Cistercienses
Religiosos de la Orden de Cîteaux, una orden benedictina reformada, establida en Cîteaux (en latín Cistercium) en 1098 por San Roberto, Abad de Molesme en la Diócesis de Langres, con el propósito de restaurar, tanto como fuera posible, la observancia literal de la Regla de San Benito (de Nurcia). La historia de esta orden puede dividirse en seis períodos:
I. La Formación (1098-1134)
II. La Época Dorada (1134-1342)
III. La Dadencia (1342-1790)
IV. La Restauración (después de 1790)
V. Condición de la Orden en 1908
VI. La Familia Cisterciense en el Tercer Milenio (2001)
I. La Formación (1098-1134)
San Roberto, hijo del noble Thierry y Ermengarda de Champaña, fue abad de Molesme, un monasterio dependiente de Cluny. Horrorizado por la laxitud en la que había caído la Orden de Cluny, se esforzó en eftuar reformas en los monasterios de Saint-Pierre-de-la-Celle, Saint-Michel de Tonnerre y finalmente en Molesme. Sus intentos de reforma en estos monasterios tuvieron muy poco éxito y él, junto con seis de sus religiosos, entre quienes estaban Alberic y Esteban, rurrió a Hugh, Legado de la Santa Sede y Arzobispo de Lyons. Autorizado por el Arzobispo Hugh para instituir una reforma, Roberto y sus compañeros volvieron a Molesme y allí escogieron entre los religiosos a quienes consideraron más aptos para participar en su empresa. Un grupo de veintiún religiosos se retiró a la soledad de Cîteaux (en la diócesis de Chalons), que Raynald, Vizconde de Beaune, les había cedido (Véase Cîteaux, Abadía de). En la fiesta de San Benito (21 de Marzo), de 1098, que cayó en Domingo de Ramos en ese año, comenzaron a construir el "Nuevo Monasterio", como es llamado en el "Exordium sacri Ordinis Cisterciensis". Este, por tanto, fue la fecha de nacimiento de la Orden de Cîteaux. Por orden del legado apostólico, Roberto ribió el personal pastoral por parte del obispo de la diócesis, Gauthier, y le fue confiado el gobierno de sus hermanos, quienes de inmediato hicieron su voto de estabilidad. Así quedó el "Nuevo Monasterio" erigido canónicamente como abadía.
Con estas noticias, los monjes que permanieron en Molesme enviaron una diputación al Papa Urbano II, pidiéndole que Roberto pudiera regresar a su primer monasterio. El Papa cedió a esta petición y Roberto volvió a Molesme, luego de haber gobernado Cîteaux durante un año. Allí, el prior Alberic fue elto para sucederlo, y a su vez, envió dos monjes, John e Ilbode, como lega dos ante Pascual II (quien acababa de suceder a Urbano II) para rogarle que tomara la iglesia de Cîteaux bajo la protción de la Sede Apostólica. Mediante Cartas Apostólicas, fhadas en Troja, Campania, el 18 de Abril del 1100, Pascual II dlaró que tomaba bajo su protción dirta tanto la abadía como a los religiosos de Cîteaux, exentándolos de su alianza a la Iglesia de Chalons. Desde ese día, Alberic y sus religiosos establieron en Cîteaux la exacta observancia a la Regla de San Benito, reemplazaron con un hábito blanco el hábito negro utilizado por los Benedictinos y para mejor seguir la regla respto al Oficio Divino día y noche, asociaron con ellos hermanos legos, que se ocuparían de las labores manuales y los asuntos mundanos de la orden. Estos hermanos legos o conversi, aunque no eran monjes, tanto durante su vida como después de muertos, fueron tratados exactamente igual que si lo fueran. San Alberic murió en 1109.
Su sucesor fue Esteban Harding, un inglés de nacimiento, bien versado tanto en la ciencia sagrada como en la ciencia profana, que había sido uno de los primeros promotores del proyto de dejar Molesme. San Roberto, sus dos inmediatos sucesores y sus compañeros no tenían otro objetivo en la mira sino: reaccionar contra la laxitud de Cluny y los otros monasterios reasumir el trabajo manual, adoptar un régimen más estricto y restabler las iglesias monásticas y sus ceremonias a la solemnidad y simplicidad propias de la profesión monástica. Nunca pensaron en fundar una nueva orden, y sin embargo de Cîteaux iban a salir, al paso del tiempo, colonias de monjes que deberían fundar otros monasterios destinados a llegar a ser otras Cîteaux, y así crear una orden distinta a la de Cluny.
El ingreso de San Bernardo a la Orden de Cîteaux (1112) fue la señal de su extraordinario desarrollo. Treinta jóvenes nobles de Borgoña lo siguieron, entre ellos cuatro de los hermanos de San Bernardo. Otros vinieron tras ellos y en tal número que al año siguiente (1113) Cîteaux fue capaz de enviar su primera colonia y fundar su primera filiación, La Ferté, en la Diócesis de Chalons. En 1114 fue establida otra colonia en Pontigny, en la Diócesis de Auxerre. En 1115 el joven Bernardo fundó Clairvaux en la Diócesis de Langres. En el mismo año se fundó Morimond también en Langres. Estas fueron los cuatro primeros vástagos de Cîteaux; pero de dichos monasterios Clairvaux logró el más alto desarrollo, llegando a procrear sesenta y ocho monasterios aun en vida de San Bernardo (Véase Clairvaux).
Después de esto San Esteban Harding terminó la legislación para el nuevo instituto. Cluny había introducido al orden monástico la confederación de miembros. San Esteban agregó la institución de los capítulos generales y las visitas regulares. Así la mutua supervisión, la rendición de cuentas de la administración, el rígido examen de la disciplina, la inmediata corrción de abusos, fueron medios mucho más seguros de mantener la observancia en toda su pureza. La colción de estatutos que redacto San Esteban y que contienen prudentes disposiciones para el gobierno de la orden fueron llamados la Constitución de la Caridad (Le Charte de Charité). Ésta y "Nosotros", el libro de usos y costumbres, junto con algo de las definiciones de los primeros capítulos generales, ribieron la aprobación del Papa Calixto II. A la muerte de San Esteban (1134), la orden, después de treinta y seis años de existencia, contaba con 70 monasterios, 55 de ellos en Francia.
II. La Edad Dorada (1134-1342)
La difusión de la nueva orden se eftuó principalmente a través de fundaciones. Sin embargo varias congregaciones y monasterios que habían existido antes de la Orden de Cîteaux, llegaron a afiliarse a ella; como las Congregaciones de Savigny y Obazine, que fueron incorporadas a la orden en 1147. San Bernardo y otros cistercienses tomaron un papel muy activo también en el establimiento de grandes órdenes militares y les proporcionaron sus constituciones y legislación. Entre las diversas órdenes de caballería pueden mencionarse los Templarios, los Caballeros de Calatrava, de San Lázaro, de Alcántara, de Avis, de San Mauricio, del Ala de San Miguel, de Montessa, etc. En 1152 la Orden de Cîteaux contaba ya con 350 abadías, sin contar las granjas y priora tos dependientes de las abadías principales. Entre las causas que contribuyeron a esta prosperidad de la nueva orden, la influencia de San Bernardo evidentemente queda en primer lugar; en segundo viene la perfta unidad que existía entre los monasterios y los miembros de cada casa, unidad mantenida maravillosamente por la puntual convocatoria de capítulos generales y el fiel desempeño de las visitas regulares. El capítulo general era una asamblea de todos los abades de la orden, aun los que residían más alejados de Cîteaux. Esta asamblea, durante la Edad Dorada, tenía lugar anualmente, conforme a las disposiciones de la Constitución de la Caridad. "Este aerópago cisterciense", dice el autor de "Orígenes Cistercienses", "con igual severidad y justicia mantenía la vigilancia sobre la observancia de la Regla de San Benito, de la Constitución de la Caridad y de las definiciones de los Capítulos predentes"
La colción de estatutos publicada por Dom [1] Martene nos informa que no se hacía ninguna distinción de personas. Luego de que se sabía había habido una falta, la misma medida disciplinaria era aplicada a hermanos legos, monjes, abades y a los primeros padres de la orden. Así, como todos estaban firmemente convencidos que sus derechos serían protegidos con igual justicia, la colción de estatutos aprobada por el capítulo general era consultada y respetada en todos los monasterios sin excepción. Todos los asuntos de la orden, tales como diferencias entre abades, compra o venta de propiedades, incorporación de abadías, cuestiones relativas a las leyes, ritos, fiestas, erción de colegios, etc. eran sometidos al capítulo general en donde residía la autoridad suprema de la orden. Otras órdenes tomaron estos capítulos generales como modelos para sus propios capítulos, ya sea espontáneamente como los Premonstratenses, o por dreto del Cuarto Concilio de Letrán, que establió que las órdenes religiosas debían adoptar la práctica de celebrar capítulos generales y seguir la forma utilizada por la Orden de Cîteaux.
Los capítulos generales fueron celebrados anualmente hasta 1411, cuando llegaron a ser intermitentes. Sus disiones fueron codificadas. La primera de tales codificaciones fue la de 1133, bajo el título "Instituta Capituli Generalis". El segundo que lleva el título "Institutiones Capituli Generalis", fue iniciado en 1203 por el Abad Arnoud I y fue promulgado en 1240. El tercero, "Libelli Antiquarum Definitionum Capituli Generalis Ordinis Cisterciencis", fue publicado en 1289 y 1316. Finalmente, el capítulo general de 1350 promulgó las "Novellae Definitiones" de conformidad con la Constitución de Benedicto XII, "Fulgens ut stella" del 12 de Julio de 1355. Las visitas regulares también contribuyeron mucho a mantener la unidad y el fervor. Cada abad era visitado una vez al año por el abad de la casa de la cual dependía dirtamente. Cîteaux era visitado por los cuatro primeros padres, esto es dir, por los abades de La Ferté, de Pontigny, de Clairvaux y de Morimond.
El Visitador", dicen los antiguos estatutos, "urgirá a los religiosos para que tengan el mayor respeto por su abad, y permanezcan más y más unidos entre sí por los vínculos del mutuo amor en el nombre de Jesucristo.... el Visitador no debería ser alguien que fácilmente creyera a todo mundo indiscriminadamente, sino que debería investigar con cuidado todas aquellas cuestiones de las que no ha tenido conocimiento y, habiendo averiguado la verdad, deberá corregir los abusos con prudencia, uniendo al celo por su Orden los sentimientos de sincero y paternal afto. Por otro lado, el Superior visitado debería mostrarse sumiso y lleno de confianza en el Visitador, y hacer todo lo que esté a su alcance para reformar su casa, puesto que un día tendrá que rendir cuenta al Señor.... (El abad) evitará, tanto antes de la llegada del Visitador como luego de su partida, cualquier cosa que tenga la apariencia de venganza, reproche o indignación contra cualquiera de ellos" (sc [2] sus súbditos). Si el visitador actuara contra las prescripciones, deberá ser corregido y castigado conforme a la gravedad de su falta por el abad que sea su superior, por otro abad, o incluso, por el capítulo general. Igualmente el abad visitado debería saber que llegaría a ser gravemente culpable ante Dios si ignorara la forma regular de visita y que merería ser llamado a cuenta por su "Padre Inmediato" o por el capítulo general.
Así todo estaba previsto y dispuesto para el mantenimiento del buen orden y la caridad y para la preservación de la unidad de la observancia y el espíritu. "Nadie entonces debería sorprenderse", dice el autor de "Orígenes Cistercienses", "de encontrar en las abadías cistercienses, durante su Edad Dorada, tantos santuarios de la oración más ferviente, de la más rigurosa disciplina, así como también de incansable y constante trabajo. Esto explica también por qué, no solo personas de extracción humilde y baja, sino también hombres eminentes, monjes y abades de otras órdenes, doctores en todas las ramas de la ciencia y clérigos honrados con las más altas dignidades, humildemente pedían el favor de ser admitidos a la Orden de Cîteaux". Así, fue durante este período que la orden produjo el mayor número de santos, beatos y santas personas. Muchas abadías tales como Clairvaux, Villiers, Himmerod, Heisterbach, etc., fueron otros tantos viveros de santos. Más de cuarenta han sido canonizados por la Santa Sede. La Orden de Cîteaux constantemente disfrutó del favor de la Santa Sede, que en numerosas Bulas otorgó a los cistercienses los mayores elogios y rompensó con grandes privilegios sus servicios a la Iglesia. Disfrutaron también del favor de soberanos, quienes, teniendo plena confianza en ellos, les confiaron, como Federico II, importantes delegaciones; o como Alfonso I de Portugal, que colocó su persona y sus reinos bajo el cuidado y protción de Nuestra Señora de Clairvaux; o de nuevo, como Federico II, sintiéndose cerca de la muerte, desearon morir vistiendo el hábito cisterciense.
Los cistercienses beneficiaron a la sociedad a través de sus labores agrícolas. De acuerdo al Dr. Janauschck, "nadie, salvo los ignorantes o los de mala fe, son capaces de negar los meridos elogios que los hijos de San Benito han ribido por sus trabajos agrícolas a través de toda Europa, o que esa parte del mundo les debe mayor deuda de gratitud que cualquier otra colonia no importa cuán importante sea". También dieron grandes beneficios a la sociedad por el ejercicio de la caridad cristiana. A través de sus trabajos, su onomía, sus privaciones y, algunas ves debido a generosas donaciones que sería ingrato despriar, llegaron a ser más o menos ricos en las cosas de este mundo y expandieron su riqueza a la instrucción del ignorante, la promoción de las letras y el arte y al alivio de las nesidades de sus países. Cesáreo de Heisterbach habla de un monasterio en Westfalia donde un día todo el ganado murió y los cálices y libros fueron dados en garantía para aliviar a los pobres. Las abadías cistercienses tenían una casa para albergar a los pobres y una enfermería para los enfermos, y en ellas todo visitante ribía una generosa hospitalidad y remedios para los males del alma y del cuerpo.
El trabajo inteltual también tuvo lugar en la vida de los cistercienses. Charles de Visch, en su "Bibliotha Scriptorum Sacri Ordinis Cisterciensis", publicado en 1649, dedica 773 notas históricas y críticas a los autores que pertenieron a la Orden Cisterciense. Aun en el período inicial, San Esteban Harding dejó una obra sobre la Biblia que es superior a cualquiera de su clase producida por cualquier monasterio contemporáneo, sin exceptuar Cluny. La Bibliota de Dijón preserva el venerable manuscrito de San Esteban, que iba a servir como modelo para todas las Biblias cistercienses. Las bibliotas cistercienses eran ricas en libros y manuscritos. Los hijos de San Bernardo tampoco ignoraron las bellas artes; aplicaron su genio a la construcción, contribuyeron poderosamente al desarrollo y propagación de la arquittura románica y gótica a través de toda Europa y cultivaron las artes de la pintura y el grabado.
III. La Dadencia (1342-1790)
La dadencia de la orden se debió a varias causas, la primera de las cuales fue el gran número de monasterios, a menudo, situados en los lugares más distantes, lo que evitó que los "Padres Inmediatos" hicieran visitas regulares a todas las casas de sus afiliaciones, en tanto que algunos de los abades no podían asistir cada año al capítulo general. Algunos, viéndose así protegidos de las protestas y los castigos del capítulo general o del visitador, permitieron que los abusos crieran en sus hogares. Pero la causa principal de la dlinación de la orden (que se basaba en la unidad y la caridad) fue el espíritu de disensión que animó a ciertos superiores. Algunos abades, incluso no lejos de Cîteaux, explicaron en un sentido particular, adaptado a su propio punto de vista, ciertos puntos de la Constitución de la Caridad. La solicitud de los Romanos Pontífices que trataron de reestabler la armonía, no siempre fue exitosa.
Y aun en ese tiempo hubo monjes valerosos y determinados que llegaron a ser reformadores, e incluso fundaron nuevas congregaciones que fueron desprendidas del viejo tronco de Cîteaux. Estas congregaciones que entonces dañaron la unión con Cîteaux, pero que ya no existen actualmente, son:
* La Congregación de la Observancia de San Bernardo de España, fundado por Dom Martín de Vargas, en 1425, en Monte Sión cerca de Toledo.
* La Congregación de San Bernardo de Toscana y Lombardía, aprobada por el Papa Alejandro VI (1497).
* La Congregación de Portugal, o de Alcobaça, fundada en 1507.
* La Congregación de los Feuillants, fundada por Jean de la Barriere en 1563, y que se difundió por Francia e Italia; los monasterios de Italia, sin embargo, eventualmente se separaron formando la Congregación de los Reformados de San Bernardo.
* La Congregación de Aragón, aprobada mediante bula de Paulo V (1616).
* La Congregación de Roma, o de Italia Central, creada por dreto del Papa Gregorio XV en 1623.
* La Congregación de Calabria y Lucania, establida por el Papa Urbano VIII en 1633, y a la cuál se le unió la antigua Congregación de Flore, que tuvo por fundador al Venerable Joachim apodado "el Profeta".
Deberían mencionarse otras dos reformas: la de Orval en Luxemburgo, por Bernard de Montgaillard (1605) y la de Septfons, en la diócesis de Moulin, por Eustache de Beaufort, en 1663. La primera con seis monasterios, y la segunda no se extendió más allá de Septfons.
Junto con las congregaciones que se separaron de Cîteaux hubo otras cinco o seis que, mientras permanían sujetas a la jurisdicción de la casa paterna, su legislación fue establida por el provincial o por los capítulos nacionales. Entre estas congregaciones destacan las del Norte de Alemania, la Estricta Observancia y La Trapa. La Congregación del Norte de Alemania se erigió en 1595 por Nicolás II (Boucherat), Abad de Cîteaux, atendiendo el deseo del Papa Clemente VIII, en el monasterio de Furstenfeld. Abarcaba cuatro provincias regidas por abades, vicarios del general. Contaba veintidós abadías, de las cuales sólo tres sobrevivieron a la tempestad revolucionaria y ahora forman parte de la Observancia Común en Cîteaux.
La Congregación de la Estricta Observancia, resultado de los esfuerzos de reforma de los abades de Charmoye y Châtillon, fue establida en Clairvaux por Denis Largentier, abad de ese monasterio (1614), El abad de Cîteaux, Nicolás Boucherat, aprobó la reforma y le permitió celebrar asambleas espiales y escoger un vicario-general con cuatro generales asistentes. El capítulo general de 1623 lo elogió grandemente, el Cardenal Richelieu llegó a ser su prottor y los Papas le dieron aliento. En 1663 ribió a un miembro importante en la persona del Abad de Rancé, quien introdujo la Estricta Observancia en la Abadía de La Trapa en la diócesis de Seez, agregando otras prácticas muy severas.
La Estricta Observancia se desarrolló rápidamente. En muy corto tiempo llegó a contar cincuenta y ocho monasterios. A la muerte de Denis Largentier (1626), Etienne Maugier, quién lo sucedió dio nuevo impulso a la orden. De esa época se pretendió cierta superioridad a la que se creía tener derecho, y fue resuelto que en caso de encontrarse con alguna oposición, se retiraría de la jurisdicción del General de Cîteaux. De aquí que surgieran querellas y litigios que duraron cuarenta años o más. En 1632, a pedido del rey (Luis XIII), el Papa Urbano VIII prolongó los poderes que Gregorio XV había otorgado diez años antes al Cardenal de la Rochefoucauld para la reforma de los monasterios del reino. El cardenal escuchó únicamente a los Padres de la Estricta Observancia, quien lo convencieron que ninguna reforma era posible sin el retorno a la abstinencia de carne. Él por tanto aprobó una sentencia en 1634 que derogaba en muchos puntos las antiguas constituciones y la Constitución de la Caridad, particularmente lo relativo a la jurisdicción del abad de Cîteaux y de los cuatro primeros padres. El Colegio de San Bernardo en París pasó a las manos de la Estricta Observancia. El abad de Cîteaux, Pierre de Nivelle, apeló al Soberano Pontífice. Éste anuló la sentencia del cardenal en cada punto que era contrario a la autoridad legítima. Mientras tanto habiendo renunciado Pierre de Nivelle, los no-reformados, con la esperanza de escapar de la autoridad del Cardenal de la Rochefoucauld, eligieron al Cardenal de Richelieu como abad de Cîteaux. El cardenal aplicó la reforma en su monasterio. Sostenidos por él, los reformados tomaron posesión de Cîteaux después de haber dispersado en los otros monasterios a los religiosos profesos de dicho establimiento. A la muerte de Richelieu los monjes expulsados se reunieron en Dijón, el 2 de Enero de 1643, y eligieron en su lugar a Dom Claude Vaussin, pero el rey vetó la elección; votaron el 10 de Mayo de 1645 y dieron todos sus votos a Claude Vassin, mientras que los reformados, en número solamente de quince, votaron por Dom Jean Jouaud, abad de Prieres en Bretaña. El 27 de Noviembre siguiente, el Papa Inocente X envió sus Bulas a Dom Claude Vaussin e impuso silencio a los reformados. El 1º de Febrero de 1647, un Breve del mismo Papa reestablió todas las cosas a la condición en que estaban antes de la sentencia del Cardenal de la Rochefoucauld.
La Estricta Obsevancia trató entonces de formar una orden independiente bajo la autoridad del abad de Prieres y con este objetivo en mente presentó nuevas dificultades en relación al asunto de la abstinencia. Un Breve del Papa Alejandro VII, fhado en Noviembre de 1657, confirmando la disión del Papa Sixto IV, en 1475, en el sentido que la abstinencia de carne no era esencial para la regla, no aquietó sus escrúpulos. Finalmente, el 22 de Enero de 1662, el mismo Papa intervino de una manera disiva al invitar a ambas partes a presentarse en la Corte de Roma. Los de la Observancia Común enviaron a Claude Vaussin; los de la Estricta Observancia, a Dom George, abad de Val-Richer; la Trapa, al abad de Rancé. El 19 de Abril de 1666 aparió la Bula "In Suprema", que puso fin a las divisiones. Romendó que las visitas fueran hhas regularmente y de manera estricta, que los monjes vivieran en los monasterios y que los capítulos generales se celebraran cada tres años. Restablió el silencio nocturno, la pobreza en los vestidos y la tonsura monástica. Mantuvo el uso de la carne donde ya se había obtenido y romendó que los religiosos que habían hecho voto de abstinencia fueran fieles al mismo. La Estricta Observancia permanió bajo la jurisdicción del abad de Cîteaux. Esta constitución fue aceptada por el capítulo general de 1667, que fue celebrado en Cîteaux, a pesar de las protestas de los opositores y en particular, del abad de Rancé, y la nueva reforma fue puesta en vigor en todos los monasterios de Francia, donde el número de monjes era suficiente.
Las abadías que no respondieron al llamado de Martín de Vargas, de Denis Largentier o del Abad de Rancé, formaron una observancia que el Papa Alejandro VII, en su Bula del 19 de Abril de 1666, llamó Común, para distinguirla de la Estricta Observancia, de la que en realidad difería únicamente en el uso de carne y artículos alimenticios similares tres ves por semana, un uso ciertamente contrario a la regla de la perpetua abstinencia imperante en los inicios, pero que las guerras religiosas y otros males de los tiempos hicieron nesaria. Deberían mencionarse otras dos reformas: la de Orval en Luxemburgo, por Bernard de Montgaillard (1605) y la de Septfons, en la diócesis de Moulin, por Eustache de Beaufort, en 1663. La primera con seis monasterios, y la segunda no se extendió más allá de Septfons.
Durante el siglo XVIII, sin embargo, se había introducido en la Orden de Cîteaux, como en casi todas las grandes familias religiosas, una perniciosa licencia de pensamiento y de moral. Los nuevos conflictos entre el abad de Cîteaux y los abades de las cuatro primeras casas de filiación surgieron respto al gobierno de la orden y a su propia jurisdicción. En virtud de las libertades de la Iglesia Galicana, el rey y su consejo nombraron una comisión para restabler el orden. Se redactó una nueva colción de estatutos, pero no fueron adoptados definitivamente sino hasta 1786. El capítulo general de ese año finalmente acordó y adoptó los nuevos estatutos en la víspera de la Revolución Francesa. Los trastornos políticos y religiosos que entonces y hasta el inicio del siglo XIX afligieron a Francia y Europa casi arruinaron esta venerable orden. Cuando la Convención Nacional, mediante dreto del 13 de Febrero de 1790, sularizó todas las casas religiosas de Francia, la Orden de Cîteaux tenía 228 monasterios con 1875 religiosos; 61 de estas casas, con 532 religiosos estaban en la filiación de Cîteaux; 3 con 33 religiosos, en la de La Ferté; 33 con 171 religiosos en la de Pontigny; 92 con 864 religiosos en la Clairvaux; y 37 con 251 religiosos en la Morimond. El 62avo. y último abad de Cîteaux, Don François Trouvé, habiendo perdido toda esperanza de salvar su monasterio, rogó al Papa Pío VI transfiriera todos sus poderes a Robert Schlht, abad de Salsmansweiler, de la Congregación del Norte de Alemania, de modo que los restos de la antigua corporación de Cîteaux pudieran aun tener un guía.
De Francia el odio a la religión pasó a los brazos de los usurpadores en Bélgica, Suiza, Italia y otros países, y allí continuó la obra de destrucción. Por un veto imperial del 25 de febrero de 1803 y un dreto del gobierno prusiano del 28 de Abril de 1810, todos los monasterios de Alemania fueron destruidos. Las abadías de Portugal fueron abolidas por una ley del 26 de Mayo de 1834, los de España por las leyes del 25 de Julio y 11 de Octubre de 1835, los de Polonia desaparieron antes de los dretos de los gobernantes rusos y prusianos.
IV. La Restauración (Después de 1790)
La reforma inaugurada en la Trapa por el abad de Rancé, reviviendo la austeridad y el fervor del primitivo Cîteaux, fue mantenida, casi intacto, contra dificultades de todo tipo, hasta la Revolución Francesa. Había entonces en La Trapa 70 religiosos y un noviciado numeroso y ferviente. Cuando el 4 de Diciembre, un dreto de la Asamblea Nacional suprimió a los Trapenses en Francia, Dom Augustin de Lestrange, entonces maestro de novicios en La Trapa, autorizado por su superior local y por el abad de Clairvaux, se puso en camino rumbo a Suiza con 24 de sus herma-nos. El senado de Friburgo les permitió asentarse en Val-Sainte, el 1º de Junio de 1791. El Papa Pío VI, mediante un Breve del 31 de Julio de 1794, autorizó la elevación de Val-Sainte a abadía. Dom Augustin fue elto abad el 27 de Noviembre siguiente y el 8 de Diciembre del mismo año, un solemne dreto del nuncio de la Santa Sede en Lucerna, ejutando el Breve de Pío VI, constituyó a Val-Sainte como abadía y casa-madre de la entera Congregación de Trapenses. Allí la Regla de San Benito fue observada con todo su rigor, y a ves su severidad incluso fue sobrepasada. Los novicios se dirigieron en tropel hacia allá. Desde Val-Sainte, Dom Augustin envió colonias a España, Bélgica y Piemonte.
Pero las tropas francesas invadieron Suiza en 1796. Obligado a salir de Val-Sainte, Dom Augustin, con sus religiosos de ambos sexos, comenzaron un vagabundeo de dos años a través de Europa, período durante el cuál dieron al mundo el esptáculo de las virtudes más heroicas. En 1800 Dom Augustin volvió a Francia y dos años más tarde reasumió la posesión de Val-Sainte. En 1803 envió una colonia de sus religiosos a Estados Unidos de América bajo la dirción de Dom Urbain Guillet. En 1811 huyendo de la ira de Napoleón, quien primero favorió a los Trapenses y luego suprimió todos sus monasterios en Francia y en todo el imperio, Dom Augustin mismo se dirigió a Estados Unidos. En 1815, a la caída de Napoleón, volvió de inmediato a La Trapa, mientras que Dom Urbain Guillet se establía en Bellefontaine, diócesis de Angers.
Durante esta persución imperial, tuvo lugar un cisma en la Congregación de La Trapa. La colonia que Dom Augustin había enviado desde Val-Sainte a Bélgica bajo la dirción de Dom Eugene de Laprade, y que se había establido primero en Westmalle, y luego en Darpheld en Westfalia, había abandonado las Reglas de Val-Sainte para abrazar las de Rancé. La colonia volvió a Francia y ocupó Port-du-Salut en la diócesis de Laval; Westmalle, restaurada en 1821, se retiró de la jurisdicción de Dom Augustin para formar, cinco años más tarde, la Congregación de Bélgica.
Dom Augustin murió el 16 de Julio de 1827, en Lyons. Un Dreto fhado el 1º de Octubre de 1834, confirmado dos días después por el Papa Gregorio XVI, unió las diferentes casas de Trapenses en Francia en una sola congregación conocida como la Congregación de Monjes Cistercienses de Nuestra Señora de La Trapa. El Presidente General de la Orden de Cîteaux es su cabeza y con-firma a sus abades. Los cuatro primeros padres son los abades de Melleray, Port-du-Salut, Belle-fontaine y Gard. La Regla de San Benito y las Constituciones de Cîteaux o las de Rancé, de acuerdo a la costumbre de cada monasterio, serían observadas. Pero con esta diversidad de observancia, la unión no duró mucho. Un dreto pontificio fhado el 25 de Febrero de 1847, y concedido a petición de los religiosos de cada observancia, dividió los monasterios trapenses de Francia en dos congregaciones: la Antigua Reforma de Nuestra Señora de La Trapa, que sigue las Reglas de Rancé, y la Nueva Reforma, que sigue la Primitiva Observancia y es gobernada por la Constitución de la Caridad. Ya en 1836 Westmalle formó una congregación distinta conocida como la Congregación de Bélgica. Había entonces tres congregaciones diferentes de trapenses.
Quedaría para una generación posterior presenciar la más completa reforma eftuada por la fusión de todas las congregaciones en una orden en unidad de gobierno y observancia. El 1º de Octubre de 1892, por deseo del Papa León XIII, un capítulo general plenario se celebró en Roma, bajo la presidencia del Cardenal Camillo Mazzella, delegado por el Cardenal prottor Monaco della Valetta. La asamblea duró doce días; se adoptó la fusión; Dom Sebastian Wyart, abad de Septfons, que había tomado la parte más activa en todas las negociaciones para realizar la unión, fue escogido "General de la Orden de los Cistercienses Reformados de Nuestra Señora de La Trapa". Tal fue el nombre dado a la orden. Un dreto de la Sagrada Congregación de Obispos y Regulares del 8 de Diciembre de 1892 y luego un Breve pontificio del 23 de Marzo de 1893, confirmó y ratificó las Actas del capítulo. El 13 de Agosto de 1894, el Soberano Pontífice aprobó las nuevas constituciones y la Congregación de Obispos y Regulares las promulgó el 25 del mismo mes. En 1898, en el 800avo. aniversario de la fundación de la orden, los hijos de San Bernardo de nuevo tomaron posesión de la antigua Abadía de Cîteaux. Dom Sebastian Wyart fue elto abad, y así se restauró la cadena de abades de Cîteaux que había estado rota durante 107 años. Fue entonces que se didió suprimir en el título de la orden las palabras "Nuestra Señora de La Trapa", cediendo la abadía de La Trapa el primer lugar a Cîteaux. Finalmente, el 30 de Julio de 1902, una Constitución Apostólica del Papa León XIII confirmó solemnemente la restauración de la orden y le dio el nombre de "Orden de los Cistercienses Reformados, o de la Estricta Observancia". Dom Sebastián Wyart murió el 18 de Agosto de 1904. El capítulo general, pospuesto ese año hasta Octubre, escogió como sucesor al Rvdmo.Dom Augustin Marre, abad de Igny y obispo titular de Constanza.
V. Condición de la Orden en 1908
Varias congregaciones modernas deben ser mencionadas que han sido trasplantadas del antiguo tronco de Cîteaux, y que, con algunos antiguos monasterios que escaparon de la persución al cierre del siglo XVIII y principios del XIX, forman la Observancia Común. Su modo de vida corresponde al de los Cistercienses del siglo XVII, cuya suavización fue aprobada por el Papa Alejandro VII en 1666. Ellos son las Congregaciones de Italia, Bélgica, Austria y Suiza, y la Congregación de Sénanque.
1. La Congregación de San Bernardo de Italia fue formada en 1820 con los monasterios que quedaron de las Congregaciones de la Provincia Romana y Lombardía, luego de que el Papa Pío VII había sido privado de sus Estados. La congregación adoptó las constituciones de la antigua Congregación de Toscana y Lombardía.
2. La Congregación de Bélgica, formada en 1836, en Bornheim en la diócesis de Mi
Cistercienses en las Islas Británicas
San Esteban Harding, tercer abad de Cîteaux (1109-33), era inglés y su influencia en la organización inicial de la Orden Cisterciense fue muy grande. Fue natural por tanto que cuando, luego de la llegada de San Bernardo y sus compañeros en 1113, las fundaciones comenzaron a multiplicarse, el proyto de enviar una colonia de monjes a Inglaterra encontrara una consideración favorable. En Noviembre de 1128, con la ayuda de William Giffard, obispo de Winchester, se establió una colonia en Waverly cerca de Farnham en Surrey. Desde ese momento hasta 1152 se fundaron cinco casas y algunas de ellas tuvieron renuevos propios. Pero fue en el norte donde la orden asumió sus desarrollos más activos en el siglo XII. William, un monje inglés de gran virtud, fue enviado desde Clairvaux por San Bernardo en 1131, y Walter Esp dio a los rién llegados una pequeña propiedad "en un lugar de horrible y triste soledad" en Rivaulx en Yorkshire, con el cordial apoyo de Thurston, arzobispo de York. Para 1143, trescientos monjes habían ingresado, incluyendo al famoso Aelred, conocido por su elocuencia como el San Bernardo de Inglaterra. Entre los renuevos de Rivaulx estuvieron Melrose y Revesby. Aun más famoso fue Fountains cerca de Ripon. La fundación fue hecha en 1132 por una sción de los monjes de la gran casa benedictina de St. Mary, en York, quienes deseaban llevar una vida más austera. Después de muchos esfuerzos y dificultades, San Bernardo accedió a enviarles un monje de Clairvaux para instruirlos, y al final prosperaron con cres. La gran belleza de las ruinas excita a preguntarse aún hoy, y antes de 1152 que Fountains tuviese muchos renuevos, cuál entre Newminster y Meaux es la más famosa. Otro gran reforzamiento de la orden fue la aceptación de las casas de la fundación de Savigny, las cuáles fueron incorporadas con los Cistercienses a instancias del Papa Eugenio III, en 1148. Tre abadías inglesas, de las cuáles las más famosas eran Furness y Jervaulx, adoptaron así la regla cisterciense. Para el año de 1152, había cincuenta y cuatro monasterios cistercienses en Inglaterra, unos pocos de los cuales, como la hermosa abadía de Tintern en el Wye, habían sido fundados dirtamente desde el Continente. Arquittónicamente hablando los monasterios e iglesias cistercienses, debido a su estilo sin mezcla, pueden contarse entre las más bellas reliquias de la Edad Media. En cuanto al comercio de lana y ropa, que fueron espialmente fomentados por los cistercienses, Inglaterra tiene una gran deuda por los inicios de su prosperidad comercial.
Después de la disolución de las fundaciones monásticas por la Reforma, el hábito cisterciense no había sido visto de nuevo en las Islas Británicas hasta que algunos monjes de la austera reforma de La Trapa (por ello, llamados a menudo Trapenses), expulsados por la Revolución Francesa, llegaron a Inglaterra con el propósito de dirigirse luego a Canadá. Esta intención fue frustrada accidentalmente y en 1794 fueron ribidos en Lulworth en Dorsetshire por Thomas Weld. La mayoría de ellos después ayudaron a reestabler la gran abadía de Mount Melleray en Bretaña y aún más tarde a establer una nueva Mount Melleray en Irlanda. Esta floriente casa en Cappoquin, condado de Waterford, en 1908 tenía una comunidad de casi 70 miembros, 29 de ellos sacerdotes. Otra y de más riente fundación en Roscrea, condado de Tipperary, en la diócesis de Killaloe, contaba en 1908 con 66 monjes, 28 de los cuales eran sacerdotes.
En Inglaterra, la abadía de San Bernardo, en Coalville, Leicestershire, fundada en 1835 tenía en 1908 una escala más reducida con sólo 7 sacerdotes. Desde entonces ha sido ampliada, aunque respetando el estilo original y actualmente (2001) alberga a 35 miembros.
El segundo monasterio cisterciense en establerse en Gran Bretaña después de la supresión de los monasterios en 1536 fue la abadía de Caldey, en la isla del mismo nombre en la costa sur de Gales. Esta abadía fue construida en 1906 por anglicanos organizados según la regla de San Benito, pero en 1913 el abad y toda su comunidad anglicana se convirtieron al Catolicismo, continuando como abadía benedictina. En 1926 la abadía fue vendida a la Orden Cisterciense de la Estricta Observancia, la cual se establió definitivamente 3 años después. La isla de Caldey tiene aproximadamente 250 has., casi todas dedicadas a pastizales. La abadía ha desarrollado una pequeña industria de productos lácteos, así como de elaboración de perfumes, aparte de los ingresos que brinda el turismo. Actualmente (2001) cuenta con 23 monjes.
El tercer establimiento cisterciense en Gran Bretaña en los tiempos modernos es la abadía de Sta. María de Nunraw, en Haddington, Escocia, al este de Edinburgo. Esta abadía, ronstruida muy cerca del lugar de la antigua abadía de Nunraw (siglo XV), fue establida por monjes de la abadía irlandesa de Roscrea en 1946; la construcción realizada por los propios monjes y voluntarios, se inició en 1952 y no fue sino hasta 1969 que los monjes pudieron residir en el edificio. El 15 de Agosto de 1996 la abadía celebró sus primeros 50 años de vida. Actualmente cuenta con 17 miembros.
El convento de monjas cistercienses de Stapehill cerca de Wimborne, Dorestshire, fundado en 1802, gradualmente vio reducirse el número de monjas de modo que se hizo imposible su operación y fueron relocalizadas en la abadía de Whitland (que tiene 14 miembros), sur de Gales, en tanto que Stapehill fue convertido en museo alrededor de 1991.
Existen también dos monasterios cistercienses de la Observancia Común. El primero, (Our Lady of Sacred Heart o St.Bernard’s Convent) se ubica en Slough, en el sureste de Inglaterra; fue fundado en 1897 por las Bernardinas de Esquermes (Francia), actualmente cuenta con 18 hermanas y está dedicado fundamentalmente a la educación. El otro (Our Lady of Hyning), se ubica en Carnforth, Lancashire, y cuenta con 12 hermanas.
A pesar de la tendencia driente en el número de miembros de los monasterios, en Gran Bretaña se ha producido un fenómeno curioso desde mediados del siglo XIX donde, dentro del Anglicanismo, se formó en 1845 la primera comunidad para mujeres y 20 años después aparió la primera comunidad de monjes. Cada vez fueron tomando un carácter más monástico y algunas adoptaron la Regla de San Benito; después aparieron otras comunidades anglicanas siguiendo la regla cisterciense; las vestimentas, los nombres de las abadías, los capítulos generales, los propios listados en la de monasterios anglicanos, todo refleja una criente imitación de sus contrapartes católicas.
Bibliografía hasta 1912
COOKE in The English Historial Review (Londres, 1893), 625-76; DALGAIRNS, Life of St.Esteban Harding, ed. THURSTON (Londres, 1898); Concise History of the Cistercian Order by a Cistercian monk (Londres, 1852); FOWLER, Cistercian Statistics (Londres, 1890); MURPHY, Triumphalia Monasterii S.Crucis (Dublin, 1891); CO-GNASSO, Acta Cisterciensia in Romische Quartalschrift (1912).
Bibliografía de actualización. Sitios :
MIKE GOULD, Mount St.Bernard (www.leicestershire.ndirt.co.uk/MtStBernard.htm), JOHN CATINI, Caldey Island Pembrokeshire Wales (www.caldey-island.co.uk/index1.htm), COLIN HORSMAN, Nunraw Abbey: A Historical Persptive (www.nunraw.org), IAN ROBINSON, Stapehill Abbey Crafts and Gardens, (www.geocities.com/ResearchTriangle/Campus/3737/staplehill.htm), OCSO Information Bulletin 142. Withland [18*]. (www.ocso.org/bull142e.htm), Monastery of Our Lady of the Sacred Heart, Slough, England (www.bernardines.surf3.net/slough.htm), Monastery of Our Lady of Hyning, Carnforth, Lancashire, England (www.bernardines.surf3.net/hyning.htm), Ewell Monastery, Anglican Monks (www.ewell-monastery.co.uk), Dirtory of [Anglican] Communities (www.orders.anglican.org/arcyb/communities.html)
HERBERT THURSTON
Transcrito por Herman F. Holbook
Para el abad y la comunidad de Ntra.Sra. de Spring Bank, Wisconsin
Traducido y actualizado por Eduardo Torres
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