circulo de comunidades Cristianas dentro y alrededor de Colosas y Laodicea (Godet, Haupt, Sanh, y Belser); o de nuevo a los fieles del Asia Menor (B. Weiss) o a todas las Iglesias Cristianas- Gentiles (Von Soden). La pregunta solo puede resolverse comparando la Epístola con el conocimiento poseído de la vida y actividad literaria del Apóstol. Aquellos que niegan la autenticidad de la carta deben ciertamente conceder que el Seudo- Pablo (i, 1) fue cuidadoso de someterse a probabilidades literarias e históricas, y si no, ya que la carta no concede ninguna indicación dirta de los destinatarios a quienes supuestamente el Apóstol se esta dirigiendo, seria perder el tiempo imaginar quienes son ellos.
Las palabras en Efeso, en el primer verso de la Epístola, no pertenen al texto primitivo. San Basilio atestigua que aun en sus días no se encontraban en el antiguo MSS,. En efto ellas no aparen en los Códigos B y Aleph ( primera fuente). Además, un examen de la Epístola no nos garantiza la creencia de que esta fue dirigida a la iglesia en la cual el Apóstol había viajado más. Cuando San Pablo le escribe a alguna de sus iglesias, el constantemente alude a sus relaciones pasadas con ellos ( ver Tesa., Gal., Cor. ), pero aquí no hay nada personal, no hay saludo, no hay romendaciones espiales, no hay alusión al pasado del autor. Pablo desconoce a sus destinatarios, aunque él ha oído hablar de ellos ( Efe.,i, 15 ) , y ellos han oído del él ( Efe., iii, 2; cf. iv, 21 ). Cuando se dirige a cualquier iglesia, aunque en ese momento esta sea desconocida para él, como por ejemplo, Roma o Colosa, el Apóstol siempre asume un tono personal; por lo tanto la manera abstracta e impersonal con la cual él trata a sus destinatarios desde el comienzo hasta el final de la Epístola a los Efesios solo se puede comprender considerando en esta Epístola una carta circular para un grupo de iglesias todavía desconocidas a Pablo. Pero esta explicación, fundada en el carácter encíclico de la Epístola, pierde su valor si la Iglesia de Efeso está contada dentro de aquellas a las cuales la carta circular fue dirigida, durante su estadía de tres anos en esta ciudad el Apóstol tenia fruentes contactos con las comunidades Cristianas vinas, y en este caso él hubiera tenido en la mira muy espialmente a Efeso, como cuando se dirigió a los fieles de Achaia ( II Cor., i,1 ) fue principalmente a la Iglesia de Corinto a la que el se dirigió. Sin embargo, fue mas bien a un restringido circulo de comunidades Cristianas a las que Pablo envió esta carta, como Tiquico iba a ir a visitarlos y llevarles noticias de él (Efe., vi, 21 ss.), lo que prlude la idea de todas las iglesias de Asia Menor o de todas las iglesias Cristiano-Gentiles. Además puesto que Titico llevaba la Epístola a los Colosences y la de los Efesos al mismo tiempo (Col,. iv, 7 ss.), aquellos a quienes la ultima fue dirigida no podría haber estado alejada de Colosa, y tenemos toda razón de suponer a todas ellas en el Asia Menor. Además, no creemos que la Epístola en cuestión fue dirigida a las iglesias en las cercanías inmediatas a Colasa, pues los riesgos que amenazaban la fe de los Colosenses virtualmente ponían en peligro la de las comunidades vinas, y porque, entonces, dos cartas difiriendo en tono y objetivo?. No habiendo tenido ninguna relación personal con los Colosenses, el Apóstol se hubiera sentido satisfho de dirigir a ellos y a sus vinos Cristianos una carta encíclica resumiendo todos los asuntos tratados en ambas Epístolas. Por esta razón será nesario buscar en otra parte en el Asia Menor, hacia los anos 60, a un limitado grupo de iglesias todavía desconocidas a San Pablo. Ahora, en el curso de sus tres viajes, Pablo ha atravesado todas las partes del Asia Menor excepto las provincias norteñas a lo largo del Mar Negro, territorio al cual el no alcanzo antes de su cautividad. Sin embargo, la primera Epístola de San Pedro nos muestra que la Fe ya había penetrado esta región; por lo tanto, con el dato histórico a nuestra disposición, es en esta vinidad que pare más razonable buscar a aquellos a los cuales la Epístola fue dirigida. Estos Cristianos deberían de haber sido nombrados en los textos auténticos de la inscripción de esta Epístola, como están en todas las cartas de San Pablo. Ahora, siempre que el participio sustantivo apare en una de estas inscripciones, sirve solo al propósito de introducir la mencionada localidad. Estamos por lo tanto autorizados a creer que en el destinatario de la Epístola a los Efesios( Efe., I,: tois hagiois ousin kai pistois en Christo Iesou ), este participio, tan difícil de entender en el texto ribido, originalmente presidió la designación del lugar habitado por los ltores. Uno podría asumir que la línea que contiene esta designación fue omitida debido a la distracción de parte del primer copiador, sin embargo seria entonces nesario admitir que la mención de la localidad, ahora en cuestión, ocurrió en el medio de adjetivos calificativos aplicados para el Apóstol a sus ltores ( hagiois tois ousin.... Pistois), y esto es algo que nunca se ha verificado en las cartas de San Pablo. Por lo tanto podemos suponer que, en esta destinación, la indicación del lugar estaba mala en vez de omitida, y esto nos prepara el camino para restauraciones conjeturales. Nosotros mismos hemos propuesto lo siguiente: tois haiois tois ousin kat Irin tois en Christo Iesou. (Ladeuze en Revisión bíblica, 1902, pp 573 ss.) Gramaticalmente esta frase corresponde perftamente con el estilo del Apóstol(cf. Gal., I,22; I Cor., I, 2; Fil.,I,1) y paleográficamente, si es traducida en capitales antiguas, esto fácilmente explica la corrupción que ciertamente se ha producido en el texto. La Epístola a los Efesios fue, por lo tanto, escrita a iglesia distantes, localizadas quizás en varias provincias[ Ponto, Galacia, Polemono( el reino de Polemon)] y, por esta razón, requiriendo ser designadas en términos generales, pero todas situadas a lo largo del Río Iris.
Estas iglesias del nordeste del Asia Menor jugaron un papel oscuro en el primer siglo. Cuando la primera colción de las cartas del Apóstol fueron hhas, una colción de la cual depende completamente la tradición textual de estas cartas(cf. Zahn, Geschichte des N. T. Kanons. I, ii. P. 829), fue Efeso que produjo la copia de la Epístola, habiendo obtenido esta cuando Tíquico toco tierra en ese puerto, desde ese lugar se dirigió a Colosa y en dirción de Ponto, y en esta copia el texto de los destinatarios estaba ya equivocada. Habiendo venido de Efeso, esta carta paso rápidamente como una para los Efesios, ya que no había ningún otro escrito por el Apóstol para la mas celebre de las iglesias. Esto explica porque ,desde el comienzo, todos excepto Marcion, aun aquellos que no leyeron las palabras en Efeso en el primer verso ( Origen, Tertuliano), miran esta carta como una Epístola a los Efesios, y porque en todo MSS., esta transcrita bajo este título.
V. FECHA Y LUGAR DE COMPOSICIÓN; OCASIÓN
Así como las Epístolas a los Colosenses, a los Filipenses y a Filemón, la de los Efesios fue escrita durante las horas de ocio en unos de los encarcelamientos del el Apóstol(Efe.,iii, 1; iv, 1; vi,20), cuando él tuvo poca razón para utilizar los servicios de un discípulo para escribir en su nombre (De Wette, Ewald, y Renán). Lisco ( Vincula Sanctorum, Berlín, 1900) es el único que en la actualidad asegura que estas cartas anteden el gran encarcelamiento de San Pablo, manteniendo que el Apóstol debió haberlas escrito cuando estuvo prisionero en Efeso en 57 y antes de aquellas que él envió a los Corintios y Romanos. Pero nosotros no tenemos detalles de esta cautividad en Efeso. Además, la doctrina descrita en estas cartas en cuestión pertene a una época subsiguiente a la composición de la Epístola a los Romanos (58); por lo tanto ellas no fueron escritas previas a su cautividad en Cesarea ( 58-60). Por otro lado, ellas son anteriores a la primera persución, a lo cual el autor no hace alusión cuando describió la armadura y los combates de los creyentes; por lo cual ellas no pueden ser asignadas a la ultima cautividad. Consuentemente solo nos queda atribuirlas a un periodo entre 58 y 63, pero ya sea que fueron hhas en Cesarea o en Roma ( 61-63) es todavía una pregunta más controversial. La información rogida aquí y allá es muy vaga y los argumentos utilizados son muy dudosos. Sin embargo, el tiempo libre permitido a Pablo, y la actividad evangélica que él muestra en el tiempo de escribir estas cartas coincidieron mas con su cautividad en Roma (H. xxviii, 17-31) que en Cesarea ( H. xxiii, ss.). Una cosa, sin embargo, es cierta, una vez que la autenticidad de la Epístola a los Colosenses y a los Efesios es admitida, es que ambas fueron escritas al mismo tiempo. Ambas muestran fundamentalmente y formalmente una estrha conexión, de la cual hablaremos mas tarde. Tíquico fue designado a llevar ambas Epístolas a aquellos a quienes ellas fueron dirigidas resptivamente y a cumplir la misma misión a través de ellas (Col., iv, 7 ss; Efe., vi, 21 ss). El versículo 16 del el capítulo iv de los Colosenses no pare aludir a la carta a los Efesios, lo cual nesitaría haber sido escrita primero, además, la Epístola aquí mencionada es escasamente una encíclica, el contexto no lleva a nosotros a buscar en ella una carta espial de la misma naturaleza como la enviada a los Colosenses. Además, si, Pablo sabia, que antes de llegar a Colosa Tíquico iba a llevar la Epístola a los Efesios a los cristianos en Laodicea, no había razón por la cual él incluiría saludos para los de Laodicea en su Epístola a los Colosenses( Col., iv, 15). Es más probable que la Epístola a los Efesios fue escrita en segundo lugar. Seria más fácil de entender porque, repitiendo a los Colosenses las mismas exhortaciones que él les hizo a los Efesios, por instancia, en lo de volver a casarse ( Efe., v, 22 ss.), el autor hubiera suprimido completamente las sublimes consideraciones dogmáticas en las cuales estas exhortaciones habían sido basadas. Además creemos con Godet que:" Es más natural pensar que , de estas dos cartas mutuamente complementarias, la incitada para un requerimiento positivo y una nesidad definida [ Col.] vino primero y la otra [ Efe.] fue debido a la mayor solicitud evocada por la composición de la anterior." ¿Cómo, entonces, admitiendo que San Pablo escribió la Epístola a los Efesios, pudiéramos nosotros explicar el origen de este documento? El Apóstol, quien estaba cautivo en Roma, fue informado por Epafras de los errores morales y dogmáticos que habían salido a la luz en Colosa y en las ciudades vinas, en iglesias de las cuales él no era su fundador. Él también se dio cuenta de que había sido criticado por no haber llevado a la perfción Cristiana a aquellos a los cuales él había convertido, y por no tomar suficiente interés en iglesias que habían brotado al lado de las suyas, aunque sin su intervención personal( Col.,i,28-ii, 5). Al mismo tiempo que Pablo ribió las noticias concerniendo a Colosa, y sus alrededores , el también escucho ( Efe.,i,15) que en una parte distante del Asia Menor comunidades cristianas habían sido traídas a la Fe, quizás por evangelistas( Efe.,iv,11). Impresionado por las acusaciones hecha en contra de él, Pablo aprovho la partida de Tíquico para Colosa, para entrar en comunicación con aquellos Cristianos quienes habían oído hablar de él (Efe.,iii,2) y para dirigirles a ellos una carta en la cual él tenia que limitarse a consideraciones generales en Cristiandad, pero el deseo demostrar sus preocupaciones apostólica para con ellos haciéndoles comprender no solo la dignidad de su vocación Cristiana, pero también la unidad de la Iglesia de Dios y la unión intima por la cual todos los creyentes, sin importar sus historias, son constituidos en un solo cuerpo del cual Cristo es la cabeza.
VI. AUNTENTICIDAD
Si tan solo pudiéramos rordar para quienes la Epístola fue dirigida y en que ocasión fue escrita, las objiones levantadas en contra de la autenticidad Paulina pudiera ser fácilmente contestada.
(1) RELACIÓN CON OTROS LIBROS DEL NUEVO TESTAMENTO
La carta a los Efesios tiene alguna semejanza a la Epístola a los Hebreos y a los escritos de San Lucas y San Juan, en cuanto a ideas y modo de expresión, pero no hay tal similitud encontrada con las grades Epístolas Paulinas. Por supuesto uno de los escritos del Apóstol debió haber sido utilizado en este documento, pero estas similitudes son demasiado vagas para establer una relación literaria. Durante los cuatro anos que transcurrieron entre las Epístolas a los Romanos y la de los Efesios, San Pablo había cambiado su domicilio y su línea de trabajo, y nosotros lo creemos a él en Roma y Cesarea contado con sus nuevos centros cristianos. Es por lo tanto, fácil de entender porque su estilo tendría el sabor del lenguaje cristiano usado en estos últimos libros, cuando rordamos que su objetivo tiene tanto en común con el tema tratado en la Epístola a los Efesios. Todo lo que ahora y antes se halla dicho sobre el tema, el mismo fenómeno se observa en la Epístola a los Colosenses. Si, eftivamente, la Epístola a los Efesios se pare a los Hhos en mas casos que Epístola a los Colosenses, esto es debido a que las dos tienen un objetivo idéntico cual es, la constitución de la Iglesia por el llamado de los Judíos y Gentiles.
La relación entre la Epístola a los Efesios y 1ra.de Pedro es mas cerca. La carta a los Efesios, a diferencia de la mayoría de las Epístolas Paulinas, no empiezan con una acción de gracias, sino que con un himno similar, aun en sus palabras, a como empieza 1ra. de Pedro. Además, ambas cartas se paren en ciertas expresiones típicas y en la descripción de las tareas de vida domestica, lo cual termina en ambas con la misma exhortación a combatir el mal. Con la mayoría de los críticos, nosotros mantenemos que la relación entre estas cartas es literal. Pero, 1ra de Pedro fue escrita de ultimo y consuentemente depende en la Epístola a los Efesios, por ejemplo, ya alude a la persución, por lo menos como inminente. Silvano el fiel
Éfeso
Una sede arzobispal titular ubicada en Asia Menor, se dice que fue fundada en el siglo XI A.C. por Androclo, hijo del rey ateniense Codros, con la ayuda de colonos jónicos. Su moneda data de antes del años 700 A.C., el periodo durante el cual se acuñaron las primeras monedas. Después de pertener sucesivamente a reyes de Lidia, a los persas y a los descendientes sirios de Alejandro Magno, pasó, luego de la batalla de Magnesia (190 A.C.), a los reyes de Pérgamo, el último de los cuales, Attalus III, legó su reino al pueblo romano (133 A.C.). Fue en Éfeso donde Mitrídates (88 A.C.) firmó el dreto ordenando la muerte de todos los romanos de Asia, en dicha masacre murieron 100 mil personas. Cuatro años más tarde, Sula, de nuevo dueño del territorio, asesinó en Éfeso a todos los líderes de la rebelión. Desde el año 27 A.C. hasta poco después del año 297 D.C., Éfeso fue la capital de la provincia proconsular de Asia, una dependencia dirta del Senado Romano. Aunque de escasa importancia política, Éfeso fue conocida por su amplio comercio.
Muchos personajes ilustres nacieron en Éfeso, por ejemplo los filósofos Heráclito y Hermodoro, el poeta Hiponax, el pintor Parrasius (todos en el siglo VI o V B.C.), el geógrafo Artemidoro, y otro Artemidoro, astrónomo y charlatán, ambos en el segundo siglo de la era cristiana, y el historiador y ensayista, Jenofonte. Éfeso debía su gran renombre al templo de Artemisa (Diana en la mitología romana), el cual atraía multitud de visitantes. Su primer arquitto fue el cretense Kersifrón (siglos VII a VI A.C.) pero fue ampliado más adelante. Estaba situado a orillas del río Selino y los habitantes de sus alrededores tenían derecho de asilo. Este edificio, que fue visto como una de las siete maravillas del mundo antiguo, fue incendiado por Heróstratos (356 A.C.) la misma noche en la que nació Alejandro Magno, y fue ronstruido después, casi en las mismas proporciones, por el arquitto Dinócrates. Se dice que su construcción duró 120 años, pero de acuerdo con algunos historiadores, pudieron haber sido 220. Tenía más de 120 metros de largo y 60 de ancho y descansaba sobre 128 pilares de 18 metros de altura. Fue despojado de sus riquezas por Nerón y finalmente destruido por los godos (262 D.C.)
A través de los judíos fue como el cristianismo se introdujo inicialmente en Éfeso. La comunidad original estaba bajo el liderazgo de Apolo (I Cor., i, 12). Eran discípulos de San Juan Bautista y habían sido convertidos por Aquila y Priscila. Luego llegó san Pablo, quien estuvo en Éfeso durante tres años para establer y organizar la nueva iglesia; acostumbraba enseñar en la escuela o sala de lectura del retórico Tirano (Hch, xix, 9) y allí realizó muchos milagros. Eventualmente se vio obligado a partir, como consuencia de la sedición provocada por el orfebre Demetrio y otros fabricantes de exvotos para el templo de Diana (Hch, xv111, 24 sgs.; xix, 1 sgs.).
Un poco más tarde, de camino a Jerusalén, san Pablo envió por los ancianos de la comunidad de Éfeso para que fueran a Mileto, donde les brindó una conmovedora despedida (Hch, xx, 17-35). La iglesia de Éfeso fue encomendada a su discípulo san Timoteo, un nativo de la ciudad (I Tim, 1, 3; II Tim, 1, 18; iv, 12). La epístola de san Pablo a los Efesios probablemente no fue dirigida sólo a ellos; pudo haber sido una circular enviada por él a diferentes iglesias. La permanencia y muerte del apóstol san Juan en Éfeso no son mencionadas en el Nuevo Testamento, pero son atestiguadas tan pronto como a finales del siglo II por San Ireneo (Adv. Haer., III, iii, 4), Polícrates, Obispo de Éfeso (Eusebio, Hist. cl., V, xxi), Clemente de Alejandría, el "acta Joannis", y un poco más adelante por Justino y los montanistas. La tradición bizantina siempre ha señalado a Éfeso como la ciudad donde se encuentra la tumba del profeta. Otra tradición, que puede ser confiable, aunque más antigua, hace de Éfeso el escenario de la muerte de santa María Magdalena. Por otro lado, la opinión de que la Santísima Virgen murió allí no tiene fundamento en ningún testimonio antiguo; el texto citado con fruencia es un escrito ambiguo del Concilio de Éfeso (431), que quiere dir simplemente que en Éfeso había una iglesia de la Virgen en aquella época. (Ver Rancia en "Expositor", Junio de 1905, también sus "Siete Ciudades de Asia"). Más aún, se ha sabido por Eusebio (Hist. cl. V, xxiv) que las tres hijas del apóstol san Felipe fueron sepultadas en Éfeso.
Cerca del año 110 san Ignacio de Antioquía, habiendo sido ribido por mensajeros de la Iglesia de Éfeso en Esmirna, envió una de sus famosas siete epístolas a esa ciudad. Durante los primeros tres siglos Éfeso fue, junto con Antioquía, el principal centro de la cristiandad en Asia Menor. En el año 190 su obispo, San Polícrates, convocó a un concilio para considerar la controversia pascual y se dlaró a favor de la práctica Cuartodimal; sin embargo, la Iglesia de Éfeso pronto estuvo de acuerdo en este particular a la práctica de todas las otras iglesias. Pare cierto que el sexto canon del Concilio de Nicea (325), confirmó para Éfeso su jurisdicción lesiástica sobre toda la "diócesis" o el territorio civil de Asia Menor y, por lo tanto, sobre las once provincias eclesiásticas; en todo caso, el segundo canon del Concilio de Constantinopla (381) ronoció formalmente esta autoridad. Pero Constantinopla ya estaba rlamando la primacía sobre las iglesias del Este y trataba de anexar las iglesias de Tracia, Asía y El Ponto. Para resistir estos abusos, Éfeso hizo causa común con Alejandría. De esta manera, encontramos al obispo Memnon de Éfeso aliándose con San Cirilo en el Tercer Concilio uménico, sostenido en Éfeso el año 431 en condenación al nestorianismo, y otro obispo, Esteban, apoyando a Dióscoro en el llamado "concilio ladrón" (Latrocinium Ephisinum) de 149, el cual aprobó la herejía de Eutiques. Pero la resistencia de Éfeso se sobre impuso en el Concilio de Caicedonia (451), cuyos famosos 28 cánones colocaban a las 28 provincias eclesiásticas de El Ponto, Asia y Tracia bajo la jurisdicción del Patriarca de Constantinopla. De aquí en adelante, Éfeso fue la segunda metrópoli del Patriarcado de Constantinopla, nunca robró su pasada posición, a pesar del concilio de 474 en donde Pablo, el Patriarca Monofisita de Constantinopla restauró sus antiguos derechos. La influencia egipcia fue la responsable de la fortaleza ganada por el monofisismo en Éfeso duran el siglo sexto; el famoso cronista lesiástico, Juan de Asia, era entonces uno de sus obispos. En aquellos días, la ciudad de Éfeso gobernaba sobre 36 obispados. Justiniano, quien imitó a Constantino al despojar a la ciudad de muchas obras de arte para adornar Constantinopla, construyó allí una magnífica iglesia consagrada a san Juan; la cual se convirtió muy pronto en lugar de peregrinaje.
Éfeso fue tomada por los árabes en los años 655 y 717. Más tarde se convirtió en la capital de los tracios. Durante el periodo iconoclasta dos obispos de Éfeso sufrieron martirio, Hypatius en el 735 y Teófilo en el siglo noveno. En la misma ciudad el fiero general Lacanodracon ejutó 38 monjes del monasterio de Pelete en Bitinia y a otros partidarios de las santas imágenes. En 899 Leon el Sabio transfirió las reliquias de santa María Magdalena a Constantinopla. La ciudad fue capturada en 1090 y destruida por los turcos selyúcidas, pero los bizantinos lograron ruperarla y ronstruirla en las montañas cercanas alrededor de la iglesia de san Juan. A partir de entonces fue llamada Hagios Theologos (el teólogo santo, es dir san Juan el Divino), o, en turco, Aya Solouk (para los griegos, el apóstol san Juan es "el teólogo"); los franceses llaman a la ciudad Altelot y los italianos Alto Luogo.
A comienzos del siglo XIII su arzobispo, Nicolás Mesarites, tuvo un papel muy importante en la conferencia entre los griegos y los latinos. La ciudad fue nuevamente saqueada por los turcos en los primeros años del siglo XIV, luego por los mercenarios catalanes pagados por los bizantinos, y de nuevo por los turcos. La iglesia de san Juan fue transformada en mezquita, y la ciudad fue gobernada por un emir turco, quien sostuvo un pequeño comercio con occidente, pero no pudo mantener más al obispo griego. Una serie de obispos latinos gobernaron la sede desde 1318 hasta 1411. La ruina de Éfeso fue completada por Tamerlán en el año 1403 y por cerca de medio siglo de guerras civiles entre sus líderes turcos. Cuando en el concilio de Florencia de 1439 Marco de Éfeso (Marcus Eugenicus) se mostró tan altanero hacia los latinos, él era pastor de una villa miserable, todo lo que quedaba de la gran ciudad, a la cual llamó Plinio alterum lumen Asiae, o el segundo ojo de Asia (Hist. Nat., V, xxix; también Apoc., ii, 5; cf. W. Brockhoff, "Ephesus vom vierten christlich. Jhdt. bis seinem Untergang:, Jena, 1906).
Actualmente, Ayasoluk tiene tres mil habitantes, todos griegos. Está situada en caza de Koush Adassi , en el vilayato de Aiden o Esmirna, aproximadamente a 80 kilómetros al sur de Esmirna, sobre la vía férrea Esmirna-Aidin . Las ruinas de Éfeso en la planicie pantanosa e insalubre abajo de la villa. Existen las ruinas del templo de Artemisa , el anfiteatro, con capacidad para 25 mil esptadores, el estadio, el gran gimnasio, y la "Iglesia Doble", probablemente la antigua catedral, una de cuyas naves fue dedicada a la Santísima Virgen, la otra a san Juan, donde tuvieron lugar los concilios de 431 y 449. EL Arzobispo griego reside en Manisa, la antigua Magnasia.
Wood, On the Antiquities of Ephesus having relation to Christianity in Transactions of the Society of Biblical Archeology, VI, 328; Idem, Discoveries at Ephesus (London, 1877); Falkener, Ephesus and the Temple of Diana (London, 1862); Arundell, Discoveries in Asia Minor (London, 1834), II, 247-272; Barclay-Head, History of the Coinage of Ephesus (London, 1880); Guhl, Ephesiaca (Berlin, 1843); Curtius, Ephesos (Berlin, 1874); Benndorf, Forschungen in Ephesos (Vienna, 1905); Chapot, La province Romaine proconsulaire d’Asie (Paris, 1904); Gude, De clesiae ephesinae statu aevo apostolorum (Paris, 1732); Cruse-Blicher, De statu Ephesiorum ad quos scripsit Paulus (Hanover, 1733); Le Camus in Vig., Dict. de la Bible, s.v. Ephese; Zimmermann, Ephesos im ersten christl. Jhdt. (Berlin, 1894): Lequien, Oriens christianus (Paris, 1740), I, 671-694; Brockhoff, Studien zur Gesch. der Stadt Ephesos (Jena, 1905); er, Le guide du voyageur a Ephese (Smyrna, 1891); Buerchner, Ephesos in Pauly-Wissowa, Real-Encyc., s.v.; Ramsey, The Seven Cities of Asia (London, 1907).
S. VAILHÉ
Traducido por Mauricio Acosta Rojas
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