Vicario de Cristo
El segundo de los títulos utilizados por el Papa es el de «Vicario de Cristo en la Tierra» que, en un principio, usaron los obispos. Inocencio III (1198-1216) dispuso que esta denominación quedara reservada para el Pontífice. Eran unos momentos en los que el Papado luchaba por asumir la plena soberanía en los asuntos espirituales y temporales, en pugna con el Imperio.
Este sentido de exclusividad ha despertado profundos recelos en las Iglesias Ortodoxas, aunque el propio Concilio Vaticano II, a través de la Constitución Lumen Gentium que reconocía la función del Papa como «Vicario de Cristo y Pastor de toda la Iglesia» reconocía también que «cada obispo tiene, como Vicario de Cristo, el oficio pastoral de la Iglesia que la ha sido confiada» como recoge el Catecismo de la Iglesia Católica, donde se señala, además, que los obispos son vicarios del Papa, aunque matizando que la autoridad de éste no anula la de ellos, sino que, al contrario, la confirma y tutela.
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