Rosario de la Aurora
Con la constitución de las cofradías del Santo Rosario, al amparo de la Orden de Predicadores, comenzaron a celebrarse procesiones en honor de la Virgen del Rosario.
Pero, en el siglo XVIII, se introdujo en diferentes lugares la costumbre de rezarlo al alborear el día, en determinadas festividades. Surgió así el conocido como Rosario de la Aurora que se acompañaba de cantos populares, en los que, de forma sencilla, se explicaban los distintos misterios, junto con otros en los que se invitaba a participar en esta práctica religiosa. Hay numerosas letras de estas características:
Viva María,
viva el Rosario,
viva Santo Domingo
que lo ha fundado.
El demonio al oído
te está diciendo,
deja misa y rosario
sigue durmiendo.
Para iluminar a los fieles que participaban en esta procesión que recorría las calles, antes de amanecer, se utilizaban unos pequeños faroles de cristal que fueron el origen de los monumentales Rosarios de Cristal. También dieron lugar a una frase, muy popular en nuestro idioma, que recoge el Diccionario de la Rea Academia Española: «Acabó como el rosario de la aurora», por un supuesto enfrentamiento a farolazos que protagonizaron los devotos de una localidad gaditana con un grupo de trasnochadores que, en estado de embriaguez, pretendían obstaculizar el desarrollo de su rosario.
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