Educación
I. General
II. Educación Oriental
III. Los Griegos
IV. Los Romanos
V. Los Judíos
VI. Educación Cristiana
A. Jesucristo como Maestro
B. El Ánimo de la Educación Cristiana
C. El trabajo Educativo de la Iglesia
I. En General
En su sentido más amplio, la educación incluye todas aquellas experiencias por las cuales se desarrolla la inteligencia, se adquiere el conocimiento y se forma el carácter. En un sentido más fino, es el trabajo hecho por ciertas agencias e instituciones, el hogar y la escuela, con el expreso propósito de entrenar mentes inmaduras. El niño nace con capacidades latentes las cuales deben ser desarrolladas de manera de prepararlo para las actividades y responsabilidades de la vida. Por lo tanto, cómo el educador entiende el significado de la vida, sus propósitos y valores, determinan primeramente la naturaleza de su trabajo. La Educación busca lograr un ideal y éste, a su vez, depende de la visión que se tenga del hombre y su destino, de sus relaciones con Dios, con sus congéneres y con el mundo físico. El contenido de la educación es suministrado por las adquisiciones previas de la humanidad en literatura, artes y ciencias, principios morales, sociales y religiosos. La herencia, sin embargo, contiene elementos que tienen grandes diferencias en valor, ambos como posesiones mentales y como medios de cultura; por lo tanto, es nesaria una selección y ésta debe estar mayormente por el ideal educacional. Será también influenciado por la consideración del proceso educativo. La enseñanza debe adaptarse a las nesidades de una mente en desarrollo, y el esfuerzo para lograr la adaptación, realizado más a través de resultados en teorías y métodos que están, o deberían estar basados en los hallazgos en biología, fisiología y psicología. El trabajo educativo normalmente comienza en el hogar; pero, por razones obvias, es continuado en instituciones donde los profesores reemplazan a los padres. Para asegurar la eficiencia, es nesario que cada escuela esté apropiadamente organizada, que los profesores estén debidamente calificados y que los temas de instrucción sean sabiamente escogidos. Más aún, siendo la escuela mayormente la responsable por la formación inteltual y moral de aquellos que luego serán miembros de la sociedad, útiles o nocivos, evidentemente es nesaria alguna dirción superior además de que aquella del profesor individual, de manera que el propósito de la educación pueda ser logrado. Por lo tanto ambos, tanto la Iglesia como el Estado tienen intereses por qué velar; la educación está para esforzarse hacia el ideal verdadero a través de lo obvio de que la educación en cualquier momento exprese, mientras esté en su control práctico, las relaciones existentes entre el poder temporal y el espiritual, asumiendo una forma concreta. Más aún, como éstas ideas y relaciones han variado considerablemente en el curso del tiempo, es bastante inteligible que una solución a los problemas centrales de la educación, deben ser vistos en su persptiva histórica; y es incuestionable que el estudio histórico, tanto en éste como en otras áreas, tiene una utilidad múltiple. Sin embargo, una mera cita de hhos es de poco provho a no ser que se le dé su debida importancia a ciertos hhos de la revelación Cristiana. Es nesario, entonces, distinguir los elementos constantes en educación de aquellos que son variables; los primeros incluyendo la naturaleza humana, su destino, sus relaciones con Dios y los últimos, todos aquellos cambios en la teoría y la conducción del trabajo educativo. El presente artículo está principalmente preocupado del primer aspto del tema; y, desde éste punto de vista la educación puede definirse como aquella forma de la actividad social a través de la cuál y, bajo la dirción de mentes maduras y por el uso de medios aduados, los poderes físicos, inteltuales y morales de los seres humanos inmaduros se desarrollan para prepararlos al cumplimiento de su trabajo aquí en la vida y para asistencia de su destino eterno. Ni ésta ni ninguna otra definición ha sido formulada desde los comienzos. En tiempos primitivos, el desamparo y las nesidades del niño, eran tan obvias que sus mayores, por impulso natural les dieron un entrenamiento en las rudas artes que les permitiesen dotarse de las cosas nesarias para la vida, al tiempo que les enseñaron a aprovhar los poderes escondidos en cada objeto de la naturaleza, y a asumir las costumbres y tradiciones tribales. Pero, de educación propiamente hablando, los salvajes no sabían nada y mucho menos se ocupaban de la teoría o la planificación. Incluso personas civilizadas llevan a cabo el trabajo educativo por largo tiempo antes que comiencen una reflexión sobre su significado, y tal reflexión es guiada por la espulación filosófica y por instituciones establidas sociales, religiosas y políticas. También, a menudo, su teorización es trabajo de mentes excepcionales, y presentan un ideal superior que puede ser inferido de su práctica educacional. Sin embargo, una contabilidad de lo que ha sido hecho por las principales personas de la antigüedad, probará su inutilidad al aparer la profunda modificación que labró la Cristiandad.
II. La Educación Oriental
La invención de la escritura fue de gran importancia para el desarrollo del lenguaje y el mantenimiento de registros. Los textos más primitivos, principalmente de naturaleza religiosa, se transformaron en la fuente del conocimiento y los medios para la educación. Tales eran en China los escritos de Confucio, los de Vedas, en Egipto, el libro de la Muerte, en Persia el Avesta. El principal propósito del estudio de estos textos por la juventud era asegurar la uniformidad del pensamiento y las costumbres y una invariable conformidad con el pasado. En este sentido, la educación china es típica. Los escritos sagrados contenían retas al minuto para la conducción en cada circunstancia y estación de vida. El alumno estaba obligado a aprendérselo de memoria de una forma puramente mánica; si él entendía o no, las palabras mientras las repetía, era indiferente. Simplemente guardaba en su memoria múltiples formas establidas y frases las cuales consuentemente, empleaba en la preparación de ensayos y para aprobar exámenes gubernamentales. El que pudiera pensar por sí mismo, era por su puesto, un tema fuera de toda consideración. Con tal forma de entrenamiento, era imposible el desarrollo de la personalidad libre. En China, la familia con sus tradiciones sagradas y el trabajo de sus ancestros, era controlado por el Estado; en Egipto por el clero; en la India, por las diferentes castas. Sin dudas, en la mentalidad oriental, había una conciencia de la personalidad; pero no se hizo ningún esfuerzo por fortalerla o para darle valor. Por el contrario, la filosofía Hindú, que veía el conocimiento como el medio de redención de las miserias de la vida, ubicó tal redención en sí misma en el nirvana, la extinción del individuo a través de su absorción al ser del mundo. La posición de la mujer fue, en general, degradante. Aunque la formación temprana del niño descansaba en su madre, su responsabilidad era llevada a cabo sin dignidad. Muy pocas provisiones fueron hhas para la educación de las niñas; su única vocación era el matrimonio, cuidar niños y rendir servicios al jefe de familia.
Viendo estos factores, no se puede dir que la educación tal como el mundo occidental la concibe, no le debe nada al Este. Es cierto que algunas ciencias, matemáticas, astronomía y cronología y algunas artes tales como la escultura y la arquittura, fueron llevadas a cabo con cierto grado de perfción; pero el verdadero éxito de la habilidad y capacidad oriental en estas líneas sólo enfatiza por contraste, las deficiencias de la educación oriental. Incluso en la esfera de la moralidad el mismo antagonismo apare entre el prepto y la práctica. No se puede y no es nesario negar que muchos de los dichos, como los de Confucio, revelan un alto ideal de la virtud, mientras que algunos de los proverbios hindúes, tales como los de "Pantscha-tantra" están llenos de sabiduría práctica. Sin embargo, estos factores solo hacen más difícil responder a la pregunta: ¿Porqué la vida eftiva de estas personas fue tan apartada de los estándares formalmente aceptados de virtud?. Sin embargo, la educación oriental tiene una significancia puliar; muestra bastante simplemente, las consuencias del sacrificio del individuo por los intereses de las instituciones humanas y el reducir la educación a un proceso al estilo de máquinas, el ánimo por el cual se moldean las mentes sobre un patrón invariable; y más aún, muestra cuan poco puede cumplirse para la real educación, por una autoridad despótica la cual demanda y se satisface con una observancia externa de las costumbres y leyes (Ver Davidson. Una Historia de la Educación, New York, 1901)
III. Los Griegos
Si la educación de los orientales fue fija, la griega muestra un progresivo desarrollo que va de un extremo al otro a través de una variedad de movimientos y reacciones, de ideales y prácticas. Lo que se mantiene constante es la idea que el propósito de la educación es entrenar a la juventud para que sean ciudadanos. Esta idea, sin embargo, fue concebida e intentada su realización de diferentes formas por varias Ciudades-estado. En Esparta, el niño, de acuerdo al Código de Lycurgio, era propiedad del Estado. Desde su séptimo año hacia adelante ribió formación pública cuyo único objetivo era hacerlo un soldado, desarrollando fortaleza física, coraje, auto control y obediencia a la ley. Era un entrenamiento duro en ejercicios gimnásticos con poca atención al aspto inteltual y menos al estético; incluso la música y la danza tomaron caracteres militares. Las niñas eran también sujetas a la misma disciplina severa, no al punto de enfatizar igualdad de sexos sino para hacer fuertes madres de una raza guerrera.
El ideal de la educación ateniense era el hombre completamente desarrollado. Belleza de mente y cuerpo, el cultivo de facultades y energías innatas, armonía entre el pensamiento y la vida, el doro, la temperancia y la regularidad - tales eran los ánimos en el hogar y en la escuela, en los intercambios sociales y en las relaciones cívicas. "Somos amantes de lo bello", día Pericles, "aunque simples en nuestros gustos, cultivamos la mente sin perder nuestra virilidad" (Thucydides, II, 40). Los medios de la cultura eran la música y las gimnasias, la primera incluía historia, poesía, drama, oratoria y ciencia, junto con la música en un sentido más fino; mientras que las últimas comprendían juegos, ejercicios atléticos y el entrenamiento para los deberes militares. Que la música no era un mero "logro" y que las gimnasias tenían un objetivo superior a la fortaleza del cuerpo o su habilidad, era evidente a partir de lo que nos relata Platón en su obra Protágoras. Los griegos, sin duda restaron fuerza al coraje, la temperancia y la obediencia a la ley; y si sus disertaciones teóricas podían darse como justas cuentas de sus eftivas prácticas, podría ser difícil encontrar, entre los productos del pensamiento humano, un ideal más exaltado. La debilidad esencial de su educación moral fue el fracaso en dar una sanción aduada a los principios formulados por ellos y por los consejos dados a sus jóvenes. La práctica religiosa, ya sea a través de servicios públicos o en adoraciones en sus hogares ejercieron poca influencia en la formación del carácter. Las deidades griegas, después de todo, no eran modelos a imitar; algunos de ellos apenas habían sido objetos de reverencia, dado que estaban investidos con las debilidades y pasiones de los hombres. La Religión en sí misma era mánica y externa; no tocaba la conciencia ni despertaba el sentido del pado. En cuanto a la vida futura, los Griegos creyeron en la inmortalidad del alma; pero esta creencia tenía poca o ninguna significación práctica. Sin embargo, encontraron el motivo para la acción virtuosa, no en relación con una ley divina ni como esperanza de premio eterno, sino simplemente por el deseo de mezclar en la debida proporción, los elementos de la naturaleza humana. La Virtud no es auto-represión en pro del deber, sino, como dice Platón, "una espie de salud, una belleza y un buen hábito del alma"; mientras que el vicio es "una dolencia y deformidad y enfermedad de ella". El hombre justo regulará de tal modo su carácter como para estar en buenos términos consigo mismo y para establer aquellos tres principios (razones, pasiones y deseo) en armonía, como si fueran verdaderamente tres cuerdas de una armonía, una alta, una baja y una mediana y lo que sea que exista entre estas; y una vez que él ha limitado todas estas juntas y reducido los muchos elementos de su naturaleza a una unidad real como un hombre temperado y aduadamente armonizado, entonces él procederá a hacer lo que sea que el deba hacer. (República IV, 443)
Esta concepción de la virtud como auto-equilibrio fue atada muy de cerca con la idea del valor personal el cual ya ha sido mencionado como el elemento central en la vida y educación griegas. Pero la personalidad en referencia no fue aquella del hombre por el bien de su humanidad, ni siquiera aquella de los griegos por el bien de su nacionalidad; era la personalidad de un ciudadano libre, y una ciudadanía donde los artesanos y esclavos estaban excluidos. Las artes mánicas tenían mala reputación; y Aristóteles dlara que "ellas no se ajustan al cuerpo y alma o el intelto de personas libres para el ejercicio y practica de la virtud" (Política, V, 1337) Una limitación aun más seria que afta no sólo su concepto de la dignidad humana, sino también su consideración de la vida humana, consistió en la exposición de los niños. Esto era practicado en Esparta por la autoridad pública que destruía al niño que no era apto para el servicio al Estado; mientras en Atenas, el destino de estos críos era encargado a su padre quien podía didir de acuerdo solamente a sus intereses. La posición de la madre no era mucho mejor de que ha sido en el Oriente. Las mujeres eran generalmente vistas como seres inferiores "impotentes para el bien pero astutas urdidoras de todo mal" (Eurípides, Medea, 406). En el mejor de los casos, era medio para un fin, el cuidado de los niños y del hogar; consuentemente, su educación era de escaso tipo. Las únicas excepciones eran las hetaerae, es dir, la mujer que estaba fuera del círculo del hogar y quien tenía mayor libertad de vida combinada con una mayor cultura de lo que la mujer legítima podía esperar. Bajo tales circunstancias, el matrimonio implicaba para la mujer una disminución en su valía personal que estaba en marcado contraste con los ideales establidos para la educación de los hombres.
Nuevamente, estos ideales sufrieron un didido cambio durante el siglo quinto A.C. En cierto sentido, fue un cambio para mejor, extendiendo los derechos de ciudadanía. La constitución de Solón fue dejada de lado y se adoptó la de Clístenes (509 A.C.) El carácter democrático de la última con un aumento en la prosperidad en el hogar y la amplitud de las relaciones extranjeras, dieron paso a nuevas oportunidades a la habilidad individual y el esfuerzo. Esta realzada actividad, sin embargo, no fue establida en beneficio del bien común, sino para el avance de los intereses personales. Al mismo tiempo, la moralidad fue excluida de incluso el apoyo externo que tenía anteriormente salida de la religión; la filosofía dio lugar al escepticismo; y la educación, mientras de tornaba cada vez más inteltual, puso énfasis en la forma por sobre el contenido. Los profesores más influyentes eran los Sofistas, quienes suplían la demanda criente de instrucción en el arte de la discusión pública y ofrían información sobre todo tipo de materias. Desarrollándose en dirciones prácticas, el principio que "el hombre es la medida de todas las cosas" trajo individualismo al extremo del subjetivismo semejante en la esfera del pensamiento espulativo y aquel de la conducta moral. Los propósitos de la educación fueron correspondientemente modificados y aparieron nuevos problemas. Ahora que los viejos estándares y la base de la moralidad habían sido rhazados, la cuestión principal era su reemplazo por otros en los cuales se le diera lugar por un lado a la individualidad y por otro a las nesidades sociales. La respuesta de Sócrates fue "Conócete a tí mismo" y "El conocimiento es virtud", es dir, el conocimiento que sale de la experiencia personal, aunque posee validez universal; y los medios dictados por él para la obtención de tal conocimiento era su malléutica, es dir, el arte de parir ideas a través del método de preguntas y respuestas a través del cuál, él desarrolló el poder del pensamiento. Como disciplina inteltual, este esquema tenía un valor indudable; pero dejaba sin resolver el problema principal; ¿cómo el conocimiento, incluso el más elevado, puede ser llevado a acción? Platón ofreció una solución dual. En la República, establida a partir de su teoría general que la idea sola es real y que lo bueno de cada cosa consiste en su armonía con la idea original, él llega a la conclusión que el conocimiento consiste en la percepción de ésta armonía. Por lo tanto, el ánimo de la educación es desarrollar el conocimiento de lo bueno. Al parer, este esquema promete un poco más de resultados prácticos que aquella de Sócrates. Pero Platón agrega que la sociedad debe ser gobernada por aquellos que poseen este conocimiento, es dir, por los filósofos.; las otras dos clases, los soldados y artesanos, son subordinados, aunque cada ser individual es asignado a la clase para la cual sus habilidades se ajustan alcanzando el auto desarrollo más elevado y contribuyendo así al bienestar social. En las Leyes, Platón intenta revisar y combinar ciertos elementos del sistema Espartano y Ateniense pero este esquema reaccionario no logra éxito.
Finalmente, este problema fue asumido por Aristóteles en la Etica y la Política. Tanto en su filosofía como en su teoría de la educación, comienza con las enseñanzas de Platón. El objetivo del individuo como para la sociedad es la felicidad: "Aquello que nos anima es la felicidad de cada ciudadano, y la felicidad consiste en una actividad completa y práctica de la virtud" (Política, IV). Más prisamente, la felicidad es "la actividad conciente de la parte mas elevada del hombre de acuerdo a la ley de su propia excelencia, no sin compañía de condiciones aduadas y externas." El mero conocimiento del bien no constituye virtud; este conocimiento debe ser materia en la práctica del bien del intelto (conocimiento de la verdad universal) que debe ser combinado con el bien de la acción. Las tres cosas que hacen a los hombres buenos y virtuosos son - naturaleza, hábito y razón.-
Debe estar en armonía con otros (porque no siempre están de acuerdo); los hombres hacen muchas cosas en contra del hábito y la naturaleza, si la razón los persuade que deben. Ya hemos determinado que la naturaleza es más fácilmente moldeable por las manos del legislador. Todo lo demás, es trabajo para la educación; aprendemos algunas cosas por hábito y otras por instrucción. (Política, Libro VII).
Sin embargo, la educación siempre debe adaptarse al carácter particular del Estado. "El ciudadano debe ser formado para ajustarse a la forma de gobierno bajo la cual vive" (ibid, VIII). Y nuevamente, "Es corrto que los ciudadanos deben poseer una capacidad para los negocios y para la guerra, pero aún más para el gozo de la paz o el placer; derecho que deben ser capaces de tales acciones en tanto son indispensables y saludables, pero aún más que tales son la moral per se. Es en relación a la visión de estos objetos, entonces, que deben ser educados mientras aún son niños y en todas las otras edades, hasta que vayan más allá de nesitar educación" (ibid, IV). "Tampoco debemos suponer que ningún ciudadano se pertene a sí mismo, puesto que todo ellos pertenen al Estado y cada uno de ellos son parte del Estado, y el cuidado de cada parte es inseparable del cuidado del todo" (Ibid, VII).
En las teorías de Platón y Aristóteles se encuentran los mayores logros del pensamiento helénico con relación al propósito y naturaleza de la educación. Cada uno de estos grandes pensadores establió escuelas de filosofía y cada uno aftó profundamente el pensamiento de todo el tiempo que les siguió, aunque ninguno tuvo éxito en entregar una educación lo suficientemente sólida y permanente para impedir la caída moral y política de la nación. La difusión del pensamiento y la cultura griega en todo el mundo por conquista y colonización no fue remedio para los males que se desprenden de un individualismo exagerado. Una vez que la idea fue aceptada que cada hombre es el estándar de su propia conducta, ni lo brillante de la producción literaria, tampoco la fineza de la espulación filosófica los previno del daimiento del patriotismo, y una virtud que nunca fue vista más superior que el Estado. El mismo Aristóteles, en la conclusión de su Etica, apunta hacia esta dificultad radical:
Ahora bien, si los argumentos y teorías son capaces por sí mismas de hacer a las personas buenas, podrían, en palabras de Theognis, tener derecho a ribir altos y grandes premios y es de teorías que nosotros debemos proveernos. Pero la verdad aparentemente es que, aunque son lo suficientemente fuertes como para motivar y estimular a los jóvenes hombres de mentes liberales, aunque son capaces de inspirar con bondad un carácter que es naturalmente noble y que sinceramente ama la belleza, son incapaces de convertir a la masa humana en bondad y belleza de carácter.
Tal "conversión" fue animada por los Sofistas. Apelando a las tendencias naturales del individuo, desarrollaron un espíritu de egoísmo que, de paso terminó en discordia, y así abrieron el camino de la conquista de Gria por las armas romanas.
IV. Los Romanos
En notable contraste con el carácter griego, el de los romanos era práctico, utilitarista, grave y austero. Su religión era augusta, permeaba toda sus vidas, y santificada todas sus relaciones. Espialmente, la familia era mucho más sagrada que en Esparta o en Atenas y la posición de la mujer como esposa y madre era más exaltada e influyente. Aún así, tal como con los griegos, el poder del padre sobre la vida de su hijo - patria potestad - era absoluto y, al menos en el primer período, la exposición de los niños era una práctica común. De hecho, las leyes de las Doce Tablas consideraba la destrucción inmediata de críos deformes y daba al padre, durante toda la vida de sus niños, el derecho a ponerlos en prisión, a venderlos o esclavizarlos. Consuentemente, sin embargo, se puso coto a tales prácticas. El ideal al cual tendían los Romanos no era la armonía ni la felicidad sino el rendimiento en el cumplimiento del deber y el mantenimiento de sus derechos. Sin embargo, este ideal debía realizarse a través del servicio al Estado. Con lo profundos que eran los sentimientos familiares, éstos siempre estaban subordinados a la devoción por el bienestar público. "Los padres son queridos" día Cicerón "y los niños y consanguíneos, pero todos estos amores son inseparables en el amor por nuestro país común" (De Oficiis, I, 17)
La educación, por lo tanto era esencialmente una preparación al deber cívico. "Los niños de los Romanos entienden que algún día podrían estar capacitados para estar al servicio de su patria natal, y se los debe instruir correspondientemente en los asuntos del Estado y en las instituciones de sus ancestros. La tierra natal ha producido y nos ha inculcado que debemos ser devotos y usar nuestras más finas capacidades mentales, talento y comprensión. Por lo tanto, debemos aprender aquellas artes a través de las cuales podremos ser de gran servicio al Estado; por ello, poseo sabiduría superior y virtud." Estas palabras expresan, como ninguna otra, el espíritu de los primeros tiempos de la Educación Romana. El hogar era la primera escuela y los padres, los únicos profesores. Había muy poca o ninguna instrucción científica o estética. El esfuerzo máximo de los jóvenes y niños era aprender las leyes de las Doce Tablas, familiarizarse con las vidas de los hombres que hicieron a Roma grande e imitar las virtudes que habían visto en su padre. De este modo, los elementos morales predominaron, y fueron inculcadas las virtudes tipo prácticas: la primera de ellas, pietas, obediencia a los padres y a los dioses: luego prudencia, manejo justo, coraje, reverencia, firmeza y formalidad o razonamiento filosófico, pero a través de la imitación de los modelos que valían la pena y, en la medida de lo posible, de ejemplos reales y concretos. Vitae discimus, "aprendemos para siempre" dice Séna; y esta frase resume todo el propósito de la educación Romana. Con el transcurso del tiempo, se abrieron las escuelas elementales (ludi) conducidas por maestros privados y eran un suplemento a la instrucción en el hogar. Alrededor de la mitad de la tercera centuria A.C. se comenzaron a sentir las influencias extranjeras. Los trabajos de los griegos fueron traducidos al latín, los profesores griegos fueron introducidos en las escuelas establidas donde reaparieron las características educacionales de los griegos. Bajo la dirción de la literatus y grammaticus, la educación tomó un carácter literario, mientras en la escuela del rethor se cultivó cuidadosamente el arte de la oratoria. La importancia que los romanos se dieron a la elocuencia está claramente señalada por Cicerón en su "De Oratore" y por Quintilo en sus "Institutos"; la producción del orador eventualmente se transformó en el objetivo final de la educación. Más aún, el trabajo de Quintilo es la principal contribución a la teoría educacional producida en Roma. El proceso helenizador fue gradual. El vigoroso carácter romano lentamente fue dando paso al inteltualismo griego, y cuando los últimos, finalmente triunfaron, difíciles cambios llegaron al gobierno y la vida de la sociedad romana. Cualquiera fueran las causas de la dlinación - política, onómica o moral - no pudieron mantenerse firmes ante el importado refinamiento del pensamiento y prácticas griegas. Sin embargo, la educación pagana como un todo, con sus ideales, éxitos y fracasos tuvo un profundo significado. Era lo práctico que el mundo había conocido. Buscaron en cambio, los ideales que despertaban mas intensamente a la mente humana. Comprometían el pensamiento de los mas grandes filósofos y las acciones de los legisladores más sabios. El arte, la ciencia y la literatura fueron puestos a su servicio y la poderosa influencia del Estado fué ejercida en su beneficio. En sí misma por lo tanto, y en sus resultados, muestra cómo y cuan poco el razonamiento humano puede lograr cuando su búsqueda no tiene más guía que sí misma y se esfuerza sin más propósitos que aquellos que encuentra o puede encontrar para su realización en la presente fase de la existencia.
V. Los Judíos
Entre la población pre-cristiana, los judíos ocuparon una posición única. Como ripientes y custodios de la revelación Divina, su concepto de la vida y la moralidad iban más allá de aquel de los gentiles. Dios se había manifestado a Sí Mismo a ellos dirtamente como Persona, un Espíritu y un Ser Ético que los guiaba por Su providencia, dándoles a conocer Su Voluntad y prescribiéndoles los más mínimos detalles de la vida y la práctica religiosa. A través del Antiguo Testamento, Dios apare como un maestro de Su pueblo elegido. El establió ante ellos los estándares de lo corrto que no eran otros que El mismo: "Tu serás sagrado, porque Yo soy sagrado" (Levíticos, XI, 46). A través de Moisés y los Profetas El les entregó Sus Mandamientos y las promesas de un Mesías por venir. Pero El también colocó sobre ellos el deber de instruir a sus niños.
Escucha, Oh Israel, el Señor nuestro Dios es el Señor. Amarás al Señor tu Dios con todo su corazón, y con toda tu alma y con toda tu fuerza. Y éstas palabras que yo te ordeno hoy en este día, deberán estar en tu corazón: y tu las dirás a tu hijos y ellos meditarán sobre ellas sentados en tu casa, y durante la jornada, al dormir y al levantarse. (Deut. VI, 4-7)
De acuerdo a este mandamiento, la educación, al menos en los primeros tiempos, fué dada principalmente en el hogar. La vida familiar judía, sin duda, superaba por bastante aquella de los Gentiles en la pureza de sus relaciones, en la posición que tenía la mujer, y en el cuidado que se confería a los niños quienes eran vistos como una bendición concedida por Dios y destinados a Su servicio por fidelidad a la ley Divina. Una función importante de la sinagoga era también la instrucción de los jóvenes, la cual era encargada a los escribas y doctores. Las escuelas, como tales, aparieron sólo en el último período e incluso entonces la enseñanza fué penetrada por la religión. Aunque el Antiguo Testamento no contenía teoría educativa en el estricto sentido, abundaba en máximas y principios los cuales eran todos más exigentes porque estaban inspirados por la sabiduría Divina y porque tenían un sentido práctico de la vida. El Mismo Dios mostró la dignidad del trabajo del profesor cuando dlaró: "Aquellos que aprenden brillarán como lo mas brillante del firmamento: y aquellos que instruyen muchos en lo justo, como estrellas por toda la eternidad" (Dan, XII, 3). Sin embargo, bajo la luz de una revelación más perfta queda claro que las relaciones de Dios con Israel tenían un propósito ultimo el cual se cumpliría " en la plenitud del tiempo". No sólo por las expresiones de los Profetas, sino por muchos eventos significativos en la historia de los Judíos y muchas de sus rituales observancias, habían signos del Mesías; como San Pablo dice "Todas estas cosas ocurrieron a ellos como ejemplo (I Cor., X, 11) y "la ley fué nuestra pegagogía en Cristo" (Gal., iii,24). Como el Supremo Maestro de la humanidad, Dios, mientras les revelaba la verdad que al presente nesitaban, también preparó el camino para la mayor de la Verdades de la Biblia.
VI. Educación Cristiana
Como en muchos otros asptos del trabajo de la educación, el advenimiento del Cristianismo es el período mas importante en la historia de la humanidad. No solo la concepción cristiana de la vida difiere radicalmente del punto de vista pagano, no sólo la enseñanza cristiana imparte un nuevo tipo de conocimiento y arroja un nuevo principio de acción, sino que más aún, la Cristiandad otorga medios eftivos para hacer sus ideales concretos y en poder llevar a cabo sus preptos a la práctica. A pesar de todas las vicisitudes de conflictos y ajustes, de civilizaciones cambiantes y variadas opiniones, a pesar incluso del descuido de sus propios adherentes, la Cristiandad ha mantenido constantemente en pie ante los hombres, la vida y las lciones de su Divino Fundador.
A. Jesucristo como Maestro
Dios, habiendo hablado muchas ves y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas en estos prostreros días nos ha hablado por el Hijo" (Heb, I, 1-2) Esta comunicación a través de Dios-Hombre era para revelar la verdadera forma de vida: "Porque la gracia de Dios nuestro Salvador se ha manifestado para salvación de todos los hombres, enseñándonos que, renunciando a la impiedad y a los deseos mundanos, vivamos en este siglo sobria, justa y piadosamente, aguardando la esperanza bienaventurada y la manifestación gloriosa de nuestro Gran Dios y Salvador Jesucristo (Tito, II 11,12). Sobre Sí mismo y su misión, Cristo dlaró: "Yo, la luz he venido al mundo, para que todo el que crea en mi no permanezca en tinieblas" (Juan XII, 46); y nuevamente, " Yo por esto he nacido, y para esto he venido al mundo, para dar testimonio de la verdad" (Juan XVIII, 37). El conocimiento el cuál El vino a impartir, no era una mera posesión inteltual o una teoría: "Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia" (Juan X,10). Por lo tanto, El enseñó como uno "con autoridad"; El insistió que Sus herederos deben creer las verdades que El enseñó, aunque éstas parezcan ser "duras palabras". Sus doctrinas, sin duda, no apelan al orgullo inteltual, al egoísmo o a la pasión. En la mayoría de las partes, como en el Sermón de la Montaña, eran dramáticamente opuestas a las máximas que habían obtenido del mundo pagano. Eran, en un sentido superior, sobrenaturales, no sólo por la propuesta de vida eterna como el objetivo último de la existencia y acción del hombre, sino por el regocijo de la negación de sí mismo c
Edward McCabe
Cardenal, nacido en Dublín en 1816; murió en Kingstown, el 11 de febrero de 1885; era hijo de padres pobres, educado en la escuela del Padre Doyle en el Quays y en la Universidad de Maynooth, y fue ordenado sacerdote en 1839. Después de su ordenación sirvió consutivamente como curato en Clontarf y en la pro-catedral, San Marlborough en Dublín; y tal era el celo y energía que desplegaba, en unión a capacidades inteltuales más allá del lo normal que fue selcionado, en 1854, para la sede de Grahamstown en Sudáfrica. Sin embargo, no quiso aceptar el cargo del episcopado en una tierra desconocida, y en 1856 fue ubicado como sacerdote en la parroquia de San Nicolás Without, en Dublín. En 1865 fue transferido a la parroquia más importante de Kingstown, y se convirtió en miembro del capítulo y vicario-general. Durante los doce años siguientes la suya era la vida ordinaria de un pastor celoso, trabajador, ambicioso de nada más que de servir las nesidades espirituales y temporales de su pueblo. El Cardenal Cullen siempre lo había tenido en gran estima, y cuando, en 1877, la carga de los años lo llevó a buscar ayuda selcionó al Dr. McCabe quien fue consagrado Obispo titular de Gadara. El año siguiente el Cardenal Cullen murió, y en 1879 Dr. McCabe fue hecho Arzobispo de Dublín. Tres años después ribió el sombrero de cardenal. Éstos eran tiempos violentos en Irlanda, los años de la Liga de Tierra y de la Liga Nacional, de agitación violenta y coerción salvaje, cuando las sociedades sretas eran fuertes en Dublín, y los asesinatos del Parque Fénix y muchos que otros de menor grado fueron cometidos. Como su predesor, Cardenal McCabe tenía desconfianza de los movimientos populares. Criado en la ciudad, desconocía las condiciones del agro e incapaz de apriar lo que sufrieron los arrendatarios irlandeses, e identificado demasiado prontamente con el movimiento político bajo Parnell y Davitt. En pastorales y discursos públicos fue en contra de la agitación y estuvo del lado del gobierno y de la ley, con el resultado que los periódicos Nacionalistas y hombres públicos lo atacaron como un obispo de "Castillo" que favoría la coerción y era enemigo de las personas. Su vida fue amenazada y por un tiempo estuvo bajo la protción de la policía.
E.A. D’ALTON
Transcrito por Christine J. Murray
Traducido por Armando Llaza Corrales
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