CARTA
Nace con la escritura, como medio de comunicación elemental que, a partir de su carácter privado, se convierte en documento público, con toda una criteriología retórica, que se va escalonando desde los testimonios de Cí:icer6n hasta su codificación en Julio Víctor, que introduce la distinción entre cartas privadas (litterae) y cartas públicas (epistulae). Este tono-público de las cartas se va haciendo cada vez más complejo con la metodología retórica de Cicerón y confluye luego en la literatura cristiana. sin embargo, en el contexto cristiano, la carta se convierte en un instrumento de comunicación que se extiende a todas las Iglesias: así ocurre con la Carta de Clemente de Roma a la Iglesia de Corinto (por el 96 d.C.), donde se puede ver un primer intento de expresión literaria: y también con las Cartas de san Ignacio de Antioquía, que asumen altas tonalidades líricas, en un discurso martirial.
Más tarde, pero también en la época subapostólica, la carta se convierte en instrumento para comunicar o poner a punto los primeros núcleos doctrinales: son típicas la Carta a los Hebreos y la Epístola del Seudo-Bernabé, verdadero texto inmerso en la polémica antijudía, sostenido por una exégesis alegórica. La Carta a Diogneto, entre las páginas más elevadas de la apologética cristiana, muestra un notable conocimiento de la retórica, mientras que para los ss. lV-VI de la vida cristiana la carta se convierte en un instrumento literario y de gran calibre estilístico, donde el interés doctrinal se conjuga con el adorno exterior de carácter retórico. La Edad Media conoce las cartas monásticas y las cartas apostólicas, que alcanzaron su edad adulta en la determinación de encíclicas de los tiempos modernos, donde estas cartas reciben también el nombre de exhortaciones o comunicaciones. Gradualmente, según las necesidades, la carta, en su expresión cristiana, llegó a configurarse como un auténtico tratado teológico, sin carecer de aquellos rasgos privados con que los papas suelen dirigirse a los obispos y prelados en algunas ocasiones particulares.
La carta, en el contexto contemporáneo, sigue manteniendo el doble elemento privado y público, como en la antigUedad. Si por un lado permanece como expresión y síntesis de doctrinas cristianas, por otro se sigue refiriendo privadamente a momentos particulares de la vida eclesial.
G. Boye
Bibl.: M. p, Cicarese, Cartas, Epístolas, en DPAC. 1, 377-378; G. Scarpat, Epistolografia. Introduzione allo studio della cultura classica, 1, Milán 1972, 472-512.
PACOMIO, Luciano [et al.], Diccionario Teol\u243?gico Enciclop\u233?dico, Verbo Divino, Navarra, 1995
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