Amal
(Amalitas en la Versión Douay, o Amalek, Amalitas)
Un pueblo rordado principalmente como los más odiados de todos los enemigos de Israel, y tradicionalmente considerados como los más feroces de las tribus beduinas.
1. ORIGEN
De acuerdo con una interpretación ampliamente aceptada del Génesis 36, 10-12, su descendencia se puede hallar desde Amal, hijo de Elifaz y nieto de Esaú ,y por consiguiente de Abraham; esta versión es considerada por los más modernos académicos ya que apunta al origen árabe de los amalitas y a la afinidad racial con los hebreos. El Amal del Génesis 36,12, sin embargo, no se menciona como el ancestro de los amalitas, aunque el propósito del texto, que fija el origen de varias de las tribus árabes, respalda ese punto de vista; pero, por otro lado, está la versión más antigua del Génesis 14 que solamente puede ser objetivamente interpretada como una indicación de que los amalitas, en vez de descender de Abraham, era una tribu perftamente identificable en su época, cuando fueron derrotados en Cadés por Quedorlaomer, Rey de los Elamitas. Esta evidencia de su antigüedad sería confirmada por la interpretación más probable por parte de aquellos que consideran la dudosa profía de Balaán, refiriéndose a ?Amal, la primera de las naciones? como una indicación no de su grandeza, sino de su antigüedad con relación a las otras naciones mencionadas en el oráculo. No se puede fijar el origen de los amalitas en otras fuentes; las tradiciones árabes son muy rientes y no añaden evidencias confiables a los datos bíblicos; y aun cuando casi todos los pasajes de la Escritura relacionados con su origen están sujetos a variadas y a ves contradictorias interpretaciones por parte de académicos muy competentes, hay muy pocas dudas en cuanto a que los amalitas eran de origen árabe y mucho más antiguos que los israelitas. La creencia en su descendencia árabe está confirmada por sus costumbres y su hábitat.
2. LOCALIZACIÓN
Los amalitas eran nómadas y guerreros y por lo tanto su nombre está relacionado en la Biblia con diversas regiones. Su lugar de origen, sin embargo, tal como se señala en 1 Samuel 27, 8 estaba en el desierto, al sur y suroeste de Judea, que se extiende hasta el límite con Egipto y en la parte baja del Monte Sinaí y que hoy se llama Et Tih; una región muy árida para la siembra, pero lo suficientemente fértil para proveer pasto excelente. Esta indicación que encontramos en la 1 Samuel 27, 8 está confirmada en otros pasajes. Fue en este desierto, en Cadés, que sufrieron la derrota a manos de Quedorlaomer (Génesis 14); aquí, más hacia el sur, en Refidín, cerca de la parte baja del Monte Sinaí, se enfrentaron a Moisés (Éxodo 17); aquí fueron atacados por Saúl (1 Samuel 15), y aquí el resto de ellos perió bajo Ezequías. Pero no siempre estuvieron limitados al desierto; ellos siguieron mucho más al norte y durante la época de Moisés al menos algunos de ellos se encuentran dentro de los límites de Palestina y frustraron los intentos de los israelitas para invadir su país por el sur (Num. 13). En dos ocasiones los textos hebreos de nuestros días los sitúan tan al norte como en el territorio de Efraín (Jues 5, 14; 12, 15); pero en ambos casos pariera haber una interpretación errónea en los hebreos que nos permite disculpar las espulaciones fruentes, basadas en estos textos, con relación a las grandes extensiones y diversas fortunas de los amalitas y sus dudosas posesiones del Monte Efraín. (Véanse los comentarios de Moore y Lagrange sobre el Libro de los Jues, y el texto hebreo de Moore sobre los Jues que se encuentra en la Biblia policroma de Paul Haupt.) Los amalitas, como nómadas y conquistadores de la península del Sinaí, entraron en contacto y, casi inevitablemente, en conflicto con los israelitas.
3. AMAL E ISRAEL BAJO MOISÉS
Su primer encuentro tuvo lugar durante el primer año de su vida nómada, después de que Israel salió de Egipto y fue de tal naturaleza que dio lugar al odio hacia los amalitas que duró hasta su exterminio bajo el Rey Ezequías muchos siglos después. El primer encuentro fue en Rafidín, donde los israelitas bajo Moisés habían acampado en su viaje hacia el Monte Sinaí; fue en este lugar en el desierto de los amalitas, donde Moisés, habiendo puesto a Josué al mando, subió hasta la cima de la montaña junto con Aarón y Jur y fue en esta ocasión que la suerte de la batalla fue didida por ?el cayado de Dios? sostenido en las manos de Moisés; Israel vencía mientras Moisés tenía las manos alzadas; pero cuando las bajaba, vencía Amal. La victoria fue, finalmente para los israelitas (Éxodo17). En este relato del Éxodo hay muy poco que demuestre por qué los amalitas fueron escogidos para merer el odio de los israelitas; sin embargo, concluye con la sentencia de Yahvé que borraría por completo la memoria de Amal de debajo de los cielos y que Su mano se alzaría contra Amal de generación en generación. Amal, sin embargo, fue el agresor (ibid., 8); aun cuando debe tomarse en consideración este relato histórico, es nesario rordar que los israelitas habían invadido a los amalitas. El motivo del odio de Israel, que falta en este relato histórico, puede encontrarse en Deuteronomio 25 donde se comenta que la razón de la ofensa de Amal se fundamenta en su ataque cruel y traicionero que ignoró las leyes de la hospitalidad beduina que representaba una ofensa a Dios y al hombre. En vez de mostrarse compasivo hacia el ejército israelita, débiles y extenuados, ?hambrientos y maltratados?, los haron al pantano inmisericordemente. Ahora, ?de conformidad con las antiguas normas de hospitalidad y por temor de Dios, los amalitas debían haber perdonado y realmente ayudado a los que se habían quedado rezagados y no aptos para la batalla. Que hicieran lo contrario fue un acto inhumano y bárbaro?. Un comportamiento tal daba lugar a que se considerara la tribu indigna de la vida. De tal forma que el odio hacia los amalitas hasta su exterminio era considerado por los israelitas como una obligación religiosa. Aparte de esta crueldad, la rivalidad entre las dos tribus resultó inevitable, ya que no se podía esperar que Amal viera complacientemente la invasión de sus ricos pastizales por parte de los israelitas.
No se tiene conocimiento de otras persuciones de los amalitas durante el viaje de los israelitas hacia el Monte Sinaí, su estadía allí o su marcha hacia Cadés, cerca de la frontera sur con Palestina. Fue desde este lugar que los israelitas intentaron por primera vez entrar a la Tierra Prometida y, nuevamente, aquí se enfrentaron con los amalitas en el lugar cuyos ancestros habían sido derrotados por Queorlamoer. Los israelitas habían llegado hasta el desierto de Farán y desde allí enviaron espías a Palestina para observar sus gentes, tierras y ciudades. Los amalitas fueron encontrados en el sur del país y, aparentemente, frente a una confederación de diferentes tribus o naciones, ya que muy pronto iniciaron un esfuerzo combinado para atacar a los israelitas; pero los espías también informaron de gigantes que vivían en esas tierras y ?nosotros nos veíamos ante ellos como saltamontes y eso mismo les paríamos a ellos? (Num. 13, 34). Estos relatos de los gigantes asustó al pueblo y ?toda la comunidad se puso a gritar y pasaron toda la noche llorando? y comenzaron a murmurar y desear que hubiesen muerto en Egipto o en el desierto en vez de haber sido sentenciados por Dios a acometer la conquista de la tierra de los gigantes. Moisés, Aarón y Josué trataron de apaciguar la rebelión, pero sólo provocaron su odio; y Dios les condenó a vagar durante cuarenta años por el desierto y que ninguno de ellos entraría en la Tierra Prometida. Esto apenó muchísimo al pueblo y didieron atacar a los amalitas y cananeos. Pero Moisés se los prohibió profetizándoles que Dios no estaría con ellos. Sin embargo, ellos didieron continuar con sus planes aun cuando Moisés no les acompañase. Y la profía de Moisés se cumplió: los amalitas y sus aliados los atacaron y los destrozaron hasta llegar a Jormá (Num. 14, 45). La historia subsiguiente de los amalitas durante el tiempo de Moisés es confusa. Su destrucción es vaticinada por Balaán en su famoso oráculo pronunciado sobre el monte Peor, mientras observaba las naciones a su alrededor: ?Y cuando vio a Amal, tomó la palabra y dijo: ?Amal, la primera de las naciones, tu final será tu destrucción’? una profía (cualquiera que fuese su fecha) que muestra por lo menos que los amalitas ocuparon un lugar importante durante un tiempo entre las tribus semíticas o naciones que circundaban a Israel (Num. 24). El cumplimiento de esta profía es pronunciado sobre los israelitas por Moisés en un discurso de despedida como un deber sagrado. ?Por eso, cuando Yahvé tu Dios te haya asentado al abrigo de todos tus enemigos de alrededor, en la tierra que Yahvé tu Dios te da en herencia para que la poseas, borrarás el ruerdo de Amal de debajo de los cielos. ¡No lo olvides!? (Deut. 25, 19) Y si esto nos pare un mandamiento inhumano, rordemos el modo de pensar predominante de que los amalitas eran ?inhumanos y bárbaros?; un pueblo con esas costumbres perversas no es digno de misericordia, ya que es un asunto nacional de vida o muerte. Está claro, sin embargo, que estamos muy lejos del Sermón de la Montaña.
4. PERIODO DE LOS JUES
Bajo Josué, Israel entró a Palestina por el este, no se enfrentó con los amalitas, pero se mantuvo ocupado con otros enemigos, cuyos territorios se esforzaba por ocupar. Sin embargo, tan pronto como se establieron en Palestina, la vieja enemistad surgió nuevamente. Cuando Eglón, Rey de Moab, invadió Israel, se les aliaron los amalitas y amonitas y juntos dominaron a los Israelitas; quienes estuvieron dominados durante 14 años hasta que por medio de las artimañas y traición de Ehud, el benjaminita, Eglón, Rey de Moab muere trágicamente (Jues 3). Durante una buena parte del período de los Jues hubo incesantes e insignificantes enfrentamientos entre los amalitas y los israelitas. Para entonces, Israel era un pueblo agrícola, mientras que los amalitas permanieron como una tribu beduina incursionando fruentemente en las tierras de los israelitas, destruyendo sus coshas y ganado (Jues 6). En una ocasión, acompañaron a los madianitas en una invasión de Palestina, conformando una hueste numerosa; inesperadamente fueron atacados durante la noche por Gedeón y 300 guerreros escogidos; creando pánico y desconfianza entre los amalitas quienes volvieron la espada de cada uno contra su compañero por todo el campamento y huyeron mientras Gedeón les perseguía (Jues 7).
5. SAÚL
Esta derrota de los amalitas los aquietó durante muchos años ya que no se vuelve a tener noticias de ellos hasta los inicios de Saúl. Saúl comenzó su reinado por medio de operaciones militares enérgicas, librando batallas exitosas contra ?enemigos por todos lados? entre ellos los amalitas, quienes habían estado hostigando a los israelitas (1 Samuel 14,48). Entonces vino el profeta Samuel y rordó a Saúl la antigua ofensa de Amal y el mandato de Dios que fueran exterminados. Las palabras del profeta fueron prisas (1 Samuel 15, 1-3) que ningún enemigo era odiado como Amal y su exterminio se consideraba como un deber religioso, impuesto por Dios. Todo hombre, mujer, niño y animal, debían ser destruidos e Israel no debía desear ninguno de los despojos de los amalitas. Saúl procedió a cumplir este mandato y su firmeza como un castigo espial sobre los amalitas está enfatizado por su misericordia hacia los Quenitas. Saúl invadió el territorio de los amalitas, al sur de Palestina, y los aniquiló desde Evila, en el extremo oriental, hasta el sur cerca de los límites con Egipto?una campaña de gran magnitud? y pasó a todos por la espada hombres, mujeres y niños excepto el Rey Agag a quien tomó prisionero vivo, y lo mejor de los animales los cuales apartó para ser sacrificados. Por su desobediencia al dejar con vida a Agag y lo mejor de los rebaños, Saúl fue rhazado por Samuel en el nombre de Dios y descuartizó a Agag en su presencia; desde aquel día su suerte cambió y, cuando después de la muerte de Samuel, Saúl consultó su espíritu en la cueva de Endor, se le dijo que había sido rhazado por no haber ejutado la furia de Dios sobre Amal (sermón de Newman, ?Premeditación del Pado de Saúl?). Fue un amalita quien, falsamente, afirmaba haber asestado el golpe mortal al Rey Saúl. Mientras que David estuvo fugitivo de Saúl, David estaba acercando a su final el pueblo predestinado al exterminio. Estaba al servicio de Aquis, rey de Gat, en la tierra de los Filisteos, cerca del territorio de los amalitas. Con sus propios hombres, y soldados prestados por Aquis, devastó a los amalitas y no dejaba con vida a nadie (1 Samuel 27). Durante la ausencia de David y Aquis, los amalitas se vengaron incendiando Sicelag, una ciudad que Aquis había dado a David, matando a todos sus habitantes, incluyendo a dos esposas de David. David persiguió y sorprendió al enemigo en medio de una fiesta ruperó todos los despojos y prisioneros, y masacró a todos los amalitas excepto 400 hombres jóvenes quienes escaparon en camellos (1 Samuel 30). La matanza resquebrajó el poder de los amalitas y los hizo regresar al desierto; allí un resto miserable de ellos quedó rezagado hasta los días de Ezequías, décimo sucesor de David, cuando una banda de simeonitas fueron suficientes para exterminar, hasta el último hombre, a los más feroces enemigos de Israel (1 Crónicas 4:42, 43). Así, sobre el Monte Sinaí, se cumplió la maldición hecha sobre ellos por Moisés y Balaán aproximadamente seiscientos años antes. Su nombre no vuelve aparer excepto en el Salmo 83 (considerado por muchos como del período de los Macabeos) donde su uso no puede tomarse como un hecho histórico, sino más bien poético, referido a los enemigos tradicionales de Israel. Los descubrimientos egipcios y asirios no han aclarado todavía el hecho de que no se mencione a Amal. La Biblia es nuestro único testigo, y su testimonio, aunque escudriñado y puesto en duda con relación a muchos detalles, espialmente en lo relacionado con las batallas de Rafidín y Cadés, y la maravillosa victoria de Gedeón, ha sido aceptada en lo principal como un ruento confiable.
Bibliografía
THOMAS in VIG., Dict. de la Bible ; MACPHERSON in Hast., Dict. of the Bible; Jewish ylclopedia , s.v. Amal; Comentarios, DILLMAN AND DELITZSCH sobre el Génesis ; DILLMAN sobre los Num..
Escrito por John Francis Fenlon.
Trascrito por WGKofron.
Traducido por Domingo Latorraca Donato
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