Priorato de las Órdenes Militares
Hasta mediados del siglo XIX, las Órdenes Militares españolas de Santiago, Calatrava, Alcántara y Montesa, habían dependido jurisdiccionalmente del Consejo de Órdenes, un organismo creado por Carlos I, al refundir en uno solo los que habían constituido los Reyes Católicos, en 1489, para las tres primeras a las que, en 1707, se había incorporado la de Montesa.
La situación había experimentado grandes cambios a comienzos del siglo XIX, especialmente por los decretos desamortizadores y el carácter diseminado de los territorios que dependían de cada una de las órdenes.
Por ese motivo, su situación fue objeto de especial atención en el Concordato suscrito entre la Santa Sede y el Reino de España, de 1851, en el que se señalaba que «era necesario y urgente acudir con el oportuno remedio» a los inconvenientes citados, aunque conservando «cuidadosamente los gloriosos recuerdos que tantos servicios ha hecho a la Iglesia y al Estado y las prerrogativas de los Reyes de España, como Grandes Maestres de las Órdenes, por concesión apostólica».
A tal fin, se establecía que «se designará en la nueva demarcación eclesiástica un determinado número de pueblos que formen coto redondo». Ese territorio sería denominado «Priorato de las Órdenes Militares y el Prior «tendrá carácter episcopal, con título de iglesia «in partibus».
En virtud de ello, el Papa Pío IX promulgó el 18 de noviembre de 1875 la Bula Ad Apostolicam por el que se erigía el citado Priorato, declarando territorio exento a la provincia de Ciudad Real, encomendando el gobierno espiritual del mismo a un Prior, con dignidad episcopal, uniendo a su cargo el obispado titular de Dora, en Palestina y con las mismas atribuciones que un obispo residencial, aunque dependiendo directamente de la Santa Sede. Para el ejercicio de la jurisdicción atribuida al Gran Maestre se creó un tribunal con carácter metropolitano.
Tanto el obispo-prior, como los miembros de su cabildo y los beneficiados y párrocos del Priorato, tenían que ser investidos previamente en una de las cuatro órdenes.
Considerado como una prelatura nullius, directamente sujeta a la Santa Sede, el Priorato ha sido un caso singular dentro de la Iglesia que se ha mantenido hasta nuestros días.
El 4 de febrero de 1980, por la Bula Constat Militarium, el Papa San Juan Pablo II erigió la diócesis de Ciudad Real, como sufragánea de la archidiócesis de Toledo, sobre el territorio de la antigua Prelatura o Priorato de las Órdenes Militares. Su titular prescindió a partir de entonces del título de obispo de Dora, convirtiéndose en obispo residencial de Ciudad Real, aunque conservando el título de Prior de las Órdenes Militares, por razones históricas. De igual forma la Iglesia Prioral de Santa María del Prado fue erigida en catedral y el cabildo prioral pasó a convertirse en cabildo catedralicio, manteniendo sus vínculos honoríficos con las Órdenes Militares.
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