Príncipe Asistente al Solio
Considerada como la más alta dignidad civil, dentro de la estructura de la antigua Corte Pontificia, su origen se remonta a los primeros siglos de la Iglesia, en los que, al parecer, asistían al Trono Pontificio miembros de las antiguas familias senatoriales romanas y del patriciado de la urbe.
Desde la época del Renacimiento este cargo estaba vinculado a las familias Orsini y Colonna. Fue Benedicto XIII quien, para zanjar los problemas de preeminencia entre unos y otros que se suscitaban, dispuso que se alternasen en el desempeño de este alto cometido. Pío XII extendió estos privilegios a la familia Torlonia.
El Príncipe Asistente al Solio se situaba en las grandes ceremonias en el lado izquierdo del Trono Pontificio, mientras el lado derecho quedaba reservado para un Cardenal Diácono.
El Príncipe era quien lavaba las manos del Pontífice, tras el Ofertorio, y era incensado inmediatamente después del Vice-Camarlengo de la Santa Iglesia.
Tras la reforma de la Corte llevada a cabo por el Papa San Pablo VI, el cargo se ha mantenido con el nombre de Asistente al Solio pero sus funciones quedaron limitadas a los actos civiles más destacados, como son las visitas de Jefes de Estado a la Ciudad del Vaticano.
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