Tesorero
Desde mediados del siglo XIX fue una las dignidades de los cabildos catedralicios, la sexta en preeminencia, tras el deán, arcipreste, arcediano, chantre y el maestrescuela.
Su cometido principal no era el de administrar las rentas del cabildo, por otra parte casi inexistentes tras la Desamortización, sino conservar los vasos sagrados, los ornamentos, las reliquias y todas las jocalias que constituyen lo que se llama el Tesoro de la Catedral.
Esta misión correspondía, anteriormente, al sacrista.
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