Cónclave
[NOTA: Para los procedimientos actuales con respto al cónclave, véase Papa Juan Pablo II, 1996, Constitución Apostólica UNIVERSI DOMINICI GREGIS. También vea las ELCIONES PAPALES y ELCIÓN DE LOS PAPAS.]
(Latín, cum, con, y clavis, llave; un lugar que puede cerrarse firmemente)
Era el cuarto cerrado o vestíbulo que estaba espialmente preparado para los Cardenales cuando iban a elegir un Papa; también se ha llamado así a la asamblea del Cardenales para la ejución canónica de este propósito. La forma actual del cónclave data del fin del siglo XIII. En el artículo ELCIONES PAPALES se desarrollan métodos más actuales de ocupar la Sede de Pedro. En este artículo se considerará: (I) la historia del método actual de elección Papal; (II) el propio ceremonial.
I. HISTORIA DEL CÓNCLAVE
En 1271 la elección que finalizó con la asignación de Gregorio X en Viterbo llevaba durando más de dos años y nueve meses; fue entonces cuando las autoridades locales, cansadas del retraso, cerraron a los Cardenales dentro de límites estrhos y así aceleraron la deseada elección (Reinaldo, Anales eclesiásticos, Año del Señor de 1271). El nuevo Papa resolvió solucionar para el futuro retraso tan escandaloso dando una ley del cónclave que promulgó en quinta sesión del Segundo Concilio de Lyon en 1274, a pesar de los Cardenales opuestos (Hefele, Historia de los Concilios, IX, 29). Es la primera ocasión en la que encontramos la palabra "cónclave" en relación con las elciones Papales (para su uso en la literatura inglesa véase el "Diccionario de Oxford" de Murray, s. v., y para su uso en la época medieval, véase Du Cange, Glossar. med. et infimæ Latinitatis, s. v.).
Las provisiones de su Constitución "Ubi Periculum" fueron severas. Cuando un Papa moría, los Cardenales que estaban con él habían de esperar diez días por sus hermanos Cardenales ausentes. Entonces, cada uno con un solo sirviente, laico o clérigo, debían congregarse en el palacio donde el Papa estaba en su muerte, o, si eso fuera imposible, la ciudad más cercana que no estuviera bajo interdicción, en la casa del obispo o algún otro lugar conveniente.
Todos habían de reunirse en un cuarto (cónclave), sin separaciones ni ventanas, y vivir en común. Este cuarto y otra cámara aparte a la que podrían ir libremente, habían de estar cerradas de tal manera que nadie pudiera entrar o salir sin ser visto, ni hablar en secreto con cualquier Cardenal.
Y si alguien de fuera tenía algo para comunicar, debía ser del asunto de la elección y con el conocimiento de todos los Cardenales presentes. Ningún Cardenal podía mandar mensaje alguno fuera, verbal o escrito, bajo pena de excomunión. Habría una ventana a través de la cual podrían ribir la comida. Si a los tres días los Cardenales no llegaban a una disión, durante los próximos cinco días ribirían sólo un plato a mediodía y en la noche. Si estos cinco días pasasen sin una elección, sólo ribirían pan, vino y agua. Durante la elección ellos no podrían ribir nada de la tesorería Papal, ni encargarse de otros asuntos, a menos que fuera una nesidad urgente que pusiera en peligro a la Iglesia o a sus posesiones.. Si algún Cardenal rhazaba entrar, o dejaba el enclaustramiento por otra razón que no fuera la enfermedad, la elección había de seguir sin él. Pero si ruperaba la salud podría reingresar en el cónclave y continuar el asunto donde lo encontrara.
Los gobernantes de la ciudad donde se realizara el cónclave debían velar que se observaran todas las reglas Papales acerca del confinamiento de los Cardenales. Aquellos que desobedieran las leyes del cónclave o manipularan su libertad, además de incurrir en otros castigos, quedaban ipso facto excomulgados.
La dureza de estas regulaciones despertó oposición en seguida; todavía las primeras elciones que se mantuvieron en el cónclave demostraron que el principio era corrto. El primer cónclave duró sólo un día y el siguiente siete días.
Lamentablemente, hubo tres Papas en el mismo año en que murió Gregorio X (1276). El segundo, Adriano V, no vivió el suficiente tiempo como para incorporar en un acto de autoridad su opinión abiertamente expresada del cónclave. El Papa Juan XX vivió sólo el tiempo suficiente para derogar oficialmente la "Ubi Periculum".
Inmediatamente romenzó la postergación de las elciones. En los diiocho años que median entre la suspensión de la ley del cónclave en 1276 y su reasunción en 1294 hubo periodos vacantes de seis a nueve meses; la que predió a la elección de Celestino V duró dos años y nueve meses. El único acto notable de este último Papa fue restaurar las leyes del cónclave como estaban. Bonifacio VIII corfirmó la acción de su predesor y ordenó que la "Ubi Periculum" de Gregorio X fuera incorporada al Derecho Canónico (c. 3, en VI°, I, 6), dado que en el tiempo todas las elciones Papales habín tenido lugar en cónclave. El Papa Gregorio XI en 1378 autorizó a los Cardenales (sólo para esa ocasión) a proceder a una elección fuera de cónclave, pero ellos no lo hicieron.
El Concilio de Constanza (1417) modificó las reglas del cónclave en tal grado que los Cardenales de las tres "obediencias" tomaron parte en él, así como seis prelados de cada una de las cinco naciones. Este predente (que, sin embargo, produjo felizmente la elección del romano Martín V) es quizás la razón por la que Julio II (1512), Paulo III (1542), Pío IV (1561), y Pío IX (1870) proveyeron que en caso de su muerte durante la celebración de un Concilio uménico la elección del nuevo Papa debía estar en las manos de los Cardenales, no en los miembros del Concilio. Pío IV, por la Bula "In Eligendis" (1562) proveyó que la elección podía tener lugar dentro o fuera del cónclave, pero fue revocada por Gregorio XIII.
Esta libertad de acción se encuentra de nuevo en la legislación (1798) de Pío VI (Quum nos superiore anno) que deja en poder de los Cardenales modificar las reglas del cónclave en lo referente al encierro, etc. De nuevo Pío IX, por la Bula "In hac sublimi" (23 agosto, 1871) permitió al voto de la mayoría de los Cardenales dispensar el encierro tradicional. Otros documentos importantes de Pío IX con respto al cónclave son sus Constituciones "Licet per Apostolicas Litteras" (8 septiembre, 1874) y "Consulturi" (10 octubre, 1877), y también su "Regolamento da osservarsi dal S. Collegio in occasione della vacanza dell’Apostolica Sede" (10 enero, 1878).
De hecho estas prauciones, tomadas en vista del peligro de interferencia por gobiernos sulares, han sido hasta ahora innesarias, y elciones de los Papas han tenido lugar como siempre se hizo desde que la ley del cónclave se convirtió finalmente eftiva.
Muchos Papas han legislado en este asunto, bien para confirmar las acciones de sus predesores o para definir (o agregar a) la legislación anterior. Clemente V dretó que el cónclave debía tener lugar en la diócesis en la que el Papa muere (Ne Romani, 1310) y también que todos los Cardenales, aun los excomulgados o en interdicción, con tal de que ellos no hubieran sido depuestos, debían tener el derecho de votar. Clemente VI (1351) permitió una mejora ligera en la comodidad y en la práctica estricta de vida común. En el siglo XVI, Julio II (1505), por la Bula "Cum tam divino" dlaró inválida cualquier elección simoniaca de un Papa. Siguiendo el ejemplo del Papa Símaco (499), Paulo IV, por la Bula "Cum Sundum" (1558), denunció y prohibió todas las cábalas e intrigas durante la vida de un Papa. La mencionada Constitución de Pío IV, "In Eligendis" (1562), es una codificación y re-promulgación de todas las leyes que pertenen al cónclave desde la época de Gregorio X. En ella insiste fuertemente en el encierro, que había llegado a ser observado más bien descuidadamente. Finalmente, la legislación dirtriz en el cónclave es de Gregorio XV. En su corto reinado (1621-1623) publicó dos Bulas, "Æterni Patris" (1621), y "Det Romanum Pontificem" (1622), seguidas por un Cæremoniale para la elección Papal (Bullar. Luxemb., III, 444 sqq.). En estos documentos se describe cada detalle del cónclave. La legislación subsiguiente o bien ha confirmado estas medidas (p.e. la "Romani Pontificis" de Urbano VIII (1625)), o bien reguló el gasto de dinero en las exequias Papales (p.e., el Breve de Alejandro VIII (1690), o bien ha determinado su orden, (p.e., el "Chirografo" de Clemente XII (1732). La más riente legislación de Pío VI, Pío VII, y Pío IX provee todas las contingencias de interferencia de poderes sulares. Pío VI (quien designó que fuera en el país católico del que provinieran la mayoría de los Cardenales) y Pío IX (quien dejó la materia al juicio del Sacro Colegio) permitieron la libertad más amplia acerca del lugar del cónclave.
II. CEREMONIAL DEL CÓNCLAVE
Inmediatamente a la muerte de un Papa el Cardenal Camarlengo que, como representante del Sacro Colegio toma cargo de la casa Papal, verifica por un acto jurídico la muerte del Pontífice. En presencia de la casa, golpea tres ves la frente del Papa muerto con un mazo de plata, llamándolo por su nombre de Bautismo. El Anillo del Pescador y los sellos Papales son destruidos.
Un notario levanta el acta que es la evidencia legal de la muerte del Papa. Las exequias duran nueve días. Entretanto los Cardenales han sido notificado de la elección inminente y los residentes en Roma (en la Curia) han de esperar a sus hermanos ausentes y preparan entretanto las celebraciones por el Pontífice difunto.
Todos los Cardenales, y sólo ellos, tienen derecho a votar en el Cónclave; todos ellos deben haber sido nombrados legítimamente, tener uso de razón y estar presentes personalmente, no por medio de un procurador o una carta. Este derecho es ronocido aun cuando estén sujetos a censuras eclesiásticas (por ejemplo, excomunión), o si las ceremonias solemnes de su "creación" tienen que ser realizadas todavía. Durante los nueve días mencionados, y hasta la elección de un sucesor, todos los Cardenales aparen con roquete descubierto, así como todos tienen doseles encima de sus asientos en el cónclave, para mostrar que la autoridad suprema está en las manos del Colegio entero. El Cardenal Camarlengo es ayudado por las cabezas de los tres órdenes Cardenalicios, conocidos como el "Cápita Ordinum" (Cardenales-obispos, Cardenales-presbíteros, Cardenales-diáconos). Hay reuniones fruentes, o "congregaciones", de estos cuatro Cardenales para determinar cada detalle tanto de las exequias Papales como de las preparaciones para el cónclave. Todos los asuntos de importancia se remiten a las congregaciones generales, que desde 1870 están establidas en el Vaticano. El Cardenal Dano (siempre el Obispo de Ostia) preside estas congregaciones en las que los Cardenales están ordenados por rango y predencia desde la fecha de su elevación a la púrpura. Antiguamente también tenían que mantener el gobierno de los Estados Papales y reprimir los fruentes desórdenes durante el interregno. En la primera de estas congregaciones se leen las varias Constituciones que determinan el cónclave y los Cardenales hacen un juramento para observarlas. Después, en los días siguientes, son examinados o nombrados los distintos funcionarios del cónclave, los conclavistas, confesores, médicos y criados de varios tipos, o son fijados por una comisión espial. Cada Cardenal tiene derecho a llevar al cónclave un Secretario y un sirviente, siendo normalmente el Secretario un lesiástico. En caso de enfermedad se puede permitir un tercer conclavista, con permiso de la congregación general. Todos igualmente juran secreto y no influir o impedir la elección. Después del cónclave se les otorgan ciertas distinciones honorarias y emolumentos puniarios.
Entretanto el cónclave, anteriormente un cuarto grande, ahora una parte amplia del Palacio Vaticano que incluye dos o tres pisos, está clausurado, y el espacio dividido en varios apartamentos, cada uno con tres o cuatro cuartos pequeños o celdas, en las que hay un crucifijo, una cama, una mesa y varias sillas. El acceso al cónclave sólo está permitido a través de una puerta, cerrada con llave por el Mariscal del Cónclave (anteriormente un miembro de la familia Savelli, y desde 1721 de la familia Chigi), y cerrada desde dentro por el Cardenal Camarlengo. Hay cuatro aperturas previstas para introducir la comida y otras nesidades, vigiladas tanto por dentro como por fuera, en el exterior por la autoridad del mariscal y del mayordomo, y en el interior por el prelado asignado a este deber por los tres Cardenales ya arriba mencionados, representante de los tres órdenes Cardenalicios. Una vez que inicia el cónclave la puerta no se abre de nuevo hasta que es anunciada la elección, excepto para admitir a un Cardenal que llegue con retraso. Toda la comunicación con el exterior se prohíbe estrictamente bajo pena de pérdida de oficio y excomunión ipso facto.. Un Cardenal puede abandonar el cónclave en caso de enfermedad (certificada bajo juramento por un médico) y regresar, pero no así un conclavista. Se hace notar, como dice Wernz, que una elección Papal celebrada fuera de un cónclave propiamente organizado es canónicamente nula e inválida.
En el interior, los Cardenales viven con sus conclavistas en sus celdas. Anteriormente todo Cardenal tenía que encargarse de su propia comida, que se le llevaba preparada uno de sus acompañantes a una de las cuatro aperturas más cercanas a la celda del prelado. Desde 1878 la cocina es una parte del cónclave. Aunque todas las comidas se toman en privado, son servidas por un grupo común, pero se tiene gran cuidado para prevenir cualquier comunicación escrita por esta medio. Las celdas de los Cardenales se cubren con tela, púrpura si ellos son de la "creación" del último Papa, verde si no lo son. Cuando desean no ser molestados, cierran la puerta de su celda, cuyo artesonado es en forma de una Cruz de San Andrés. El cónclave se inicia oficialmente en la tarde del décimo día después del fallimiento del Papa, a menos que se asigne otro día. Se observan todas las prauciones para excluir a aquéllos que no tienen ningún derecho a estar dentro del área confinada, y también la comunicación innesaria con el exterior. Hace mucho tiempo que la legislación Papal prohibió las "capitulaciones" de costumbre, o acuerdos de pre-elección acerca del nuevo Papa; también se prohíbe a los Cardenales tratar entre ellos de la sucesión Papal durante la vida del Papa; el Papa puede, sin embargo, tratar de este asunto con los Cardenales. De manera absoluta las modificaciones nesarias de la legislación del cónclave, durante el propio cónclave, sólo son temporales. Todos los auténticos Cardenales, como ya se ha dicho, pueden entrar en el cónclave, pero aquéllos sólo quién ha ribido la ordenación diaconal al menos tienen derecho para votar, a menos que hayan ribido un indulto espial del último Papa. Los Cardenales que ha sido pronizados, pero no todavía elevados a la púrpura, tienen, por disión de S. Pío V (1571) derecho a estar presentes y a votar.
Incluidos los Cardenales, prelados, y conclavistas, hay quizás unas doscientas cincuenta personas dentro del confinamiento. El gobierno del cónclave está en las manos del Cardenal Camarlengo y de los tres Cardenales representantes que se suceden en orden de antigüedad cada tres días. Aproximadamente a las siete u ocho de la mañana del undécimo día los Cardenales se reúnen en la Capilla Paulina y asisten a la Misa del Cardenal Dano. Antiguamente vestían los ornamentos espiales del cónclave, llamados la crocea. Riben Comunión de las manos del Cardenal Dano, y escucha a una alocución en latín sobre su obligación de elegir a la persona más digna para la Sede de Pedro. Después de Misa se retiran por unos momentos, y después se congregan en la Capilla Sixtina, donde tiene lugar la votación real. Allí se encienden seis velas en el altar en el que están una patena y un cáliz que se usan para votar. Sobre el asiento de cada Cardenal hay un baldaquino. El trono Papal es retirado. Delante de cada asiento hay también un pequeño escritorio.
Cuando están preparados para votar, entran en la Capilla Sextina acompañados por sus conclavistas, quienes llevan sus portafolios y material de escritura. El Obispo sacristán rita las plegarias; las papeletas de voto son distribuidas, y entonces todas las personas quedan excluidas, excepto los Cardenales, uno de los cuales barra la puerta..
Si bien desde Urbano VI (1378-89) nadie sino un Cardenal ha sido elegido Papa, no hay ley que reserve este derecho únicamente para los Cardenales. Estrictamente hablando, cualquier varón cristiano que ha alcanzado el uso de razón puede ser elegido (pero no, sin embargo, un hereje, un cismático, o un notorio simoniaco). Desde el 14 enero de 1505 (Julio II y su Bula "Cum tam divino") una elección simoniaca es canónicamente inválida, al ser un auténtico e indiscutible acto de herejía (Wernz, "Jus Dret", II, 658, 662; vea "Hist. Pol. Blätter", 1898, 1900, y Sägmüller, "Lehrbuch d. Kirchenrhts", 1900, I, 215).
Hay cuatro posibles formas de elección: scrutinium, compromissum, accessus, cuasi-inspiratio. La forma usual es la de scrutinium (escrutinio), o la papeleta de voto confidencial, y en ella el candidato elegido requiere dos tercios de los votos, excluido el propio. Cuando hay un empate, y sólo entonces, la papeleta de voto del Papa-elegido que, como todas las demás papeletas, es distinguible por un texto de Escritura escrito fuera de los pliegues, se abre para asegurarse que él no votó por sí mismo.
Cada Cardenal deposita su voto dentro del Cáliz que está sobre el Altar, y al mismo tiempo formula el juramento prescrito: "Testor Christum Dominum qui me judicaturus est me eligere quem sundum Deum judice eligi debere et quod idem in ascenso praestabo" ("Pongo por testigo a Cristo, el Señor, quien me ha de juzgar, que estoy eligiendo a quien, según Dios, creo que debe ser elegido", etc. (para la forma del juramento véase Lucius Ltor, "Le Cónclave", 615, 618.) La papeleta de voto dice: "Ego, Cardinalis N., eligo in summum Pontificem R. D. meum D. Card. N." (Yo, Cardenal N., elijo como Sumo Pontífice Romano al Reverendo Señor Cardenal N.").
Para esta elección por papeleta de voto secreto, tres Cardenales (scrutatores) son elegidos cada ocasión para presidir el funcionamiento de de votación; otros tres (revisores) para controlar el número de sus colegas, y todavía otros tres (infirmarii) para roger las papeletas de voto de los Cardenales enfermos y ausentes. Si los Cardenales enfermos no pueden asistir a votar, entonces los tres infirmarii van a sus celdas y traen sus votos en una caja que dan a los tres Cardenales que presiden, quienes los cuentan y los introducen en el Cáliz con los demás votos. Entonces, habiendo sido registradas y contadas todas las papeletas, si el número coincide con el número de eltores, se porta el Cáliz a la mesa y las papeletas de voto, por el lado en que apare el nombre de los candidatos, son pasadas una por una al tercer Cardenal, quien lee los nombres en voz alta. Todos los presentes cuantan con listas en las que aparen los nombres de todos los candidatos, y es costumbre para los Cardenales verificar los votos cuando se van leyendo. Después los tres Cardenales revisores verifican el resultado, que se proclama como definitivo.
Si tras la primera votación ningún candidato ribe el los dos tercios de los votos nesarios, se rurre a menudo a la forma de votación conocida como accessus. En la elección de Pío X (Rev. des Deux Mondes, 15 marzo, 1904, pág. 275) el Cardenal Dano no permitió el accessus, aunque es un uso ronocido en los cónclaves, regulado por Gregorio XI, diseñado principalmente para acelerar elciones, y normalmente considera favorables las oportunidades del candidato que tiene la mayor parte de los votos. En la práctica, consiste en una segunda papeleta de voto. Todos usan las tarjetas normales de nuevo, con la diferencia de que si el eltor desea que su voto cuente para el primer elegido escribe Accedo nomini; si cambia su voto presenta el nombre de su última disión. Entonces las dos series de papeletas de voto tienen que ser comparadas e identificadas por el texto en la cara inversa de la papeleta, para prevenir un voto doble para el mismo candidato por cualquier eltor. Cuando no se obtienen los requeridos dos tercios, las papeletas queman en una estufa cuya chimenea surge a través de una ventana de la Capilla Sictina. Cuando no hay ninguna elección, se mezcla paja con las papeletas para mostrar por su humo espeso (sfumata) a quienes esperan fuera que no ha habido elección. Siempre tienen lugar dos votaciones, una en la mañana y otra en la tardey duran de dos a tres horas cada una. Cuando la votación ha terminado, uno de los Cardenales abre la puerta tras la cual están los conclavistas, y todos se retiran a sus celdas.
Otras formas de elección, de hecho casi imposibles por la legislación de Gregorio XV, son la cuasi-inspiración y el compromiso. El rito antiguo supone que ante una sesión en la que no ha habido ningún acuerdo entre los Cardenales, uno de ellos se dirige la asamblea y propone el nombre de un candidato con las palabras Ego eligo (yo elijo, etc.), después de lo cual todos los Cardenales, como movidos por el Espíritu Santo, proclaman en voz alta al mismo candidato diciendo Ego eligo, etc. Una elección por compromiso supone que después de una larga y desesperada serie de sesiones los Cardenales eligen unánimemente un cierto número de ellos para hacer una elección. Esta forma no ha sido empleada desde el siglo XIV.
Cuando un candidato ha obtenido los requeridos dos tercios de los votos en un escrutinio o papeletas (la opción, desde Adriano VI, en 1522, ha raido invariablemente en uno de los presentes, y siempre un Cardenal italiano), el Cardenal Dano procede a preguntarle si acepta la elección y porqué nombre desea ser conocido. Desde el tiempo de Juan XII (955-64; Sägmüller dice que desde Sergio IV, 1009-1012) cada Papa toma un nuevo nombre en ruerdo del cambio de nombre de San Pedro (véase Knöpfler, "Die Namensänderung der Päpste" en "Compte rendu du congrés internat. cath. à Fribourg", 1897, s. v, 158 sqq.).
Las puertas han sido abiertas previamente por el Secretario del cónclave; los maestros de ceremonias están presentes y toman conocimiento formal de las respuestas del Papa. Inmediatamente los Maestros de ceremonias bajan los doseles de todos los asientos de los Cardenales, menos el del Papa elto, quien se dirige a una estancia aledaña donde es revestido con los ornamentos Papales (immantatio). Los Cardenales entonces se adelantan y ñe presentan la primera "obediencia", u homenaje (adoratio). El Papa entonces confirma o nombra al Cardenal Camarlengo, quien pone en su dedo el Anillo del Pescador. Tras esto sigue la proclamación al pueblo hecha por el más antiguo de los Cardenales Diáconos, anteriormente desde el balcón central de San Pedro, sobre la gran Plaza, pero desde 1870 en la misma Basílica de San Pedro. El cónclave termina, los albañiles quitan las paredes temporales, y los Cardenales se retiran a sus propios alojamientos en la ciudad y esperan la convocatoria para rendir la segunda y tercera adoratio y la solemne entronización.. Si el Papa no fuera Obispo, debe ser consagrado inmediatamente y, según la tradición inmemorial, por el Cardinal-obispo de Ostia. Si ya es obispo, únicamente tiene lugar a solemne bendición o benedictio. Sin embargo, disfruta de plena jurisdicción desde el momento de su elección. En el siguiente domingo o Solemnidad tiene lugar la "coronación" Papal, hecha por el Dano de los Cardenales Diáconos, y a partir de ese día el Papa fecha los años de su pontificado. El último acto es la toma formal de posesión (possessio) de la Basílica Laterana, omitida desde 1870.
Para el llamado Veto, que ocasionalmente ejercieron en el pasado las potencias católicas (España, Austria, Francia), vea DERHO DE EXCLUSIÓN.
The actually valid legislation concerning the conclave is found in all manuals of canon law, e.g. WERNZ, Jus. Dret. (Rome, 1899), II, 653-665; SÄGMÜLLER, Lehrbuch des Kirchenrhts (Freiburg, 1900), 313-19; HERGENRÖTHER- HOLWK, Lehrbuch des cath. Kirchenrhts (Freiburg, 1903), 268-73; LAURENTIUS, Instit. jur. cl. (Freiburg, 1903), nos. 99-103; cf. BOUIX, De Curiâ Romanâ, 120, and De Papâ, III, 341-44.-The history of the conclave and its ceremonial use fully described in the (illustrated) work of LUCIUS LECTOR (Mgr. Guthlin), Le Conclave (Paris, 1894). It replaces advantageously the earlier work of VANEL on the history of the conclaves (Paris, 1689; 3rd ed., Cologne, 1703). English descriptions like those of TROLLOPE (London, 1876) and CARTWRIGHT (Edinburgh, 1868) are generally unreliable, being largely inspired by the anti-papal histories of conclaves written by the mendacious and inexact GREGORIO LETI (s. l., 1667, 1716), and the inaccurate and maliciously gossipy PETRUCCELLI DELLA GATTINA (Brussles, 1865). See Dublin Reviewd (1868), XI, 374-91, and Civiltá Cattolica (1877), I, 574-85; also CREIGHTON in Academy (1877), XI, 66. See La nouvelle législation du conclave in Université cath. (Lyons, 1892), 5-47, and TEELING, The Development of the Conclave in The Dolphin (Philadelphia, 1908). For a catalogue of studies (often documentary) on spial conclaves, see CLEROTI, Bibliografia di Roma papale e medievale (Rome, 1893). The conclave that elted Pius X is described by an eyewitness (Un Témoin), said to be Cardinal Mathieu, in Revue des Deux Mondes, 15 March, 1904. See other valuable rent literature in the articles PAPAL ELTIONS, and RIGHT OF EXCLUSION.
AUSTIN DOWLING
Transcrito por WGKofron
Traducido por Alejandro Martin
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