Sagrario
Es el lugar en el que se reserva la Eucaristía en las iglesias, el cual ha de estar ubicado en un lugar verdaderamente noble, destacado, convenientemente adornado y con las condiciones precisas para que inviten a la oración.
El Código de Derecho Canónico establece que sólo debe haber un único sagrario en cada iglesia u oratorio. Debe ser inamovible, hecho de materia sólida no transparente, y cerrado de manera que se evite al máximo el peligro de profanación. Solía recomendarse el que fuera de metal para proteger la Eucaristía en caso de incendio, pero son muy frecuentes los sagrarios fabricados en madera.
Por causa grave, se puede reservar la Eucaristía en otro lugar digno y más seguro, sobre todo durante la noche.
Hasta hace muy poco, solía cubrirse el sagrario con un conopeo, del color correspondiente al tiempo litúrgico. Su significado simbólico es el de una tienda de campaña, haciendo alusión a la frase del Evangelio de San Juan: «Y la Palabra se hizo carne y acampó entre nosotros». Lo que sí se ha mantenido es la existencia de una cortinilla interior, confeccionada en telas de calidad en la que se bordan símbolos eucarísticos.
El Código de Derecho Canónico prescribe asimismo que ante el sagrario luzca de forma permanente una «lámpara especial», con la que se indique y honre la presencia de Cristo. Esta lámpara debía ser de aceite, aunque en la actualidad se ha difundido la costumbre de que sean eléctricas, generalmente de color rojo.
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