TEBAS
Durante los 4 siglos entre la expulsión de los hiksos ( ca. 1575 a. de J.C. ) y la muerte de Ramesés II ( ca. 1151 a. de J.C. ), Tebas fue la capital de Egipto, y durante gran parte de ese tiempo fue el centro político de un imperio que se extendió hasta el Eufrates. A diferencia de las ciudades de Babilonia y Nínive, cuyos restos permanecieron escondidos hasta los tiempos modernos en promontorios de escombros, la gloria de Tebas fue siempre visible en las ruinas de sus grandes templos los que aún se levantan en el banco oriental del Nilo, 724 kms. al sur de El Cairo.
La moderna ciudad de Luxor ocupa una pequeña porción del área ocupada por la antigua Tebas. El nombre Luxor se deriva del El-Uqsur árabe, “los castillos”, una referencia a las ruinas de los grandes templos que aún dominan el sitio. En tiempos antiguos la ciudad y el distrito de Tebas llevaron el nombre de Weset o Newt (“la ciudad”). De este último nombre la Biblia designa la ciudad de No (Ez. 30:14-16) y No-Amón (v. g. la ciudad del dios de Amón, Nah. 3:8).
Otro nombre usado antiguamente para Tebas era “los dos aptos”, una referencia a los dos distritos de la ciudad que corresponden a las ruinas de Karnak y Luxor. Algunos egiptólogos sugieren que los griegos llamaron la ciudad de Tebas (lo mismo que a la Tebas griega), a causa de la nativa ta ape, Tape (“los aptos”). La Tebas egipcia era conocida por los griegos durante el tiempo de Homero. La Ilíada habla de “la Tebas de las cien puertas de las cuales los hombres valientes salen en misiones de conquista”.
Los griegos identificaron al gran dios egipcio Amón con su Zeus y se referían a Tebas como Dióspolis Magna, “la gran ciudad del dios”. Al otro lado del río desde Tebas estaba Weset Amentet (“la Tebas occidental”) o Per Hator (“casa de Hator”) la ciudad de los muertos en la cualestaban ubicadas las tumbas de los faraones.
Aunque los orígenes de Tebas se remontan a los tiempos predinásticos, no fue sino hasta la dinastía once cuando un príncipe tebano se designó a sí mismo con el título de “rey del alto y bajo Egipto”. Tebas mantuvo su importancia durante el período del gobierno de los hiksos en Egipto, aunque su gobernador local fue forzado a reconocer el dominio de los odiados extranjeros. Fue un príncipe tebano, Kamose, quien en última instancia libró al Egipto medio del poder de los hiksos. Ahmose I, fundador de la décimoctava dinastía, consiguió sacar a los hiksos de su fuerte en el delta en Avaris. Egipto nuevamente fue gobernado por su propia dinastía. Ahmose restauró a Luxor y los far ones Amenhotep I y Thutmose I construyeron monumentos en Karnak que aún permanecen. La reina Hatshepstu fue honrada con un obelisco en Karnak. Su sucesor, Thutmose III, extendió el poder egipcio en Asia y regresó con trofeos de victoria que hicieron de Tebas la capital más grande del mundo antiguo.
Durante este tiempo Amón, el dios de Tebas, alcanzó la posición de deidad principal de Egipto. Antes de la dinastía décimosegunda, Amón era uno de los dioses menores de Tebas. Debió haber sido Amenemhet I, fundador de la décimosegunda dinastía, quien primero elevó el culto de Amón a un lugar de importancia. Los templos de Amón empezaron a erigirse en Karnak durante su reinado.
Las conquistas de Thutmose III añadieron gloria al templo de Amón en Karnak. Bajo Amenhotep II, Thutmose IV y Amenhotep III, la ciudad de Tebas continuó expandiéndose y la gloria de Amón aumentó.
Amenhotep III conectó los templos de Luxor y Karnak con una amplia y bella avenida embellecida con jardines de flores y con esfinges a los lados. Al otro lado del río construyó un templo mortuorio del cual los así llamados colosos de Memmón son los monumentos restantes. Un palacio para él mismo, otro para su esposa favorita, Tiy, y un lago de placer en el cual él y su esposa podían navegar, se contaron entre los otros edificios construidos por Amenhotep III.
Bajo Amenhotep IV (Akhenatón), Tebas fue abandonada como ciudad real. El hijo de Amenhotep III destituyó a los sacerdotes de Amón, abandonó Tebas y construyó su nueva capital Akhetatón en Tell El-Amarna. Por alrededor de una docena de años Tebas fue abandonada intencionalmente y Atón, de Akhetatón, reemplazó a Amón de Tebas como la deidad real.
A la muerte de Akhenaton, la revuelta de Amarna terminó. Su sucesor Haremhab trasladó la capital nuevamente a Tebas e hizo adiciones a los templos en Luxor y Karnak. Ramesés I, Seti I y Ramesés II añadieron al inmenso salón hipostilo, el cual se convirtió en el rasgo más destacado del templo de Karnak. Al oeste del Nilo continuaron edificándose templos funerarios por los siguientes faraones. El Rameseum de Ramesés II estuvo adornado con los más grandes colosos de granito del antiguo Egipto.
Después de Ramesés II, sin embargo, el poder de Egipto declinó rápidamente y con él la gloria de Tebas. Ramesés III edificó el gigantesco templo de Medinet Habu; pero no pudo evitar el decaimiento del prestigio egipcio. Los sacerdotes de Amón ganaron poder y el sumo sacerdote, Herihor, fue capaz de destronar al último de los gobernadores ramesidas. La riqueza de Egipto fue mayormente administrada por los sacerdotes de Amón y como resultado, tanto Tebas como Egipto sufrieron.
Con el surgimiento al poder de los sacerdotes de Amón de Tebas, una dinastía rival fue establecida en Tanis, en el delta. El dios Amón continuó siendo reverenciado y Tebas fue reconocida como un centro religioso; pero el gobierno era administrado desde el delta. Bajo los faraones etíopes de la décimoquinta dinastía, el asiento del gobierno volvió a Tebas; pero los resultados fueron desastrosos. La interferencia en los negocios de Siria y Palestina trajo la ira de Asiria. Asurbanipal saqueó a Tebas en el 661 a. de J.C.
El profeta Nahum se mofó de la orgullosa Nínive y le recordó la suerte de Tebas:
¿Eres tú mejor que Tebas, que estaba asentada junto al Nilo, rodeada de aguas, cuyo baluarte era el mar, y aguas por muro
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