RELIGION
Templos, cultos, objetos y textos religiosos forman una gran parte del material en el cual la *arqueología está interesada. Cada una de las regiones del antiguo Cercano Oriente tiene sus creencias religiosas distintivas; pero, como resultado del comercio y la movilidad de los pueblos, las ideas religiosas y los mismos dioses llegaron a ser aceptados en extensas áreas.
En los primeros tiempos, cada villa egipcia se dirigía a su propia deidad para conseguir las bendiciones de la vida y la protección de los poderes hostiles. La villa se jactaría de tener un altar a su deidad, y la adoración del dios local serviría como una influencia unificadora dentro de la comunidad y como un medio para distinguir una villa de la otra. Ptah era el dios de Menfis; Atún, de Heliópolis; Hator, la “dama de Dendera”; Neith, la diosa de Sais. El nombre de Neith aparece en el nombre Asenath “ella es de Neith”, la hija de Potifera, sacerdote de On (Heliópolis) quien se casó con José (Gn. 41:45).
Al unirse las pequeñas comunidades egipcias para convertirse en estados (llamados nomes), los dioses locales ganaron un reconocimiento más amplio y cuando los imperios del alto y bajo Egipto se unificaron, dos de los dioses locales —Set, de Ombos y Horus, de Behdet— llegaron a ser los dioses de los dos estados. Alrededor del 3000 a. de J.C. , cuando Egipto se unificó bajo Narmer (Menes), el alto Egipto surgió como la parte dominante del país y Horus llegó a ser el dios de “los dos Egiptos” como fue llamado el imperio combinado del alto y bajo Egipto. El faraón fue considerado como la encarnación y patrón de Horus y fue por lo tanto mirado como un dios por derecho propio. Los dioses locales continuaron en el afecto del pueblo y, cuando se mudaban de un lugar a otro llevaban su dios con ellos y levantaban nuevos altares para su adoración. Como resultado de algunas supuestamente milagrosas curas o de algún despliegue de intervención milagrosa el dios de una comunidad podía ganar cierta reputación de poder especial. Como consecuencia de ello las gentes de áreas vecinas en la cual se conocía la fama hacían peregrinaciones al altar del dios o le construían nuevos altares en sus propias villas. Debido a alguna de estas razones, Neith, de Sais, adquirió un altar en Esna.
En alguna época temprana, las deidades locales estaban asociadas con algún aspecto de su carácter. El Montu con forma de halcón era adorado como el dios de la guerra y Min, de Coptos, llegó a ser un dios de la fertilidad y las cosechas y patrón de los viajeros del desierto. Ptah, de Menfis, en cuya provincia se originó el arte distintivo de Egipto, llegó a ser el patrón de los artistas, los herreros y los artesanos del metal. Como tal, puede compararse con el cananeo Kathar-wa-Khassis, el clásico Hephaestus y el Vulcano germánico.
Sekhmet, de Menfis, era la diosa del fuego que destruía a sus enemigos, mientras la más bondadosa Hator, de Dendera, era la diosa del amor y del gozo. Horus, el dios halcón, identificado con el sol, era representado como un héroe juvenil en perpetua batalla con su hermano malo Seth, el dios de la tormenta. Thot, con cabeza de ibis, de Hermópolis, era el dios luna quien había creado las divisiones del tiempo y ordenado el universo. Thot era el “dios de las palabras divinas”, quien había inventado la escritura jeroglífica y era el dios del aprendizaje en general. Sobek, el dios cocodrilo, tenía su habitación en el agua.
En adición a los dioses del estado y a los numerosos dioses de la ciudad, los egipcios estaban interesados en una multitud de dioses menores, demonios o espíritus que podrían ayudar o dañar al hombre. Había dioses que ayudaban a las mujeres durante el alumbramiento, dioses de la casa, dioses de la cosecha. En tiempos de enfermedades, los espíritus brindaban sanidad y otros espíritus estaban particularmente activos en tiempos de guerra. Ma’at era la diosa de la verdad y la justicia.
Muchos de los dioses egipcios estaban representados en forma animal. Sobek, el cocodrilo; Thot, el ibis; Khnum, el carnero; Hator, la vaca; y Buto, la serpiente: estaben representados en esa manera. Los dioses podían también ser representados como humanos, y era común que los dioses que habían sido representados como animales se transformaran en figuras humanas con cabezas de los animales que representaban. Así, Sobek podía ser representado como un cocodrilo o como un hombre con cabeza de cocodrilo; Khnum llegó a ser un hombre con cabeza de carnero; Horus, hombre con cabeza de halcón; Tot, hombre con cabeza de ibis. La diosa Sekhmet llegó a ser una mujer con cabeza de leona.
La religión egipcia incluía la adoración a una multitud de tales dioses, a menudo ordenados en grupos a la semejanza de familias humanas. Ciertos animales, particularmente el toro Apis, fueron venerados y, además del faraón divino, ciertos humanos notables habían sido deificados. Los fenómenos de la naturaleza —el sol, la luna, las estrellas, el cielo, la tierra, el río Nilo— todos tenían parte en la religión egipcia. Las ideas tradicionales religiosas fueron desafiadas una vez durante la historia de los faraones, cuando *Akenatón buscó proscribir toda actividad religiosa excepto aquella que honrara a Atón, la deidad solar. Las reformas de Akhenatón no sobrevivieron a su originador por mucho tiempo y los sacerdotes de Amún, en Tebas, contra quienes él se había rebelado, pudieron reafirmar su autoridad poco después de su muerte.
Las ideas religiosas de Egipto tienen paralelos en Sumeria y en las culturas que derivan sus ideas religioses de los *sumerios. Allí también, los dioses locales llegaron a ser dioses nacionales e internacionales en la medida en que las ciudades ganaron prestigio y poder. Los sumerios concebían el universo como sujeto al panteón de dioses encargados, respectivamente, del cielo, la tierra, el aire y el agua; del sol, la luna y los varios planetas; del viento, la tormenta y la tempestad; de los ríos, las montañas y las llanuras; de las ciudades y los estados; de los campos, los cultivos y de los canales de irrigación; de los zapapicos, moldes para ladrillo y del arado. Había una jerarquía entre los dioses, siendo los principales los cuatro dioses creadores: An, el dios del cielo; Ki, el dios de la tierra; Enlil, el dios del aire; y Enki, el dios del agua. Inanna, la diosa de la fertilidad era una deidad sumeria favorita.
Mucha de la religión sumeria fue absorbida por los asirios y babilonios semíticos, cuya cultura reemplazó la de Sumeria en el valle Tigris-Eufrates. Los dioses sumerios eran llamados a menudo por sus equivalentes semíticos. Utu sumerio, el dios sol, llegó a ser Shamash; Nanna o Nannar, el dios luna llegó a ser Sin. El culto del dios luna era común en *Ur y *Harán. La Inanna sumeria llegó a ser la diosa madre Istar. Marduk, descrito en el *Enuma Elish como uno de los dioses más jóvenes, era la deidad patrona de Babilonia. Con el crecimiento del imperio babilónico el rango de Marduk aumentó. Más hacia el norte estaba Asur, el dios de la ciudad de Asur y de su imperio, Asiria, quien llegó a ser el dios creador.
Los nombres semíticos de los dioses mesopotámicos aparecen en Palestina y Siria. Nombres de ciudades tales como Bet-semes (“casa del sol”) indican que un altar al dios sol había estado allí. El conocimiento más completo de la religión cananea viene de *Ugarit donde El es el padre de los dioses, y Baal la deidad más popular de la segunda generación. Baal y su hermana Anat eran ambos dioses de la fertilidad. La prostitución ritual del culto de Baal lo hizo abominable a los ojos de los profetas de Israel.
La religión hetea incluía algunos dioses nativos del Asia Menor, otros introducidos por los indo-europeos y otros adoptados por los heteos de sus vecinos los *sumerios, babilonios, hurritas y cananeos. Se hicieron los primeros es fuerzos para combinar deidades de función similar y ubicarlas por familias, y se encuentra una genealogía de los dioses que puede ser comparada con las tradiciones griegas incorporadas por Hesiodo en su Theogony. Las más prominentes entre las deidades heteas fueron el dios del tiempo conocido por los hurritas como Teshub, controlador tanto de la lluvia que da la vida como de la tormenta destructora. Shaushka, como la Istar babilónica, era la diosa del amor, el sexo y la guerra. La esposa del dios del tiempo era la diosa sol quien era conocida como la reina del cielo y la reina de las tierras de Hatti. Ella protegía a los reyes heteos en las batallas.
Istanu, el dios sol, como el Shamash babilónico, era el dios del derecho y la justicia. El era rey de los dioses y juzgaba a la humanidad.
Véanse también UGARIT, EGIPTO, BABILONIA.
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