Posturas y gestos corporales
Las celebraciones litúrgicas incluyen una serie de posturas y gestos realizados con todo el cuerpo o con parte del mismo, cada uno de los cuales entraña un significado.
Así, el transcurso de la celebración de la Eucaristía, los participantes pueden permanecer de pie, sentados o arrodillados. En el primer caso, se levantan en señal de respeto durante las procesiones de entrada y de salida; en el momento de ser incensado el pueblo; y especialmente mientras se proclama el Evangelio. Actualmente, es la postura habitual en la mayor parte de la Misa, salvo en el momento de la Consagración o en durante toda la Plegaria Eucarística, cuando se aconseja arrodillarse. Sentados se asiste a las lecturas que preceden al Evangelio y durante el espacio de tiempo comprendido entre el Credo y el Prefacio, así como en los momentos que siguen a la Comunión, hasta que se levantan para recibir la bendición final.
Arrodillarse es una de las muestras de reverencia corporal y especialmente de adoración por lo que se adopta ante el Santísimo Sacramento, aunque también puede adoptarse en la oración privada.
Entre esas muestras se encuentran asimismo la postración, la genuflexión, la inclinación del cuerpo y la de la cabeza, prescritas por las rúbricas para ocasiones específicas, que se comentan al tratar de las mismas.
También hay gestos como el abrazo litúrgico, santiguarse o efectuar la persignación, y posturas relacionadas con la posición de las manos de los celebrantes o los golpes en el pecho que en señal de pesar, por las ofensas cometidas se llevan a cabo, por tres veces, al recitar el Confiteor.
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