Babilonia
I. GEOGRAFÍA
II. HISTORIA PRIMITIVA
III. EL PRIMER IMPERIO
IV. EL SEGUNDO IMPERIO, O IMPERIO CALDEO
V. ALGUNAS REFERENCIAS BÍBLICAS ESPÍFICAS
1. El primer pasaje referente a Babilonia está en Gén., 10, 8-10
2."El comienzo de su reino fue Babel y Arac y Acad y Calneh"...
3. El pasaje bíblico que trata de la Torre de Babel en Gén., 11, 1-9
4. El relato de la batalla de los cuatro reyes contra cinco cerca del Mar Muerto en Gén., 14
5. Abraham era un babilonio de la ciudad de Ur según Gén., 11, 28 y 31
6. La característica más asombrosa de las Escrituras Hebreas es la ausencia de ideas religiosas babilónicas
VI. RELIGIÓN
VII. CIVILIZACIÓN
VIII. LITERATURA
1. Las Epopeyas
2. Los Salmos
3. La Narración Histórica
Al tratar de la historia, carácter, e influencia de este antiguo imperio, es difícil no hablar al mismo tiempo de su hermana, o más bien, hija, Asiria. Esta vina del norte y colonia de Babilonia siguió siendo hasta el fin de la misma raza e idioma y casi de la misma religión y civilización que la del país del que procedía. Las suertes políticas de ambos países durante más de mil años estuvieron entremezcladas una con otra; de hecho, durante varios siglos formaron una unidad política. Se remite por tanto al lector al artículo Asiria para las fuentes de la historia Asiro-babilonia; para el relato de la exploración, idioma y escritura; para su valor en la exégesis del Antiguo Testamento, y para mucha de la historia de Babilonia durante el periodo de la supremacía asiria.
I. GEOGRAFÍA
El país se extiende diagonalmente del noroeste al sudeste, entre 30º y 33º de latitud Norte y 44º y 48º de longitud Este, o desde la actual ciudad de Bagdad al Golfo Pérsico, desde las vertientes de Khuzistan al este hasta el Desierto Arábigo al oeste, y está sustancialmente contenido entre los ríos Éufrates y Tigris, aunque se debe añadir al oeste una estrha franja de cultivo a la orilla derha del Éufrates. Su longitud total es de unas 300 millas, su máxima anchura unas 125 millas; alrededor de 23.000 millas cuadradas en total, o el tamaño de Holanda y Bélgica juntas.
Como estos dos países, su suelo está ampliamente constituido por depósitos aluviales de dos grandes ríos. Una característica muy notable de la geografía de Babilonia es que la tierra al sur invade el mar y que el Golfo Pérsico retrocede actualmente al ritmo de una milla cada setenta años, mientras que en el pasado, aunque aún en los tiempos históricos, retrocedía hasta una milla cada treinta años. En el periodo inicial de la historia babilónica el golfo se extendería unas ciento veinte millas tierra adentro. Según registros históricos las ciudades de Ur y Eridu estaban antiguamente junto al mar, del que están ahora a unas cien millas de distancia; y de las crónicas de la campaña de Senaquerib contra Bît Yakin deducimos que ya en 695 antes de Cristo, los cuatro ríos Kerkha, Karun, Éufrates y Tigris entraban en el golfo por bocas separadas, lo que prueba que el mar incluso entonces se extendía a una considerable distancia al norte de donde el Éufrates y el Tigris se juntan ahora para formar el Shat-el Arab. Las observaciones geológicas muestran que una formación sundaria de piedra caliza comienza abruptamente en una línea que va de Hit en el Éufrates a Samarra en el Tigris, esto es, a cuatrocientas millas de su actual boca; esta debe haber sido antiguamente la línea de la costa, y todo el territorio al sur fue ganado sólo gradualmente al mar por depósito fluvial. Hasta qué punto fue el hombre testigo de esta gradual formación del suelo babilónico no podemos establerlo ahora; tan lejos al sur como en Larsa y Lagash el hombre había construido ciudades 4.000 años antes de Cristo. Se ha sugerido que el relato del Diluvio puede estar relacionado con el ruerdo del hombre de las aguas que se extendían muy al norte de Babilonia, o de algún gran acontimiento natural relacionado con la formación del suelo; pero con nuestro actual conocimiento imperfto sólo puede hacerse la más simple sugerencia. Bien puede, sin embargo, observarse que el asombroso sistema de canales que existió en la antigua Babilonia incluso en las épocas históricas más remotas, aunque ampliamente debido a la cuidadosa industria y paciente peaje del hombre, no fue enteramente obra de la pala, sino anteriormente de la naturaleza que condujo las aguas del Éufrates y Tigris en un centenar de riachuelos al mar, formando un delta como el del Nilo.
La fertilidad de esta rica llanura aluvial era en épocas antiguas proverbial; producía abundancia de trigo, cebada, sésamo, dátiles y otros frutos y cereales. Los campos de trigo de Babilonia estaban principalmente al sur, donde Larsa, Lagash, Erh y Calneh eran centros de una opulenta población agrícola. La palmera se cultivaba con asiduo cuidado y aparte de suministrar toda clase de alimento y bebida, se usaba para mil nesidades domésticas. Pájaros y aves acuáticas, piaras y rebaños, y numerosísimos ríos con pes proveían a los habitantes de una abundancia rural que sorprende al lector moderno de informes catastrales y cuentas de los diezmos de los antiguos templos. El país está completamente desprovisto de riqueza mineral, y no posee piedra ni metales, aunque ya desde el 3000 antes de Cristo se estaba importando piedra del Líbano y Amanus; y mucho antes, hacia el 4500 antes de Cristo, Ur-Nina, rey de Shirpurla envió a Magan, esto es, a la península del Sinaí, a por piedra y madera duras; mientras que las minas de cobre del Sinaí estaban siendo explotadas probablemente por los babilonios poco después del 3750, cuando Snefru, primer rey de la Cuarta Dinastía egipcia, los expulsó. Es notable que Babilonia no tuviera periodo del bronce, sino que pasara del cobre al hierro; aunque en épocas posteriores aprendió el uso del bronce de Asiria.
Las ciudades de la antigua Babilonia fueron las siguientes: las más meridionales, Eridu, corrupción semítica del antiguo nombre de Eri-dugga, "buena ciudad", actualmente los montículos de Abu-Sharain; y Ur, lugar de nacimiento de Abraham, a unas veinticinco millas al noreste de Eridu, actualmente ’Mughair. Ambas ciudades arriba citadas se hallan al oeste del Éufrates. Al este del Éufrates, las ciudad más meridional era Larsa, la Elasar bíblica (Gén., 14; en la Vulgata y la versión de Douai desafortunadamente traducida como Pontus), actualmente Senkere; Erh, la bíblica Arac (Gén., 10, 10), a quince millas al noroeste de Larsa, es actualmente Warka; A ocho millas al noreste de la moderna Shatra estaba Shirpurla, o Lagash, hoy Tello. Shirpurla era una de las más antiguas ciudades de Babilonia, aunque no es mencionada en la Biblia; probablemente "Ciudad del cuervo" (shirpur-cuervo), por el emblema sagrado de su diosa y santuario, Nin-Girsu, o Nin-Sungir, que por una veintena de siglos fue un importante centro político, y probablemente dio su nombre a la Babilonia del sur - Sungir, Shumer, o en Gén., 10, 10, Senaar.
Gishban (se lee también Gish-ukh), una pequeña ciudad un poco al norte de Shirpurla, actualmente los montículos de Iskha, es de importancia sólo en la historia muy primitiva de Babilonia. La situación de la importante ciudad de Isin (que se lee también Nisin) aún no ha sido determinado, pero probablemente estaba situada un poco al norte de Erh. Calneh, o Nippur (en la versión de Douai, Gén., 10, 10, Calanne), actualmente Nuffar, fue un gran centro religioso, con su templo de Bel, sin rival en antigüedad y santidad, una espie de Ma para los babilonios semitas. Las rientes excavaciones norteamericanas han hecho su nombre tan famoso como las excavaciones francesas hicieron el de Tello o Shirpurla.
En la Babilonia del Norte tenemos, de nuevo al extremo sur, la ciudad de Kish, probablemente la Cush bíblica (Gén., 10, 8); sus ruinas están bajo el actual túmulo El-Ohemir, a ocho millas al este de Hilla.
A poca distancia hacia el noroeste se halla Kutha, la actual Telli Ibrahim, la ciudad de donde fueron tomados los colonos babilonios de Samaría (IV Reyes, 17, 30), y que jugó un gran papel en la Babilonia Septentrional antes de la dinastía Amorita. El lugar de Agade, esto es, Akkad (Gén., 10, 10), el nombre de cuyos reyes era temido en Chipre y en el Sinaí en 3800 antes de Cristo, es por desgracia desconocido, pero no debe haber estado lejos de Sippara; se ha sugerido que fue uno de los barrios de esa ciudad, que estaba apenas a treinta millas al norte de Babilonia y que, ya en 1881, fue identificada por excavaciones británicas, con la actual Abu-Habba.
Finalmente, Babilonia, con su ciudad gemela Borsippa, aunque probablemente fundada ya en 3800 antes de Cristo, jugó un papel insignificante en la historia del país hasta que, bajo Hammurabi, hacia el 2300 antes de Cristo, entró en esa carrera imperial que mantuvo durante casi 2000 años, de tal modo que su nombre representa un país y una civilización de gran antigüedad antes de que Babilonia se alzara con el poder e incluso antes de que fuera puesto un ladrillo de Babilonia.
II. HISTORIA PRIMITIVA
Al alba de la historia a mediados del quinto milenio antes de Cristo encontramos en el Valle del Éufrates cierto número de ciudades-estado, o más bien de ciudades-reino, rivales unas de otras en tales condiciones de cultura y progreso, que este valle ha sido llamado la cuna de la civilización, no sólo del mundo semítico, sino muy probablemente también de Egipto. Los pueblos que habitaban este valle no eran seguramente todos de una misma raza; diferían en tipo y lenguaje. Los habitantes primitivos eran probablemente de ascendencia mogola, se llamaron sumerios, o habitantes de Sumer, Sungir, Senaar. Inventaron la escritura cuneiforme, construyeron las ciudades más antiguas, y condujeron al país a una alta cumbre de pacífica prosperidad.
Fueron gradualmente vencidos, desposeídos y absorbidos por una nueva raza que entró en la llanura entre los dos ríos, los semitas, que les presionaban desde el norte, desde el reino de Akkad. Los invasores semíticos, sin embargo, adoptaron fervorosamente, mejoraron y extendieron con amplitud la civilización de la raza que habían conquistado. Aunque una cierta cantidad de argumentos conduce a una irrefutable prueba de que los sumerios fueron los habitantes aborígenes de Babilonia, no tenemos documentos históricos de la época en que eran los únicos ocupantes del Valle del Éufrates; al inicio de la historia encontramos a ambas razas hasta cierto punto mezcladas en posesión de la tierra, aunque los semitas eran predominantes en el Norte mientras que los sumerios se mantuvieron durante siglos en el Sur. De dónde vinieron estos sumerios no puede determinarse, y probablemente todo lo que nunca sabremos es que, después de una existencia nómada en distritos montañosos del Este, encontraron una llanura en las tierras de Senaar y se asentaron en ella (Gén., 11, 2). Su primer establimiento fue Eridu, entonces un puerto de mar en el Golfo Pérsico, donde sus mitos más antiguos representan al primer hombre, Adapu, o Adamu (¿Adán?), que pasa su tiempo pescando, y donde el dios del mar le enseña los elementos de la civilización. Es seguro, sin embargo, que poseían una considerable cantidad de cultura incluso antes de entrar en la llanura de Babilonia; pues, contemporáneamente con las primeras fundaciones de sus templos más antiguos, poseían la escritura cuneiforme, que puede ser descrita como una escritura cursiva desarrollada a partir de signos pictóricos durante siglos de cultura primitiva. Desde dónde invadió la raza semítica Babilonia, y cuál fue su origen, no lo sabemos, pero debe señalarse que la lengua que hablaban, aunque clara y totalmente semítica, es aun así tan chocantemente diferente de todas las demás lenguas semíticas que representa una categoría aparte, y la época en la que formaba una sola habla con las demás lenguas semíticas se sitúa infinitamente más allá de nuestros cálculos.
Los documentos más antiguos, entonces, nos muestran un estado de cosas no diferente del de nuestra heptarquía sajona: pequeños príncipes, o ciudades-reinos que emprenden con éxito la obtención del señorío sobre una ciudad vina o un grupo de ciudades, y a su vez siendo vencidos por otros. Y, teniendo en cuenta que la mayoría de estas ciudades estaban a una veintena de millas de distancia una de otra y cambiaban fruentemente de gobernantes, la historia es algo confusa. El gobernante más antiguo que actualmente conocemos es Enshagkushanna, quien se titulaba rey de Kengi. Debido al estado de mutilación del fragmento en el que apare la inscripción, y que posiblemente data de poco después del 5000 antes de Cristo, el nombre de su capital es desconocido. Probablemente fuera Shirpurla, y gobernara sobre Babilonia del Sur. Afirma haber ganado una gran victoria sobre la ciudad de Kish, y dedica su botín, que incluye una estatua de plata reluciente, a Mulill, el dios de Calanne (Nippur). Pare como si Kish fuera la ciudad más meridional capturada por los semitas; de uno de sus reyes, Manishtusu, poseemos un cetro, como signo de su realeza, y una estela, u obelisco, en cuneiforme arcaico y babilonio semítico. Algo después, Mesilim, el rey de Kish, reparó la derrota de su predesor y actuó como soberano de Shirpurla. Otro probable nombre de un rey de Kish es Urumush, o Alusharshid, aunque algunos lo hacen rey de Akkad. Mientras que nuestra información referente a la dinastía de Kish es sumamente fragmentaria, estamos algo mejor informados sobre los gobernantes de Shirpurla. Hacia 4500 antes de Cristo encontramos a Urkagina reinando allí y, algo después, Lugal (lugal, "gran hombre", esto es, "príncipe", o "rey") Shuggur. Luego, tras un intervalo, se nos informa de una sucesión de no menos de siete reyes de Shirpurla: Gursar, Gunidu, Ur.Ninâ, Akur-Gal, Eannatum I, Entemena y Eannatum II - este último rey debiendo haber reinado hacia 4000 antes de Cristo. De Sarz encontró en Tello un muro de templo, alguno de cuyos ladrillos llevaban la clara leyenda de Ur-Ninâ, dejándonos así constancia de la actividad constructora de este rey. Gracias a la famosa estela de los buitres, hoy en el Louvre, a algunas estelas de arcilla en el Museo británico, y a un cono encontrado en Shirpurla, tenemos una idea de las propensiones bélicas de Eannatum I, que sometió el pueblo de Gishban mediante una aplastante derrota, les hizo pagar una casi increíble indemnización de guerra en trigo, y nombró a su propio virrey para esa ciudad, "que colocó su yugo sobre el país de Elam", "y de Gisgal", y que es representando rompiendo con su maza las cabezas de sus enemigos que sobresalen por la abertura de un saco en el que están atados. Que, no obstante estas escenas de derramamiento de sangre, fue una época de arte y cultura puede demostrarse evidentemente por descubrimientos tales como el de un soberbio vaso de plata de Entemena, hijo y sucesor de Eannatum, y, siendo príncipe heredero, general de su ejército. Tras Eannatum II hay un vacío en la historia de Shirpurla, hasta que encontramos el nombre de Lugal Ushumgal, cuando, sin embargo, la ciudad ha perdido por un tiempo su independencia, pues este gobernante era vasallo de Sargón I de Akkad, hacia 3800 antes de Cristo. Aun así, unos seis siglos después, cuando la dinastía de Akkad se había extinguido, los patesis, o sumos sacerdotes, de Shirpurla eran aún hombres de renombre. Una larga inscripción en la parte trasera de una estatua nos habla de los vastos logros constructores de Ur-Bau hacia el año 3200; y del nombre de su hijo y sucesor, Nammaghani. Unos dos siglos después encontramos a Gudea, uno de los gobernantes más famosos que la ciudad nunca poseyó. Las excavaciones en Tello han puesto al descubierto los colosales muros de su gran palacio y nos han mostrado cómo, por tierra y mar, trajo sus materiales desde vastas distancias, mientras que su arquittura y escultura muestra un perfto arte y refinamiento, e incidentalmente nos enteramos de que conquistó el distrito de Anshan en Elam. Después de Gudea, tenemos información sobre los nombres de cuatro gobernantes más de Shirpurla, pero en estos reinados subsiguientes la ciudad pare haberse hundido rápidamente en la insignificancia política. Otra dinastía sumeria fue la de Erh, o Gishban. Hacia 4000 antes de Cristo un tal Lugal Zaggisi, hijo del Patesi de Gishban, que se convirtió en rey de Erh, se titulaba orgullosamente rey del Mundo, como habían hecho Enshagkusama y Alushardid, afirmaba gobernar desde el Golfo Pérsico al Mediterráneo, y alaba al dios supremo Enlil, o Bel, de Nippur, que "le concedió el dominio de todo desde donde sale el sol hasta su ocaso e hizo que los países vivieran en paz". Aun así no nos pare sino un prario resplandor de gloria; pues después de su hijo Lugal-Kisalsi el reino de Erh desapare en la noche del pasado. Lo mismo puede dirse de la dinastía de Agade. El hijo de Ittibel, Sargón I, apare repentinamente ante nosotros como una figura gigante de la historia hacia el 3800 antes de Cristo. Fue un monarca orgulloso de su raza e idioma, pues sus inscripciones estaban en su lengua materna semítica, no en sumerio, como el de los reyes anteriores. Es corrtamente denominado el primer fundador de un imperio semítico. Bajo él florió el lenguaje semítico, la literatura, y el arte, espialmente la arquittura. Establió su dominio en Susa, la capital de Elam, sometió Siria y Palestina en tres campañas, erigió una imagen suya en la costa siria, como monumento de sus triunfos, y unió sus conquistas en un imperio. Naram-Sin, su hijo, extendió incluso las conquistas de su padre, invadiendo la península del Sinaí y, aparentemente, Chipre, donde se encontró un sello cilíndrico en el que ribe homenaje como un dios. En las inscripciones de esa fecha apare por primera vez la mención de la ciudad de la Puerta de Dios, o Babilonia (Bâb-ilu, a ves Bâb-ilani, de donde el griego Babulon, luego escrito ideográficamente Kâ-Dungir).
Después de Bingani, hijo de Naram-Sin, los éxitos semíticos se lipsaron temporalmente; Egipto ocupó el Sinaí, Elam se hizo de nuevo independiente, y en la propia Babilonia se reafirmó el elemento sumerio. Encontramos ya destacada una dinastía de Ur. Esta ciudad pare haber ejercido en dos periodos distintos la hegemonía en el Valle del Éufrates o en parte de él. El primero bajo Ungur y Dungi I, hacia el 3400 antes de Cristo. Este Ungur asumió el título de rey de Sumer y Akkad, haciendo así el primer intento de unir el Norte y Sur de Babilonia en una unidad política, e inaugurando un título real que se mantuvo quizá más tiempo que el título de ninguna otra dignidad desde que se creó el mundo. Ur predomina, por segunda vez, hacia el 2800 antes de Cristo, Bajo Dungi II, Gungunu, Bur-Sin, Gimil-Sin e Ine Sin, cuyas construcciones y fortificaciones se encuentran en muchas ciudades de Babilonia. La historia de Ur es hasta ahora tan oscura que algunos eruditos (Thureau-Dangin, Hilprht, Bezold) no aceptan sino dos dinastías, otros (Rogers) tres, otros (Hugo, Radau) cuatro. La supremacía de Ur fue seguida, hacia 2500 antes de Cristo, por la de (N)Isin, aparentemente una ciudad sin importancia, pues sus gobernantes se titulan a sí mismos Pastores, o Graciosos Señores, de Isin, y colocan este título detrás del de rey de Ur, Eridu, Erh, y Nippur. Conocemos a seis gobernantes de Isin: Ishbigarra, Libit-Ishtar, Bur-Sin II, Ur-Ninib, Ishme-Dagan, y Enannatum. El último de los reinos-ciudad fue el de Larsa, hacia 2300 antes de Cristo, con sus soberanos Siniddinam Nur-Adad, Chedornanchundi, Chedorlaomer, Chedormabug, y Eri-Aku. La formación de estos nombres reales con Chedor, la elamita Kudor, muestra suficientemente que no pertenían a una dinastía nativa, ni sumeria ni semita. Uno de los invasores elamitas de Babilonia más antiguos fue Rim-Amun, quien logró una posición de fuerza tal en suelo babilonio que el año de su reinado fue usado para fhar las tablillas de los contratos, signo seguro de que era al menos rey de facto. Chedornanchundi invadió Babilonia hacia el año 2285, llegó a Erh, derribó sus templos, y capturó a la diosa de la ciudad; pero subsiste la duda de si establió un gobierno permanente. Algo después Chedorlaomer (Kudur-Laghamar, "Servidor de Laghamar", una deidad elamita), al que conocemos por la Biblia, pare haber tenido más éxito. No sólo apare como supremo señor de Babilonia, sino que lleva sus conquistas tan lejos como Palestina. Chedormabug era originalmente príncipe de Emutbal, o Elam occidental, pero logró dominio sobre Babilonia y ronstruyó el templo en Ur. Su hijo, Rim-Sin, o Eri-Aku, se consideró tan bien establido en el territorio babilonio que adoptó los antiguos títulos, exaltador de Ur, rey de Larsa, rey de Sumer y Akkad. Aun así fue el último de los reyes de ciudades, y un nuevo orden de cosas comenzó con el surgimiento de Babilonia.
III. EL PRIMER IMPERIO
La dinastía que puso los cimientos de la grandeza de Babilonia es a ves llamada árabe. Ciertamente era semítica occidental y casi seguramente amorrea. Los babilonios la llamaron dinastía de Babilonia, pues, aunque extranjera en su origen, puede haber tenido su hogar eftivo en esa ciudad, que la rordó con gratitud y orgullo. Duró 296 años y vio la máxima gloria del imperio antiguo y tal vez la Edad de Oro de la raza semita en el mundo antiguo. Los nombres de sus monarcas son: Sumu-abi (15 años), Sumu-la-ilu (35), Zabin (14), Apil-Sin (18), Sin-muballit (30), Hammurabi (35), Samsu-iluna (35), Abishua (25), Ammi-titana (25), Ammizaduga (2), Samsu-titana (31). Bajo los cinco primeros reyes Babilonia era aún sólo la más poderosa entre varias ciudades rivales, pero el sexto rey, Hammurabi, que tuvo éxito en vencer toda oposición, logró el gobierno absoluto del Norte y el Sur de Babilonia y expulsó a los invasores elamitas. De ahí en adelante Babilonia formó un solo estado y se unió en un imperio. Hubo aparentemente días tormentosos antes del triunfo final de Hammurabi. El segundo gobernante reforzó su capital con amplias fortalezas; el tercero estuvo aparentemente en peligro por culpa de un pretendiente nativo o rival exterior llamado Immeru. Sólo el cuarto gobernante se tituló claramente rey; mientras que el propio Hammurabi al comienzo de su reinado ronoció la soberanía de Elam. Este Hammurabi es una de las más gigantescas figuras de la historia universal, digno de figurar junto a Alejandro, César, o Napoleón, pero comparable mejor a Carlomagno, un conquistador y legislador, cuyo poderoso genio creó del caos un imperio duradero, y cuya benéfica influencia se mantuvo por siglos en un área casi tan extensa como Europa. Es indudable que una docena de siglos después los reyes asirios iban a hacer conquistas mayores que él, pero mientras aquellos fueron gigantes destructores él fue un gigante constructor. Su amplia correspondencia pública y privada nos da un conocimiento profundo de sus numerosas preocupaciones, su minuciosa atención a los detalles, sus métodos constitucionales (Ver "Las cartas e inscripciones de Hammurabi", por L.W. King; Londres, 1898, 3 vols.). Su famoso código de leyes civiles y criminales ilustra sobre su genio como legislador y juez. La estela en que están inscritas estas leyes se encontró en Susa por M. De Morgan y el fraile dominico Scheil, y fue publicada por primera vez y traducida por este último en 1902. Este asombroso descubrimiento que nos da, en 3638 cortas líneas, 282 leyes y regulaciones que aftan a todo el ámbito de la vida pública y privada, no tiene igual incluso en la maravillosa historia de la investigación babilónica. De ningún otro documento se puede obtener una estimación más rápida y prisa de la civilización babilónica como de este código. (Para una traducción inglesa completa ver T.G. Pinches, op. cit., pp. 487-519). Mientras que a los reyes asirios les gustaba llenar sus jactanciosas crónicas con espantosas descripciones de batallas y guerra, de modo que poseemos los más minuciosos detalles de sus campañas militares, el genio de Babilonia, por el contrario era de paz, cultura, y progreso. La edificación de templos, la ornamentación de ciudades, la excavación de canales, la construcción de caminos, la creación de leyes era su orgullo; sus crónicas alientan, o aftan alentar, una serena tranquilidad; las hazañas bélicas sólo se mencionan de pasada, de ahí que no tengamos, ni siquiera en el caso de los dos máximos conquistadores babilonios, Hammurabi y Nabucodonosor II, sino escasa información de sus hhos de armas."Excavé el canal Hammurabi, bendición de los hombres, que trae el agua que desborda hasta la tierra de Sumer y Akkad. Sus orillas de ambos lados hice tierra arable; semilla en abundancia esparcí sobre ella. Agua duradera suministré a la tierra de Sumer y Akkad. Uní a los pueblos separados de la tierra de Sumer y Akkad, con bendiciones y abundancia les doté, en moradas pacíficas les hice vivir" - tal es el estilo de Hammurabi. En lo que pare una oda sobre el rey, grabada en su estatua encontramos las palabras: "Hammurabi, el fuerte guerrero, el destructor de sus enemigos, él es el huracán de la batalla, barriendo la tierra de sus enemigos, él anula la oposición, pone fin a la insurrción, destroza al guerrero como a una imagen de arcilla" Pero aún hay detalles cronológicos confusos. En una lista de fechas muy fragmentaria se da el 31º año de su reinado como el de la tierra de Emutbalu, que se toma habitualmente como el de su victoria sobre Elam occidental, y se considera por muchos como el de su conquista de Larsa y de su rey, Rim-Sin, o Eri-Aku. Si el Amrafel bíblico es Hammurabi tenemos en Gén., 14, la crónica de una expedición suya a la tierra occidental anterior a su trigésimo primer año de reinado. De los inmediatos sucesores de Hammurabi no sabemos nada excepto que reinaron en pacífica prosperidad. Que prosperó el comercio y se construyeron templos, es todo lo que podemos dir.
La dinastía amorrea fue sucedida por una serie de once reyes que pueden ser apropiadamente designados como la Dinastía desconocida, la cual ha ribido una cantidad de nombres: Ura-Azag, Uru-ku, Shish-ku. No es seguro si fue semita o no; los años de reinado se dan en la "lista de reyes", pero son sorprendentemente largos (60-50-55-50-28, etc.), así que no sólo se plantean grandes dudas sobre la corrción de estas fechas, sino que la propia existencia de esta dinastía es puesta en duda o rhazada por algunos estudiosos (como Hommel). En realidad, es notable que los reyes sean once, como los de la dinastía amorrea, y que en ninguna parte encontremos una clara evidencia de su existencia; aun así estas premisas difícilmente bastan para probar que un documento tan antiguo como la "lista de reyes" cometa el imperdonable error de atribuir casi cuatro siglos de gobierno a una dinastía que en realidad era contemporánea, si no idéntica, a la de los monarcas amorreos. Sus nombres son ciertamente muy enigmáticos, pero se ha sugerido que no eran nombres personales, sino nombres de los barrios de la ciudad de los que eran originarios. Si esta dinastía ha tenido existencia, es seguro dir que eran gobernantes nativos, y que sucedieron a los amorreos sin ruptura de la vida nacional y política. Debido a la cuestionable realidad de esta dinastía, la cronología de la anterior varía grandemente; de ahí surge, por ejemplo, que las fechas de Hammurabi se den como 1772-17 en el "Diccionario de la Biblia" de Hasting, mientras que la mayoría de estudiosos la colocan hacia el 2100 antes de Cristo, o un poco antes; ni tampoco hay los indicios nesarios para demostrar que, sea o no ficticia la "Dinastía desconocida", la última fecha sea aproximadamente corrta.
En tercer lugar viene la dinastía casita, de treinta y seis reyes, durante 576 años. La tablilla con esta lista está desgraciadamente mutilada, pero casi todos los diinueve nombres que faltan pueden ser suministrados con alguna exactitud por otras fuentes, tales como la historia sincrónica asiria y la correspondencia con Egipto. Esta dinastía era extranjera, pero su lugar de origen no es fácil de establer. En su propia designación oficial se titulan a sí mismos reyes de Kardunyash y el rey de Egipto se dirige a Kadashman Bel como rey de Kardunyash. Este Kardunyash ha sido provisionalmente identificada con Elam del Sur. La información sobre el periodo casita se ha logrado sólo escasamente. Tenemos una copia asiria de una inscripción de Agum-Kakrime, quizá el séptimo rey de esta dinastía: se llama a sí mismo: "rey de Kasshu y Akkad, rey de la extensa tierra de Babilonia, que hizo que mucha gente se establiera en el país de Ashmumak, rey de Padan y Alvan, rey del país de Guti, muy extensos pueblos, rey que gobierna los cuatro confines del mundo". La extensión del territorio bajo dominio del monarca babilónico es pues más amplia incluso que la de la dinastía amorrea; pero en el título real, que es totalmente desacostumbrado en su forma, Babilonia sólo tiene el tercer lugar; sólo unas generaciones después, sin embargo, se reasumen el antiguo estilo y título, y Babilonia se coloca de nuevo en primer lugar; los conquistadores extranjeros fueron evidentemente conquistados por la pacífica conquista de la superior civilización babilónica. Este Agum-Kakrime con todos sus extensos dominios tuvo aun así que enviar una embajada al país de Khani para conseguir los dioses Marduk y Zarpanit, los más sagrados ídolos nacionales, que habían sido evidentemente capturados por el enemigo. El siguiente rey del que tenemos algún conocimiento es Karaindash (1450 antes de Cristo) quien fijó las fronteras de su reino con su contemporáneo Asshur-bel-nisheshu de Asiria. A partir de las tablillas de Tell-el-marna concluimos que en 1400 antes de Cristo Babilonia ya no era la única gran potencia de Asia occidental; el reino de Asiria y el reino de Mittani eran sus rivales y casi iguales. Aun así en las cartas que se cruzaron entre Kadashman-Bel y Amenofis III, rey de Egipto, es evidente que el rey de Babilonia podía asumir un tono más independiente de cortés igualdad con el gran Faraón que los reyes de Asiria o Mittani. Cuando Amenofis pide a la hermana de Kadashman-Bel en matrimonio, Kadashman-Bel rápidamente pide a cambio a la hermana de Amenofis; y cuando Amenofis vacila, Kadashman-Bel rápidamente le contesta que, salvo que se le envíe alguna bella egipcia de rango principesco, Amenofis no tendrá a su hermana. Cuando Asiria buscó la ayuda egipcia contra Babilonia, Kadashman-Bel diplomáticamente ruerda al Faraón que Babilonia no ha dado en tiempos pasados ayuda a los príncipes sirios vasallos contra su soberano egipcio, y espera que Egipto ahora actúe de la misma manera no concediendo ayuda a Asiria. Y cuando una caravana babilonia ha sido asaltada por gente de Akko en Canáan, el gobierno egipcio ribe una perentoria carta de Babilonia pidiendo amende honorable y restitución. Amenofis es considerado responsable, "pues Canaán es tu país, y tú eres su rey". Kadashman-Bel fue sucedido por Burnaburiash I, Kurigalzu I, Burnaburiash II. Seis cartas del último citado a Amenhotep IV de Egipto sugieren un periodo de perfta tranquilidad y prosperidad. Para las causas y el resultado del primer gran conflicto entre Asiria y Babilonia ver ASIRIA.
Cómo acabó la larga dinastía casita no lo sabemos, pero fue sucedida por la dinastía de Pashi (algunos la llaman Isin), once reyes en 132 años (hacia 1200-1064 antes de Cristo). El monarca más grande de esta casa fue Nabucodonosor I (hacia 1135-1125 antes de Cristo); aunque dos ves derrotado por Asiria, tuvo éxito contra los Lulubi, castigó a Elam, e invadió Siria, y por sus brillantes logros detuvo la inevitable dadencia de Babilonia. Las dos dinastías siguientes son conocidas como la del País del Mar, y la de Bazi, de tres reyes cada una y fueron seguidas por un rey elamita (ca. 1064-900 antes de Cristo). A estas oscuras dinastías le sigue la larga serie de reyes babilónicos, que reinaron mayoritariamente como vasallos, a ves casi independientes, a ves como reyes rebeldes en el periodo de supremacía asiria (para lo cual ver Asiria).
IV. EL SEGUNDO IMPERIO, O IMPERIO CALDEO
Con la muerte, el año 626 antes de Cristo, de Kandalanu (el nombre babilónico de Asurbanipal), rey de Asiria, el poder asirio en Babilonia cesó prácticamente. Nabopolasar, un caldeo que había ascendido desde la posición de general del ejército asirio, gobernó Babilonia como Shakkanak durante algunos años bajo la nominal dependencia de Nínive. Luego, como rey de Babilonia, invadió
Babylon
El título curial de un arzobispado Latino, también de un patriarcado Caldeano y de un arzobispado Sirio.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.