América
América, llamada también Continente Occidental o Nuevo Mundo, está dividida principalmente en tres: América del Norte, del Centro y del Sur. La primera abarca desde los 70º a los 15º de latitud norte. América Central forma un istmo que se extiende desde el noroeste al sureste, estrhándose en una franja de treinta millas en Panamá; este istmo va de los 15º a los 8º de latitud norte, terminando en los 55º de latitud sur. Por lo tanto, América del Norte comprende unas 3.800 millas inglesas de norte a sur, América del Sur, 4.500, y América Central está constituida por una diagonal entre dos volúmenes mayores, que corre del nordeste al sureste, que mide alrededor de mil millas de longitud.
Como el objetivo de este artículo es ropilar los datos que ayudarán al lector a apriar el establimiento de la fe cristiana y de la civilización en América, omitiremos la geografía, geología y otros temas tratados fruentemente en las enciclopedias generales y nos limitaremos a la etnografía y colonización de las tres zonas del continente americano. Los llamados aborígenes de América del Norte, con excepción de los esquimales, son considerados generalmente como pertenientes a la misma rama de la familia humana, tanto física como étnicamente. Desde el punto de vista físico, han sido clasificados dentro del tipo llamado mongol, pero como han surgido dudas respto de la existencia de dicho tipo, es mejor dlarar que, antropológicamente, los indios americanos, espialmente los norteamericanos, tienen un parido mayor con las tribus asiáticas más orientales que con ningún otro grupo de la familia humana. El indio suramericano se encuentra más cercano del indio norteamericano que de ninguna otra raza no americana. En cuanto a los esquimales, su cráneo es dididamente del tipo ártico, correspondiendo, en este aspto, al tipo asiático, e incluso europeo, que vive dentro del Círculo Ártico. Pero estas generalizaciones podrían tener que ser modificadas por los rápidos avances de la antropología dentro del campo de la investigación detallada y local, por lo cual será aconsejable considerar las características de cada familia lingüística por sí misma (incluidas las subdivisiones), dando lugar a los cambios operados en las condiciones físicas por la diversidad del ambiente, después de una larga residencia.
DISTRIBUCIÓN DE LAS POBLACIONES ABORÍGENES
La distribución de la población americana en tiempos de Colón no se conoce, por supuesto, por observación personal, pero puede ronstruirse aproximadamente a partir de la información reunida cuando América empezó a ser visitada por europeos. Los esquimales se encontraban en la mayor parte del cinturón ártico, mientras que los llamados indios integraban el resto del continente hasta su extremo más austral. La población no alcanzaba el número que antes se había supuesto, incluso en los sitios donde la densidad era mayor, aunque no se tiene material para hacer ni siquiera una estimación aproximada. Las grandes llanuras del norte y del oeste no estaban habitadas aun, aunque existen rastros de viviendas prolombinas permanentes, o al menos algunos asentamientos eftuados durante una traslación lenta a lo largo de los ríos; las tribus que se alimentaban de búfalos erraban por las estepas, acompañados de ese cuadrúpedo.
La región noroeste sobre el Pacífico, estaba más densamente habitada por tribus que subsistían con la pesca (del salmón), una agricultura praria y la caza. Esto acontía también a lo largo del Mississippi (en ambas orillas), y en la cuenca arbolada de los Alleghenies, sobre el Atlántico desde San Lorenzo a Florida, mientras que Texas del Sur estaba escasamente habitada, en algunas partes sólo temporalmente, mientras el indio seguía al búfalo en sus andanzas hacia el sur. La población aborigen de California no era grande y vivía en parte del pescado. La gran meseta del norte de México, con las montañas a lo largo del Río Grande, era demasiado árida y, por ende, desprovista de medios de subsistencia que permitieran la ocupación permanente; pero los Pueblos de Nuevo México formaban un grupo de habitantes sedentarios agrupados a lo largo del Río Grande y establidos en las montañas hasta Arizona, rodeados por todos lados por indios errantes, algunos de los cuales, como los navajos, se habían dedicado a la labranza, a escala modesta. En Arizona puede dirse que habían logrado las mismas condiciones.
La parte occidental de México presentaba un aspto similar, modificado por el clima diferente. Mientras que hubo dentro de los Estados Unidos unas tribus que en el siglo XV desplegaron un grado de cultura mayor que el que los rodeaba (por ejemplo, los Natchez y los Iroqueses, en el desarrollo de las ideas de gobierno y la extensión de dominio de las tierras) la cultura de los indios pare haber alcanzado su grado más elevado en el centro de México y Yucatán, Guatemala y Honduras, y, podemos añadir, Nicaragua. Es como si las andanzas tribales de norte a sur, que a ves toman otras dirciones, hubieran sido detenidas por el estrhamiento del continente en el istmo de Panamá. Mientras la abundancia de rursos naturales invitaban al hombre a quedarse, los rasgos geográficos lo forzaban, así nacieron las comunidades indias que superaban en cultura a los indios de todas las demás partes del continente. Al sur de Panamá, la naturaleza era demasiado exuberante y el territorio demasiado pequeño para favorer progresos similares; por tanto, los indios, aunque eran todavía bastante hábiles en algunas artes, no podían compararse con sus vinos del norte. En América del Sur la exuberancia de la vida tropical al norte de las pampas argentinas, era tan poco propicia para el crimiento cultural como hubiera podido ser la aridez.
Por eso la cuenca del Amazonas, Brasil, las Guayanas y Venezuela, así como la ladera este de los Andes en general, estaban escasamente habitadas por las tribus, pocas de las cuales habían superado la condición de salvajes errantes. En la vertiente occidental de los Andes, en Colombia, la población algo más densa y las casas, aunque todavía de madera y cañas, eran más amplias y estaban más sólidamente construidas. Las tribus sedentarias de menor grado de cultura también vivían en el norte de la Argentina, pero eran pocos y estaban dispersos entre grupos salvajes. El mayor desarrollo alcanzado en América del sur antes del descubrimiento se encontraba a lo largo de los Andes desde los 15º norte hasta cerca del Trópico de Capricornio, o 23º sur. Lo mismo acontía en la costa del Pacífico hasta la latitud de 20º sur, comenzando en 2º sur. En esta región el crimiento cultural alcanzó un nivel igual en muchos modos, superior en algunos, inferior en otros (por ejemplo en lo que se refiere al trabajo plástico de la piedra), hasta la cultura de las más avanzadas tribus de Yucatán y América Central. Las tribus de Chile eran comparativamente numerosas y bastante avanzadas, entregadas sobre todo a la labranza y la caza; los patagones se encontraban en un nivel inferior, y la gente de la Tierra del Fuego era quizás la más baja en la escala humana en América.
CONDICIONES POLÍTICAS PROLOMBINAS
Ni siquiera los indios americanos más avanzados habían alcanzado el concepto de Nación o Estado; su organización era meramente tribal, y sus conquistas y correrías las realizaban, no con el propósito de asimilar a enemigos sometidos sino de obtener botín (incluyendo mujeres y víctimas humanas para el sacrificio) o, en el mejor de los casos, con la intención de imponer tributos y ayuda en la guerra. América era un irregular damero de tribus, independientes y siempre autónomas, incluso cuando estaban aterrorizadas y dominadas por otros. Esas tribus de mayor poder cuando se descubrió América eran:
* en América del Norte, la Liga Iraquesa en lo que es hoy el estado de Nueva York; se habían organizado para el pillaje y la devastación y en ese momento estaban justamente extendiendo sus incursiones destructivas;
* en la parte central de México, la confederación de las tribus de México, Tezcuco y Tlacopan.
* en Yucatán, los mayas, aunque no pare que éstos se hubieran aglomerado formando ligas, excepto temporarias;
* en América del Sur los muiscas y los chibchas del centro de Colombia, y
* en el Perú, los incas.
Sin embargo, no ha quedado establido todavía que los incas tuvieran confederaciones, o si pertenían a las tribus sedentarias, que dominaron amplias extensiones de territorio, ya fuera solos o con la ayuda de tribus sometidas. Han aparido unos rastros en las costas peruanas entre los grupos que fueron prácticamente eliminados por los incas menos de un siglo antes del advenimiento de los españoles. De los indios sedentarios que dominaban y sometían una extensión considerable de territorio con su propio esfuerzo, sobresalen varios grupos independientes de Guatemala y los tarascanos en el centro oeste de México. En América del Norte, los Muskogees, los Natchez, los Choctaw, y más al norte, los Dakotas y los Pawnees desplegaron un considerable poder agresivo.
CONDICIONES SOCIALES ABORÍGENES
En todo el continente el sistema de organización social era, en principio, el mismo; las diferencias, como ocurre en la cultura general, eran de grado pero no de espie. El clan, o gens, constituía la unidad, y la descendencia se consideraba por línea, a ves masculina, a ves femenina. Pero el sistema de clanes no se había desarrollado completamente en todas partes; las tribus de las praderas de Norteamérica, por ejemplo, no estaban todas compuestas por clanes. Se han señalado varias causas a esta excepción, pero aun no se han dado explicaciones satisfactorias. Las características generales de la sociedad indoamericana eran: posesión comunal de las tierras, inexistencia de la propiedad hereditaria, de los títulos y de los cargos, y segregación o exclusión de los diferentes grupos. No existían límites definidos que separaran a un grupo de otro; las zonas deshabitadas o las regiones neutrales participaban en los asentamientos de las tribus. Donde la población era más numerosa, la región era más estrha, todavía desprovista de poblados. Las administraciones civil y militar estaban fusionadas una en otra, y detrás y por encima de ambas, aunque parcialmente oculto, el poder religioso y las ceremonias determinaban cada acción. Los chamanes o brujos, mediante las sentencias de los oráculos o de la magia, eran los verdaderos líderes. Los llamados sacerdotes también tenían su organización, cuyos principios eran idénticos en toda la América primitiva, igual que lo son hoy. Las sociedades esotéricas, basadas en el conocimiento empírico y su aplicación a las nesidades espirituales y materiales, formaban las divisiones y clasificaciones de los brujos. Quienquiera practicara los ritos y artificios indispensables a los fines religiosos, sin pertener a uno u otro de estos grupos de magos oficiales, se exponía a un castigo horrendo. Tales eran y son los rasgos principales de la organización religiosa entre las tribus más avanzadas; cuanto menor es el grado de cultura, más imperfto es el sistema y menos complicado en detalle.
RELIGIÓN DE LOS ABORÍGENES
El animismo es el principio fundamental de los indios en todas partes, y el fetichismo es su manifestación tangible. En ninguna región indígena existía el monoteísmo, la idea de un Dios personal, creador y soberano. Para ellos el mundo entero estaba impregnado de una esencia espiritual que podía tomar, a voluntad, una forma individual en localidades espiales. El indio se cree rodeado por todas partes por innumerables organismos espirituales, en cuya presencia se siente desvalido, y ante quienes nesita continuamente ofrecer acciones propiciatorias o apaciguadoras. En este temor se basa el sistema de su magia y otorga al mago un dominio insuperable sobre las personas. Por eso, todas sus acciones están predidas de oraciones y ofrendas, éstas a ves bastante complicadas. Entre sus fetiches, hay poca o ninguna gradación jerárquica de ídolos. Estos fenómenos paren ejercer una mayor influencia sobre el hombre, y que sean objeto de un culto más elaborado, pero no se espera de ellos que actúen más allá de su esfera de acción. Por lo tanto, no existía el culto al sol, como se cree habitualmente. El sol, como la luna, se consideraban cuerpos celestiales habitados por espíritus poderosos (pero no todopoderosos); en muchas tribus se les prestaba poca atención. También surgían entre ellos muchas deidades como resultado de la creencia en poderosos brujos cuyo espíritu moraba en sus fetiches. Se ofrían sacrificios a los fetiches a quienes se ofrendaban los más priosos objetos, las víctimas humanas se consideraban las más convenientes. Hasta la práctica de arrancar el cuero cabelludo estaba basada en una creencia que sostenía que al obtener la parte del cuerpo del enemigo más próxima al cerebro, el captor entraba en posesión de las facultades mentales del muerto, y así acrentaba su propio poder mental y físico. La antropofagia o canibalismo, tan extensamente diseminado por los trópicos, se fundamentaba en el mismo concepto.
LEYES Y LENGUAS ABORÍGENES
Los indios no tenían leyes escritas. Se regían por la costumbre; las disiones de los consejos tribales y sentencias de los oráculos determinaban los asuntos por tratar. El consejo era la máxima autoridad en asuntos temporales; los jefes ejutaban sus dretos, que eran primero sancionados o modificados por los oráculos de los chamanes. No había nada escrito ni conocían las letras, pero algunas tribus avanzadas usaban pictografías mediante las cuales podían, hasta un punto limitado, registrar acontimientos históricos, preservar los registros del tributo, y representar los calendarios, tanto astronómicos (dicho de manera general) como rituales. Los hilos anudados o quippus) del Perú eran un método más imperfto, y su uso, en una forma más simple, estaba mucho más extendido de lo que generalmente se piensa. Las lenguas aborígenes de América están divididas por familias, y luego en dialtos. El número de estas familias se reduce gradualmente como resultado del estudio filológico. Existe afinidad entre algunos de estos lenguajes del oeste de Norteamérica y algunos de Asia oriental, pero más allá no existe ningún parido. Resulta más seguro seguir el ejemplo expuesto por Brinton que subdivide los idiomas americanos en grupos geográficos, y que, cada uno, abarca un cierto número de familias. Sin embargo, no existe objión a este plan, en el cual, en algunos casos, una familia está diseminada y dispersa en más de una sción geográfica. Por ejemplo, hay indicios que los Shoshones de Oregón, los Pimas, Opatates, Yaquis de Arizona y Sonora,y los mexicanos (aztas, tezcucanos, etc.) y una parte de los indios de Nicaragua pertenen a una familia lingüística que está representada en el Pacífico norte y en los grupos centrales.
Dejando aparte a los esquimales cuya lengua puede clasificarse como espíficamente ártica, los grupos más importantes son: en la América Británica, los Atapascanos, o Tinné; los Navajos o Dinné, en Arizona y Nuevo México, con sus parientes los apaches o N’dé; los Algonquinos, que van desde Nueva Escocia en el noreste, sobre el Atlántico, hacia la bahía de Nueva York en el sur, y desde el nacimiento del río Missouri al oeste, a través de la cuenca de los Grandes Lagos; de estos indios, los Arapahoes, los Blackfeet, Cheyennes, Chippewas, Delawares, Sacs, Foxes, y Shawnees son los más conocidos. Muchas tribus de este grupo ( como por ejemplo los de Nueva Inglaterra) prácticamente se han extinguido; los Iroqueses del norte de Nueva York, abarcando los Hurones, Eries, Cherokees, etc.; los Muskogees que comprenden las tribus que viven a lo largo de la costa atlántica hasta parte de Florida; los Catawbas, Natchez y algunos indios de Florida y Coahuila en México; los Pawnees, Dakotas y Kiowas, la mayor parte de los cuales vivían en las planicies de la cuenca oeste del Mississippi; en la zona occidental, en la costa del Pacífico, el grupo del Pacífico norte se extiende desde Alaska al sur de California. Los Yumas están diseminados desde la desembocadura del río Colorado a través de algunas regiones de Arizona; y se dice que una rama de estos indígenas vivían en el estado mexicano de Oaxaca.
Los Pueblos de Nuevo México y Arizona se consideran como un grupo lingüístico separado. Ya se ha hecho mención del gran grupo Shoshone. México también tiene un número de grupos lingüísticamente inconfundible, como los Taoscanos, Otomis, Totonacos, Zapotas, Mijos, Mixtas, Mayas, Zendales, algunos de los cuales han sido agrupados en una sola familia. Por ejemplo, los Mayas, constituyen una de las tribus más altamente desarrolladas de Guatemala, y los Huaxtos del estado de Veracruz hasta el norte de Yucatán. Cuanto más al sur, más indefinidas se vuelven las clasificaciones lingüísticas, por la razón de que el material disponible no ha sido suficientemente investigado, y porque hay también, espialmente respto de Suramérica, mucho material por roltar. De esto se sigue que los lenguajes del Istmo apenas han sido clasificados. Se ha ronocido que algunos están aparentemente relacionados, pero esa relación se entiende sólo imperftamente.
En Suramérica mencionaremos meramente a los chibchas o Muiscas de Colombia; la familia extensa de los Arawak, y los Caribes; los primeros ampliamente repartidos y los últimos limitados a Venezuela, el Orinoco y las Guayanas. Poco se conoce de los lenguajes usados en uador excepto que la lengua quhua del Perú (de las montañas) puede haber suplantado a muchas otras lenguas antes de la conquista española. Al sur de los quhuas, la gran familia de los Aimaras ocupa la meseta central, pero en tiempos primitivos se extendía mucho más al norte. En el Brasil, los Tupíes (Guaraníes) y los Tapuyas eran, en la costa, los lenguajes más difundidos. Podemos mencionar los lenguajes de Chile, que podrían formar una sola familia; las tribus del Gran Chaco (de las cuales los Calchaquíes eran los más adelantados) y los lenguajes no clasificados de la Patagonia y la Tierra del Fuego. Este esbozo de la distribución de las lenguas americanas no puede extenderse aquí en mayores detalles. Los lingüistas americanos están continuamente haciendo avances y mucho de lo que ahora apare como bien establido podría descartarse en el futuro.
ORIGEN DE LAS RAZAS ABORÍGENES
La pregunta sobre el origen de los indios continúa siendo materia de conjeturas. Se han observado afinidades con grupos asiáticos de las costas del noroeste y oeste de Norteamérica, y resultan llamativos ciertos paridos entre los indios de la costa del Perú y las tribus de la Polinesia, pero todavía faltan pruebas disivas. Las innumerables hipótesis del origen de los americanos primitivos que han colmado la literatura desde los tiempos de Colón, no son de este lugar. Falta investigar la existencia del hombre en América durante la era glacial. Tampoco existe ninguna prueba de la llegada de misioneros cristianos en la época prolombina. Podrá haber indicios, pero, hasta el presente, caren del soporte de pruebas documentales. No obstante, si consideramos a Groenlandia como una isla perteniente al continente norteamericano, podemos afirmar que el cristianismo fue introducido en América en el siglo X de nuestra era. El relato del viaje del "Vinland", atribuido al obispo Jon o John en el siglo XIV, descansa sobre una base muy débil. Se desconoce todo lo relativo a las incursiones de los asiáticos a la costa occidental de América; el cuento del Fu-Sang hace mucho que se sabe que se aplica al archipiélago japonés. Martín Bejaim colocó en su mapa de 1492 una nota según la cual siete obispos portugueses en el siglo IX huyeron de los moros hacia una isla occidental llamada Antilla donde fundaron siete ciudades. Fuera de esto, no hay ninguna certeza en este relato. Finalmente, existe la historia de Atlantis contada por Platón en sus "Timeo" y "Critias", pero caren asimismo de fundamento. Aunque fue objeto de mucha espulación, no se ha descubierto ningún rastro de ningún continente sumergido, del cual las Antillas podrían ser un remanente. Los intentos de establer rastros de la catástrofe de Atlantis en el folclor de las tribus americanas han encontrado poca aceptación.
ORIGEN DEL NOMBRE DADO AL NUEVO MUNDO
El nombre de "América" es el resultado no tanto de un accidente como de un incidente. Durante casi un siglo después de Colón, los españoles que tenían el mayor derecho de bautizar el continente por haber sido sus primeros ocupantes, insistían en llamar a sus vastas posesiones americanas "Indias Occidentales". Ese nombre se justifica por cuanto el descubrimiento ocurrió cuando buscaban llegar a Asia. La creencia de que América formaba parte de ese continente se desvanió sólo con el viaje de Balboa a través del istmo en 1513. Sin embargo, seis años antes de esa proeza, el nombre de América había sido aplicado al Nuevo Mundo por unos eruditos alemanes. No hubo ninguna intención de desprestigiar a Colón ni de apoyar las rlamaciones de otros exploradores, sino simplemente se debía a la ignorancia de los hhos. Américo Vespucio, piloto florentino, primero al servicio de España, luego de Portugal, y más tarde otra vez de España, había eftuado al menos dos viajes a los mares occidentales. No es nuestro propósito comentar ahora los viajes que Vespucio alegaba haber realizado a la costa americana, o que se le han atribuido. Para información sobre estas historias un tanto enigmáticas y los documentos relacionados con ellas, ver AMERIGO VESPUCCI. Consideramos suficiente afirmar que algunas de sus cartas fueron publicadas ya en 1504. En una de ellas fecha su primer viaje en 1497 y 1498, y pretende haber llegado al continente americano, lo que le daría prioridad sobre Colón (rlamación que, por otra parte, Vespucio nunca eftuó.
Es fácil ver cómo el examen de estos informes pudo inducir a los eruditos que vivían lejos de la Península y de América a atribuirle a él el verdadero descubrimiento del Nuevo Mundo y a sugerir que se le pusiera su nombre. En el siglo VII, de una capilla fundada por san Deodato, surgió un centro de estudios en St. Dié, en los Vosgos. Entre los profesores que enseñaban allí se encontraba Martín Waldseemüller (Hylacomylus) que ocupaba la cátedra de cosmografía. Impresionado por la fecha aducida de 1497 para el primer viaje de Vespucio al nuevo continente, llegó a la conclusión de que que le pertenía al florentino el honor del descubrimiento, y que el Nuevo Mundo debía llevar su nombre. Cuando en 1507 se establió una imprenta en St. Dié, y gracias, principalmente, a los esfuerzos del Duque de Lorena, Waldseemuller publicó, junto con Matías Ringmann, profesor de latín, una obra geográfica de pequeña extensión titulada "Cosmographiae Introductio" en la cual insertó un pasaje que afirmaba: "No veo por qué no se permite llamar a esta cuarta parte del mundo Amerige - es dir tierra de Americus-América, por el nombre de Americus, el descubridor, hombre de mente sagaz, ya que tanto Europa como Asia llevan nombres femeninos, nombres de mujeres".
Esta sugerencia podría no haber tenido más consuencias si el nombre de América no se hubiera puesto en un mapa publicado por Hylacomylus ese mismo año, no se sabe si para designar a esa parte del descubrimiento que se atribuía a Vespucio o para denominar a todo el continente entonces conocido. Como la "Cosmographiae Introductio" era un tratado de geografía, los cosmógrafos no españoles fueron aceptando gradualmente el nombre, excepto Las Casas que protestó afirmando que era una denominación errónea o una calumnia para Colón. Las naciones extranjeras fueron adoptando con éxito el nombre propuesto por Walseemuller. Incluso España se rindió finalmente, reemplazando por "América" la denominación de "Indias Occidentales" o "Nuevo Mundo", pero no lo hizo hasta la mitad del siglo XVIII. Se cree que Vespucio mismo no se interesó por el uso del nombre de América. Jamás pretendió haber sido el descubridor del continente, por lo menos hasta la fecha -dudosa- de su primer viaje. Fue amigo personal de Colón mientras vivió y murió en 1512 con la fama de haber sido un hombre útil y honorable. Tampoco se puede acusar a Waldseemuller de haber dado imprudentemente a América el nombre de Vespucio. Mayor culpa por no investigar cuidadosamente el caso, y por seguir ciegamente la sugerencia expuesta por Waldseemuller, se les atribuye a unos estudiantes de cosmografía como Mercator y Ortelius, espialmente éste último, que tuvo en sus manos los documentos españoles originales por haber sido durante un tiempo cosmógrafo real. No ha tenido éxito el intento de atribuir el origen del nombre a una oscura tribu india, que podría haberse llamado Amerique.
COLONIZACIÓN DE AMÉRICA
Las naciones europeas que se asentaron en el continente americano después de su descubrimiento por Colón, y que ejercieron la mayor influencia en la civilización del Nuevo Mundo, fueron, principalmente, cinco. Por orden de fecha son las siguientes: España, Portugal, Francia, Inglaterra y Holanda. Suia realizó un intento de colonización pero, como la colonia sua estaba limitada a una pequeña fracción de la región oriental de Norteamérica y no perduró más diisiete años, no es nesario mencionarla. La colonización rusa de Alaska, y la ocupación danesa de una de las Antillas Menores pueden omitirse dada su poca importancia.
España
España empezó la colonización de las Antillas mayores en 1493. Es asombrosa la rapidez con que exploró y conquistó los territorios descubiertos. Antes de sesenta años después del desembarco de Colón, las colonias españolas estaban diseminadas por el continente, desde México al norte hasta el lejano sur y centro de Chile. No sólo se habían afincado sobre la costa, sino que poblaban México y América Central desde el Atlántico hasta el Pacífico; en Suramérica desde la costa del Pacífico hasta la cresta de los Andes y el Río de la Plata. Vastas zonas desocupadas se interponían entre las colonias en varias secciones., pero éstas podían ser atravesadas, y de hecho lo fueron, de tanto en tanto, para mantener el intercambio comercial. Toda la costa nordeste de América del Sur estaba bajo dominio español; las exploraciones llegaron hasta los 42º de latitud norte a lo largo del Pacífico; en el interior hasta los 40º de latitud sur. Los Estados Unidos habían sido atravesados hasta más allá del Mississippi, y en la costa atlántica se había tomado posesión de Florida, Alabama y Georgia. Toda la costa del Pacífico desde los 42º de latitud hasta el extremo sur de la Tierra del Fuego, ya se conocía, en parte se había conquistado y visitado con fruencia, mientras que el río Orinoco había sido explorado desde su desembocadura y desde el oeste. Algunas expediciones desde Venezuela penetraron por el Amazonas y exploraron todo su curso desde uador. Estos acontimientos extraordinarios han sido realizados por una nación que, a comienzos del siglo XVI contaba, de acuerdo con nuestra información, con menos de diez millones de almas.
No podemos negar que una actividad y una energía tan extraordinarias, en muchos casos también sagacidad, era el resultado del carácter y formación de los españoles. En primer lugar, constituyen una raza muy mezclada. Desde la época de la dominación romana, casi toda la gente de cierta significación que dominaba Europa (excluyendo a los hunos y germanos del norte) ocupó, por lo menos por un tiempo, algunas partes del suelo español y dejó en él huellas de su presencia en el lenguaje, las costumbres y, en algunos casos, las leyes y organización (visigodos). Los moros, invasores que llegaron del sur, de África, habían contribuido aun más a la mezcla de razas. La defensa del suelo español, y espialmente la salvación de la fe cristiana, el patrimonio más querido de la gente, contra los conquistadores mahometanos, habían hecho del español, por encima de todo, un pueblo de guerreros. Pero siete siglos de guerra incesante no habían ayudado a componer una raza compasiva ni a enriquer el país. Antiguamente, España había sido rica en metales priosos, mas los romanos la empobrieron agotando las minas. Quedaba aun la tradición, y con la tradición, el ansia del regreso a una edad dorada. Hasta el descubrimiento de América, Europa se volcaba hacia el Extremo Oriente en busca de la riqueza que la naturaleza le negaba. Cuando el descubrimiento de las Antillas reveló la existencia de oro, España abandonó el Oriente y volvió sus ojos hacia el Oeste.
La fiebre del oro se apoderó de todo aquel que estuviera en condiciones de emigrar; el deseo de obtener oro y plata se volvió un incentivo poderoso para buscar y conseguir riqueza en el Nuevo Mundo. La sed de oro no era en el siglo XVI ni más ni menos intensa que hoy, pero estaba orientada hacia regiones mucho más vastas. Más aun, los metales priosos se encontraban entre personas que no les daban valor comercial, ni contribuían a otorgarles un nivel de riqueza. Era más fácil para el español quitarle a los indios el oro y la plata que el maíz coshado o la comida corriente. Los primeros años de la colonización española se emplearon en intentar establer un modus vivendi con los aborígenes, que, como tantas ves, resultaron desastrosos para el más débil, es dir, el indio. Pronto se aclararon las dudas sobre si los indios eran o no seres humanos mediante un dreto en el que se afirmaba su naturaleza humana esencial, más lo derechos derivados de ella. Sin embargo, fueron dlarados, en justicia, menores de edad que requerían tutela, antes de que estuvieran en condiciones de asumir las obligaciones y derechos de los blancos. Se nesitó mucha experimentación antes de poder llegar prácticamente a esta conclusión, la que por fin determinaría la condición de los indios en la mayoría de las repúblicas suramericanas y parcialmente en Estados Unidos y Canadá.
La condición primitiva de la persona en el Nuevo Mundo era un problema que la cultura europea hace cuatro siglos no se sentía capaz de solucionar. Mientras en España los antiguos derechos comunales de los componentes originales del reino se mantenían desde hacía mucho tiempo, y prevalía una espie de autonomía provisional, que funcionaba como un freno al absolutismo criente, Hispanoamérica estuvo desde un principio bajo el mando de la corona.. Los descubrimientos, tanto por tierra como por agua y la colonización, quedaban bajo el exclusivo control del monarca; las exploraciones sólo podían llevarse a cabo con su permiso, lo mismo que el establimiento de poblaciones. La iniciativa personal se colocaba ostensiblemente bajo un estricto control, a ves impedida desfavorablemente en muchas instancias. Sin embargo esto no fue tan estrictamente así en el primer siglo después del descubrimiento, como en los posteriores. El patronazgo real, indispensable al principio, aseguraba para los intereses españoles una ascendencia injusta respto de los colonizadores.
Se sostiene a menudo, y no impropiamente, que los criollos se encontraban en peor posición que los indios, ya que éstos, como protegidos del gobierno español que eran, gozaban de mayor protción y privilegios que los españoles americanos. Los criollos se quejaban espialmente de la injusticia de asignar todos los cargos lucrativos a los españoles de la península, con exclusión de ellos. Esto aseguraba al gobierno de la metrópoli una posición segura en las colonias, pero también es cierto que con fruencia se encargaba la administración a personas incapaces para los cargos importantes, carentes del conocimiento práctico del lugar y de sus gentes. Es cierto que el sistema de residencia, que obligaba a rendir cuentas cuando finalizaban en el cargo, y la visita, o investigación que algunas ves tenía facultades discrionales, eran un freno para los abusos, aunque no suficiente. El código de Leyes de Indias, como España llamó durante mucho tiempo a sus colonias había estado en estudio desde mediados del siglo XVI, pero sólo se hizo eftivo a finales del XVII. Mucha de esta demora se debió a la enorme cantidad de reales dretos en los que se basaba la legislación. Estos dretos siguieron promulgándose según lo requería la ocasión, junto con el código, y dan testimonio de la atención solícita que los monarcas españoles prodigaban a los más mínimos detalles relativos a sus posesiones transoceánicas. Constituía la llamada autocracia paternalista, bien intencionada, pero, al final, muy desfavorable, para el desarrollo del individuo de las col
Américo Vespucio
Famoso navegante italiano, nació en Florencia, el 9 de marzo de 1451; murió en Sevilla, el 22 de febrero de 1512. Fue el tercer hijo de Ser Nastagio, un notario de Florencia, hijo de Amerigo Vespucci. Su madre fue Lisabetta, hija de Ser Giovanni, hijo de Ser Andrea Mini; su madre era Maria, hija de Simone, hijo de Francesco di Filicaia. La fecha del nacimiento de Américo, muy discutida anteriormente, es ahora establida definitivamente por los libros de la Ufficio delle Tratte, preservados en el Reale Archivio di Stato de Florencia, donde se encuentra el siguiente pasaje: "Amerigo, hijo de Ser Nastagio, hijo de Ser Amerigo Vespucci, en el día IX de Marzo de MCCCCLI" ( 1451). La madre del padre de Américo fue Nanna, hija de Mestro Michele, de los Onesti de Pescia, y hermana de Mestro Michele, el padre de Nicole y de Francesco, que residía en el magistrato supremo de los Jefes en la República de Florencia.
Vespucio ribió su primera educación de su tío Giorgio Antonio, un filósofo platónico que fue maestro de la mayor parte de la nobleza Florentina. Américo cultivó el estudio de la literatura, incluyendo la de la lengua Latina, como se muestra por un pequeño código autógrafo en la Bibliota Ricardiana de Florencia, titulado "Dettati da mettere in latino" al final del cual está escrito lo siguiente: " Este libreto fue escrito por Amerigo Se Anastagio Vespucci" También escribió una carta en Latín a su padre, fhada el 19 de octubre de 1476, en la que da cuenta de sus estudios. Posiblemente Vespucio se había relacionado con Toscanelli, quien, como es sabido, murió en 1482, dos años después de que Américo se fue a España. Después de esto, Américo se dedicó al estudio de la física, astronomía, y cosmografía, ciencias en las que logró rápido progreso.
Después de la muerte de su padre, que ocurrió por el año 1483, Américo, quizás a causa de las circunstancias desafortunadas de su familia, se convirtió en administrador de la casa de Lorenzo di Pierfrancesco de’ Medici, con varios cargos que fueron multiplicados en proporción a como ganaba la confianza y el afto de los hijos de Pierfrancesco, de cuyos intereses rurales y comerciales llegó a ser superintendente, como se apria de numerosas cartas escritas a él, que han sido rientemente publicadas. De 1478 a 1480 estuvo agregado a la embajada en París, a las órdenes de su pariente Guido Antonio Vespucci, embajador de Florencia ante Luis XI de Francia. Consuentemente, escribió muchos reportes a la Signoria, que son preservados en el Archivio di Stato de Florencia. La estadía de Vespucio en París, y la del Duque Rene de Lorraine en Florencia, anteriormente, explican porqué Vespucio habría enviado al Duque Rene una copia, en Latín, de la carta de los cuatro viajes, escrita en Italiano al gonfaloniere perpetuo Piero Soderini, y porqué una de las primeras ediciones de los viajes de Vespucio ( la tercera) habría sido hecho en París en 1504. Los oficios que Vespucio mantuvo de la rama más joven de la casa de Medici explican porque él, entre noviembre de 1491 y febrero de 1492, se unió, en Sevilla, con Giannetto di Lorenzo Berardo Berardi, jefe de una casa establida en esa ciudad, y que tenía estrhas relaciones financieras con la rama más joven de los Medici, esto es, con Lorenzo di Pierfrancesco y su hijo. Gracias a su inteligencia, llegó a ser uno de los agentes principales de esa firma, la que, más tarde tuvo una parte principal en equipar las expediciones oceánicas que condujeron al descubrimiento del Nuevo Mundo.
Los viajes exitosos de Cristóbal Colón incrementaron el deseo de Vespucio de tomar parte en el movimiento Europeo general para buscar un pasaje occidental a las Indias. Habiendo obtenido tres barcos de Fernando, Rey de Castilla, Vespucio pudo emprender su primer viaje. Consuentemente, zarpó de Cádiz el 10 de mayo de 1497, navegando hacia las Islas Fortuna, y entonces enderezando el curso hacia el occidente. Después de veintisiete o treinta y siete días, el 6 o 10 de abril, tocó tierra continental ( Guyana o Brasil? ), Y fue bien ribido por los habitantes del lugar. En este primer viaje él pudo haber entrado al Golfo de México y navegar a lo largo de la costa de una gran porción de Estados Unidos, hasta el Golfo de San Lorenzo. Entonces retornó a España y arribó a Cádiz el 15 de octubre de 1498. No hay más relación de este primer viaje que la contenida en la primera carta de Américo Vespucio con relación a las islas rién encontradas en sus cuatro viajes, dirigida a Piero Soderini, Gonfaloniere de Florencia.
El 16 de mayo de 1499, Vespucio zarpó de Cádiz en su segundo viaje, con Alonso de Ojeda y Juan de la Cosa. Dirigió su curso hacia Cabo Verde, cruzó el uador, y avistó tierra, en la costa de Brasil, a 4° o 5° S, posiblemente cerca de Aracati. De allí siguió la costa a lo largo de las Guyanas y el continente, desde el golfo de Paria a Maracaibo y Cabo de la Vela; Descubrió el Cabo San Agustín y el río Amazonas, e hizo notables observaciones de las corrientes marinas, de la Cruz del Sur y otras constelaciones australes. Regresó a España en septiembre de 1500. Hubo dos expediciones emprendidas al servicio de España; la tercera y la cuarta al de Portugal. Como consuencia de las grandes fatigas de su segundo viaje, Vespucio cayó enfermo de Malaria. Cuando su salud se restablió, escribió una crónica de su viaje a Lorenzo di Pierfrancesco de’ Medici.
En mayo de 1501, navegó de Lisboa a Cabo Verde, y de allí hacia el oeste, hasta que el primero de enero de 1502, llegó a un golfo a 13° S., que llamó Bahía de todos los Santos, en cuyas costas ahora se levanta la ciudad de Bahía. De allí, navegó a lo largo de la costa de Sudamérica, hasta la Plata. A su regreso, descubrió la isla de Georgia del Sur, a 54° S., y 1900 Km al este de Tierra del Fuego. Arribó a Lisboa el 7 de septiembre de 1502. En su cuarto viaje, se embarcó con Gonzalo Coelho desde Lisboa, el 10 de junio de 1503, tocó tierra en las Islas de Cabo Verde, y cambió su curso hacia Bahía de todos los Santos. En Cabo Frío, habiendo encontrado grandes cantidades de madera de Brasil, establió una agencia, exactamente en el trópico de Capricornio. Después de esto, navegó la costa del continente hasta cerca de Río de la Plata, y entonces regresó a Lisboa, a donde arribó el 18 de junio de 1504. Vespucio realizó un quinto viaje con Juan de la Cosa, entre mayo y diciembre de 1505; Ellos visitaron el golfo de Darién y navegaron 320 Km sobre el río Atrato. Durante este viaje rogió oro y perlas, y ribió información de la existencia de una gran abundancia de estos materiales en esa región. Este viaje fue repetido por los dos navegantes en 1507. De esas dos expediciones, sin embargo, no se da cuenta espial por parte de Vespucio. Se debe agregar que, en 1506, Vespucio estuvo ocupado en España, equipando la expedición de Pinzón, que fue abandonada en Marzo de 1507.
Los hhos respto a los viajes de Vespucio son aceptados como se dan en la narración anterior por la mayoría de los biógrafos autorizados del navegante; pero la inexactitud de los textos impresos, la dificultad de identificar los nombres de lugares, usados por Vespucio, con los nombres actuales, y el error de atribuir autenticidad a todas las afirmaciones contenidas en los documentos oficiales, espialmente en aquellos con relación a procedimientos legales, han dado origen a enorme confusión en todos estos relatos de los viajes de Américo Vespucio, de los cuales la base principal para crítica futura será la investigación de códices apócrifos de las narraciones de los viajes de Vespucio, escritos al tiempo en que los auténticos aparieron. Vespucio fue ciertamente tenido en alta estima en España, donde se establió después de sus viajes al servicio de Portugal. En 1505, por un dreto real, del 14 de abril de ese año, ribió la naturalización española, y un dreto del 6 de Agosto de 1508, lo nombra "piloto mayor" de España, título que corresponde al moderno jefe del Almirantazgo, y que poseyó Vespucio hasta su muerte.
Américo Vespucio se casó con María Cerezo, aparentemente en 1505. La única información prisa respto a ella es proporcionada por el dreto real del 28 de marzo de 1512, concediéndole una pensión, a cuenta de la satisfacción dada por su esposo como piloto mayor, pensión que fue confirmada por el dreto de noviembre 16 de 1523. Por otra parte, un dreto del 26 de diciembre de 1524, garantiza el resto de la pensión a su hermana Catalina Cerezo; lo que prueba que María murió entre las dos últimas fechas, y que no dejó hijos. Con Américo Vespucio, estaba el hijo de su hermano Antonio, Giovanni, que nació el 6 de marzo de 1486, y que fue nombrado piloto mayor en 1512, a la muerte de su predesor y tío, Américo. Para información relacionada a él, véase Harrisse,"El descubrimiento de Norte América"(1892), 744-5.
Es imposible determinar, aquí, el lugar de Américo Vespucio en la historia del descubrimiento del Nuevo Mundo, en relación a los de Cristóbal Colón, Sebastián Cabot, y de los hermanos Pinzón. Primero es nesario distinguir entre el descubrimiento geográfico y el social de América. El primero es debido a los islandeses, quienes establieron, en la costa este de Groenlandia, una colonia que fue mantenida desde el siglo décimo hasta el dimoquinto, de cuya historia un muy buen compendio es dado por Fischer en "Los descubrimientos de los Normandos en América" ( Londres 1902); en conexión con este trabajo debería ser consultada la colción de documentos concernientes a las relaciones de la Iglesia de Roma con Groenlandia durante esas centurias, publicados por orden de León XIII.
El descubrimiento de América se debió al fracaso de la cruzada contra los turcos que fue intentada por Pío II, y cuyo éxito fue frustrado por la rivalidad y corrupción de los estados de Europa en ese tiempo. Europa sintió entonces la nesidad de ir al Oriente por otro camino, de buscar el Oriente por medio del Occidente, un eslogan que llegó a ser la bandera de los navegantes de esta época.
Paolo Toscanelli, cuya sinceridad de sentimiento religioso no fue menos que su gran mérito de logro científico ( ver el trabajo del presente autor sobre Toscanelli, I, 1894, en la "Raccolta Colombiana", parte V), previó, antes de que Portugal lo hiciera, que el tiempo había llegado para que este país tomara el lugar de Italia como el intermediario del comercio entre Europa y Asia, y por lo tanto, como punto de partida de navegantes y aventureros, seducidos por el deseo de ser los ejutores de la gran empresa. Colón fue el primero en alcanzar tierra al oeste - una de las islas Bahamas- el 12 de octubre de 1492, convencido de que había llegado a una de las islas de Asia oriental. Fue seguido por Vespucio, Cabot, y muchos otros, cada uno proponiéndose llegar a la tierra de las espias, esto es, India.
No podemos, aquí, entrar en la muy intrincada cuestión de quién, de los tres navegantes nombrados, fue el primero en pisar tierra continental del Nuevo Mundo. Para esto, sería nesario tener ante nosotros los textos corrtos de todos los documentos fundamentales concernientes a esos navegantes. Con respto a Colón, la "Raccolta Colombiana", publicada por el gobierno Italiano en ocasión del cuarto centenario del descubrimiento de América, es un documento exhaustivo. Muy importantes, para toda la historia del descubrimiento de América, son las colciones de Navarrete, los libros y documentos publicados por Harrisse, la Duquesa de Alba, y muchos otros. Pero con respto a Vespucio, hay, en Florencia, copias contemporáneas apócrifas de todas las descripciones de sus viajes, excepto el texto que fue usado para la publicación del "Mundus novus", de cuya descripción, como será visto más tarde, falta una corrta edición.
Las primeras ediciones de los documentos relacionados a los viajes de Vespucio pueden ser clasificadas como sigue:
A. Texto Parisino : A. "Mundus Novus" ( tercer viaje), 1a. ed., 1503 o 1504.
B. Textos Florentinos: Ba. Carta de los cuatro viajes en los años 1497-98, 1499-1500, 1501-2, 1503-4; 1a. ed.,1507; Bb. Carta publicada por Baldini en 1745, con relación al segundo viaje; Bc. Carta publicada por Bartolozzi en 1789, con relación al tercer viaje; Bd. Carta publicada por Baldelli Boni en 1827, con relación al tercer viaje;
C. Textos Venianos: Ca. Carta de Girolamo Vianello a la Signoria de Venia, fhada el 23 de diciembre de 1506, con relación al quinto viaje, publicada por primera vez por Humboldt en 1839. Cb. Carta de Francesco Corner a la Signoria de Venia, fhada el 19 de junio de 1508, con relación al sexto viaje, publicada por primera vez por Harrisse en 1892.
La pregunta principal gira ,a la vez, sobre la autenticidad del viaje y sobre aquella de las publicaciones A, Ba, Bb, Bc, Bd, Ca, y Cb. En general, una confusión muy errónea es hecha entre dos puntos: Casi todos admiten la autenticidad de las publicaciones A y Ba, pero muchos rhazan la autenticidad del primer viaje, hecho por Vespucio en los años 1497 y 1498, y descrito en la publicación Ba. Algunos, como Varuhagen y otros, niegan la autenticidad de los textos Bb, Bc, y Bd, mientras otros mantienen la opinión contraria con respto a uno u otro, o a los tres de estos textos. Casi todos consideran como inadmisibles los viajes quinto y sexto, narrados en los textos Ca y Cb.
Para las varias ediciones del "Mundus novus", la publicación de Sarnow y Trubenbach es exhaustiva, pero no hay edición crítica de ninguno de los otros textos, que fueron impresos con muchos errores; mientras, como se ha dicho, los textos apócrifos, aunque contemporáneos, de todos ellos son preservados en Florencia. El presente autor propuso la preparación de una edición crítica de este tipo, y la proposición fue aprobada por tres Congresos Geográficos Nacionales de Italia, celebrados en Florencia (1898), Milán (1901), y Nápoles (1904), resptivamente, y por el Congreso Internacional de Americanistas, celebrado en Stuttgart, en Agosto de 1904. Rientemente, una comisión ha sido creada en Florencia, para la ejución de este propósito, bajo la presidencia del Marqués Filippo Corsini, presidente de la Sociedad de Estudios Geográfico y Colonial residente en Florencia; De esta comisión, el Profesor Attilo Mori, del Instituto Geográfico Militar, y el autor de este artículo son miembros. Hasta que la publicación en cuestión aparezca, será inútil discutir la autenticidad de los viajes de Vespucio, basando tal discusión sobre los textos incorrtos que están ahora disponibles- excepción hecha del "Mundus novus", citado arriba. Aquellos que buscan mayor detalle en relación a estos códices pueden consultar a Harrisse, "Bibliota americana vetustissima" (1868), y "Additions"(1872). Todos los trabajos de este autor, sean bibliográficos o históricos, son la base para cualquier trabajo sobre el descubrimiento de América.
Es bien conocido hoy que Vespucio no fue en modo alguno responsable del hecho de que su nombre, y no el de Colón, fuera dado al nuevo Mundo, y por lo tanto, que no mere el cargo de robo que ha sido hecho contra él por muchos, entre ellos, el famoso publicista americano, Emerson, que fue llevado al error por escritores partidistas. Por otra parte, la correspondencia aftiva entre los dos navegantes sería suficiente para desaprobar todas las acusaciones indignas. La carga ribió un cierto apoyo de los esfuerzos de una porción considerable del clero, de todo el mundo, para obtener la canonización de Colón, la cual, sin embargo no tuvo éxito, cuando los méritos del caso fueron examinados, por orden de León XIII, en ocasión del cuarto centenario del descubrimiento de América. En esta época, el clamor general contra Américo Vespucio fue tan grande que el famoso estadista americano Blaine, en ocasión de la exposición de Chicago, publicó un libro bajo el título de " Colón y Colombia", con objeto de que no pudiera contaminarse con el nombre profano de Vespucio.
Puede ser comentado que, al tiempo del descubrimiento de América, como es ahora claramente probado, las narraciones de los viajes de Vespucio fueron más ampliamente diseminadas, por mucho, que lo que fueron aquellas de los viajes de Colón, y que Florencia era el centro principal para la difusión de noticias sobre el descubrimiento del Nuevo Mundo. A las cercanas relaciones que existían entre Gian Francesco Pico, Duque de la Mirándola y Florencia, y entre Gian Francesco y el erudito alemán, Matthew Ringmann, quien en 1504, publicó una de las más importantes ediciones del "Mundus novus", bajo el título de "De ora antartica per regem Portugalliae pridem inventa", y a las cercanas relaciones entre Ringmann y el geógrafo Martin Waldseemuller (Hylacomilus), se debe el hecho que cuando, en 1507, Waldseemuller publicó el célebre trabajo "Cosmographiae introductio", en Saint-Dié, en Lorraine, él dio el nombre de América al Nuevo Mundo, arguyendo que, ya que los tres continentes entonces conocidos, Europa, Asia, y África, tenían nombres de mujer, era propio dar al rientemente descubierto continente también el nombre de una mujer, tomándolo del nombre de bautismo del descubridor del nuevo continente, Vespucio. Muchos intentos fueron hhos para nombrar al Nuevo Mundo Colombia, como la justicia paría demandar, pero todos estos esfuerzos fracasaron. El autor ha tratado de aclarar todos estos puntos y probar la honestidad de Vespucio; y su esfuerzo ha ribido la aprobación de la Sociedad Numismática y Arqueológica de Nueva York; por lo anterior, habiendo resuelto acuñar , cada año, una medalla conmemorativa de algún benefactor de América, didió que la primera de estas medallas debería ser acuñada en honor de Américo Vespucio, y solicitó al autor proponer la mejor efigie del gran navegante para su reproducción. La sociedad aceptó la sugerencia del autor y dio la preferencia a la efigie de la Galleria degli Uffizi de Florencia, que es generalmente aceptada ser la más genuina, pero consideraron que deberían tomar en cuenta el gran mapa de Waldseemuller, de 1507, en el cual hay un retrato de Américo Vespucio, así, la medalla fue acuñada con dos imágenes, una en cada lado.
En la siguiente bibliografía, hemos juzgado inútil citar los trabajos generales sobre América, y sobre su descubrimiento, los cuales aunque no conciernen a Vespucio espialmente, hacen referencia a él, como los de ASENSIO, FISKE, GAFFAREL, HERRERA, HUGUES, HUMBOLDT, IRVING, PAYNE, ROBERTSON, ROSELLY DE LORGUES, TIRABOSCHI, WINDSOR, etc., para los cuales el lector es referido a los artículos de AMÉRICA y de COLON; hemos, por el contrario, limitado nuestras citas a los trabajos que a la luz nuevos hhos, y no son, por lo tanto, exposiciones de las opiniones de sus autores. Para la bibliografía de las diversas ediciones de los viajes de Vespucio y de los autores que escribieron con relación a ellos entre los años 1492 y 1551, véase HARRISSE, Bibliota americana vetustissima (New York, 1866); IDEM, Additions (Paris, 1872); y para lo mismo, pero, hasta el presente, véase FUMAGALLI, Bibliographia di Amerigo Vespucci en BANDINI, Vita di Amerigo Vespucci illustrata e commentata da Gustavo Uzielli (Florence, 1898), 104-28. Algunos podrán encontrar extraño que ciertos autores no son citados, como, por ejemplo Hugues, quien ha escrito numerosos trabajos muy autorizados sobre Vespucio, totalmente desprovistos, sin embargo, de criticismo; todos ellos son citados en la Bibliografía de Fumagalli. Hugues y Varnhagen consideran como apócrifas algunas narraciones de los viajes de Vespucio que son consideradas por otros autores ser de lo más auténtico; y ellos basan esta opinión en el hecho que las narraciones en cuestión fueron publicadas dos o tres siglos después de la muerte de Vespucio. Por ese razonamiento, uno dlararía el comentario de Pietro Alighieri, sobre la "Divina Comedia" ser apócrifo, ya que fue publicado cinco siglos después de la muerte de Dante. Hugues y Berchet, sin embargo, de acuerdo a ese razonamiento, han omitido algunos de los relatos de los viajes de Vespucio, contenidos en la "Raccolta Colombiana", parte V, vol. II, y, como todos los estudiosos de Vespucio, excepto Sarnow y Trubenbach, ellos han omitido completamente cualquier estudio crítico de los textos de las narraciones, aceptando las publicaciones actuales tal como están, sin tomar cuidado de compararlas con los códices. RAMUSIO, Navigationi et viaggi, I (Venice, 1550-59); BANDINI, Vita e letters di Amerigo Vespucci (Florence, 1745); BARTOLOZZI, Ricerche istorico-critiche circa alle scoperte di Amerigo Vespucci (Florence, 1789); CANOVAI, Viaggi d’Amerigo Vespucci (Florence, 1817); BALDELLI-BONI, Il milione, I (Florence, 1827), p. liii-lix; NAVARRETE, Colción de los viajes y descubrimientos, III (Madrid, 1825-37); HUMBOLDT, Examen critique de l’histoire du nouveau continent, XI (Paris, 1836-39), 157; SANTAREM, Rherches sur Americ Vespuce et ses voyages (Paris, 1842); AVEZAC, Les voyages d’Americ Vespuce au compte de l’Espagne in Bulletin de la societe de geographie de Paris (1858); VARNHAGEN, Amerigo Vespucci, Son caractere, ses rits (meme les moins authentiques), sa vie et ses navigations (Lima, 1865); HARRISSE, Bibliotha americana vetustissima. Additions (Paris, 1872), p. xxviii; IDEM, The Discovery of North America (London, 1892); TOSCANELLI, Notes et documents concernant les rapports entre l’Italie et l’Amerique (Florence, 1893); MARKHAM, Vespucci. The Letters and other Documents illustrative of his Career (London, 1894); HARRISSE, Americus Vespuccius (London, 1895); THATCHER, The Continent of America: its Discovery and its Baptism (New York, 1896); UZIELLI, Amerigo Vespucci davanti la critica storica in Atti del Congresso Geografico Italiano (Florence, 1898); BANDINI, Vita di Amerigo Vespucci, illustrata e commentata da Gustavo Uzielli (Florence, 1898); MASETTI BENCINI AND HOWARD SMITH, La vita di Amerigo Vespucci in Firenze (Florence, 1903); SARNOW AND TRUBENBACH, Mundus novus (Strasburg, 1903); FISCHER AND WIESER, The oldest Map with the name of America of the year 1507 and the Carta Marina of the year 1516 by M. Waldseemuller (Ilacomilus) (Innsbruck, 1903); Proceedings and Papers of the American Numismatic and Archaeological Society of New York City, 46th annual meeting (1904), 8-15.
GUSTAVO UZIELLI
Trascrito por Thomas M. Barrett
Dedicado a la memoria de Américo Vespucio
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