Rogativa
Como oración pública de la Iglesia, gozan de una dilatada tradición que algunos remontan al siglo V. Posteriormente quedaron vinculadas a las cuatro témporas del año litúrgico, unos días penitenciales de ayuno y abstinencia en los que se celebraban procesiones y se cantaban las Letanías de los Santos, con el fin de rogar a Dios por las necesidades de los hombres, especialmente relacionadas con el trabajo del campo, tanto para dar gracias por los frutos recogidos, como para pedir el cese de las calamidades que se abatían sobre las cosechas.
Pero, en tiempos de sequía o enfermedad fueron también frecuentes las rogativas organizadas por los fieles, teniendo como protagonistas a aquellas imágenes objeto de especial veneración y siempre con un carácter penitencial, organizando procesiones o acudiendo a un determinado santuario.
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