Protodulía
Es el nombre que se utiliza para designar el culto que la Iglesia tributa a San José. Su naturaleza es igual al de dulía, referido a los Santos, y por lo tanto es de veneración, diferenciándose claramente del culto de latría o de adoración que sólo recibe Dios. El prefijo «proto» que significa «primero» hace referencia al carácter que le distingue del resto de los santos, al igual que ocurre con el término hiperdulía que alude al culto dispensado a la Virgen María.
La devoción a San José fue adquiriendo progresiva importancia en el transcurso de la historia, pero especialmente en los últimos siglos y así el Papa Pío IX, por el Breve Inclytum Patriarcham de 7 de julio de 1871, lo declaró Patrono y Protector de la Iglesia universal.
León XIII en su Encíclica Quamquam pluries, de 15 de agosto de 1889, señalaba que las razones por las que el bienaventurado José debe ser considerado especial patrono de la Iglesia, y por las que a su vez, la Iglesia espera muchísimo de su tutela y patrocinio, nacen principalmente del hecho de que él es el esposo de María y padre putativo de Jesús. De estas fuentes ha manado su dignidad, su santidad, su gloria. Es cierto que la dignidad de Madre de Dios llega tan alto que nada puede existir más sublime; pero, porque entre la santísima Virgen y José se estrechó un lazo conyugal, no hay duda de que a aquella altísima dignidad, por la que la Madre de Dios supera con mucho a todas las criaturas, él se acercó más que ningún otro.
Más recientemente San Juan Pablo II dedicó su Exhortación Apostólica Redemptoris custos, de 15 de agosto de 1989, centenario de la anterior encíclica, a la figura y misión de San José en la vida de Cristo y de la Iglesia, poniendo de relieve que participó, como ninguna otra persona, a excepción de María, en el misterio de la Encarnación, del que fue depositario. Fue él quien le impuso el nombre de Jesús, que le había sido revelado, y como custodio legítimo y natural, cabeza y defensor de la Sagrada Familia, permaneció fiel a la llamada de Dios hasta el final, dando un ejemplo que supera los estados de vida particulares y se convierte en modelo para toda la comunidad cristiana.
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