JOYAS
Tanto los hombres como las mujeres en el antiguo Cercano Oriente se adornaban con joyas, algunas de las cuales (por ejemplo los *amuletos) tenían un significado mágico. Conchas, huesos y vértebras de peces fueron estilizados como joyas por los *natufianos ya para el 8000 a. de J.C. Descubrimientos importantes de joyas fueron hechos en los cementerios reales de *Ur y en la tumba del rey Tutankhamón. El Instituto Oriental de Expediciones a *Meguido descubrió algunas muestras de joyas cananeas.
Entre los artículos comunes de joyería estaban *sellos de gemas, brazaletes, brazaletes para los tobillos, pendientes, aretes, narigueras y redecillas de oro para el cabello. Cuando el siervo de Abraham buscaba una esposa para Isaac él le presentó a Rebeca “un pendiente de oro que pesaba medio siclo y dos brazaletes que pesaban diez” (Gn. 24:22). Cuando Moisés estaba en el monte Sinaí, Aarón pidió a los hombres de Israel que trajeran todos los aretes de oro de las orejas de sus esposas, hijos e hijas para que pudieran hacer con ellos un becerro de oro (Ex. 32:1-6). Sin embargo, un uso legítimo de tales materials se encontró en la construcción del tabernáculo cuando “vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová” (Ex. 35:22). En Jueces 8:24 se lee que los ismaelitas usaban zarcillos (o narigueras).
Los monarcas usaron coronas de piedras preciosas y se sentaban en tronos ricamente ornamentados con joyas. Durante sus conquistas, David adquirió una corona de piedras preciosas del rey de *Amón (2 S. 12:30). La reina de Saba, del sur de *Arabia trajo oro y piedras preciosas, junto con las especies por las cuales su tierra era famosa, cuando vino a ver a Salomón (1 R. 10:2).
Entre los judíos que regresaron de Babilonia estaba “Malquías, el hijo del platero” (Neh. 3:31). Por siglos los orfebres semíticos habían hecho de las varillas de oro y plata bellos ornamentos incrustados con piedras preciosas.
Al hablar del valor de la sabiduría en el libro de Job, se afirma que su valor excede por mucho al oro de Ofir, el precioso ónice, el zafiro, el topacio, las perlas y los rubíes (Job 28:15-20). Todas estas piedras fueron valiosas por su belleza y escasez y fueron usadas en la producción de joyas.
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