Salvación
La salvación de los hombres constituye el objetivo del plan de Dios, manifestado gradualmente desde las primeras revelaciones del Antiguo Testamento, hasta su plenitud, a través del Hijo hecho hombre para dar cumplimiento a esa misión salvífica, a través del misterio de la Redención.
Como enseñan los evangelios, creer en Cristo Jesús y en Aquel que lo envió es necesario para obtener la salvación, prometida desde el momento de la caída, como consecuencia del pecado original.
Cristo muere por nuestros pecados y a través de esa Redención universal, se alcanza la Salvación a través de la Iglesia instituida por Él, como lugar donde la humanidad debe encontrar su unidad y su salvación.
Esa «Economía de la Salvación» que, como misterio de la voluntad del Padre se lleva a cabo por su Hijo y por el Espíritu Santo, a través de la acción de la gracia que es conferida por los sacramentos. La Iglesia es depositaria del ministerio conferido por Cristo y de la obligación de anunciar la verdad que nos salva.
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