Alemanes en Estados Unidos
Los alemanes, ya sea de nacimiento o de descendencia, forman un elemento muy importante en la población de los Estados Unidos. Se estima que su número es no menor a doce millones. Entendemos bajo el nombre de alemanes, a toda la gente de habla alemana, a la gente que vino originalmente de la propia Alemania, Austria, Suiza o Luxemburgo.
I. Alemanes en general
En el otoño de 1683, el desembarco de Franz Daniel Pastorius y su pequeño grupo de tejedores Menonitas de Crefeld, marca el inicio de la historia Germano-Americano. Estos primeros inmigrantes fundaron Germantown, Pennsylvania, donde pronto construyeron una iglesia y establieron una escuela, dirigida por Pastorius, el cual también escribió y publicó un silabario, el primer libro escolar original impreso en Pennsylvania. A este lugar llegaron los colonos alemanes, quienes gradualmente se expandieron a Montgomery, Lancaster, y los condados de Berkshire, entre ellos, los llamados Rosacruces (establidos cerca de Germantown), una colonia de amigos alemanes, los cuáqueros convertidos por William Ames y visitados por Penn (fundó Cresheim, de Kreigsheim cerca de Worms), y los Dunkers (Conestoga, Aparta). De estos primeros colonos de Pennsylvania y sus descendientes, muchos americanos han destacado como Bayard Taylor, James Lick, Charles Yerkes, John Fritz, John Wanamaker, Charles M. Schwab y Henry C. Frick.
En 1707, un pequeño grupo de Luteranos, del Palatinado, llegaron a América. Desembarcaron en Filadelfia y se establieron en lo que hoy es conocido como el Condado Morris. En la primavera del siguiente año, otra compañía de cincuenta y dos Palatinados reunidos por tres holsteneses, fueron a Inglaterra y apelaron a la Reina Ana para que les de un transporte para llegar a América. La mayoría de estos hombres fueron granjeros y uno de ellos era el clérigo luterano, Kockerthal; al llegar a las colonias en el invierno de 1709, se establieron en el poblado entonces conocido como Quassaick Creek y Thankskamir (parte del territorio del actual Newburgh). En el mismo año y el siguiente se dio otra y más extensa migración; alrededor de tres mil Palatinados desembarcaron en América desde Inglaterra. El frío invierno de 1708-09 parió haber sido la causa principal de este éxodo. Una compañía, bajo la dirción de Christopher de Graffenried y Lewis Mitchell, se establió en la unión del río Neuse y el Trent (Carolina del Norte) y en el condado vino. Esta colonia incluía un número considerable de suizos, por lo que su primera colonia se llamó New Berne, en memoria de la ciudad natal los dos compañero suizos, de Graffenried y Mitchell. Otra compañía de alemanes se establió al mismo tiempo, bajo la dirción del Gobernador Spotswood, en Germanna, Virginia, donde un poco más tarde, muchos de los que se habían establido en Carolina del Norte se mudaron para allá. Algunos diez o quince años después del retiro de Spotswood a Germanna, una compañía de alemanes llegó a Virginia desde Pennsylvania, indudablemente los palatinados desde el condado de Berks. Ellos se establieron en la parte baja del valle Shenandoah y fundaron el pueblo de Strasburgh, justo sobre la montaña de Germanna.
A finales de enero de 1710, una gran expedición de palatinados dejó Inglaterra. Se establieron en Hudson (Rhinebk, Germantown, Newburgh, West Camp, Saugerties, etc) donde mucho después se mudaron al valle Socaire (Blenheim, Oberweiser, Dorp, Bruñen Dorp, etc); el gobierno, sin embargo, se rehusó a ronocer sus títulos en tierras de Socaire, y algunos de ellos al final migraron hastiados al valle Mohawk, donde el incremento y el flujo de inmigrantes alemanes hicieron de Mohawk "por treinta millas, un río alemán" (Mannheim, Oppenheim, Newkirk, llanuras alemanas, Herkimer, etc). Pero la mayor parte se mudó de Socaire en 1723 hacia Pennsylvania, donde el gobernador Keith, al escuchar sus aflicciones e inquietudes, les ofreció un asilo de toda persución. Previa a esta migración desde New York hacia Pennsylvania, miles de alemanes habían navegado dirtamente hacia el último territorio, y tan grande fue el elemento palatinado en estas y en las siguientes inmigraciones, que los nativos de todos los demás estados que vinieron con ellos, fueron llamados con el mismo nombre. Entre 1720 y 1730, la inmigración alemana a Pennsylvania fue tan grande que otros colonos los miraban con cierto relo; Logan, Secretario de Penn, indicó que la provincia corría el riesgo de convertirse en una colonia alemana, ya que los alemanes "se establieron juntos y formaron una comunidad distinta de los súbditos de su majestad". A comienzos de 1739, un periódico alemán fue publicado en Germantown, y otro aparió en Filadelfia en 1743. Los alemanes se convirtieron en un factor importante en la vida política de Pennsylvania generalmente unidos a los cuáqueros y formando con ellos un partido de paz conservadora. En 1734, los Schwenkfelders, seguidores de Casper Schofield, vinieron a Pennsylvania y se establieron cerca de Frederick, Maryland y entre South Mountain y Conococheague.
El primer establimiento alemán en Carolina del Sur fue en 1731, en Purysburgh en la sabana. En 1734, los luteranos de Salzburg fundaron Ebenezer, el primer establimiento en Georgia. Siete años después, había alrededor de 1200 alemanes en Georgia. En la mitad del siglo diiocho, los condados de la montaña de Carolina del Norte tenía numerosos establimientos alemanes. Mientras tanto, los Moravianos, quienes en 1736 se habían establido en Georgia, habían dejado esa colonia y aseguraron un espacio de tierra en Pennsylvania, al que le pusieron el nombre de Bethlehem. Zinzendorf llegó allá en 1741. Más de veinte años atrás, los colonos alemanes se habían establido en la parte meridional de Mississippi. Los "criollos alemanes" de Louisiana son descendientes de estos primeros colonos.
Durante la guerra de la Revolución, treinta mil soldados alemanes pelearon bajo la bandera inglesa. Ellos habían sido vendidos a Inglaterra por los triviales príncipes de Alemania, aquellos "cambistas de hombres y vendedores de almas", como los llamaba corrtamente uno de estos soldados. Ya que Hesse proporcionó más soldados que ningún otro estado alemán (doce mil), a estos los llamaron Hessianos. Cerca de un tercio de treinta mil soldados nunca regresaron a Europa, algunos murieron, muchos desertaron al ejército de Washington, "venían por montones"como día Gates en 1777, muchos miles se establieron en los nuevos estados creados.
En vísperas de la Revolución, hubo cientos de miles de alemanes en Pennsylvania. Su número fue incrementándose poco a poco durante los próximos sesenta años, ya que el período de la gran inmigración no comenzó hasta el año 1840. Entre los que vinieron a los Estados Unidos antes de 1830 estaban Franz Lieber, acompañado por sus dos amigos, los profesores Carl Bk y Carl Follen. Por cerca de un siglo Lieber estuvo al frente como autoridad en cuestiones públicas. En el año 1848 vinieron aquellos miles de refugiados políticos que pertenieron a la clase más educada de la nación alemana. Entre estos "cuarenta y ocho" figuraban Carl Schurz, Friedrich Hker, Franz Sigel, Oswald Ottendorfer, Friedrich Kapp, Wilhelm Rapp, Gustav von Struve y Lorenzo Brentano. Pronto el número de inmigrantes alemanes crió enormemente, alcanzando los 800,000 en las siguientes seis décadas. Sin embargo, ellos no se establieron en los estados del este solamente, aunque la mayoría procedía del medio oeste, donde muchos de los alemanes, que habían sido muy numerosos en las fronteras, se habían desplazado tan pronto se abrió el nuevo territorio para colonizarlo. Debido a la prosperidad en la patria, la inmigración alemana comenzó a dlinar a comienzo del siglo diinueve. Durante el período siguiente a 1848, los alemanes se establieron principalmente en los siguientes estados: New York, New Jersey, Pennsylvania (espialmente en las partes del oeste), Maryland, Ohio, Indiana, Illinois, Michigan, Wisconsin, Iowa, Nebraska, Missouri, Minnesota, California, Louisiana, Texas, Dakota del Norte. A ellos no les atrajo los estado de la Nueva Inglaterra hasta la mitad del siglo diinueve. Aún actualmente New Hampshire, Vermont, y Maine prácticamente no tienen población alemana; en Massachussets hay muy pocos a excepción de Boston. De acuerdo con el doceavo censo, tomada en 1900, había en ese año 2,663,418 personas nacidas en Alemania que vivían en Estados Unidos (cerca de tres millones de Alemania y Austria). Desde 1900, cerca de 250,000 más han venido. Además de estos, están los descendientes de los períodos anteriores hasta nuestros tiempos, y el gran número de descendientes alemanes que ahora sería difícil que sean ronocidos como alemanes, debido a que han asumido apellidos ingleses, es seguro dir que en el presente (1909) hay doce millones de personas en total entre nacidas en Alemania o de descendencia alemana en Estados Unidos.
Los primeros alemanes fueron mayoritariamente granjeros en sus países de origen, y era natural que después de su llegada a los Estados Unidos, hayan escogido la misma ocupación. No hay nesidad de señalar los méritos de los granjeros alemanes, ya que esos méritos han sido admitidos generalmente en Pennsylvania, el valle Mohawk y después en el Medio Oeste. En comercio e industria, los alemanes en Estados Unidos están en segundo lugar. Hombres como Sprkels, Havemeyer, A. Busch, Fred Pabst, Henry Miller y Henry C. Frick, están entre los pilares de la industria Americana. Rockefeller está orgulloso de su descendencia alemana. Los Belmonts provenían de Alzey, los Astros de Walldorf cerca de Heidelberg, los Iselinos de Suiza. La maderera más grande del mundo es de propiedad de Fritz Weyerhäuser, un nativo de Hesse. Los Roeblings aún continúan prominentes en su línea de industria. Los prominentes banqueros son aquellos que llevan apellidos alemanes.
Pero lo más importante aunque menos conocido, es la cantidad de manismos hábiles en todas la diferentes ramas, diseñadores, litógrafos, etc, que en sus esferas, han hecho que el apellido alemán sea honrado y respetado. Los alemanes son conocidos como gente trabajadora, ahorrativa y como resultado, generalmente son prósperos, por lo que la pobreza no es muy conocida entre ellos. Los americanos han aprendido que donde los alemanes se establezcan, seguramente habrá prosperidad y cultura. "Lo que hacen los alemanes, lo hacen bien", se ha convertido en un dicho común entre sus vinos. El Puritanismo nunca encontró apoyo entre los alemanes. A pesar de que no son extravagantes, se encariñan con los placeres y diversiones sencillas de la vida social, dan testimonio de aquello sus variadas sociedades, que combinan objetos benéficos con rreación y diversión. Además es muy conocido el cariño por sus niños y su vida familiar, tienen como regla las familias largas. La industria y el cuidado del ama de casa alemana es una tradición.
Mientras no hubo líderes políticos entre los alemanes, con excepción quizás, de Carl Schurz, no se puede negar que su influencia en el desarrollo político del país ha sido en general saludable. Como adherentes de un conservatismo saludable y vigoroso, fueron respetados universalmente. Aunque ansiosos de preservar su lenguaje y costumbres, los alemanes han dado amplia prueba de lealtad hacia el país que escogieron para vivir. La contribución que dieron los alemanes en las guerras de los Estados Unidos, no fue de ninguna manera limitada a la Guerra de la Revolución y la Guerra Civil de 1861-65. Desde el inicio de su establimiento en los Estados Unidos, los alemanes siempre han estado listos para defenderlo. Los primeros alemanes de Pennsylvania y New York, respondieron libremente a los requerimientos para defender su nuevo país contra los franceses y sus aliados, los indios. Ellos cedieron libremente a sus hombres y sus medios para la causa de la libertad, en la Guerra de la Revolución. Los nombres de los generales de Kalb, F.W.A. Steuben, F.W. de Woedke, J.P.G. Muehlenberg y George Weedon siempre serán mencionados con honor, entre aquellos que establieron las libertades del país. Indudablemente el más capaz de todos fue el General Steuben, el impetuoso guerrero que "tomó las masas y las convirtió en un ejército". Tampoco debemos olvidar de citar el nombre de Herkimer, ya que no hubo un hombre tan fuerte que luchara en la Guerra de Independencia. El era hijo de un inmigrante palatinado, y en la batalla de Oriskamy - "de todas las batallas de la Revolución, la más obstinada y sangrienta"- la mayoría de los que dirigía eran palatinados. A ellos y a su aguerrido líder le pertene ampliamente el crédito de hacer posible la victoria de Saratoga, por el cual se terminó la lucha por el Hudson, así como la unión vital de las colonias norteñas aseguradas.
Los alemanes también cumplieron su deber en la guerra de 1812 y el la Guerra Mexicana. Lo que hicieron para mantener la unión de los Estados Unidos, puede verse en un artículo realizado por el General Franz Sigel, el cual fue publicado en el St. Louis después de su muerte. El General llama la atención al hecho histórico que, tres días después de la renuncia de Fort Sumter, cuando la ciudad de Washington estaba en inminente peligro de caer en manos de los Confederados, se previno esta catástrofe por la llegada de un destacamento de infantería y caballería de Pennsylvania, las cinco compañías estaban compuestas principalmente de alemanes, inmigrantes antiguos y rién llegados. Nuevamente, cuando St. Luois estaba en extremo peligro de caer en manos de la Confederación, cuatro regimientos de voluntarios, principalmente alemanes y un regimiento comandado por Sigel, cercaron el campamento de los Confederados y los tomaron prisioneros. Hubo, durante esa guerra, no menos de 176,767 alemanes en el ejército de los Estados Unidos. De más de 5,000 oficiales del contingente alemán, se podrían mencionar los siguientes: el líder popular exiliado Friedrich Hker, quien fue uno de los primeros en formar un regimiento voluntario, Gustav von Struve, General Blanker, General Osterhaus, Jos.Fickler, Nepomuk Katzenmayer, General Alexander von Schimmelpfennig, General Max er, General Sigel y el Capitán Albert Sigel, un hermano del General , August Willich, comandante de un regimiento de Indiana, y espialmente el General Carl Schurz, quien comandó los once cuerpos en la batalla de Gettysburg. Se desea mencionar que entre los alemanes, los defensores de abolición de la esclavitud fueron siempre prominentes. Los primeros colonos alemanes en este país, también fueron firmantes de la primera petición anti-esclavitud en América (1688).
Aunque de los primeros colonos alemanes, la mayoría, no tenía una educación superior a la que se adquiría en las escuelas de las aldeas alemanas de ese tiempo, consideraron que era un deber construir escuelas para sus niños, y por eso, como regla, traían profesores consigo. La asistencia a la escuela siempre era considerada como cosa seria, casi tan seria como la enseñanza de la religión, que era combinada con la instrucción primaria, así las colonias alemanas preparaban el terreno para una educación obligatoria. Hombres como Muehlenberg y Schlatter hicieron mucho para mejorar las escuelas. El desarrollo de la literatura alemana en América, incluyendo miles de publicaciones, avanzó de la mano con el progreso. La primera Biblia Alemana publicada en el Nuevo Mundo aparió en 1743, cuarenta años antes que la Biblia Americana fuera impresa en América. La "Academia Pública de la ciudad de Filadelfia" , y no la Universidad de Pennsylvania, es la primera escuela americana donde se introdujo el alemán. Gradualmente el idioma fue introducido en las escuelas públicas de las ciudades con una gran población alemana, además se establieron numerosas escuelas privadas alemanas en diferentes partes del país. Después que los educados en escuelas americanas se enteraron de los métodos educativos alemanes, literatura alemana y ciencia alemana, ya sea dirtamente mediante la asistencia a escuelas para aprender alemán o indirtamente por Francia a través de Inglaterra, defendieron entusiastamente la reforma educativa basada en modelos alemanes. No es una exageración hablar de una "Germanización" gradual de la gran mayoría de universidades americanas. "Aunque Gran Bretaña es generalmente considerada como la madre de los Estados Unidos, Alemania se ha convertido poco a poco, desde un punto de vista inteltual, en la segunda madre de la República Americana. Más que ningún otro país, Alemania ha hecho de las universidades y las escuelas de América lo que son hoy en día - una fuerza poderosa en el desarrollo de la Civilización Americana" (Andrew D. White).
II. Los católicos alemanes en América
Una cierta proporción de Palatinados que fueron a Inglaterra, era católica, sin embargo, no se les permitió avanzar a las colonias americanas, tampoco el gobierno inglés permitió que se quedaran por mucho tiempo en Inglaterra. Por eso, fueron devueltos al Palatinado mediante pasaportes del gobierno. Sin embargo de aquellos que vinieron después y dirtamente a América, indudablemente, un número considerable era católico. En 1741, la diócesis alemana de la Compañía de Jesús, envió dos sacerdotes para guiar a los católicos alemanes en Pennsylvania. Estos eran al Padre William Wappelet (nacido el 22 de enero de 1711, en la Diócesis de Mainz), co-fundador de la misión de Conewago, y el Padre Theodore Schneider, un palatinado (nacido en Geinsheim, Diócesis de Speyer, el 7 de abril de 1703), que residió en Goshenhoppen, en el condado de Berks. Otros jesuitas alemanes vinieron después, entre ellos los padres James Frambach (quien murió en 1795 en Conewago), Luke Geissler (quien murió en Lancaster, en 1786), Lawrence Graessel, a quien se le nombró coadjutor del Obispo Carroll, pero fallió en Filadelfia a consuencia de la fiebre amarilla antes de su consagración, James Pellentz, uno de los vicarios generales del Obispo Carroll (murió en Conewago, en 1800), Matthias Sittensperger (cambió su apellido a Manners), Ferdinand Steinmayr (Farmer), quien, de acuerdo al Obispo Carroll, fundó la primera congregación católica en New York (fallió en Filadelfia, el 17 de agosto de 1787, en olor de santidad). El Padre Farmer fue miembro de la famosa Sociedad Filosófica de Filadelfia, y se hizo miembro de la Junta Dirtiva de la Universidad de Filadelfia, cuando aquella institución fue constituida en 1779. A estos primeros misioneros, se puede agregar al Padre John Baptist de Ritter, que fue miembro, aunque alemán, de la diócesis belga, murió en Goshenhoppen, el 3 de febrero de 1787. El Padre Schneider fue el sacerdote de la parroquia de Goshenhoppen durante veintitrés años, ayudando a los católicos de la comunidad y de toda la región. Antes de su muerte, en 1764, tuvo la satisfacción de ver la Iglesia firmemente establida en Pennsylvania. Su compañero, el Padre Wappeler, fundó la misión del Sagrado Corazón en Conewago. Acerca de él, el Obispo Carroll escribió que "fue un hombre de mucho conocimiento y de infinito fervor". Habiendo permanido en América durante ocho años, y convertido y ruperado a muchos a la fe de Cristo, se vio obligado a retornar a Europa debido a su mala salud. Su sucesor, el Padre Pellentz, construyó la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús, la primera en el país bajo ese título. Es probable que no haya habido otro número grande o apriable de católicos alemanes en cualquier otra colonia en ese tiempo, con excepción de Louisiana, cuyos habitantes franceses compartían y honraban su religión, puesto que la mayoría de las colonias inglesas tenían severas leyes contra los "Papistas". Sin embargo, poco a poco todos se abrieron a los católicos.
Mediante una carta enviada por el Reverendo Dr. Carroll al Reverendo C. Plowden, en 1785, sabemos que en ese año visitó Filadelfia, New York y los estados superiores de los Jerseys y Pennsylvania, "donde nuestros respetables hermanos alemanes han formado congregaciones". Aunque no conocemos ningún establimiento alemán en el lejano oeste durante los siglos diisiete o diiocho, encontramos durante ese período a sacerdotes alemanes trabajando con las tribus indígenas en las costas del Pacífico, y en los estados del suroeste. El primer sacerdote alemán en la costa del Pacífico fue el jesuita Eusebio Francisco Kino. Su nombre verdadero era Eusebius Franz Kuehn. El era natural de Trent, e ingresó a la Compañía de Jesús en Ingoldstadt. Vino de Alemania en 1680 o 1681, y a Baja California en 1683. Al año siguiente fue llamado a Sonora, donde trabajo hasta su muerte, en 1710, mientras hacía misiones y exploraba en el Río Gila en Sonora. Otros jesuitas alemanes en Baja California desde 1719 hasta 1767, fueron: Joseph Baegert, autor de "Nachrichten von der Kalifornischen Halbinsel" (Noticias de la península californiana, Mannheim, 1772), Joh. Bischoff, Franz Benno Ducure, Joseph Gasteiger, Eberhard Helen, Lambert Hostell, Wenzeslaus Link, Karl Neumayr, Georg Retz. Ignatz Tuersch, Franz X. Wagner. Arizona vio al infatigable Padre Eusebius Kuehn, a finales del siglo diisiete, hasta el río Gila en su unión con Colorado. En 1731, Felipe V, a sugerencia de Benedicto Crespo, Obispo de Durango, ordenó tres misiones centrales para establerse en Arizona, con gastos reales. Con la alegría del obispo, se envió a tres sacerdotes jesuitas alemanes: el Padre Ignatius Xavier Séller, el Padre John Baptist Grashoffer y el Padre Philip Segesser. De los dos últimos, uno murió pronto y el otro enfermó, sin embargo el Padre Ignatius Séller llegó a ser el líder de las nuevas misiones en ese lugar, tomando posesión de Santa María Soamea, el 20 de abril de 1732. En el año 1750, encontramos al Padre Ignatius Pfefferkorn, natural de Mannheim, Alemania, en Guevavi, y al mismo tiempo, al Padre Sedelmayr, quien a petición del gobierno español, estaba evangelizando a las tribus de Gila, levantando siete u ocho iglesias en los pueblos de Papagos, entre los cuales, el Padre Bernard Middendorf también colaboraba, y al Padre Keller esforzándose para llegar a los Moquis, quienes estaban dispuestos a ribir a los misioneros de cualquier tipo pero Franciscanos. Otros notables jesuitas de la patria fueron los Padres Caspar Steiger, Heinrich Kürtzel y Michael Gerstner. Mediante acto breve del Rey de España, en 1763, toda iglesia en Arizona fue cerrada y los indígenas cristianos fueron privados de sus fervorosos sacerdotes alemanes.
En 1808, la Diócesis de Baltimore, la cual, hasta este tiempo, abrazó a todos los Estados Unidos, fue dividida, y se levantó cuatro nuevas sedes en Filadelfia, New York, Boston y Bardstown. En ese tiempo, bajo la jurisdicción del primer obispo de Filadelfia, la iglesia de ellos, Holy Trinity, dirigida por el Reverendo William Elling y el Padre Adam Britt, el último imprimió una nueva edición del catismo alemán; el orfanato de St. Joseph, construido en 1806, fue la primera institución de su clase establida por los católicos en los Estados Unidos. El Reverendo Louis de Barth servía en Lancaster y en Conewago, fue hijo de Joseph de Barth, Conde de Welbach, y de María Louisa de Rohme, nació en Münster, el 1 de noviembre de 1764. Cuando la sede de Filadelfia quedó vacante por la muerte del obispo Egan, el Padre de Barth se convirtió en el administrador de la diócesis. Fallió el 13 de octubre de 1838. El Reverendo Paul Erntzen había comenzado, en 1793, su curato de cuarto de siglo en Goshenhoppen. El Padre Peter Helbron, O. Min. Cap., había construido un santuario de madera en el condado de Westmoreland. Después de años de devoto servicio, partió a Filadelfia, pero murió en Carlisle, en su viaje de regreso. El reverendo Demetrius A. Gallitzin estaba trabajando en el poblado del cual Loreto era el centro, y llegó a América en 1792, con un sacerdote piadoso y culto, el Reverendo F. K . Brosius, quien había ofrido sus servicios al Dr. Carroll. El viajó bajo el nombre de Schmet, una contracción del apellido de su madre, pero aquí en América pronto se convirtió en Smith, por el cual fue conocido por muchos años. El llevaba las cartas al Obispo Carroll, y cuando conoció a los sacerdotes del Santo Suplicio, quedó encantado con el trabajo y la vida que llevaban. Su padre había marcado para él una brillante carrera militar o de diplomacia en Europa, pero la paz y la simplicidad que reinaba en América contrastaba fuertemente con el torbellino de la revolución europea, que, además penetraba con la vanidad y la grandeza, por lo que el joven Gallitzin didió renunciar a todos los esquemas de orgullo y ambición, para abrazar la profesión lesiástica en beneficio de la misión americana.
En 1808 se creó la diócesis de New York, y su organizador principal fue el culto y hábil jesuita Padre Anthony Kohlmann, como vicario general y administrador de la sede vacante. El vino en 1806, junto con otros dos sacerdotes de su orden. Los católicos alemanes en New York se fueron incrementando poco a poco, así que ellos mismos organizaron una pequeña congregación. Su primer pastor pare haber sido el Reverendo John Raffeiner, de quien el Arzobispo Hughes dijo: "los obispos, sacerdotes y la gente tienen razón de rordar que el Padre Raffeiner vino hace muchos años". El visitó a sus paisanos lejanos y cercanos, siempre listo para llegar a cualquier lugar y darles los consuelos de la religión. Por un tiempo, los alemanes en New York se reunían bajo su cuidado en un lugar deshabitado para el culto en la esquina de las calles Delancey y Pitt, luego cuando el plazo expiró, se reunían en la iglesia de Saint Mary; sin embargo, el 20 de abril de 1833, se colocó la primera piedra de una iglesia dedicada a San Nicolás, ubicada en Sond Street. Debido a los sacrificios y esfuerzos del Padre Raffeiner, la iglesia fue terminada e inaugurada en Domingo de Resurrción, en 1836. El Padre Raffeiner dirigió la iglesia por muchos años convirtiéndose en vicario general de los alemanes en la diócesis. Por el año de 1836, el elemento católico alemán en la diócesis de Boston, requirió el cuidado del Obispo Fenwick, así como de la mayoría de su cuerpo lesiástico. Al no haber sacerdotes en su diócesis que pudieran hablar alemán fluidamente, el Obispo Fenwick pidió ayuda a su compañero obispo en New York, y a fines de mayo de 1835, llegó el Reverendísimo John Raffeiner, apóstol de sus paisanos en el este. El último día de mayo que el fervoroso sacerdote reunió trescientas personas en el santuario de Saint Aloysius y las dirigió con mucho poder y unción, pasó toda la noche confesando. Animados por su fervor, la gente didió reunir rursos para apoyar a un sacerdote, y fue en agosto de 1836 que obtuvieron al Reverendo Padre Hoffmann como su pastor, y al Padre Freygang como su asistente, sin embargo, dirigidos por los hombres designados, no cooperarían con aquellos que fueron enviados para dirigirlos; por lo que los Padres Hoffmann y Freygang fueron forzados a retirarse. Un ex Benedictino llamado Smolnikar, se convirtió en su alternativa, pero en corto tiempo el obispo descubrió en este sacerdote señales evidentes de locura, e incapaz de obtener otro sacerdote, él mismo se convirtió en el capellán de la congregación alemana. En 1841, estimulados por su obispo, compraron un terreno en la calle Suffolk, y levantaron una iglesia, ubicada en la esquina de la calle 28 June. El obispo ya había asegurado a un sacerdote fervoroso para su congregación, el Reverendo F. Roloff. El cuerpo católico alemán en la ciudad de New York, ahora estaba criendo tan rápido que pronto se nesitó de otra iglesia, y en junio el Reverendísimo Dr. Power colocó la primera piedra de la iglesia Saint John Baptist, que fue inaugurada el 13 de setiembre, por el Rt. Reverendo Dr. Hughes.
En el año 1820, Ohio ya era el hogar de muchas familias católicas de habla alemana, fue por esta razón que el Obispo Flaget, de Bardstown en Louisville, sugirió que se construya una sede en Cincinnati, y como su primer obispo romendó al Reverendo Demetrius A. Gallitzin, educado en Alemania, y familiarizado con el idioma e ideas de la gente; sin embargo, el buen sacerdote, a pesar de conocer el proyto, lo rhazó. En 1829, dos sacerdotes alemanes fervorosos comenzaron a hacer una lista de las personas católicas del estado de Ohio. Estos sacerdotes encontraron a muchos católicos en diferentes lugares: Cincinnati, Somerset, Lancaster; y debido a su infatigable fervor, despertaron en los corazones de muchos este fervor, que por muchos años se negaron a practicarlo. Uno de estos sacerdotes itinerantes era el Reverendo John Martín Henni, un nombre conocido en ese tiempo por ser el fundador del primer periódico católico alemán, primer obispo de Wisconsin, y primer arzobispo de Milwaukee. En 1832, con la muerte del Obispo Fenwick de Cincinnati, la administración de la diócesis fue devuelta al fervoroso sacerdote misionero Padre Edward Reese, quien había trabajado intensamente entre sus paisanos en la diócesis y había sido útil para el establimiento de la "Leopoldinen-Stiftung" (Asociación Leopoldina), una asociación para ayudar a las misiones en Viena, cuyas personas fomentaban mucho a las misiones y ayudaban sustancialmente al crimiento del sistema escolar católico, espialemente en la diócesis de Cincinnati y la diócesis formada de todo esto. El Dr. Reese nació en Vianenburg, cerca de Hildesheim, en 1791, y como Pío Nono, éste había sido un oficial de caballería antes de ingresar al sacerdocio. Fue el fundador del Athenaeum en Cincinnati, el cual más adelante fue transferido a los jesuitas, y cambiado al actual Saint Xavier College. Holy Trinity construida en 1834, fue la primera iglesia alemana el oeste de Alleghanies. Su segundo pastor, el Reverendo John M. Henni, a quien ya hemos mencionado, mostró una energía incansable en fundar y organizar escuelas en Cincinnati y estaba activamente interesado en el crimiento del trabajo educativo católico a través de los estados; también formó el Orfanato Católico Alemán de Saint Aloysius, y pronto se construyó un segundo orfanato. Por este tiempo, se construyeron iglesias de madera en Glandorf, Bethlehem y New Riegel al norte de Ohio, suficientes para reunir a la población fervorosa y proporcionaron un lugar para la instrucción de los jóvenes. Mientras tanto, el pueblo católico del estado cría considerablemente y las iglesias e instituciones comenzaron a ser inaduadas. La iglesia de St. Mary de los alemanes, en Cincinnati, fue inaugurada en julio de 1842, otra iglesia alemana fue construida en ese mismo tiempo, como Zanesville, por el Rev. H. D. Juncker. A comienzos de 1836, una congregación alemana se organizó en Louisville, Kentucky, por el Rev. Jos. Stahlschmidt; pronto construyeron la iglesia de St. Boniface, la cual fue inaugurada en la fiesta de todos los santos, en 1838. Esta iglesia fue dirigida por un tiempo desde Indiana y Ohio por el Rev. Jos. Ferneding y el Rev. John M. Henni. El 30 de octubre de 1833, el Obispo Chabrat inauguró la iglesia de St. Mary, Covington, Kentucky, una fina estructura construida por los católicos alemanes de esa ciudad. Cuando en 1833, el Reverendísimo Frederick Reese se convierte en Obispo de Detroit, comenzó la labor en su diócesis con la ayuda de muchos entre ellos los redentoristas alemanes Padres Saenderl y Hatscher, al año siguiente la iglesia alemana Holy Trinity fue construida. En ese tiempo, Vincennes se convirtió en una diócesis. Tres años más tarde, encontramos a una congregación alemana en el condado de Jasper, Illinois. Los católicos alemanes alrededor de Quincy, Illinois, habían levantado una casa para el sacerdote que funcionaba como santuario hasta que su iglesia esté construida. Los ministerios que el Padre Charles Meyer proporcionaba en la pequeña iglesia de madera de Saint Andrew, en Belleville, III, fue su primer paso para un futuro obispado. En 1841, se construyó una iglesia católica alemana en West Point, Iowa, en la actual diócesis de Dubuque. En Pittsburg, los católicos alemanes iban a la iglesia de St. Patrick hasta que el número de fieles crió y se tuvo que formar otra congregación. Entonces, ellos se reunían para rendir culto en una construcción que anteriormente fue utilizada como fábrica. En 1839, a pedido del Obispo Kenrick, una comunidad de redentoristas en Ohio, vinieron y se encargaron de esta misión, así la fábrica pronto se convirtió en la iglesia de Saint Philomena, con un convento redentorista adjunto- la primera casa de esa congregación den los Estados Unidos. Aquí, dentro de poco, el Rev. John N. Neumann ribió los hábitos y comenzó su noviciado, para convertirse después en Obispo de Filadelfia, y murió
Alemany, José Sadoc
Primer Arzobispo de San Francisco, California, en Estados Unidos; nacido en Vic, España, el 3 de julio de 1814; fallido en Valencia (España) el 14 de abril de 1888. Entró tempranamente en la Orden de Santo Domingo, fue ordenado sacerdote en Viterbo en Italia, el 27 de marzo de 1837, consagrado en Roma Obispo de Monterey de California el 30 de junio de 1850, y fue transferido el 29 de julio de 1853 a la Sede de San Francisco como su primer arzobispo. Dimitió en noviembre de 1884, y fue elegido Arzobispo titular de Pelusio.
California había pasado rientemente de un gobierno mexicano a uno americano y todavía contenía una gran población española con costumbres y tradiciones españolas, por ello el nombramiento del Arzobispo Alemany como el primer obispo bajo las nuevas condiciones representó una medida providencial. Diez años de actividad misionera en Ohio, Kentucky, y Tennessee le habían permitido dominar el idioma inglés, que hablaba y escribía corrta y fluidamente, familiarizarse con las costumbres y el espíritu de la República e imbuirse de un amor hacia los Estados Unidos que llevó consigo hasta el día de su muerte. Su labor episcopal habría de comenzar entre una población compuesta por casi todas las nacionalidades.
Nacido en España, educado en Roma, y residente en América, su experiencia y su comando de varias lenguas le puso en contacto y simpatía con todos los elementos de su diócesis. Su humildad y simplicidad en el trato, aunque por naturaleza introvertida, le permitió entrar en los corazones de todas las clases.
Naturalmente su primer proyto fue asegurar un cuerpo de sacerdotes y monjas como colaboradores en su nuevo campo; para esto hizo una provisión parcial antes de llegar a San Francisco. Las Misiones Franciscanas (cuya memoria y restos en el segundo siglo de su existencia son todavía atesorados no sólo por California sino por todo el país) habían sido confiscadas en el nombre de la "sularización", los misioneros apartados, y sus rebaños dispersos en gran medida; se hizo evidente que su trabajo era simplemente crear todo aquello que un nuevo orden requería, un orden único que obispo alguno jamás había encarado. El descubrimiento de oro en California unos años antes de su llegada había atraído a poblaciones de todos los rincones del mundo, la mayoría de los cuales poco pensaba en residir allí permanentemente. Muchos, sin embargo, trajeron la vieja Fe consigo e incluso en medio de la fiebre del oro se mostraron prestos para responder generosamente a una personalidad tal como la del joven obispo.
Cuando comenzó su trabajo, había sólo veintiún iglesias misioneras de adobe esparcidas a lo largo y a lo ancho del Estado, y no más de una docena de sacerdotes en toda California. Vivió para ver el Estado dividido en tres diócesis con una población de alrededor de trescientos mil Católicos, muchas iglesias de moderna arquittura y de respetable dimensiones, un cuerpo de clérigos devotos, sulares y regulares, instituciones educativas y de caridad conducidas por las órdenes docentes de hombres y mujeres, para satisfacer, tanto como fuera posible dadas las circunstancias, las nesidades de una población en constante crimiento. Procuró en adelante, como el primer objetivo de su trabajo, el bienestar espiritual de su pueblo, pero en los primeros años de su ministerio en California el arduo trabajo estuvo centrado en la protción de la propiedad lesiástica de los "okupas", y al proceso de los rlamos del "Fondo Piadoso" contra México. A través del Departamento de Estado del Gobierno de los Estados Unidos obligó a México a respetar su propio acuerdo con la Iglesia de California para pagar por lo menos el interés a la fecha de la disión sobre las divisas derivadas de las ventas forzadas de la propiedad Misionera en tiempos de la "sularización", y que habían sido entregadas al Tesoro Mexicano. Bajo su sucesor, en el año 1902, una última adjudicación del "Fondo Piadoso" en favor de la Iglesia de California fue lograda por un Consejo Internacional de Arbitraje en La Haya.
La oficina episcopal que él había aceptado sólo bajo obediencia nunca fue, en un sentido humano, agradable al Arzobispo Alemany; su propio temperamento le inclinaba a ser simplemente un sacerdote misionero; en un sentido más amplio, continuó siendo tal hasta el día de su renuncia. Su característica devoción a los derechos de la Iglesia, su amor por un sentido común de libertad individual, y particularmente su admiración por las instituciones libres de la Unión Americana se manifestaron en ocasión de una visita que hizo a su tierra natal después de largos años de ausencia. Antes de que un espíritu infiel envenenase las mentes de muchos en el poder, hasta en los países Católicos, había sido costumbre en España, como en otras tierras católicas, que los sacerdotes usaran sus vestimentas sacerdotales en las calles. Este nuevo espíritu ciertamente le había conducido en España, cuando era estudiante, al deseo convertirse en un miembro de las ordenes proscritas, y cuando retornó para la ocasión en cuestión fue una novedad verle en las calles vestido como un Fraile Dominicano. Cuando su futuro custodio le advirtió para que se sacara su casulla para uso en exteriores, Alemany le mostró su pasaporte de ciudadano Americano, arguyendo que en su país adoptivo, donde los católicos eran la gran minoría, se le permitía usar cualquier tipo de abrigo que él prefiriese y que seguramente este privilegio no debía serle negado en la España Católica, su tierra natal. No se le negó, al menos, por esa ocasión. Tan comprometido estaba con la orden de Santo Domingo que cuando se convirtió en Obispo de Monterrey, y en adelante hasta su muerte, usó la casulla blanca de la Orden, y en letra y espíritu adhirió a la Regla de Santo Domingo tanto como le fue posible fuera de la vida comunitaria.
La exaltada oficina del arzobispado no crió en acuerdo con él con los años, y con la idea de renunciar y convertirse nuevamente en un sacerdote misionero, suplicó a Roma para que se le concediera un coadjutor, cum jure successionis , mucho antes de que uno le fuera dado. Cuando, sin embargo, sus súplicas fueron oídas, lo cual no fue sino hasta cuando alcanzó la edad escriptural de setenta años, amablemente transfirió a su sucesor el peso que había soportado por tanto tiempo y con tanta fidelidad por amor a su Maestro. Aunque tuvo la mayor consideración por la comodidad de otros, su propia vida fue austera. Nadie sino él mismo entraba en sus apartamentos, los cuales estaban tan contados con la iglesia que podía hacer sus visitas al Santísimo Sacramento y mantener largas vigilias en una pequeña ventana de celosía mirando hacia el Tabernáculo. Nadie jamás le vio manifestar enojo; fue siempre amable pero firme con el deber. Tan considerado de los sentimientos de los otros que ciertamente nunca los hirió intencional o injustamente.
Muy considerado y cortés en todo lo que hacía, viajó unas mil millas a Ogden, Utah, en noviembre de 1883 para encontrarse por primera vez, acompañar y dar la bienvenida a San Francisco a su coadjutor y sucesor, el P. W. Riordan. Desde el primer encuentro y hasta su muerte la más cercana y tierna amistad existió entre ellos. Habiéndose su sucesor familiarizado completamente con los asuntos diocesanos y transferido a él como una "sociedad unimembre" toda la propiedad diocesana (de acuerdo con la ley que Alemany había promulgado a través de la Legislatura de California para mejor seguridad de la propiedad de la iglesia), el Arzobispo dimitió en 1884, retornó a su tierra natal y allí murió.
Su intenso amor por la vida misionera y su afán por las almas no terminaron con su dimisión, a pesar de que sus setenta años no le permitían un trabajo activo de tal naturaleza; sin embargo regresó a España con el sueño de fundar un colegio misionero para proveer sacerdotes para las misiones Americanas. Para éste propósito dejó tras de sí en San Francisco la romendación de los sacerdotes y del pueblo de la diócesis como un pequeño ronocimiento por sus largos años de servicio y el ejemplo de su vida santa entre aquellos. Estipuló que, en caso de que él no la usara para tal propósito, debía ser empleada por su sucesor en propósitos religiosos y caritativos en San Francisco. Ribió el apoyo generoso de la diócesis, pero encontró el propósito del colegio misionero impracticable. De manera que, a su retiro después de treinta años de labor apostólica en California, dejó como legado a la diócesis el ejemplo de un verdadero apostolado, y murió como un apóstol, teniendo en su haber nada más que los méritos de sus "trabajos que se habían ido antes que él".
Bibliografía
Reuss, Biographical Encycl. of the Cath. Hierarchy of the U. S. (Milwaukee, Wis., 1898); Dominicana (San Francisco, 1900-6).
Escrito por P.W. Riordan.
Trascrito por Albert Judy, O.P.
Traducción de Eduardo Acuña.
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