Baden
El Gran Ducado de Baden está situado en la parte sudoeste del Imperio Alemán, rodeado por Suiza, Alsacia, el Palatinado, Hesse, Bavaria y Wurtemberg, con un área total de 5,821 millas cuadradas.(En 1949, Baden, junto con Wurtemberg y Hohenzollern, pasó a formar parte de la República Federal de Alemania. Su nombre actual es Baden-Wurtemberg y es uno de los 16 estados- Bundesländer- que conforman dicho país. La unión entre esos dos antiguos estados se realizó en 1952, por plebiscito popular. Su capital actual es la ciudad de Stuttgart). Según el censo del 1 de diciembre de 1905 (al escribirse el presente artículo), la población alcanzaba la cifra de 2, 010,728 , de los cuales 1,198,511 eran católicos, 762,826 evangélicos, 8,006 antiguos católicos, 2,060 luteranos, 2,823 reformados, 2,157 pertenientes a varias denominaciones evangélicas, 7,449 a otras creencias cristianas, 25,893 judíos y 600 de otras religiones (el censo de 2005 cuenta 10.718.327 habitantes. Las proporciones religiosas en todo el país : cristianos 66 % (católicos 33 %, protestantes 33 %); musulmanes 3 %; judíos 0,1 %) .
I. HISTORIA
(a) La Edad Media
El Gran Ducado se configuró con territorios de varios dominios eclesiásticos y sulares. Al principio de la Era Cristiana, Baden formaba parte de las así llamadas "tierras de diezmo" (agri dumates) que estaban protegidas de los bárbaros germánicos por una muralla . Desde ese punto los alemanni realizaban fruentes incursiones en territorio romano, y después de la muerte del emperador Aurelio Probo (282), tomaron posesión de la parte sur de dichos terrenos de diezmo. Las victorias de 496 y 536 convirtieron a los francos en amos de la región, y en 748 Pipino el Breve acabó con la antigua forma de gobierno basada en ducados tribales, introduciendo el sistema organizativo del imperio franco. La implantación del poder franco trajo también a la provincia la fe cristiana. La parte sur del país ribió la fe alrededor del año 610, de san Columbano y de su discípulo san Galo, quienes fueron sucedidos cien años después por san Pirminio. San Trudberto trabajó en el Breisgau, y san Kilian en la parte noreste del territorio. El valle del Rin fue evangelizado desde Mainz. Gran parte de la conversión de esa región se debe a los múltiples monasterios que se fundaron a través de los siglos:Reichenau, Honau, cerca de Kehl, San Trudberto, Ettenheimmunster, Gengenbach, Schwarzach, San Miguel, cerca de Heidelberg, Petershausen cerca de Constanza, y San Blas. Igualmente, los monasterios femeninos, tales como Sackingen, Waldkirch, Sulzburg, y otros.
Ya la debilidad del reinado de los últimos carolingios, y luego la desaparición de esa dinastía, propició el renacimiento del viejo modo de gobierno de los ducados tribales, y solamente reyes fuertes como Otto I, Enrique II y Enrique III fueron capaces de mantener su autoridad. Los aliados naturales de los reyes en contra de los duques de la diversas tribus fueron las autoridades eclesiásticas, obispos y abades, quienes ganaron enorme influencia y posesiones. El territorio de Baden fue dividido lesiásticamente en seis diócesis: Constanza, Speyer, Estrasburgo, Worms, Mainz, y Wurzburg. Los obispos de Bamberg eran ricos terratenientes al haberles Enrique II otorgado tierras en el Ortenau, y haber colocado las abadías de Ettenheimmunster, Gengenbach, y Schuttern bajo su jurisdicción episcopal. Los monasterios de Reichenau y San Blas, en particular, se convirtieron en poseedores de grandes bienes temporales. El Conde Bertoldo (+1078) ganó gran prominencia entre los gobernantes sulares alegando descender de los antiguos duques alemanes, y en 1061 se convirtió en Duque de Carinthia y Margrave de Verona. Durante el conflicto entre el papado y el Emperador Enrique IV, Bertoldo se mantuvo fiel a la Iglesia. El más joven de sus tres hijos, Salomón, fue obispo de Constanza (1084-1110), y los otros dos, Bertoldo II (+ 1111) y Hermann I (+ 1074), fueron los ancestros de los duques y margraves de la rama Zahringen. La línea ducal de descendientes ribió del emperador en feudo parte de Borgoña y de la zona central y occidental de Suiza, con Zurich como capital. De esos descendientes, Bertoldo II fundó Friburgo en el Breisgau, Bertoldo IV, Friburgo en Suiza, y Bertoldo V, Berna. A la muerte de Bertoldo V, en 1218, se extinguió esa rama de la familia, pasando sus estados a manos de los margraves de la otra rama, cuyos descendientes constituían la familia gobernante de Baden todavía al momento de escribirse este artículo. El primero de los margraves de esta rama fue Hermann I, que murió como monje en la abadía de Cluny. Muchos de sus descendientes se distinguieron en asuntos de Estado, como por ejemplo: Hermann V (1190-1242), que peleó contra los mongoles, Rodolfo (1243-1288), quien fuera primero enemigo y luego amigo de Rodolfo de Hapsburgo, Bernhard (1372-1431), generoso benefactor de los monasterios de Gottesaue y Schwarzach, y Jaime I (1431-1453), quien patrocinó la fundación de la colegiata en la ciudad de Baden-Baden. Otros, por el contrario, debilitaron la influencia de la familia al repartir reiteradamente sus territorios, y contribuir con ello a las subsuentes subdivisiones territoriales de lo que luego fue Baden.
Entre los gobernantes vinos, los que más territorios poseían eran los condes del Palatinado del Rin (Heidelberg, etc.); la dinastía Hapsburgo, la cual en el siglo XIV obtuvo la totalidad del Breisgau y las ciudades de Friburgo,Breisach, Waldkirch, y otros sitios; los condes de Furstenberg, cuyos dominios estuvieron por un tiempo en la región de Baar (como el poblado de Donaueschingen); y los condes de Wertheim. Obviamente, también había un gran número de principados pequeños, caballeros del imperio y ciudades libres. Y a todos ellos habría que añadir los gobernantes religiosos, los seis obispos, cerca de 106 monasterios, y algunos territorios poseídos en encomienda por los Caballeros de San Juan y los Caballeros Templarios alemanes. La vida inteltual, espiritual y onómica que florió en esa época en el Rin Superior fue tan variada como las divisiones territoriales de la región. Las evidencias del celo con el que se cultivaron las artes en monasterios y ciudades están patente en los innumerables edificios que datan de ese período, como, por ejemplo, los de Constanza, Friburgo, Ueberlingen, etc. Así mismo, en sus bibliotas monacales, en la gran población estudiantil de las universidades de Heidelberg y Friburgo, y de las escuelas intermedias, de las cuales la de Pforzheim ganó enorme reputación. También en la difusión del arte de la imprenta, en un momento en que la vida lesiástica se había visto invadida de innegables abusos, que fueron causa de que muchos fueran presa de la influencia de algunos movimientos inteltuales que prepararon el camino a la Reforma. Entre ellos se encontraban algunas asociaciones religiosas sretas y los pseudo místicos, los husitas, los flagelantes, y, en espial, el humanismo que gozaba del favor de la corte del Palatinado del los Eltores.
(b) De la Reforma a la formación del Estado actual.
El primer impulso acerca de ideas religiosas revolucionarias en Baden procedió del mismo Lutero, quien pasó algún tiempo en Heidelberg, donde aparió en público como orador y eso le ganó algunos adeptos. La Reforma establió su punta de lanza en el condado de Wertheim, en Constanza (1530), en el condado de Hanau-Lichtenberg (1530) y en el Palatinado Eltoral (1546). Los territorios libres gobernados por eclesiásticos y por la Casa de Hapsburgo permanieron fieles a la Iglesia. Los progresos de la Reforma en el margravado de Baden no fueron nunca uniformes. Para 1503 el Margrave Cristopher I de Baden (1475-1527) ya había reunido todos los territorios de la familia, pero la división, en 1533, entre sus dos hijos Bernhard III y Ernesto, scionó al margravado en dos partes que no se volvieron a reunir sino hasta 1771. Bernhard ribió el margravado de Baden-Baden, y su hermano el margravado de BadenDurlach. Parte de la población de Baden-Baden ya había adoptado las nuevas enseñanzas, pero al morir Bernhard III (1536), el Duque Alberto V de Bavaria, tutor del hijo de Bernhard, Felipe II, logró hacer que el país volviera a la fe católica. El mismo Felipe (1569-1588), que había sido educado por los jesuitas en Ingolstadt, se convirtió en un vigoroso opistor de la nueva enseñanza.
La rama Baden-Durlach de la familia reclamó para sí Baden-Baden durante el reinado del sucesor de Felipe, Eduardo Fortunato (1588-1600), e incluso ocupó parte del territorio hasta 1622, e introdujo la Reforma. El Margrave Guillermo 81622-1677), sin embargo, después de muchos reveses, logró, con el apoyo del Partido Católico del imperio, retomar el mandato del margravado. Con la ayuda espial de jesuitas y capuchinos, en favor de los cuales había establido algunas casas, hizo que la parte protestante del país volviera al redil de la fe católica. Su sucesor, Luis Guillermo (1677-1707), prestó admirables servicios a la Iglesia y al imperio peleando contra los turcos (1683) y los franceses. Luis Guillermo, su esposa Augusta Sibylla, en su calidad de regentes en favor de su hijo Luis Jorge (1707-1761), y este último a su vez, lograron muchas cosas en favor de la Iglesia en Baden. A la muerte de Augusto Jorge (1761-1771), quien había dejado el ministerio lesiástico con la aprobación papal, y fundó muchas instituciones religiosas, se extinguió la línea de Baden-Baden, cayendo la sucesión en la rama Baden-Durlach. El Margrave Ernesto (1527-1553) de Baden Durlach había favorido el protestantismo, y su hijo Carlos II (1553-1577) pronto establió la Reforma en sus dominios. Después de este período la religión protestante continuó dominando el territorio de Baden-Durlach, y su supremacía no se vio aftada ni por la ronciliación de la Iglesia con Jaime III, tercer hijo de Carlos II, pues la conversión de Jaime acontió poco antes de su muerte (1690). Los más notables gobernantes de Baden-Durlach fueron: Federico V (1622-1659), quien fundó muchas escuelas; Federico VI (1659-1677), el cual se distinguió por su devoción al emperador y al imperio; Carlos Guillermo (1709-1738), quien en 1715 establió la actual capital en Karlsruhe, y mejoró significativamente las finanzas y la administración de justicia, además de promover celosamente los intereses de las escuelas. Su nieto Carlos Federico (1738-1811), establió reformas muy positivas en la cuestión sanitaria durante su reinado, elevando la situación de su territorio de un principado despriable al rango de uno de los grandes estados del centro del Imperio Germano. La desaparición de la rama Baden-Baden incrementó mucho sus posesiones, las cuales a su vez fueron aumentadas por los cambios políticos resultado de la Revolución Francesa. Pero en 1796 Carlos Federico fue obligado a ceder a Francia sus posesiones en la ribera izquierda del Rin, aunque fue generosamente compensado por el Acta de los Delegados Imperiales (1803). Ribió la diócesis de Constanza, esa parte del Palatinado del Rin que yace en la ribera derha del río, y que abarca las ciudades de Heidelberg, Mannheim, etc., parte de las diócesis de Estrasburgo y Speyer, once casas religiosas y abadías, y siete ciudades imperiales. Gracias a la Paz de Pressburgo (1805), y a la llegada de Baden a la Confederación del Rin (1806), Baden crió aún más por las antiguas posesiones de Austria en el Bresgau, la ciudad de Constanza, y otros territorios, a partir de lo cual se fijaron los límites existentes al escribir este artículo. Baden fue elevado al rango de gran ducado el 13 de agosto de 1806. La participación obligada del ducado en las guerras napoleónicas produjo grandes pérdidas de vidas y propiedades.
(c) Historia riente
El Gran Duque Charlos (1811-1818), sucesor de Carlos Federico, dio al país una constitución bastante liberal. El primer Landtag (parlamento) entró en conflicto con el gobierno del Gran Duque Luis (1818-1830), quien había sido educado en las ideas absolutistas y dirigió el gobierno casi despóticamente. Si bien durante el reinado del Gran Duque Leopoldo se habían introducido muchas reformas oportunas, nunca faltaron agrias disputas entre los representantes del pueblo y el gobierno. Al avanzar esas disputas, los oponentes del gobierno se airaban cada vez más y finalmente formaron un partido líder de la oposición, el cual, por la influencia de las tendencias políticas predominantes en ese momento, dio origen al nacimiento de principios radicales. Tal radicalismo obtuvo gran apoyo no sólo en el Landtag, sino en el país en general. De ahí que el movimiento revolucionario de 1848, que había comenzado en Francia, encontrara tierra fértil también en Baden. A pesar de que el gobierno concedió muchas de las demandas de la gente para liberalizar la administración, no faltaron las revueltas. Al principio, esas revueltas fueron suprimidas, pero un motín del ejército en Rastatt y Karlsruhe dio la victoria a los revolucionarios. Los insurgentes se apoderaron de Karlsruhe en 1849, proclamaron una república y establieron un gobierno provisional. Fue gracias a la ayuda de Prusia y de la Confederación Germánica que se logró la supresión de la revolución en Baden y el Gran Duque pudo restabler su autoridad. Los culpables fueron castigados severamente, en espial los soldados amotinados.
II. CONFLICTOS LESIÁSTICOS.
Durante el reinado del Gran Duque Luis II (1852-1856), cuyo hermano Federico mantuvo la regencia hasta 1856, cuando aquél pudo acceder al título, entraron en abierto conflicto el gobierno y la Iglesia Católica, que ya habían venido enfrentándose por mucho tiempo. Las revoluciones del período napoleónico habían sacudido la organización de la Iglesia hasta sus cimientos. Dos tercios de la población del Gran Ducado de Baden que existía al inicio del siglo XIX profesaba la fe católica. Esto significaba 728 parroquias divididas en seis diócesis diferentes (Constanza, Estrasburgo, Speyer, Worms, Mainz y Wurzburg). Era urgente una renovación de los asuntos eclesiásticos, que se llevó a cabo, al menos en lo tocante a la parte del Estado, a través de los dretos organizacionales de 1803 y a los dretos constitucionales de 1807, que reglamentaban la posición del Estado frente a la Iglesia. Aunque el primero de tales dretos garantizaba a los católicos la continuidad de su sistema diocesano, el libre ejercicio de su religión, y la posesión y uso de las propiedades lesiales, poco después de su promulgación fueron abolidos muchos monasterios e instituciones caritativas, otras confiscadas y otras transformadas en instituciones sulares de educación. En vez de ser organizados en diócesis, los católicos fueron repartidos en dos vicariatos (Bruchsal y Constanza). Se nombró una comisión espial para administrar los asuntos temporales de la Iglesia, conocida originalmente como Kirchensektion (Sción lesiástica) y luego como Catholic Oberkirchenrat (Consejo Supremo lesiástico). A pesar de la buena voluntad del Gran Duque Carlos Federico, el espíritu de esos dretos fue desfavorable a la Iglesia Católica. Los derechos del Estado se incrementaron más allá de lo razonable, para perjuicio de la Iglesia. Pero aún peor que las normativas mismas fue la forma en que éstas fueron ejutadas por los funcionarios liberales del Antiguo Baden, quienes veían a la Iglesia Católica con hostilidad. Tan injusto fue el trato que se dio a los católicos en el nuevo Gran Ducado, y tan notables las indignidades a que fueron sometidos, que hasta Napoleón, prottor de la Confederación del Rin, protestó acerca de ello en dos notas enviadas al gobierno de Baden (febrero y marzo de 1810). Desafortunadamente, gran parte del clero católico, que o había sido educado en el josefinismo, o había sido presa del indiferentismo de la época, no pudo lograr reunir los apoyos nesarios para defender los derechos de la Iglesia. Incluso los más altos dignatarios de la Iglesia, como, por ejemplo, el vicario general de Wessenberg, favorieron las posturas del febrionanismo y acogieron entusiastamente el proyto de una iglesia nacional germana, independiente de Roma. Ese estado de cosas hizo que las negociaciones empezadas por la Santa Sede para reorganizar la Iglesia en Baden se prolongaran por años. Finalmente, la bula "Provida solersque" (agosto 16, 1821), establió la provincia del Alto Rin (Oberrheinische Kirchenprovinz), definió los límites de las cinco diócesis ahí comprendidas (Friburgo Fulda, Limburgo, Mainz, y Rottenburg) y didió que Friburgo fuera la sede metropolitana. En Baden, por órdenes del Gran Duque, el candidato a la sede archiepiscopal era elto en votación libre por los danos (1822), pero el Papa condenó la elección de Wanker, profesor de teología en Friburgo, por ser inválida canónicamente. Se tuvo que realizar una larga negociación antes de llegar a un acuerdo, y el 11 de abril de 1827 León XII promulgó la bula de erción "Ad Dominici greys custodian". El 16 de octubre, 1827, se firmó el acta de fundación. El 21 de octubre fue consagrado el primer arzobispo, Bernhard Boll.
Con todo, aún no se había logrado un ajuste aduado para el problema. El acta de fundación contenía muchas cláusulas contrarias al espíritu de la bula papal. La ley lesiástica aprobada el 30 de enero de 1830 era significativamente contraria a los acuerdos hhos con Roma. Es verdad que otorga a los católicos el derecho de profesar libremente su fe y practicar su religión, pero, por el contrario, se le da al Estado un poder exagerado sobre la Iglesia: todas las órdenes y disiones de cierta importancia que procedan de las autoridades eclesiásticas deben ser, según esa ley, aprobadas por la autoridad civil; se requiere que incluso los dretos y dispensas de carácter general emitidos por la Iglesia, aunque sean de orden puramente espiritual, deban ser inspcionadas previamente por la autoridad pública. Incluso las bulas, los breves, y dispensas papales deben obtener el placeat del soberano; elimina la corte canónica de apelaciones; otorga al clero y a los laicos, en usurpación de la autoridad espiritual, rurso a los tribunales sulares en vez de las cortes eclesiásticas, etc. Tanto el Papa como el arzobispo protestaron contra las normas de esa ley tan permeada del espíritu de una iglesia nacional, pero infructuosamente. Si bien el primer arzobispo, Bernhard Boll (1827-1836), y su sucesor, Ignaz Demeter (1836-1842) aceptaron los deseos del gobierno hasta donde les permitía su posición de prelados católicos, todas sus quejas acerca de la intervención estatal, y sus llamados en favor de un trato más liberal para la Iglesia, fueron totalmente inútiles. Por el otro lado, el gobierno apoyaba abiertamente algunos movimientos de naturaleza racionalística e irreligiosa, incluso de algunos profesores de teología de la Universidad de Friburgo. Permitió, además, que pasaran inadvertidas las justas peticiones del arzobispo de mayores poderes disciplinarios; protegió a clérigos indignos que se habían subordinado en contra de sus superiores eclesiásticos, casi eliminó la cooperación de la Iglesia en la administración de las escuelas católicas y de las propiedades de la Iglesia; permitió que los radicales del Landtag insultaran a la Iglesia; favorió el Rongeanismo, etc. Sin embargo, a pesar del trato injusto que ribió, el Arzobispo, Hermann vou Vicari (1842-1868), permanió fiel al soberano legítimo y rehusó hacer el juramento que le exigía el régimen revolucionario al estallar la revolución. En consideración de esa actitud, una vez que hubo vencido las fuerzas revolucionarias, el gobierno se mostró dispuesto a cambiar de política: permitió que los jesuitas realizaran misiones entre la gente y otorgó al arzobispo mayor autonomía en el gobierno de la disciplina lesiástica. Pero ese cambio no duró mucho: en breve volvió a estar vigente el antiguo sistema del Estado.
También los cuatro obispos sufragáneos de la provincia del Alto Rin entraron en conflicto con sus resptivos gobiernos al intentar lograr libertad para la Iglesia Católica. Con el fin de que actuaran unificadamente, el Arzobispo Vicari, en adhesión a las normas del Concilio Plenario del episcopado alemán realizado en Wurzburg (1848), convocó a sus sufragáneos a Friburgo en la primavera de 1851. En un memorandum dirigido a sus resptivos soberanos, ellos exigieron el privilegio de educar y a nombrar a sus sacerdotes sin interferencia externa, el libre ejercicio de la disciplina lesiástica entre el presbiterado y los laicos, y el privilegio de abrir escuelas católicas, de establer sociedades y asociaciones religiosas, y de administrar las propiedades de la Iglesia sin interferencias. Nunca tuvieron respuesta del gobierno, por lo que los obispos dirigieron un rordatorio a las autoridades (febrero de 1852), en el que reiteraban su demanda de la abolición de la supremacía estatal. Pero no fue sino hasta el 5 de marzo de 1853 que ribieron informes sobre la disión: había concesiones superficiales, pero en los puntos principales se mantenía la posición adversa. Se debería mantener vigente el viejo sistema de la tutela estatal. Consuentemente, los cinco obispos se volvieron a reunir (abril de 1853) en Friburgo y dieron cuerpo a sus demandas en otro memorandum fhado el 8 de junio, en el que hacían ver la incongruencia de las concesiones hhas el 5 de marzo, y reservándose el derecho de hacer ulteriores demandas. Mientras que cuatro de los obispos lograron obtener concesiones más o menos extensas, en Baden se desató un conflicto muy amargo.
Un evento acaido en Baden sólo logró incrementar la gravedad de la ruptura entre las autoridades civiles y el arzobispo. Después de la muerte del Gran Duque Leopoldo (24 de abril de 1852), el gobierno, o sea el Oberkirchenrat, que en 1845 había sucedido al Kirchensektion, ordenó que el arzobispo celebrara unos ritos por el fallido soberano. En conformidad con las leyes de la Iglesia, el arzobispo prohibió la celebración de misas de requiem en favor de los príncipes protestantes y ordenó la celebración de otros ritos, más aduados. Sin embargo, las autoridades insistieron en sus demandas, y afirmaron que los ritos celebrados por el arzobispo no eran de la dignidad correspondiente, por lo que quisieron obligar a los párrocos a celebrar misas exequiales, en oposición a las órdenes del obispo. Únicamente seis entre 800 sacerdotes obedieron, y el arzobispo ordenó que en expiación, el clero desobediente debería hacer ejercicios espirituales de cinco días bajo la dirción del jesuita Padre Roh, en el seminario de San Pedro. A pesar de que las autoridades civiles ofrieron protción a los sacerdotes que quisieran desafiar esa orden, todo el clero obedió la orden episcopal, con lo que le dio al arzobispo una victoria total y la fuerza para resistirse ante futuros conflictos.
En respuesta al segundo memorandum de los obispos de la región del Alto Rin, los representantes del Estado de Baden rehusaron hacer ninguna concesión a la Iglesia Católica. Entonces el arzobispo informó al gobierno que él tendría que tomar las medidas nesarias para asegurar los derechos que le correspondían y que estaban siendo injustamente limitados por las autoridades civiles. Realizó exámenes para nombramientos de párrocos y para la admisión al seminario teológico, sin presencia del comisionado gubernamental; dotó de personal a las parroquias respto a las cuales el gobierno no podía alegar derecho canónico de patronazgo; exigió al Oberkirchenrat la administración de la propiedad lesial, en acuerdo estricto al derecho canónico, y amenazando con excomunión a quien desobediera. El gobierno reaccionó poniendo bajo vigilancia policial todas las acciones del arzobispo, expulsando a los jesuitas de Friburgo y amenazando al clero que había obedido al prelado con la pérdida de sus emolumentos y con penas civiles. De hecho fueron puestos en prisión dos sacerdotes de Karlsruhe y Friburgo, los cuales había hecho pública la sentencia de excomunión que el arzobispo había emitido en contra del Oberkirchenrat. Como el gobierno no mostraba señales de cesar su indebida interferencia, el arzobispo publicó una carta circular, que se leyó en todos los púlpitos, en la que ordenaba que las instituciones de la Iglesia fueran administradas independientemente sin sujión a las órdenes civiles, y prohibía al clero tener cualquier tipo de relación con funcionarios estatales. El gobierno, viendo en ese acto una instigación en contra de la autoridad civil, prohibió su promulgación en los templos e intentó requisar todas las copias de la carta, lo cual logró en algunos casos gracias al uso de la fuerza. Si instauró un juicio contra el arzobispo (mayo 18 de 1854), en el que se le acusó de perturbar y poner en peligro la paz pública. El día 22 fue arrestado y confinado a su cuarto, vigilado por la gendarmería, hasta el 31 de ese mismo mes. En acatamiento de las órdenes del arzobispo, el tribunal diocesano siguió atendiendo sus asuntos, y envió a Roma un informe en el que le pedía al Papa que tomara las previsiones nesarias para el gobierno de la diócesis. Las campanas de los templos enmudieron, los altares fueron cubiertos con telas de luto, se quitaron los adornos de los altares y los fieles se congregaron en todas partes para hacer oración. En una nota del 8 de junio, el Papa se dirigió a las autoridades civiles de Baden y en ella tomaba bajo su protción al arzobispo. Fue entonces que el gobierno propuso a la Santa Sede entrar en negociaciones, de las que se logró un acuerdo pacífico que produjo un modus vivendi tolerable. Se suspendieron todos los procesos en contra del arzobispo y del clero y paulatinamente se abrió un camino hacia las relaciones amistosas entre las autoridades civiles y el arzobispado.
Con la firma del concordato, el 8 de junio de 1859, se dio fin a las prolongadas negociaciones con Roma, que lograron dar respuesta a muchas de las justas demandas de la Iglesia y la concesión de todas las peticiones del arzobispo, en espial al derecho de nombrar parroquias, de dar instrucción religiosa, de la participación en la administración de la propiedad lesiástica, el derecho a didir asuntos matrimoniales. etc. Los liberales y los demócratas se opusieron a la firma del concordato, incluso realizando reuniones masivas de protesta, que culminaron con el cese del ministro conservador y el nombramiento de un liberal. Este último, el 29 de octubre, sin consultar a la Santa Sede dlaró arbitrariamente la nulidad del concordato y lo substituyó por una ley antagónica de la Iglesia, que fue aprobada por el Landtag. El 20 de noviembre de 1861, el gobierno y el arzobispo llegaron a un acuerdo en lo tocante al nombramiento de puestos con beneficio y a la administración de la propiedad de la Iglesia.
Luego de una breve tregua, otros conflictos surgieron sin embargo entre las dos autoridades acerca del sistema escolar. El gobierno, totalmente controlado por los liberales, propuso una iniciativa de ley escolar que prácticamente nulificaba la influencia de la Iglesia en la educación y limitaba su acción a la supervisión de la instrucción religiosa. Por más que el clero luchó por todos los medios para revertir esa propuesta, y el arzobispo se opuso a ella en una carta pastoral, la iniciativa se convirtió en ley, e incluso en forma más dañina. La oposición de la población católica, expresada en numerosos mítines y cartas al Duque, fue desdeñosamente ignorada. Los liberales, dueños de la mayoría de las curules del Landtag, y con el control del gobierno, no dudaron ante nada en su deseo de hacer prácticamente eftivos sus principios de hostilidad hacia la Iglesia. En 1867 el gobierno instituyó los exámenes para los aspirantes al seminario teológico, que debían ser presentados ante un comisionado civil al término de los cursos universitarios. La Curia protestó y prohibió a los estudiantes que se sometieran al examen.. Como resultado de esa oposición, en las parroquias sujetos al nombramiento del Gran Duque, sus párrocos, en vez de sus estipendios y nombramientos como tales, sólo ribieron los correspondientes a administradores parroquiales. Luego de la muerte del arzobispo, acaida el 15 de abril de 1868, y por la negativa del gobierno de considerar a siete de los ocho candidatos, fue imposible elegir a un sucesor, y la sede episcopal estuvo vacante durante diiocho años. En 1869 el matrimonio civil fue dlarado obligatorio. En 1870 fueron sularizadas todas las instituciones católicas no puramente eclesiásticas, y arrebatadas de la autoridad lesial, cancelando con ello abundantes donaciones destinadas a propósitos católicos. En 1872 se prohibió que los miembros de órdenes religiosas pudieran enseñar en las escuelas elementales, apoyar en el trabajo ministerial o llevar a cabo misiones. En 1873, los así llamados "viejos católicos" y la Iglesia Católica fueron considerados oficialmente como iguales. Consuentemente, varios templos católicos les fueron cedidos y su obispo, Reinkens, fue ronocido por el gobierno como obispo católico nacional (Landesbischof). En 1874 se comenzó a exigir que los nombramientos de funcionarios de la Iglesia se basaran en pruebas que permitieran constatar la capacidad científica de los candidatos, con lo cual los obligaban a tomar un curso de tres años en alguna universidad alemana, excluidas las jesuitas. Fueron clausurados los seminarios diocesanos y los internados para niños. En 1875 fueron instituidas las escuelas no denominacionales, y adquirieron carácter obligatorio. Las escuelas católicas fueron sularizadas, y algunas órdenes religiosas fueron suprimidas. No fue sino hasta que se retiró el Ministro Jolly, el archiliberal y alma del movimiento anticatólico, que se pudieron tomar medidas para restabler la paz con la Iglesia Católica. En 1881 fueron eliminados los exámenes para los aspirantes al seminario. En 1882 fue nombrado arzobispo Johann Baptist Orbin, quien gobernó la diócesis hasta 1886. Sus sucesores fueron Johann Christian Roos, hasta 1896; George Ignaz Komp, quien murió como arzobispo elto en el camino a su sede (1896) y Thomas Yorber, a partir de 1896. En 1888 se reabrieron las escuelas de varones y los seminarios, y se autorizó otra vez a los religiosos a predicar.
Entretanto se mantuvo tranquilo el ambiente político de Baden. Es cierto que en 1866 el Gran Duque había sido forzado contra su voluntad a pelear al lado de Austria y la Confederación Germánica contra Prusia, pero ya para el 28 de julio él había logrado acordar una tregua, al tiempo que anunciaba su retiro de la Confederación Germánica. El 17 de agosto firmó la paz, y una alianza defensiva y ofensiva con Prusia. Las fuerzas militares de Baden se organizaron siguiendo las líneas prusianas y, cuando en 1870, Baden peleó al lado de Prusia, se distinguieron por su desempeño en varias batallas. El 25 de noviembre Baden ingresó a la Confederación Germánica del Norte, la cual había sido fortalida por la llegada de otras naciones germánicas del sur al Imperio Germánico (1871). La nueva administración se condujo siguiendo los postulados liberales. Y la mayoría liberal de la Cámara no sufrió cambios hasta 1893. Pero en 1904 se introdujo un sistema eltoral más imparcial. A pesar de ello el gobierno se aferró a sus políticas liberales, negándose a autorizar las peticiones católicas para que se reabrieran las órdenes religiosas masculinas. Empezó otra vez a ganar terreno la animosidad contra la Iglesia Católica, como se puede ver por las órdenes de que se investigara a todo el clero católico por supuestos abusos de mal uso de influencia durante los procesos eltorales y otros cargos más.
III. ESTADO E IGLESIA EN BADEN
Las relaciones entre la Iglesia y el Estado no fueron enteramente satisfactorias, según evidencia la historia, por el excesivo control estatal. Pero de acuerdo a la más riente legislación (al escribirse este artículo), la Iglesia en Baden posee el derecho que tienen todas las corporaciones públicas que forman sociedades religiosas. La Iglesia realiza sus funciones propias con toda libertad e independencia. Ya no hay restricciones para que el clero se comunique con sus superiores eclesiásticos. La más alta autoridad católica de Baden es el arzobispo de Friburgo, quien también es metropolitano de la provincia del Alto Rin, y como miembro de la Primera Cámara de Baden su rango está en el nivel inmediatamente inferior a los ministros de Estado, y se le da el título de Excelencia. Las posiciones en el gobierno lesiástico son designadas por las autoridades de la Iglesia, pero sólo se otorgan a ciudadanos de Baden que hayan comprobado tener una educación científica. No se exime de los curso
Bafile, Corrado (1903-
Nacimiento. 4 de julio de 1903, L’Aquila, Arquidiócesis de L’Aquila, Italia.
Educación. Estudió en la Universidad de Münich, Alemania; en la Universidad de Roma, Italia; en la Pontificia Universidad Gregoriana, Roma, y en el Pontificio Seminario Romano; en la Universidad Lateranense y en la Pontificia Academia de Nobles eclesiásticos, Roma.
Sacerdocio. Ordenado el 11 de abril de 1936, en Roma. Continuó sus estudios, de 1936 a 1939. Agregado a la Sretaría de Estado y trabajó pastoralmente en Roma, de 1939 a 1960. Prelado doméstico, el 24 de junio de 1954.
Episcopado. Elegido Arzobispo titular de Antiochia Psidia y nombrado Nuncio en Alemania, el 13 de febrero de 1960. Consagrado el 19 de marzo de 1960, Ciudad del Vaticano, por Juan XXIII. Asistió al Concilio Vaticano II, en 1962-1965. Pro-prefto fijo de S.C. para las Causas de los Santos, el 11 de julio de 1975.
Cardenalato. Creado cardenal diácono el 24 de mayo de 1976; y ribió la birreta roja y la diaconía de S. María in Portico. Prefto de S.C. para las Causas de los Santos, el 25 de mayo de 1976. Asistió a la IV Asamblea Ordinaria de Sínodo de los Obispos, en Ciudad Vaticano, del 30 de setiembre al 29 de octubre de 1977. Participó en el Cónclave del 25 al 26 de agosto de 1978. Participó en el Cónclave del 14 al 16 de octubre de 1978. Renunció a la preftura, el 27 de junio de 1980. Perdió el derecho a participar en el Cónclave cuando cumplió los 80 años de edad, el 4 de julio de 1983. Optó por el orden de los cardenales presbíteros y su diaconía fue elevada pro hac vice a título, el 22 de junio de 1987.
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