Éfeso
La ciudad tuvo un gran papel en la acción misionera del apóstol Pablo. Con su viaje a éfeso, el Apóstol conectaba con una ciudad de la mayor tradición cultural. Aquella ciudad jónica del Asia Menor era la ciudad de Hornero, de Heraclito y de Pitágoras, la ciudad de Heródoto y de Tales de Mileto. También en tiempos de Pablo era éfeso una avanzadilla de la filosofía, el arte y el comercio, además de centro de los cultos paganos. Casi frente al puerto se alzaban los edificios del ágora (el mercado), las termas, el gimnasio (o sala de deportes) y el teatro (con 24 000 asientos). Las laderas de los montes que se alzan detrás estaban salpicadas de las villas de los ricos.
Es seguro que, desde su primera época romana (133 a.C.) éfeso albergó una fuerte colonia judía con muchos privilegios (autoadministración, libertad religiosa garantizada); pero entre la población griega ese alto porcentaje de población judía fue causa de animosidad contra los judíos, en la que ocasionalmente participó también el procónsul romano, porque contaba con el apoyo de la población griega.
La ciudad de éfeso del tiempo de Pablo se debía en parte al rey Lisímaco (s. IV a.C.), el sucesor de Alejandro Magno en el Asia Menor, que la edificó como una ciudad internacional a la que afluían las riquezas de todo el mundo (cf. Ap 18).
Otro dato importante es que éfeso constituía un centro de peregrinación, como lugar de culto a Artemisa. El templo de la diosa, el Artemisium, era un lugar de culto a una diosa de la fecundidad, al igual que en Canaán se la veneraba como Astarté; el nombre de Artemisa (los romanos la llamaban Diana) no era sino la designación griega de la diosa naturista de la fertilidad y la vegetación, cuya esencia se reflejaba en sus innumerables pechos. El templo de la diosa, cuya imagen negra de ébano estaba cubierta de exvotos, tenía unas dimensiones extraordinarias para su tiempo, cubriendo más de 5000 m2. Por su templo de Artemisa, éfeso era conocida con el nombre glorioso de neokoros o guardiana del templo (Hch 19:35), y demuestra que en la ciudad las representaciones sagradas se habían trocado en homenajes al emperador.
En el período paulino la comunidad cristiana de aquella metrópoli estuvo dirigida por Timoteo (2Ti 1:18). Según tradiciones posteriores, desde aproximadamente el 60 d.C. fue también la sede del apóstol Juan. En esa época, junto al culto de Artemisa, se fue intensificando el culto del emperador. En el Apocalipsis las representaciones efesinas en honor del emperador de Roma constituyen el modelo del teatro del anuncio apocalíptico.
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