Sacramento
La palabra Sacramento deriva de la latina Sacramentum, traducción a su vez del término griego Mysterion y según la doctrina tradicional de la Iglesia son formas visibles de la gracia invisible. Según el Catecismo de la Iglesia Católica son signos eficaces de la gracia, instituidos por Cristo y confiados a la Iglesia, por los cuales es dispensada la vida divina. El Concilio Vaticano II acentuó su carácter de actos de salvación y su relación con el Misterio Pascual, encaminados a la restauración final de todas las cosas en Cristo.
Los Sacramentos en la Iglesia Católica son siete y el Concilio de Trento, frente a las ideas reformistas reafirmó la doctrina de que todos ellos fueron instituidos por Jesucristo.
Entre ellos se distingue los denominados Sacramentos de la iniciación cristiana que son el Bautismo, la Confirmación y la Eucaristía, a través de los cuales se ponen los fundamentos de toda la vida cristiana.
Los Sacramentos de la curación son el de la Penitencia o Reconciliación y el de la Unción de los Enfermos, antes llamado Extremaunción. Por ellos y con la fuerza del Espíritu Santo se recupera la gracia debilitada o perdida, por efecto del pecado, en aquellos que por los sacramentos de la iniciación cristiana habían recibido la vida nueva de Cristo.
Finalmente, los Sacramentos al servicio de la comunidad son los del Orden y el Matrimonio que, a diferencia de los anteriores, están orientados a la salvación de los demás. Es cierto, que como señala el Catecismo, contribuyen a la propia salvación, pero lo hacen mediante el servicio que prestan, confiriendo una misión particular en la Iglesia y sirviendo a la edificación del Pueblo de Dios.
Tradicionalmente, se distingue para cada sacramento los conceptos de materia, forma, ministro y sujeto. Materia es el objeto o gesto visible por el que se administra el Sacramento; forma son las palabras o rito que pronuncia el Ministro del Sacramento; ministro es el que confiere o administra el Sacramento, debiendo ser legítimo; y sujeto es la persona idónea para recibirlo. Además, la liturgia de cada uno de ellos va asociada a diversos ritos simbólicos a los que se hace referencia en cada uno de ellos.
La Iglesia Ortodoxa reconoce el mismo número de Sacramentos, pero las surgidas de la Reforma protestante los reducen a dos: Bautismo y Eucaristía, aunque niegan la eficacia de los mismos en relación con la gracia, convirtiéndolos en meros actos simbólicos y medios para aumentar la fe que, en definitiva es la que procura la salvación.
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