Tercera Orden
El vigente Código de Derecho Canónico, en el canon 303, menciona expresamente a las órdenes terceras dentro de las asociaciones de fieles, definiéndolas como aquellas «cuyos miembros, viviendo en el mundo y participando del espíritu de un instituto religioso, se dedican al apostolado y buscan la perfección cristiana bajo la alta dirección de ese instituto».
Fue San Francisco de Asís quien, poco después de fundar la Primera Orden franciscana, para varones, y la Segunda Orden, para mujeres, decidió crear una Tercera Orden, a la que pudieran incorporarse laicos de ambos sexos que, sin abandonar su estado, pudieran vivir de acuerdo con el espíritu franciscano.
La que llegaría a ser conocida como la Venerable Orden Tercera alcanzó muy pronto una rápida expansión y de hecho sigue siendo la que llegó a contar y sigue contando con mayor número de miembros en todo el mundo.
Algún tiempo después, distintas órdenes religiosas fueron creando asociaciones similares de fieles. Así, en 1285, surgió la Tercera Orden de Santo Domingo, vinculada a los dominicos. En 1399, fue aprobada la regla de la Tercera Orden Agustiniana, promovida por los agustinos. En 1424 surge la Orden Terciaria de Siervos de María, impulsada por los servitas. Los carmelitas crearon la Tercera Orden de la Bienaventurada Virgen María del Monte Carmelo, cuya rama descalza fue fundada por Santa Teresa de Jesús. San Francisco de Paula, fundador de la orden de los mínimos fue el creador de la conocida como Tercera Orden de los Mínimos de San Francisco de Paula. Con posterioridad, crearon terceras órdenes los trinitarios y premostatenses y han seguido surgiendo al amparo de otras órdenes e institutos más recientes.
Una característica de las más antiguas es que sus miembros podían vestir el hábito de la orden y grandes Santos y Santas han pertenecido a ellas. Un ejemplo lo constituye Santa Isabel de Portugal, terciaria franciscana, o Santa Catalina de Siena y Santa Rosa de Lima que fueron terciarias dominicas, las cuales vistieron el hábito sin ser religiosas de sus respectivas órdenes.
En la actualidad pueden hacerlo en determinadas circunstancias, aunque en el caso de la Venerable Orden Tercera lo más habitual es que usen el cordón franciscano como distintivo.
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