Querubines
Dentro de los nueve coros o categorías de ángeles que se recogen en la clasificación establecida por Dionisio Aeropagita en su tratado sobre la jerarquía celeste, son los que ocupan el segundo lugar, en cuanto a la proximidad de Dios, inmediatamente después de los serafines. Su nombre procede del hebreo querub que significa próximo o segundo.
En el capítulo tercero del libro del Génesis se afirma que, tras la expulsión de nuestros primeros padres del Paraíso, puso querubines al oriente del jardín del Edén, con espadas de fuego, que tenían como misión guardar el camino hacia el Árbol de la Vida.
El profeta Ezequiel en la visión que relata al comienzo de su libro los describe como seres vivientes que parecían hombres. Tenían cuatro alas y cuatro rostros, un de hombre, otro de león, otro de toro y el cuarto de águila. Estas mismas características son las que se describen en el Apocalipsis y la exégesis cristiana las ha relacionado con el tetramorfos o representación simbólica de los cuatro evangelistas.
En cualquier caso, aparecen vinculados al trono de Dios que se asienta, precisamente sobre serafines.
La representación más antigua de los mismos es la que Moisés mandó hacer, siguiendo las instrucciones del propio Yhavé, para colocarlos sobre el propiciatorio, la tapa que cubría el Arca de la Alianza. Eran de oro y, aunque no se conoce con precisión, se supone que tenían forma humana. Estaban arrodillados uno frente a otro, con el rostro inclinado y las alas extendidas hasta tocar las del otro.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.