Rebautizar
En el siglo III hubo un movimiento impulsado por muchos obispos, entre ellos algún Santo, que negaban la validez del Sacramento del Bautismo administrado por aquellas personas que no estuvieran en gracia de Dios y, en concreto, por los condenados como herejes. La Iglesia lo consideró válido, siempre y cuando hubiera intención de bautizar y hacerlo con la forma establecida.
Mucho más tarde, los anabaptistas rechazaron el bautismo administrado a los niños, considerando que debía recibirse cuando se tuviera uso de razón, por lo que preconizaban el rebautizar a los que ya lo habían recibido de niños.
Distinto es el caso de quienes han sido bautizados por un ministro extraordinario en caso de necesidad. En estas circunstancias la Iglesia aconseja volver a administrar el sacramento por un sacerdote, aunque con la fórmula condicional de «Si no estás bautizado…».
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