Primado
El «primado» por excelencia corresponde al Papa como obispo de Roma y cabeza de la Iglesia instituido por el propio Jesucristo.
Posteriormente surgieron primados en las diferentes naciones cristianas, un título que nunca tuvo jurisdicción sobre el resto de las sedes, sino que fue solo de honor y precedencia.
Desde la Reconquista de Toledo, en 1085, el metropolitano de esa ciudad es el primado de España, en virtud de supuestos derechos anteriores que fueron objeto de controversia con los metropolitanos de Santiago, Sevilla y Tarragona. El contencioso con este último fue especialmente constante, hasta el punto de que el arzobispo de Toledo se intitulaba «Primado de las Españas», mientras que el de Tarragona se consideraba «Primado de España», aduciendo la presencia de San Pablo en esa ciudad.
Hasta 1920, el Primado tenía también el título de Patriarca de las Indias Occidentales, pasando entonces a recaer en el obispo de Sión, hasta su desaparición en fecha relativamente reciente.
El Primado de Toledo tenía honores de Capitán General de los Ejércitos y el título simbólico de Canciller Mayor de Castilla, así como el de Comisario General de la Cruzada. Era habitual que el Primado fuera creado cardenal en el primer consistorio después de su nombramiento.
Actualmente, las reformas introducidas en la estructura eclesial y sobre todo la creación de la Conferencia Episcopal, ha relegado a un papel secundario la primacía de Toledo, cuyos titulares ya no son creados cardenales como algo inherente a su sede.
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