Reliquia
Se denomina reliquia a una parte de la anatomía de un mártir o santo o de aquellos objetos relacionados con los mismos, a través de los cuales se les tributa culto de veneración.
Desde los primeros siglos del Cristianismo la veneración de los cuerpos de los mártires gozó de un enorme arraigo y sobre los lugares de enterramiento se levantaron templos martiriales a ellos dedicados. La celebración de la Eucaristía se efectuaba sobre sus cuerpos o sus reliquias hasta el punto de que en la consagración de todo altar era obligatorio depositar reliquias en unas pequeñas excavaciones o tecas realizadas en la mesa. Lo mismo se hacía en el ara de piedra que se insertaba en los altares construidos, más tarde, en madera. Esta norma persistió hasta la reforma litúrgica impulsada por el Concilio Vaticano II, aunque el canon 1237 señala que debe observarse la antigua tradición de colocar bajo el altar fino reliquias de Mártires o de otros Santos, según las normas litúrgicas.
Durante la Edad Media, la posesión de reliquias en un determinado templo se convirtió en un factor de prestigio para los mismos. Ello dio motivo a la creación de importantes lipsanotecas o colecciones de reliquias que eran veneradas por los peregrinos que acudían hasta allí, hasta el punto de que dio origen a la construcción de un modelo arquitectónico de iglesia de peregrinación, que permitía la circulación en dirección a los relicarios sin entorpecer el culto.
Pero ese interés desmedido provocó, por una parte, el fraccionamiento de los cuerpos de los Santos, que hasta entonces se habían venerado completos, dado el deseo de conservar en otros lugares una parte de los mismos. Al mismo tiempo surgió un comercio de reliquias, procedentes de Tierra Santa en muchas ocasiones, completamente falsas.
Para atajar esos excesos, al mismo tiempo que el Concilio de Trento avaló el culto a los Santos, rechazado por los protestantes, prohibió la veneración de aquellas reliquias que no contaran con su correspondiente «auténtica». El actual Código de Derecho Canónico prohíbe taxativamente la venta de reliquias por el canon 1190.
Esa difusión del culto a los Santos y las numerosas iglesias que fue preciso construir en tierras americanas, exigió disponer de un número suficiente de reliquias. El descubrimiento de las catacumbas facilitó esa exigencia, pues de allí salieron muchas, siempre con su auténtica, aunque se partió del error de considerar que todos los enterrados en ellas eran mártires. Algo parecido sucedió con el hallazgo de antiguos cementerios romanos que dio origen, entre otros casos, al difundido culto a Santa Úrsula y las once mil vírgenes.
Uno de los pasos de los procesos de beatificación es el reconocimiento del cuerpo de la persona a la que le ha sido incoado y la extracción de reliquias del mismo, para su veneración, tras la beatificación o ulterior canonización.
Actualmente se distinguen tres tipos de reliquias: Son reliquias de primera clase u orden, todas las partes del cuerpo del mártir o santo. Son de segunda clase, aquellos objetos que pertenecieron a los mismos. Finalmente se habla de «reliquias de contacto» a aquellos objetos que han sido puestos en contacto con las de primera o segunda clase.
También se suele llamar reliquias, aunque propiamente no lo sean, a los objetos o recuerdos piadosos procedentes de Tierra Santa, entre los que pueden encontrarse un variado muestrario, como rocas o tierra de los lugares que pisó el Señor o incluso frutos de los mismos, como olivas del huerto de los olivos.
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