Procesión
Palabra que tiene dos significados. Desde el punto de vista teológico hace referencia a la verdad dogmática que se expresa en el Credo, en virtud de la cual el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, lo que no es reconocido por la Iglesia Ortodoxa que rechaza el término «filioque» (y del Hijo) que fue uno de los motivos desencadenantes del Cisma de Oriente.
Por otra parte alude a lo que en el antiguo Código de Derecho Canónico se definía como «solemnes rogativas que hace el pueblo fiel, conducido por el clero, yendo ordenadamente da un lugar sagrado a otro lugar sagrado, para promover la devoción de los fieles, para conmemorar los beneficios de Dios y darle gracias por ello, o para implorar el auxilio divino». Significativamente, el vigente Código tan sólo cita este término al referirse a la del Corpus Christi, indicando que «como testimonio público de veneración a la Santísima Eucaristía, donde pueda hacerse a juicio del Obispo diocesano, téngase una procesión por las calles, sobre todo en la solemnidad del Cuerpo y Sangre de Cristo».
También se alude a las procesiones que forman parte de la celebración de la Eucaristía, tales como la de entrada, la que precede a la lectura del Evangelio, en ciertas celebraciones, y a la del Ofertorio.
Hay procesiones que forman parte de la Liturgia de determinadas solemnidades, como la que precede a la Vigilia Pascual, con el cirio pascual encendido en el exterior del templo; la del Domingo de Ramos con palmas; la que precede a la Adoración de la Cruz en los oficios del Viernes Santo; o la de la Presentación del Señor, con las candelas.
Pero, además, existen numerosas procesiones que constituyen una de las manifestaciones más arraigadas en la religiosidad popular, entre las que alcanzan especial relieve las relacionadas con la Semana Santa.
En gran medida, constituyen la expresión del pueblo que camina hacia la patria celestial, además de constituir una manifestación pública de fe y de culto público a Dios, la Virgen o los Santos.
Tienen una dilatada tradición dentro de la historia de la Iglesia, desde sus primeros tiempos, tanto en Roma con los cuerpos de los mártires, como en Jerusalén, donde era una piadosa costumbre recorrer los lugares asociados a la Pasión de Cristo.
En numerosos lugares se celebran con ocasión de la fiesta de un Santo, en las que su imagen es llevada en andas por sus devotos o cofrades, cuando las organiza una cofradía. Aunque suelen discurrir por lugares públicos, también pueden realizarse en el interior de los templos.
Con ocasión de calamidades o para implorar beneficios, como la lluvia, es frecuente organizar procesiones con carácter extraordinario que se suelen denominar rogativas, aunque como hemos visto el antiguo Código daba este nombre a todas las procesiones.
En cualquier caso, para que tengan un carácter religioso es preceptivo que estén presididas por un clérigo, habitualmente revestido con capa pluvial.
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