Cristóbal Colón
(Italiano.- CRISTOFORO COLOMBO)
Nació en Génova o en territorio Genovés, probablemente en 1451; murió en Valladolid, España el 20 de Mayo de 1506. Su familia era respetable, pero de medios limitados, así que la educación primaria de Colón fue deficiente. Hasta su llegada a España (1485) solo una fecha ha sido preservada. Su hijo Fernando citando de los escritos de su padre dice que en Febrero de 1467, navegó los mares alrededor de "Tile" (probablemente Islandia). Colón mismo en una carta al Rey Fernando dice que empezó a navegar a la edad de 14 años, aún cuando en el diario de su primer travesía (ya no en vida), en 1493, dijo haber estado en el mar treinta y tres años, lo cual hubiera tenido 19 años cuando primero llegó a ser un marinero.
La edad temprana a la que empezó su carrera como marino no es sorprendente para un nativo de Génova, ya que el Genovés fue el mas emprendedor y temerario hombre de mar. Colón dijo en sus primeros días haber sido un corsario, espialmente en la guerra contra los Moros, ellos mismos unos piratas inmisericordes. También supuso haber navegado tan lejos al Sur como la costa de Guinea antes que tuviera 16 años de edad. Cierto es que mientras muy joven llegó a ser un completo y práctico navegante, y adquirió un claro conocimiento de astronomía. También logró un amplio conocimiento en trabajos sobre cosmografía tal como Ptolomeo e "Imago Mundi" del Cardenal d ´Ailly, además entra en comunicación con los cosmógrafos de su tiempo. El fragmento de un tratado escrito por él y llamado por su hijo Fernando "Las Cinco Zonas Habitables de la Tierra" muestra un grado de información poco usual para un marino de sus días. Como en el caso de los mas de los documentos relatando la vida de Colón la autenticidad de las cartas escritas en 1474 por Paolo Toscanelli, un físico afamado de Florencia, para Colón y un miembro de la familia del Rey Alfonso V de Portugal, ha sido atacado sobre la base de la juventud de Colón, sin embargo ellos muestran señales de autenticidad. Las experiencias e investigaciones mencionadas ajustan satisfactoriamente con los logros subsuentes de Colón. Por lo demás, la parte primaria de la vida de Colón está vinculada con incidentes, los mas de los cuales son sin apoyo de evidencia, aunque del todo posible. Su matrimonio alrededor de 1475 con una dama Portuguesa cuyo nombre es citado algunas ves como Doña Felipa Moniz y a ves como Doña Felipa Perestrella pare evidente. Colón pare haber llegado a Portugal alrededor de 1471 aún cuando 1474 es también mencionado y soportado por cierta indicaciones. Vanamente trató de obtener el apoyo del Rey de Portugal para su proyto de descubrir el lejano oriente navegando al poniente, un proyto tentativo y siendo sugerido por su hermano Bartolomé, quien dijo haber estado devengando su existencia en Lisboa a través del diseño de cartas de navegación. Colón fue a España en 1485, y probablemente la primera ayuda que obtuvo allá fue del duque de Medina Céli, Don Luis de la Cerda, para quien realizó algunos servicios que le aportaron una compensación de 3000 maravedíes en Mayo de 1487. Vivió cerca de dos años en la casa del duque e hizo esfuerzos sin éxito para interesarlo en su proyto de exploración marítima. Sus intentos para obtener la ayuda del duque de Medina Sidonia fueron igualmente improductivos de resultados. No atribuye la culpa a la nobleza por dlinar al compromiso de una empresa que sólo gobernantes de naciones podrían propiamente llevar a cabo.
Entre 1485 y 1488 Colón empezó sus relaciones con Doña Beatriz Enriquez de Arana o Harana, de una buena familia de la ciudad de Córdova, del cual nació su muy amado hijo Fernando, junto a Cristóbal y su hermano Bartolomé el mas talentoso de los Colón.
A finales de 1485 o principios de 1486, Colón aparió dos ves ante la Corte para presentar sus planes y mientras el duque de Medina Céli pudo haberlo ayudado en algún punto, el principal apoyo vino del tesorero real, Alonzo de Quintanilla, Fray Antonio de Marchena (confundido por Irving con el Padre Perez de la Rábida), y Diego de Deza, Obispo de Placencia. Colón mismo dlaró que estos dos sacerdotes fueron siempre sus fieles amigos. Marchena también obtuvo para él la valiosa simpatía del Cardenal González de Mendoza. A través de la influencia de éstos hombres el Gobierno ordenó una asamblea o comisión de eclesiásticos que se encontraron en Salamanca a fines de 1486 o principios de 1487, en el Convento Dominicano de San Esteban para investigar el proyto, el cual finalmente rhazaron. La comisión no tuvo contacto con la famosa Universidad de Salamanca, pero fue bajo la guía del prior de Prado. Pare ser que Colón dio solamente información limitada e insatisfactoria a la comisión, probablemente por el temor a que pudieran hacer uso impropio de sus ideas y así fuera robado de la gloria y ventajas que esperaba obtener de sus propuestas. El prior de Prado era un Jerónimo, mientras Colón estaba bajo la espial protción de los Dominicanos. Entre sus primeros amigos en España estaba Luis de Santangel, a quien Irving llama "ribidor de las rentas públicas eclesiásticas de Aragón", y quien después adelantó a la reina los fondos nesarios para el primer viaje.
Si Santangel fue ribidor de las rentas de la iglesia y probablemente tesorero y administrador, fue la Iglesia que aportó los medios (17000 ducados) para el primer viaje del almirante.
Sería injusto censurar al Rey Fernando por dlinar las propuestas de Colón después del adverso reporte de la comisión de Salamanca, el cual estuvo basado sobre objiones indisas de Séna y Tolomeo en vez de la opinión de San Agustín en el "De Civitate Dei". El Rey estuvo entonces preparando negociar el golpe final a la dominación Morisca en España después de la pugna de siete siglos, y sus rursos financieros fueron gravados a lo último. Por otra parte él no fue llevado fácilmente por el entusiasmo y, aún cuando nosotros ronocemos ahora el valor práctico de los planes de Colón, en el final del siglo quince pariera dudoso dir al menos, para un gobernante sereno y acostumbrado a atender primero las nesidades inmediatas. El quebrantamiento del poder Morisco en la península fue entonces de mayor momento que indagar tierras distantes para lo cual además, no habían los medios en el tesoro real. Bajo éstas condiciones Colón siempre en finanzas estrhas él mismo y apoyado por la liberalidad de amigos, hizo memoria de los gobernantes de Francia e Inglaterra. En 1488 su hermano Bartolomé, tan fiel como sagaz trató de inducir uno u lo otro de ellos para aceptar los planes de Cristóbal, pero falló. La idea fue demasiado moderna para excitar a uno u otro. Enrique VII de Inglaterra fue demasiado pravido para tomar en consideración propuestas de un navegante comparativamente desconocido de una nación extranjera, y Carlos VIII de Francia estuvo demasiado involucrado en el asunto italiano. La persptiva fue desalentada. A pesar de eso Colón con la asistencia de sus amigos, concluyó hacer otro intento en España. Marchó a la Corte de nuevo en 1491, llevando con él a su hijo Diego. La Corte estando entonces en campamento frente a Granada, la última fortificación Morisca, el tiempo no pudo haber sido tan inoportuno. Otra asamblea fue llamada ante Granada mientras el cerco continuaba, pero la comisión de nuevo reportó desfavorable. Esto no es sorprendente, ya que Fernando de Aragón no podía comprometerse en proytos que pudieran involucrar un gran dispendio, y desviar su atención de los momentos fuertes en que estaba ocupado. Colón siempre dirigió su propuesta al rey y como todavía la reina no había tomado nota oficial de ello, ya que ella era también corazón y alma en la empresa destinada a restaurar España totalmente al reinado cristiano.
La asamblea ante Granada tomó lugar hacia finales de 1491, y su disión fue tal golpe a Colón que salió de la Corte y se retiró lejos con su hijo. Antes de salir, sin embargo atestiguó la caída de Granada el 2 de Enero de 1492. Su intención fue regresar a Córdova y luego tal vez, ir a Francia. Caminando y reducido casi a la pobreza absoluta, llegó al Convento Dominicano de la Rábida probablemente en Enero de 1492. El Prior era el Padre Juan Pérez, confesor de la reina, fruentemente confundido con Fray Antonio Marchena por historiadores del siglo diez y nueve quien también erróneamente colocan el arribo de Colón a la Rábida en la parte inicial de su permanencia en España. Colón suplicó al fraile actuar como portero para dejar a su hijo descansar en el Convento durante la noche. Mientras él estaba alegando su causa el prior estaba de pie próximo y escuchando. Algo descubrió en él en la apariencia de este hombre, con un acento extranjero quien paría ser superior a su condición actual. Después de proporcionar sus nesidades inmediatas el Padre Pérez lo llevó a su celda, donde Colón platicó a él todas sus aspiraciones y esperanzas marchitas. El resultado fue que Colón y su hijo permanieron en el Convento como invitados y el Padre Pérez salió de prisa a Sta. Fe cerca de Granada con el propósito de inducir a la reina a tomar un interés personal en la empresa propuesta por el navegante Italiano. Las circunstancias habían cambiado con la caída de Granada, y la súplica del Dominicano fue favorablemente ribida por Isabel quien a su vez influyó en su esposo. Colón fue llamado a la Corte una vez más, y le fueron asignados 20,000 maravedíes de los rursos privados de la reina que podía presentar en condición aduada ante el monarca. Algunos historiadores aseguran que Luis de Santangel influyó en la reina para abrasar la causa de colón, pero el crédito pare un poco pertener al prior de la Rábida. El camino había estado bien preparado por los otros amigos resueltos de Colón, nada difícil entre otros el Cardenal Mendoza. En todos los eventos de negociaciones progresaron tan rápidamente que el 17 de Abril el primer acuerdo fue firmado con la Corona, y el 30 de Abril el segundo. Ambos mostraron una imprudente liberalidad por parte de los Monarcas quienes hicieron el mas alto oficio en lo que fue por mucho tiempo la herencia de las Indias Occidentales en la familia de Colón. Las preparaciones empezaron inmediatamente por el equipo de la expedición. La flota con la que Colón emprendió su primer viaje consistió de tres embarcaciones--- La Santa María, completamente ataviada, la cual portaba encima la bandera de Colón como almirante, La Pinta y La Niña, ambas carabelas, es dir, no ataviadas, con camarotes y castillos de proa. Estas tres naves transportaban en total 120 hombres. Dos marinos de reputación, Martín Alonso Pinzón y su hermano Vicente Yañez Pinzón, residentes acomodados de la Capitanía de Palos, el primero de la Pinta, el segundo de la Niña, y pilotos experimentados fueron colocados en ambas naves. Antes de salir Colón ribió los Sacramentos de la Penitencia y Sagrada Eucaristía, de las manos (estaba establido) del Padre Juan Pérez, los oficiales y tripulantes de la pequeña flota siguieron su ejemplo.
El 3 de Agosto de 1492, la gente de Palos con gran corazón vieron salir en ellos una expedición de muchos temerarios. Las Casas demanda haber usado el Diario del primer viaje de Colón, pero admite que hizo una copia resumida de el. Qué y cuanto omitió, por supuesto no se supo, pero es bueno llevar en mente que el diario, como se publicó no es el original en su totalidad. Las embarcaciones se aproximaron a las Canarias, y luego continuaron su ruta. Las condiciones eran bastante favorables. Escasamente un viento encrespaba las aguas del océano. El dramático incidente del amotinamiento, en el cual el desaliento de la tripulación se dijo haber terminado antes que la tierra fuera descubierta, fue puro invento. Pare ser cierto que hubo disgusto y queja en el suspenso para llegar a tierra, pero no se mencionan actos de insubordinación ya sea por Colón, su comentador Las Casas o por su hijo Fernando. Tal vez el mas importante evento durante el viaje fue la observación del 17 de Septiembre por el mismo Colón de la desviación de la aguja magnética, lo que atribuye Las Casas a un movimiento de la estrella polar. El mismo autor insinúa que los diarios distintos fueron guardados en secreto por el almirante, "porque siempre representó (aparentó) a la gente que estaba haciendo poco avance para que el viaje no pariera largo para ellos, así que guardó en secreto un registro para dos rutas, la mas corta era una ficticia, y la mas larga la verdadera". Debió por tanto ya sea haber guardado dos cuadernos de bitácoras, o haber hecho dos anotaciones en el mismo cuaderno. De cualquier manera Las Casas pare haber tenido a su cargo ambos juegos de datos, desde que da con ellos casi día con día. Esta medida preventiva indica que Colón reló insubordinación y aún sublevarse por parte de la tripulación, pero no hay evidencia que algún amotinamiento estalló realmente. Finalmente a las 10 en punto de la noche del 11 de Octubre, Colón mismo describe una luz que indicaba tierra y fue tan ronocida por la tripulación de su embarcación. Reaparió varias ves, y Colón se sintió seguro que las playas tan ansiosamente esperadas estaban próximas. A las 2 de la madrugada del 12 de Octubre la tierra fue vista plenamente por uno de la tripulación de la Pinta, y en la mañana Colón desembarcó sobre lo que es ahora llamado Isla Watling en el grupo de las Bahamas, Indias Occidentales.
Los descubridores la llamaron la Isla de San Salvador. Los Indios residentes pertenieron a la raza diseminada de los Arawakas y dijeron haberle llamado la Isla Guanahani, inmediatamente después que Colón desembarca toma posesión de la Isla para la soberanía Española.
Los resultados del primer viaje, además del descubrimiento del que el almirante consideró como estar mas cercano a la India y China, puede ser resumido como sigue:- Ronocimiento parcial de las Bahamas, descubrimiento y exploración de una parte de Cuba, y el establimiento de una Colónia Española sobre la costa de lo que es ahora la Isla de Haití o Santo Domingo. A Cuba Colón la llamó Juana y a Santo Domingo, Española.
Fue sobre la costa Noreste de la gran Isla de Santo Domingo que Colón se encontró con el único contratiempo serio del viaje. Habiendo establido el núcleo de la primera Colónia Española permanente en las Indias, dejó cerca de tres hombres para apoyarlo. La vindad fue relativamente bien poblada por nativos Arawakas como aquellos de las Bahamas, pero ligeramente mas avanzada en cultura. Unos cuantos días previos a la fundación Martín Alonso Pinzón desaparió con la carabela La Pinta la cual el capitaneó y sólo volvió a reunirse al almirante el 6 de Enero de 1493, una acto, por dir el último de desobediencia, sino de deslealtad. La primera Colónia fue oficialmente establida en el día de la Navidad de 1492, y por consuencia bautizada "La Navidad". En el mismo día la embarcación del almirante encalló. Fue una pérdida total y Colón estuvo reducido por la ocasión a estar en La Niña ya que la Pinta estuvo temporalmente desolada. Afortunadamente los nativos fueron amigables. Después del aseguramiento, tan bien como él podía, la seguridad de la Colónia en el establimiento de relaciones amables con los Indios, Colón partió para España, donde después de una alteración climatológica por una terrible tormenta durante la cual estuvo de nuevo alejado de La Pinta, arribó a Palos el 15 de Marzo de 1493.
Del diario mencionado nosotros aumentamos (que no está establido en las cartas de Colón) que mientras en el litoral Noreste de Santo Domingo (La Española) el almirante "aprendió que detrás de la Isla Juana (Cuba) hacia el Sur hay otra Isla grande en la cual hay mucho mas oro. Ellos llaman a esa isla Yamaye.... Y que la Isla Española o la otra Isla Yamaye estaba cerca la tierra firme a diez días de distancia por canoa, que podrían ser de sesenta a setenta leguas, y que allá la gente andaba vestida. Yamaye es Jamaica, y la tierra firme aludida como a sesenta o setenta leguas al sur (por sur se quiere dir oeste), o 150 a 175 millas inglesas (la legua en ese tiempo se contaba en cuatro millas de 3000 pies españoles) eran ya sea Yucatán u Honduras. Por tanto el almirante llevó las noticias de la existencia del Continente Americano a Europa a principios de 1493. Lo que el creyó que el continente era Asia Oriental no desacredita la importancia de su información.
Colón había sido cuidadoso al cargar su embarcación con todo género de productos de los países rién descubiertos y también llevó algunos de los nativos. Sea que entre las muestras del reino vegetal, se incluía el tabaco, no es determinado satisfactoriamente. Tampoco es cierto que cuando a su regreso él mismo se presento a los monarcas de Barcelona, una imponente demostración pública se llevó a cabo en su honor. Que fue ribido con la debida distinción en la Corte y que mostró las pruebas de su descubrimiento no puede haber duda. La mejor evidencia de la alta apriación del Rey y la Reina de España es un hecho que las prerrogativas concedidas a él fueron confirmadas, y todo lo posible fue hecho para permitirle continuar sus exploraciones. El hecho que Colón haya encontrado un país que aparentó ser rico en metales priosos fue de suma importancia. España era pobre, habiendo sido robada en épocas anteriores su tesoro metálico por los Romanos. Como el oro era nesitado al descubrirse una nueva fuente de ése metal prioso causó una impresión fuerte en la gente de España, y era inevitable una tierra rica en las nuevas regiones.
Colón empezó su segundo viaje a las Indias desde Cádiz, el 25 de Septiembre de 1493, con tres grandes embarcaciones y tre carabelas, llevando por todo cerca de 1500 hombres. En su primer viaje, él había escuchado acerca de otras islas mas pequeñas establidas a alguna distancia al sur de la Española, y día estar habitadas por tribus feroces quienes tenían la ventaja sobre los Arawakas de ser intrépidos corsarios, y quienes hicieron guerra constante a los habitantes de las antillas mayores y las Bahamas, Llevándose cautivos a mujeres y niños. Se creía que ellos practicaban el canibalismo. Estos eran los Caribes (cuanto se quiera) y los reportes acerca de ellos eran verdaderos, ajeno de algunas exageraciones y fábulas como la historia de las amazonas. Antes del arribo de Colón los Caribes habían hado a los Arawakas hacia el norte, algunas de las islas mas pequeñas y despobladas, y estuvieron enconadamente presionando a la gente de la Española, parte de Cuba, Puerto Rico y aun Jamaica. Colón deseó aprender mas acerca de éstas gentes. La condición de impotencia de los Arawakas lo hizo a él mas impaciente a protegerlos contra sus enemigos. La primer tierra vista el 3 de Noviembre, fue la isla ahora conocida como Dominicana, y casi al mismo tiempo fue descubierta María Galante. Geográficamente el resultado del segundo viaje fue de las Islas Caribe (incluyendo las antillas Francesas), Jamaica y grupos menores. Colón había obtenido evidente conclusión de las costumbres de ferocidad de los Caribes, observando en ellos como peligrosos para las fundaciones que propuso hacer entre los Arawakas y como obstáculos a la Cristianización y civilización de ésas islas. Lo posterior que intentó hacer uso de mano de obra, pues pronto se dio cuenta que si alguna vez venían pobladores Europeos serían demasiado pocos en número y demasiado nuevos al clima para tomar ventaja de los rursos de la Isla.. Los Caribes le propusieron convertirse temporalmente, pero por el momento ellos debían ser considerados como enemigos, y de acuerdo a las costumbres de su época, sus aprehensores tenían el derecho de someterlos a ellos a la esclavitud. Los Arawakas tuvieron que ser tratados de manera conciliatoria, tanto como no mostraran enemistad abierta, antes de tiempo, sin embargo, hubo un cambio en estas relaciones.
Después de una rápida supervivencia de Jamaica, Colón apresuró a la costa Noreste de Haití, donde hubo establido la Colónia de La Navidad. Para su sorpresa el pequeño fuerte había desaparido. Había por verse sólo ruinas arder humeando y algunos cadáveres que fueron identificados como Españoles. Los nativos anteriormente tan amigables, eran tímidos, y hasta siendo cuestionados fueran ya sea mudos o contradictorios en sus respuestas. Fue finalmente descubierto que otra tribu mas alejada del país y hostil a aquellos en la costa habían caído hasta el fuerte, matando a los mas de los residentes, e incendiando la mayoría de los edificios. Aquellos que escaparon habían sucumbido en su carrera. Pero también sucedió que la gente misma de la costa había tomado parte en la matanza. Colón mientras aparentemente en buenos términos con ellos estuvo en su custodia y a consuencia de la antipatía de su gente para un lugar donde sólo habían sobrevivido al desastre, se mudaron a alguna distancia mas lejos al Este y establieron en la costa la mas grande Colónización de Isabel. Estos quedaron a diez leguas al Este de Cabo Monte Cristo, donde aún pueden ser vistas todavía las ruinas.
La existencia de oro en Haití, habiendo sido demostrado ampliamente en el primer viaje, Colón empezó una investigación diligente para lugares donde podía ser encontrado. Las brujerías de oro usadas por los Indios fueron lavamientos o lavados de oro, pero también se hace mención, sobre el primer viaje, de rocas de cuarzo conteniendo el metal prioso. Pero es probable que el mineral amarillo fuera marcasita, probablemente aurífero pero, en el estado atrasado de la metalurgia, sin valor en el tiempo. Poco después la Colónización fue hecha en Isabel, los Colónos empezaron a quejarse que el mineral de opulencia de las tierras rién descubiertas había sido ampliamente exagerado y una persona , que acompañó la expedición como experto en metalurgia, reclamó que las grandes pepitas conservadas por los nativos habían sido acumuladas en el transcurso de un período largo de tiempo. Esta muy sensible suposición fue criticada injustamente por Irving, desde el tiempo de Irving ha sido claramente probado que piezas de metal de tamaño y forma poco usual eran a menudo conservadas por generaciones por los Indios como fetiches.
Un factor muy importante que alborotó a los Españoles fue lo poco saludable del clima. Los Colónizadores tuvieron que ir a través de un lento y casi proceso fatal de aclimatación. Mismo Colón sufrió considerablemente de mala salud. De nuevo la Isla no estaba bien surtida con alimento conveniente para los rién llegados. La población, no obstante las exageraciones de Las Casas y otros, estuvo esparcida. Isabel con sus 1500 inmigrantes Españoles fue ciertamente la Colónia mas populosa. Al principio no había choque con los nativos pero partidas enviadas por Colón al interior llegó al contacto con las tribus hostiles. Para la protción de los Colónos Colón construyó en el interior un pequeño fuerte llamado Santo Tomás. También envió productos de las Indias Occidentales y algunos prisioneros Caribes de regreso a España en una embarcación bajo la Capitanía de Antonio de Torres. Colón sugirió que los Caribes se vendieran como esclavos para que ellos pudieran ser instruidos en la Fe Cristiana.
Esta sugerencia no fue aceptada por los monarcas Españoles, y los prisioneros fueron tratados bondadosamente en España, como los amigables Arawakas quienes habían sido enviados antes. El convenio de negocios sobre Española (Haití) no era prometedor. En Isabel y en la costa había descontento contra el almirante, en el cual el Benedictino Padre Buil (Boil) al que se le unieron otros Sacerdotes, o que, al menos ellos no desaprobaron. En el país había problema con los nativos. El comandante en Santo Tomas, Pedro Margarita, se le acusa constantemente de crueldad a los Indios, pero el mismo Colón en acto conmemorativo del 30 de Enero de 1494, comenta la conducta de ese oficial. Por tanto, tuvo que enviarle refuerzos que fueron capitaneados por Alonzo de Ojeda.
Impacientemente continuó su teoría que las islas nuevamente descubiertas fueron sino pilares distantes de Asia oriental y que futuras exploraciones pronto los enviarían a la costa de China o de las Molucas, Colón, no obstante la condición praria de la Colónia, la dejó a cargo de su hermano Diego y cuatro consejeros (uno de los cuales fue el Padre Buil), y con tres embarcaciones partió hacia Cuba, descubrió la Isla de Pinos y varios grupos de pequeñas islas, e hizo el circuito de Jamaica, desembarcando allá casi a diario. Cuando regresó a Isabel (29 de septiembre de 1494), estuvo gravemente enfermo y en un estupor. Mientras tanto su hermano Bartolomé había llegado de España con una pequeña flota y abastimientos. Demostró una auxiliar bienvenida al débil Diego, pero no pudo prevenir problemas serios. Margarita, enojado por interferencia en su administración en el país, regresó a la costa y allá se unió al Padre Buil y otros inconformes, Ellos capturaron las tres carabelas que habían llegado bajo el mando de Bartolomé Colón, y partieron en ellas para España para calmar el Gobierno que consideraban el motivo de queja contra Colón y su administración.
Que fueron causa para queja no paría haber duda, pero es casi imposible ahora determinar quien tuvo la culpa, Colón o sus acusadores. El no era capaz ciertamente como administrador como lo era de navegante. Además, tomando en consideración las dificultades, la novedad de las condiciones y la clase de hombres, Colón tuvo que manejar y colocarse enfrente de esto que él había ya realizado en Haití, no hay demasiada razón para crítica. Los cargos de crueldad contra los nativos están basados sobre bastante suspicacia de autoridad, Las Casas siendo el principal motivo. Hubo errores y delitos en ambos lados, lo cual sin embargo, podía no haber llevado hasta una crisis, no había contratiempo por los Colónizadores enojados, quienes habían basado sus exptativas en los reporte resplandientes del mismo Colón, y dispusieron atribuir todos sus problemas a sus oponentes.
Antes del retorno de Colón a Isabel, había repelido un intento de sorpresa de los nativos a Santo Tomás. Por consiguiente los Indios de varias tribus del país ahora formaron una confederación y amenazaron Isabel. Colón por lo tanto a su regreso, con la ayuda de armas de fuego, diez y seis caballos y cerca de veinte sabuesos, fácilmente disolvió la liga de los Indios. Ojeda capturó al líder y la policía amablemente hasta ahora continuó alrededor de los nativos, fue substituido por represión y castigo. De acuerdo a las costumbres de los tiempos, los prisioneros de guerra fueron considerados como rebeldes, reducidos a esclavos y quinientos de éstos fueron enviados a España para ser vendidos. Es cierto que la condición de los Indios llegó a ser muy difícil después de eso pues fueron forzados a labores no acostumbradas, y que sus cifras empezaron a disminuir rápidamente. Que éstas medidas desagradables fueron autorizadas por Colón no cabe la menor duda.
Mientras los monarcas Españoles en sus comunicaciones a Colón continuaron para mostrar la misma confianza y amistad, ellos no podían ayudar oyendo las acusaciones hhas contra él por el Padre Buil, Pedro Margarita y los otros inconformes, hasta que regresaran a España. Estaba claro que había dos bandos entre los Españoles en Haití, uno encabezado por el almirante, el otro compuesto de tal vez una mayoría de los Colónos incluidos los eclesiásticos.
Continuaban los monarcas ordenando por carta a los Colónos obeder a Colón en todo y confirmada su autoridad y privilegios. Las incriminaciones, sin embargo continuaban, y se hacían cargos de nepotismo y despojo en los supuestos impuestos públicos reales. Había probablemente algún fundamento para estos cargos, aunque también falta de representación premeditada. Incapaces de acertar en la condición verdadera de los negocios, los soberanos didieron finalmente enviar a las Indias un comisionado espial para investigar y reportar. Esta oportunidad rayó en Juan de Aguado quien fue con Colón en su primer viaje y con quien siempre había estado en términos amigables. Aguado llegó a Isabel en Octubre de 1495, mientras Colón estaba ausente en una jornada de exploración a través de la Isla. Pare no haber ocurrido oposición entre Aguado y Bartolomé Colón, quien estaba encargado de la Colónia durante la ausencia de su hermano, mucho menos con el mismo almirante a su regreso mas tarde. Poco después, reportes importantes de descubrimientos de oro vinieron de una cuarta parte de la isla acompañada por muestras. La llegada de Aguado convenció a Colón de la nesidad de su apariencia en España y que esos nuevos descubrimientos de oro podrían afianzar su posición allá. Así que acondicionó dos embarcaciones, una para el mismo y una para Aguado, colocando en ellas doscientos Colónos insatisfhos, un jefe Indio cautivo (quien murió en el viaje), y treinta Indios prisioneros y partió para España el 10 de Marzo de 1496, dejando a su hermano Bartolomé en Isabel como gobernador temporal. Un tráfico entre España y las Indias era ahora en intervalos casi regulares. Bartolomé estaba en comunicación con la Madre Patria y era ronocido tácitamente como el substituto de su hermano en el gobierno de las Indias. Colón llegó a Cádiz el 11 de Junio de 1496.
La historia de su desembarco es muy dramático. Se le reportó haber ido a tierra ataviado en traje Franciscano y haber manifestado un desaliento el cual fue inmerido totalmente. Su salud, es cierto, fue grandemente perjudicada, y sus compañeros las señales del gran sufrimiento físico. La impresión creada de su apariencia fue por supuesto no favorable y se inclinó a confirmar los reportes de los opositores de Colón acerca de la naturaleza del nuevo país, esto también como los resultados frustrados de la búsqueda por metales priosos no dejó de tener su influencia.
Los monarcas vieron que los primeros reportes entusiasmados habían sido exagerados y que la empresa posiblemente poco lucrativa en el extremo, ocasionaría grandes gastos por algún tiempo mas. El Obispo Fonsa quien estaba a la cabeza de los negocios Colóniales, urgió que debería ejercerse una gran cautela. Lo que fue atribuido al Obispo Fonsa como celos fue solo el sincero deseo de un funcionario honesto por conservar los intereses de la Corona, sin obstaculizar el camino de un entusiasta pero genio algo visionario quien había sido poco exitoso como administrador. Expresiones posteriores (1505) de Colón indican que las relaciones personales para Fonsa estaban a la vez lejos de pocos amigos. Pero el hecho que Colón había propuesto el avasallamiento de los nativos Americanos y que realmente envió un número de ellos para España, habían robado la simpatía de la reina hasta un cierto grado, y esto, debilitó su posición en la corte.
Sin embargo, no fue difícil para Colón organizar una tercera expedición. Colón inició su tercer viaje desde Sevilla con seis embarcaciones el 30 de Marzo de 1498. Dirigió su curso mas al Sur que antes, debido a que reportes de un gran territorio localizado al Oeste y Sur de las Antillas y su creencia de que era el Continente Asiático. Hizo escala en la Isla de Madeira y después en Gomera, una de las Islas Canarias (cuanto se quiera), desde allí envió a Haití tres embarcaciones. Navegando hacia el Sur, fue al Cabo Islas Verde, y volteando desde allí casi poniente derecho, llegó el 31 de Julio de 1498, a vista de lo que es ahora la Isla de Trinidad que fue llamada así por él. Opuesto, en el otro lado de un canal caudaloso, se localizan las tierras bajas del Nordeste de Sud América. Alarmado por la agitación causada por la confluencia de las aguas del Orinoco (el cual desemboca a través de varios canales en el Atlántico opuesto a Trinidad) con la Guayana común, Colón se mantuvo cerca al litoral Sureste de Trinidad tan lejos como el extremo Sur-Oeste, donde encontró el agua aún mas caudalosa. Por lo tanto, dio a ese lugar el nombre de Boca del Drago o Boca del Dragón. Antes de arriesgarse dentro de las aguas agitadas, Colón cruzó al otro lado y ancló. Estuvo bajo la impresión que esto era un isla, pero una gran corriente de agua fresca le dio la evidencia de un continente.
Colón desembarcó, él y su tripulación, siendo éstos los primeros Europeos de poner pie sobre terreno sudamericano. Los nativos fueron amigables y agradidos intercambiaban perlas por dijes Europeos. El descubrimiento de perlas en aguas Americanas fue importante y muy bien venidas.
Unos pocos días después, el almirante, embarcado de nuevo, fue llevado por las corrientes seguras a la Isla de Margarita, donde encontró los nativos pescando perlas, de
Cristología
La Cristología es la parte de la Teología que trata de Nuestro Señor Jesucristo. Si bien abarca en su totalidad las doctrinas que se refieren tanto a la persona de Cristo como a sus obras, sin embargo el presente artículo se limitará a la consideración de la persona de Cristo. Del mismo modo, no invadiremos el territorio del historiador o del teólogo veterotestamentario, quienes dan cuenta de sus persptivas en los artículos titulados Jesucristo y Mesías. Podemos dir que el campo del presente escrito es la teología de la persona de Jesucristo vista a la luz del Nuevo Testamento y desde el punto de vista cristiano.
La persona de Jesucristo es la segunda persona de la Santísima Trinidad, el Hijo o la Palabra del Padre, quien "se encarnó de la Santísima Virgen por obra del Espíritu Santo y se hizo hombre". Tales misterios, aunque ya habían anunciados en el Antiguo Testamento, fueron revelados en su totalidad en el Nuevo y desarrollados con claridad en la Tradición Cristiana y la Teología. Por eso estudiaremos nuestro tema bajo el triple aspto del Antiguo Testamento, del Nuevo Testamento y de la Tradición Cristiana.
I. Antiguo Testamento;
II. Nuevo Testamento;
(1) Cristología Paulina;
(a) La Humanidad de Cristo en las Epístolas Paulinas;
(b) La Divinidad de Cristo en las Epístolas Paulinas;
(2) Cristología de las Epístolas Católicas;
(a) La Epístola de Santiago;
(b) La Creencia de San Pedro;
(c) La Epístola de San Judas;
(3) Cristología Juanina;
(4) Cristología de los Sinópticos;
III. Tradición Cristiana;
(1) La Humanidad de Cristo;
(2) La Divinidad de Cristo;
(3) Unión Hipostática.
I. ANTIGUO TESTAMENTO
De lo anterior creemos que queda claro que aquí el Antiguo Testamento no se considera desde la óptica del escriba judío, sino de la del teólogo cristiano. El mismo Jesucristo fue el primero en usarlo de esa manera al repetir sus referencias a los pasajes mesiánicos de los escritos proféticos. Los apóstoles vieron en esas profías muchos argumentos a favor de las enseñanzas y proclamaciones de Jesucristo. También los evangelistas están familiarizados con ellas, aunque su rurso a ellas es menos fruente que el de los escritores patrísticos. Incluso los Padres o proponen el argumento profético en términos generales o citan profías espíficas. Pero con ello prepararon el terreno para una comprensión más profunda de la persptiva histórica de las predicciones mesiánicas que comenzaron a tener fuerza en los siglos XVIII y XIX. Dejaremos la explicación del desarrollo histórico de las profías mesiánicas para el escritor del artículo Mesías y haremos una sencilla llamada de atención a las predicciones proféticas acerca de la genealogía, el nacimiento, la infancia, los nombres, los oficios, la vida pública, los sufrimientos y la gloria de Cristo.
(1) Las referencias a la genealogía humana del Mesías son numerosas en el Antiguo Testamento. Se le representa como la semilla de la mujer, el hijo de Sem, el hijo de Abraham, Isaac y Jacob, el hijo de David, el príncipe de los pastores, el retoño de la rama del cedro (Gen 3, 1-19; 9, 18-27; 12, 1-9; 17, 1-9; 18, 17-19; 22, 16-18; 26, 1-5; 27, 1-15; Num 24, 15-19; II Re 7, 1-16; 1 Cro 17, 1-17; Jer 23, 1-8; 33, 14-26; Ez 17). El Salmista real exalta la genealogía divina del futuro Mesías en las palabras: "Tú eres mi hijo, yo te he engendrado hoy" (Sal 2,7)
(2) Los profetas fruentemente hablan del nacimiento del Mesías esperado y lo ubican en Belén de Judá (Mi 5,2-14); determinan su tiempo por de la sucesión del cetro de Judá (Gn 49,8-12), por las setenta semanas de Daniel (9,22-27) y por el "breve tiempo" mencionado en el libro de Ageo (2,1-10). Los visionarios del Antiguo Testamento también vieron que el Mesías había de nacer de una madre virgen (Is 7,1-17) y que su apariencia, al menos la pública, sería antedida por un prursor (Is 40, 1-11; Mal 4,5-6).
(3) Ciertos eventos contados con la infancia del Mesías fueron considerados tan importantes que constituyen el objeto de predicciones proféticas. Entre esas está la adoración de los magos (Sal 81,1-17), la matanza de los Inocentes (Jer 31,15-26) y la huída a Egipto (Os 11,1-7). Indudablemente que en el caso de estas tres profías, como en el de muchas otras, su cumplimiento es su mejor comentario, pero ello no ignora el hecho de que los eventos a que aluden fueron realmente predichos.
(4) Probablemente haya menor nesidad de insistir en las predicciones referentes a los más conocidos nombres y títulos mesiánicos, dado que significan menor dificultad. En las profías de Zacarías el Mesías es llamado "Oriente" o, según el texto hebreo, "el Germen" (3; 6,9-15) ; en el libro de Daniel es el "Hijo del Hombre" (7); en Malaquías es el "Ángel de la Alianza" (2,17; 3,6); en Isaías es el "Salvador" (51,1; 52,12; 62); el "Siervo del Señor" (49), el "Emmanuel" (8,1-10), el "Príncipe de la Paz" (9,7).
(5) Los oficios mesiánicos se consideran en forma general en la parte posterior de Isaías (61). En particular, se considera al Mesías como un profeta en el libro del Deuteronomio (18,9-22); como rey en el cántico de Ana (I Re 2,1-10) y en el canto real del Salmista (44); como sacerdote en la figura sacerdotal de Melquised (Gn 14,14-20) y en las palabras del salmo 109: "sacerdote para siempre"; como Goel, o libertador, en la segunda parte de Isaías (63,1-6); como mediador del Nuevo Testamento, bajo la forma de una alianza con el pueblo (Is 42,1; 43,13), y de la luz de los gentiles (Is 49).
(6) En cuanto a la vida pública del Mesías, Isaías nos da una idea general de la totalidad con que el Espíritu se le da al Ungido (11,1-16), y del trabajo mesiánico (4). El Salmista presenta una descripción del Buen Pastor (22). Isaías resume los milagros mesiánicos (35). Zacarías exclama: "Regocíjate grandemente, Hija de Sión", prediciendo así la solemne entrada de Cristo a Jerusalén. El Salmista se refiere a ese mismo evento cuando menciona la alabanza que sale de la boca de los infantes (8). Y para citar de nuevo el libro de Isaías, el profeta predice el rhazo del Mesías a través de una alianza con la muerte (27) y el salmista alude al mismo misterio cuando habla de la piedra rhazada por los constructores (117, 22).
(7) ¿Hará falta mencionar que los sufrimientos del Mesías fueron totalmente predichos por los profetas del Antiguo Testamento? La idea general de una víctima mesiánica apare en el contexto de las palabras "ni sacrificio ni oblación querías" (Sal 39,7), en el pasaje que inicia con la resolución "queremos poner madera en su pan" (La Biblia de Jerusalén traduce: "Destruyamos el árbol en su vigor". Véase la nota explicativa, N.T.) (Jer 11), y en el sacrificio descrito por el profeta Malaquías (1). Además, la serie de acontimientos particulares que constituyen la historia de la Pasión de Cristo ha sido descrita por los profetas con notable minuciosidad. El Salmista se refiere a la traición en las palabras: "Hasta mi amigo íntimo ("mi hombre de paz". Cfr. Biblia de Jerusalén. N.T. ) en quien yo confiaba, el que mi pan comía, levanta contra mi su calcañar" (40,10); y Zacarías sabe de las "treinta piezas de plata" (11); el Salmista que ora desde la angustia de su alma es figura de Cristo en su agonía (54); su captura está profetizada en las palabras "perseguidle... apresadle" y "Se atropella la vida del justo" (Sal 70,11; 93,21); el juicio fundado en falsos testimonios puede encontrarse representado en las palabras "Pues se han alzado contra mi falsos testigos, que respiran violencia" (Sal 26,12); la flagelación está retratada en la descripción del Varón de dolores (Is 52,13; 53,12) y en las palabras "Ellos se ríen de mi caída, se reúnen, sí, se reúnen contra mi; extranjeros que yo no conozco desgarran sin descanso" (Sal 34,15); la suerte del traidor queda dibujada en las impraciones del salmo 108; la crucifixión es mencionada en los pasajes "¿Qué son esas llagas en medio de mis manos?" (Zac 13), "Condenémosle a la muerte más vergonzosa" (Sal 2), y "Han taladrado mis anos y mis pies" (Sal 21). La oscuridad milagrosa sucede en Am 8; la hiel y el vinagre son mencionados en el salmo 68; la herida del costado de Cristo es anunciada en Zac 12. El sacrificio de Isaac (Gn 21,1-14), el cordero sacrificial (Lev 16, 1-28), las cenizas de la purificación (Num 19, 1-10) y la serpiente de bronce (Num 21, 4-9) tienen un lugar prominente entre las figuras del Mesías sufriente. El capítulo tercero de las Lamentaciones es considerado corrtamente como el discurso funerario de nuestro Redentor sepultado.
(8) Por último, la gloria del Mesías ha sido prevista por los profetas del Antiguo Testamento. El contexto de frases tales como "Me he levantado porque el Señor me ha protegido" (Sal 3), "Mi carne descansará segura" (Sal 15), "Él se levantará al tercer día" (Os 5,15; 6,3), "Oh muerte, yo seré tu muerte" (Os 13,6-15 a), y "Sé que mi redentor vive" (Job 19, 23-27) llevaban al devoto creyente judío a algo más que una simple restauración temporal, cuyo cumplimiento comenzó a cumplirse en la resurrción de Cristo. Este misterio también está implícito, al menos como tipología, en las primeras frutas de la cosha (Lev 23, 9-14) y en el rescate de Jonás del vientre de la ballena (Jon 2). Pero no es sólo la resurrción del Mesías el único elemento de la gloria de Cristo que fue predicho por los profetas. El salmo 67 trata de la ascensión; los versos 28-32 del capítulo 2 de Joel se refieren al Paráclito; el capítulo 11 de Isaías a la llamada de los gentiles; Mi 4,1-7, a la conversión de la sinagoga; Dn 2, 27-47, al reino del Mesías comparado con el reino del mundo. Otras características del reino mesiánico son tipificadas por el tabernáculo (Ex 25, 8-9; 29, 43; 40, 33-36; Num 9, 15-23), el trono de misericordia (Ex 25, 17-22; Sal 79,1), el maná (Ex 16, 1-15; Sal 77, 24-25) y la roca del Horeb (Ex 17, 5-7; Num 20, 10-11; Sal 104,41). En el capítulo 12 de Isaías apare un cántico de acción de gracias por los beneficios mesiánicos.
Los libros del Antiguo Testamento no son la única fuente que los teólogos cristianos pueden utilizar para conocer las ideas mesiánicas del judaísmo prristiano. Los oráculos sibilinos, el Libro de Enoc, el Libro de los Jubileos, los Salmos de Salomón, la Ascensión de Moisés, la Revelación de Baruc, el IV Libro de Esdras y varios libros talmúdicos y escritos rabínicos son ricos veneros de visiones prristianas referentes al Mesías esperado. Ello no quiere dir que todas esas obras hayan sido escritas antes de la venida de Cristo, pero aunque su autoría sea parcialmente postcristiana, preservan una imagen del mundo del pensamiento judío que data, al menos en su esquema básico, de siglos antes del nacimiento de Cristo.
II. NUEVO TESTAMENTO
Ciertos autores modernos nos dicen que hay dos Cristos: el Mesías de la fe y el Jesús histórico. Ellos ven al Señor y Cristo, a quien Dios exaltó al resucitarlo de entre los muertos, como el objeto de la fe cristiana; a Jesús de Nazaret, el predicador y obrador de milagros, como el objeto de los historiadores. Esos autores afirman que es prácticamente imposible convencer incluso al menos experimentado de los críticos que Jesús enseñó, en términos formales y simultáneamente, la cristología de Pablo, la de Juan, las doctrinas de Nicea, de Éfeso y de Calcedonia. Por otra parte, la historia de los primeros siglos cristianos les pare a esos autores como algo inconcebible. Se dice que al cuarto Evangelio le falta la información que sustenta las definiciones de los primeros concilios uménicos y que, por el contrario, aporta un testimonio que no complementa sino corrige el retrato de Jesús elaborado por los Sinópticos. Esas dos referencias del Cristo se ven, según eso, como mutuamente excluyentes: si Jesús habló y actuó como lo hace en los Evangelios Sinópticos, eso significa que no habló ni actuó como dice Juan que lo hizo. Revisaremos aquí brevemente la cristología de San Pablo, de las Epístolas Católicas, del Cuarto Evangelio y de los Sinópticos. Daremos al lector una cristología completa del Nuevo Testamento y también los datos nesarios para defenderse de los modernistas. Pero no será una cristología completa en el sentido que abarque todos los detalles referentes al Jesucristo enseñado por el Nuevo Testamento, sino en el sentido de que nos dará sus características esenciales según las enseña la totalidad del Nuevo Testamento.
(1) Cristología Paulina
San Pablo insiste en la verdad de la real humanidad y divinidad de Cristo, a pesar de que, a primera vista, el lector se enfrenta a tres objetos en los escritos del Apóstol: Dios, el mundo humano y el Mediador. Pero este último es a la vez divino y humano, hombre y Dios.
(a) La humanidad de Cristo en las epístolas paulinas
Las expresiones "condición de siervo", "apariendo en su porte como un hombre", "en carne semejante a la del pado" (Fil 2,7; Rom 8,3) pueden parer como lesivas a la humanidad real de Cristo en la enseñanza paulina. Mas en realidad ellas únicamente describen un modo de ser o dejan entrever la presencia de una naturaleza superior en Cristo que no es visible a los sentidos. O contrastan la naturaleza humana de Cristo con la de la raza padora a la que aquella pertene. Por otro lado, el Apóstol habla abiertamente de Nuestro Señor manifestado en la carne (I Tim 3,16); poseedor de un cuerpo de carne (Col 1,22); "nacido de mujer" (Gal 4,4); nacido de la simiente de David según la carne (Rom 1,3); perteniente según la carne al pueblo de Israel (Rom 9,5). En cuanto judío, Jesucristo nació bajo la Ley (Gal 4,4). El Apóstol hace énfasis en la verdadera participación de Nuestro Señor en nuestra debilidad humana física (II Cor 13, 4), en su vida de sufrimiento (Heb 5,8) (Estudios rientes han demostrado que la Epístola a los Hebreos, durante siglos atribuida a San Pablo a raíz del encabezado de la misma en la Vulgata, no es obra del Apóstol, aunque sí pare notarse en ella la influencia de sus ideas. Su autor permane anónimo, N.T.) que culmina con la pasión (Ibíd., 1, 5; Fil 3,10; Col 1, 24). En sólo dos asptos difiere la humanidad de Nuestro Señor del resto de los hombres. Primero, en su ausencia total de pado (II Cor 5, 21; Gal 2, 17; Rom 7, 3). Segundo, en el hecho de que Nuestro Señor es el segundo Adán, que representa a todo el género humano (Rom 5, 12-21; I Cor 15, 45-49).
(b) La divinidad de Cristo en las epístolas paulinas
Según San Pablo, la superioridad de la revelación cristiana sobre toda otra manifestación divina, y la perfción de la Nueva Alianza con su sacrificio y sacerdocio, se derivan del hecho que Cristo es el Hijo de Dios (Heb 1, 1ss; 5, 5ss; Rom 1, 3; Gal 4, 4; Ef 4, 13; Col 1, 12; 2, 9ss). El Apóstol entiende la expresión "Hijo de Dios" no como una mera dignidad moral, ni como una relación puramente externa con Dios, iniciada en el tiempo, sino como una relación eterna e inmanente entre Cristo y el Padre. Compara a Cristo con Aarón y sus sucesores, Moisés y los profetas, y lo encuentra superior a éstos (Heb 1,1; 3, 1-6; 5, 4; 7, 1-22; 10, 11). Eleva a Cristo sobre el coro de los ángeles y lo hace Señor de los mismos (Heb 1, 3; 2, 2-3; 14); lo sienta a la derha del Padre como heredero universal (Heb 1, 2-3; Gal 4, 14; Ef 1, 20-21). Si San Pablo se ve obligado a usar los términos "forma de Dios" e "imagen de Dios" al hablar de la divinidad de Cristo, para poder mostrar la distinción personal entre el Padre Eterno y el Hijo Divino (Fil 2, 6; Col 1, 15), Cristo no es simplemente la imagen y la gloria de Dios (I Cor 11, 7), sino también el primogénito de toda creatura (Col 1, 15), en quien, por quien y para quien fueron hhas todas las cosas (Col 1, 16), en quien la plenitud de la divinidad reside junto con la realidad actual que nosotros atribuimos a los cuerpos materiales perceptibles y mensurables a través de nuestros sentidos (Col 2, 9), en una palabra, quien "está por encima de todas las cosas, Dios bendito por todos los siglos" (Rom 9, 5).
(2) Cristología de las Epístolas Católicas
Las epístolas de San Juan serán consideradas junto con los demás escritos del mismo Apóstol en el siguiente apartado. Bajo el presente encabezado señalaremos brevemente los puntos de vista sostenidos por los apóstoles Santiago, Pedro y Judas relativos a Cristo.
(a) La Epístola de Santiago
El objetivo principal de la Epístola de Santiago no nos permite esperar que la divinidad de Nuestro Señor quede en ella expresada formalmente como una doctrina de fe. Empero, esa doctrina está implícita en el lenguaje del escritor inspirado. Él profesa que su relación con Cristo es idéntica a la que tiene con Dios, y que es siervo de ambos (1,1). Aplica el mismo término al Dios del Antiguo Testamento y a Jesucristo (passim). Jesucristo es tanto el juez soberano como legislador independiente, que puede salvar y destruir (4, 12). La fe en Jesucristo es la fe en el Señor de la gloria (2,1). Si no se admite la firme fe del autor en la divinidad de Jesucristo el lenguaje de la epístola constituiría una forzada exageración.
(b) La creencia de San Pedro
San Pedro se presenta a si mismo como siervo y apóstol de Jesucristo (I Pe 1, 1; II Pe 1, 1), quien fue anunciado por los profetas del Antiguo Testamento de modo tal que esos mismos profetas fueron también siervos, heraldos e instrumentos de Jesucristo (I Pe 1, 10-11). Es el Cristo preexistente quien modula las expresiones de los profetas de Israel al proclamar sus anuncios de su venida. San Pedro ha sido testigo de la gloria de Jesús en la Transfiguración (II Pe 1, 16). Pare disfrutar la enumeración de los títulos de su Señor: Jesús Nuestro Señor (II Pe 1, 2); Nuestro Señor Jesucristo (1, 14, 16); Señor y Salvador (3, 2); Nuestro Señor y Salvador Jesucristo (1, 1); cuyo poder es divino (1, 3); a través de cuyas promesas los cristianos participan de la naturaleza de Dios (1, 4). Es como si a lo largo de su carta, San Pedro experimentase la divinidad que confiesa respto de Jesucristo.
(c) La Epístola de San Judas
También San Judas se presenta a si mismo como siervo de Jesucristo, gracias a cuya unión los cristianos perseveran en la vida de la fe y santidad (1). Cristo es nuestro único Señor y Salvador (4), que castigó a Israel en el desierto al igual que hizo con los ángeles rebeldes (5). Él vendrá a juzgarnos rodeado de miríadas de santos (14). Los cristianos dirigen a Él su vista en busca de misericordia y Él se la mostrará cuando venga (21) y su contenido es la vida eterna. ¿Puede un Cristo meramente humano ser el objeto de esa clase de lenguaje?
(3) Cristología Juanina
Aunque no hubiera nada más en el Nuevo Testamento para probar la divinidad de Cristo, los primeros catorce versículos del Cuarto Evangelio bastarían para convencer a cualquiera que creyera en la Biblia acerca de ese dogma. La doctrina del prólogo de ese evangelio constituye la idea fundamental de toda la teología juanina. El Verbo hecho carne, por un lado, es idéntico al Verbo que existía desde el principio y , por otro, con Jesucristo, el protagonista del Cuarto Evangelio. El Evangelio todo es la historia de la Palabra Eterna viviendo entre los hombres.
La enseñanza del Cuarto Evangelio también se halla en las epístolas juaninas. Desde las palabras de apertura el autor informa a sus ltores que la Palabra de vida ha sido manifestada y que los Apóstoles han visto, escuchado y tocado al la Palabra encarnada. La negación del Hijo significa la pérdida del Padre (I Jn 2, 23), y "quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permane en él y él en Dios" (Ibíd. 4,15). Es más enfático aún el escritor hacia el fin de la epístola: "Pero sabemos que el Hijo de Dios ha venido y nos ha dado inteligencia para que conozcamos al Verdadero Dios. Nosotros estamos en el Verddadero Dios, en su Hijo Jesucristo" (Ibíd. 5, 20) .
Según el Apocalipsis, Cristo es el primero y el último, el alfa y el omega, el eterno y el todopoderoso (1, 8; 21, 6; 22, 13). Es el Rey de reyes y Señor de los señores (19, 16), el Señor del mundo invisible ( 12, 10; 13, 8), el centro de la corte celestial (5, 6). Él ribe la adoración de los ángeles más elevados (5, 8) y objeto de adoración ininterrumpida, en asociación con su Padre (5, 13; 17, 14)
(4) Cristología de los Sinópticos
Hay una diferencia real entre la presentación del Señor que hacen los tres primeros evangelistas y la que hace San Juan. La verdad presentada por estos escritores podrá ser idéntica, pero es vista desde diferentes puntos de vista. Los tres Sinópticos resaltan la humanidad de Cristo en su obediencia a la ley, en su poder sobre la naturaleza, y su ternura hacia los débiles y afligidos. El Cuarto Evangelio no subraya los asptos de la vida de Cristo que pertenen a su humanidad, sino los que denotan la gloria de la Persona Divina, manifestada ante los hombres bajo forma visible. Pero a pesar de esas diferencias, los Sinópticos, a través de sus sutiles sugerencias, prácticamente anticipan la enseñanza del Cuarto Evangelio. Tal sugerencia está implícita, primero, en la aplicación sinóptica de la palabra "Hijo de Dios"a Jesucristo. Jesús es el Hijo de Dios, no meramente en sentido ético o teocrático, ni tampoco para dir que es uno entre varios hijos sino dejando claro que Él es el único, amadísimo Hijo del Padre, con una filiación no participada por nadie más y totalmente única (Mt 3, 17; 17, 5; 22, 41; 4, 3, 9; Lc 4, 3, 9). Su filiación se deriva del hecho de la venida del Espíritu Santo sobre María y de que el Altísimo la ha cubierto con su sombra (Lc 1, 35). Igualmente, los Sinópticos implican la divinidad de Cristo en su descripción de la Navidad y de las circunstancias que rodearon a ésta; Él es concebido por obra del Espíritu Santo (Lc 1, 35) y su Madre sabe que todas las generaciones la llamarán dichosa porque el Poderoso ha hecho en ella grandes cosas (Lc. 1, 48). Isabel la llama "bendita entre todas las mujeres", bendice al fruto de su vientre y se maravilla de que la Madre de su Señor haya ido a visitarla (Lc 1, 42-43). Gabriel saluda a Nuestra Señora llamándola "llena de gracia", "bendita entre las mujeres"; le vaticina que su Hijo será grande y llamado Hijo del Altísimo y que su reino no tendrá fin. (Lc 1, 28, 32). Cristo rién nacido es adorado por los pastores y los magos, representantes de los mundos judío y gentil; gloria de su pueblo, Israel (Lc 2, 30-32). Esas narraciones difícilmente caben en la descripción de un niño humano normal, pero sí adquieren significado a la luz del Cuarto Evangelio.
Los Sinópticos concuerdan con la enseñanza del Cuarto Evangelio acerca de la persona de Jesucristo no únicamente en cuanto al uso que dan a la palabra "Hijo de Dios" y en las descripciones del nacimiento de Cristo y sus detalles. También lo hacen en las narraciones de la doctrina, vida y trabajos de Nuestro Señor. El mismo término Hijo del Hombre, aplicado fruentemente por ellos a Jesús, se utiliza de tal manera que demuestra a Jesucristo como a alguien consciente de si mismo y para quien el elemento humano no es algo primario, sino sundario e sobreinducido. Muchas ves Cristo es simplemente llamado Hijo (Mt 11, 27; 28, 20) y, correspondientemente, Él nunca llama al Padre "nuestro" Padre, sino "mi" Padre (Mt 18, 10, 19, 35; 20, 23; 26, 53). Él ribe el testimonio del cielo durante su bautismo y transfiguración acerca de su filiación divina; los profetas del Antiguo Testamento no son rivales sino siervos en comparación con Él (Mt 21, 34). El título de "Hijo del Hombre", así, significa una naturaleza para la que la humanidad de Cristo era accesoria. Igualmente, Cristo dlara tener el poder de perdonar los pados y da soporte a esa dlaración con sus milagros (Mt 9, 2-6; Lc 5, 20, 24). Insiste en la fe hacia si (Mt 16, 16, 17); incluye su nombre en la fórmula bautismal entre la del Padre y el Espíritu Santo (Mt 28, 19); sólo Él conoce al Padre y sólo el Padre lo conoce a Él (Mt 11, 27); instituye el sacramento de la Eucaristía (Mt 26, 26; Mc 14, 22; Lc 22, 19). Pade y muere para resucitar al tercer día (Mt 20, 19; Mc 10, 34; Lc 18, 33); sube al cielo pero no sin antes prometer que estará con nosotros hasta el fin del mundo (Mt 28, 20).
¿Será nesario añadir que las afirmaciones de Cristo respto a tener la más alta dignidad personal están claras en los discursos escatológicos de los Sinópticos? Él es el Señor del universo material y moral. Como supremo legislador, Él es el punto de referencia de toda ley; como juez final, Él determina el destino de todos. Quitemos el Cuarto Evangelio del canon del Nuevo Testamento y aún tendríamos en los Evangelios Sinópticos una doctrina idéntica a la que se nos da en el Cuarto Evangelio acerca de la persona de Jesucristo. Algunos puntos de esa doctrina quizás estarían menos claramente expuestos que lo que están ahora, pero seguirían siendo substancialmente iguales.
III. TRADICIÓN CRISTIANA
La cristología bíblica muestra que Jesucristo es a la vez Dios y hombre. Mientras que la tradición cristiana siempre ha sostenido la triple tesis de que Cristo es verdadero Dios, verdadero hombre y que el hombre-Dios, Jesucristo, es una única e indivisible persona, las teorías erróneas y heréticas de varios líderes religiosos han forzado a la Iglesia a insistir más fuertemente en uno u otro de los elementos de su cristología. Una clasificación de los principales errores y de las correspondientes afirmaciones eclesiásticas nos muestran el desarrollo histórico de la doctrina de la Iglesia con suficiente claridad. El lector podrá encontrar una descripción más detallada de las principales herejías y concilios bajo sus resptivos encabezados.
(1) La Humanidad de Cristo
Desde los primeros tiempos de la Iglesia fue negada la verdadera humanidad de Jesucristo. El docetista Marción y los priscilianistas solamente admiten que Jesús tenía un cuerpo aparente. Los valentinianos, un cuerpo traído del cielo. Los seguidores de Apolinar o niegan que Jesús tuviera un alma humana, o que poseyera la parte superior del alma humana y por ello sostienen que el Verbo provee la totalidad del alma de Cristo o por lo menos sus facultades superiores. Más rientemente, no ha sido la verdadera humanidad de Cristo lo que ha sido negado, sino la realidad histórica de la misma. Según Kant el credo cristiano trata del Cristo ideal, no del histórico. Para Jacobi, los cristianos adoran a un Jesús que constituye un ideal religioso, no un personaje histórico. Fichte afirma que entre Dios y el hombre existe una unidad absoluta, la cual fue dettada y enseñada primeramente por Jesús. Schelling sostiene que la encarnación es un hecho eterno, que alcanzó su momento culminante en Jesucristo. Para Hegel, Cristo no es la encarnación genuina de Dios en Jesús de Nazaret, sino el símbolo de la encarnación de Dios en la humanidad en general. Por último, algunos autores católicos distinguen entre el Cristo de la historia y el de la fe, destruyendo con ello la realidad histórica del Cristo de la fe. El nuevo Syllabus (Nombre dado a dos series de proposiciones que contienen errores religiosos condenados, resptivamente, por Pio IX, 1864, y Pio X, 1907. N.T.), en sus proposiciones 29 y siguientes, y la encíclica "Pascendi dominici gregis" (de Pio X, acerca de las teorías modernistas, promulgada el 8 de septiembre de 1907) pueden ser consultados al respto.
(2) La Divinidad de Cristo
Ya desde los tiempos apostólicos la Iglesia veía la negación de la divinidad de Cristo como algo eminentemente anticristiano (I Jn 2, 22-23; 4, 3; II Jn 7). Los primeros mártires, los Padres más antiguos y las primeras liturgias eclesiásticas concuerdan en su profesión de la divinidad de Cristo. Aún así, los ebionitas, teodocianos, artemonitas y fotinianos veían a Cristo como un simple hombre, si bien dotado de una sabiduría divina, o como una apariencia de un eón emanado del Ser divino según la teoría gnóstica, o también como una manifestación de ese mismo ser, pero siguiendo las aseveraciones de los sabelianos y patripasionistas teístas y panteístas. Finalmente, otros lo ronocían como el Verbo encarnado, pero concebido de acuerdo a la opinión arriana, una creatura intermedia entre Dios y el mundo, distinta esencialmente del Padre y del Espíritu Santo. Si bien las definiciones de Nicea y de los concilios subsuentes, espialmente el IV de Letrán, tratan dirtamente de la doctrina de la santísima Trinidad, también enseñan que el Verbo es consubstancial con el Padre y el Espíritu Santo, establiendo así la divinidad de Jesucristo, el Verbo Encarnado. En tiempos más rientes, nuestros primeros racionalistas intentaron evitar el problema de Jesucristo y tenían poco que dir al respto, haciendo a San Pablo el fundador de la Iglesia. Pero el Cristo histórico era una figura demasiado atractiva para seguir siendo ignorada. Y es más lamentable aún que la negación de la divinidad de Cristo no se circunscribe a los socinianos y a tales autores como Ewald y Schleiermacher. Incluso quienes profesan ser cristianos ven en Cristo la perfta revelación de Dios, la verdadera Cabeza y Señor de la raza humana, pero, al fin y al cabo, terminan con las palabras de Pilato, "He ahí al Hombre".
(3) Unión Hipostática
En Jesucristo se reúnen hipostáticamente su naturaleza humana y su naturaleza divina. O sea, están unidas en la hipóstasis o persona del Verbo. También este dogma encontró acerbos enemigos desde los tiempos más tempranos de la Iglesia. Nestorio y sus seguidores admitían en Jesús una persona moral, del mismo modo como una sociedad humana forma una persona moral. Esta persona moral resulta de la unión de dos personas físicas, así como hay dos naturalezas en Cristo. Y estas dos personas están unidas no física sino moralmente, por medio de la gracia. La herejía de Nestorio fue condenada por Celestino I en el Sínodo Romano del año 430, y por el Concilio de Éfeso, en 431. La doctrina católica fue reafirmada posteriormente durante el Concilio de Calcedonia y en el segundo Concilio de Constantinopla. De esa doctrina se deduce que las naturalezas divina y humana están físicamente unidas en Cristo. Los monofisicistas concluyeron, de eso, que en tal unión física o la naturaleza humana había sido absorbida por la divina, como afirmaba Eutiques, o que la naturaleza divina fue absorbida por la humana, o que de la unión física de las dos resultó una tercera naturaleza gracias a una espie de mezcla física, o de su composición física. La verdadera doctrina católica fue sostenida por el Papa León Magno, el Concilio de Calcedonia y el V Concilio uménico, en 553. El canon duodécimo de este último concilio también excluye la visión de que la vida moral de Cristo se desarrolló gradualmente para alcanzar su total maduración en la resurrción. Los adopcionistas renovaron en parte el nestorianismo porque consideraban al Verbo como el hijo natural de Dios y al hombre Cristo como un siervo o hijo adoptivo de Dios, el cual había otorgado su propia personalidad a la naturaleza humana de Cristo. Esta opinión fue rhazada por el Papa Adrián I, el Sínodo de Ratisbona, en 782, el Concilio de Frankfurt, en 794 y por León III en el Sínodo Romano de 799. No hace falta señalar que, según la posición sociniana y racionalista, la naturaleza humana de Cristo no está unida al Verbo. Dorner demuestra qué tan extendida está esta opinión entre los protestantes, dado que hay pocos teólogos protestantes de renombre que rhacen la personalidad propia de la naturaleza humana de Cristo. Entre los católicos, Berruyer y Günther reintrodujeron un nestorianismo modificado pero fueron censurados por la Congregación del Índice (17 de abril de 1755) y por el Papa Pio IX (15 de diciembre de 1857). La herejía monofisista fue retomada por los monotelitas, quienes sólo admitían una voluntad en Cristo y con ello contradían las enseñanzas de los papas Martín I y Agatón y del VI Concilio uménico. Tanto los cismáticos griegos como los reformadores del siglo XVI deseaban mantener a doctrina tradicional referente al Verbo encarnado, pero ya desde el principio los seguidores de la Reforma cayeron en errores que incluían las herejías nestorianas y monofisistas. Por ejemplo, los ubiquitarianos definen la esencia de la encarnación no como la adopción de la naturaleza humana por parte del Verbo, sino como la divinización de la natural
Crónica de Ursperger
Una historia del mundo en latín, que comienza con el Rey Asirio Ninius y se extiende hasta el año 1229. En el presente difícilmente se puede dudar que la crónica haya sido escrita por Burchard de Biberach. Burchard nació en la segunda mitad del siglo doce en Biberach, una ciudad imperial libre de Swabia. Pasó los años 1198-99 en Italia y fue ordenado sacerdote en Constanza en 1203. En 1205 entró al monasterio Premonstratensiano, en Schussenried, y en 1209 se volvió su dirtor. En 1215 fue llamado como dirtor a Ursperg, donde murió en 1230. Empezó a roltar material de su obra a una temprana edad, en particular, hizo uso de su estadía en Roma para examinar la Regesta papal. Las base de la primera parte de su obra es la crónica del mundo escrita por Ekkehard de Aura, de quien copió casi todas las palabras; para un periodo más tardío uso los registros acerca de los Guelphs, hhos por el monje de Weingarten, y para el tiempo de Federico I Bárbaroja usó los registros del sacerdote Juan de Cremona. La obra original de Burchard no comenzó hasta el último año de Enrique I; desde este punto en adelante narra independientemente pero en un lenguaje rústico los eventos en los que el mismo tomó parte, o de los que había obtenido información de confianza. Él no disfraza su adherencia a la junta Hohenstaufen, y con fruencia habla con severidad de la política papal. La crónica fue finalmente editada por Abbel y Weiland en el "Mon. Germ. Hist.: Script."
XXIII, 337-83; también para el uso escolar (Hanover, 1874)
PATRICIUS SCHLAGER
Transcrito por Christine J. Murray
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