Patriarca de Occidente
Desde la antigüedad ha sido uno de los títulos utilizados por el Papa, hasta que Benedicto XVI, en 2006, renunció al mismo.
Con este motivo se destacó que el gesto tenía por objeto abrir nuevas vías de diálogo ecuménico, aduciendo que el Patriarcado de Occidente había surgido como contraposición a los Patriarcados Orientales de Constantinopla, Alejandría, Antioquía y Jerusalén.
Sin embargo, este Patriarcado, junto con los Alejandía, Antioquía y Jerusalén fueron reconocidos por el Concilio de Nicea, celebrado en 325. El de Constantinopla fue creado en el I Concilio de Constantinopla, celebrado en 381.
El Patriarcado de Occidente tenía su sede en la Basílica de San Juan de Letrán, como catedral del Obispo de Roma. Era una de las cuatro Basílicas Patriarcales que subsistían en esa ciudad y que, por decisión de Benedicto XVI, pasaron a llamarse «Basílicas Papales». Este gesto tenía más sentido, ya que la existencia de estas basílicas «patriarcales» mantenía la ficción de una Pentarquía paralela a las sedes orientales, a través de unos «Patriarcados Latinos» que desaparecieron ya en 1964.
El título de Patriarca de Occidente nunca fue asumido plenamente, en su sentido originario, por la Iglesia de Roma. De hecho se cita que el último en utilizarlo fue el Papa Teodoro I en 642. Volvió a aparecer en el siglo XVI, dentro de los diferentes títulos pontificios y se incluyó en el Anuario Pontificio en 1863.
Desde la Santa Sede se ha insistido en que había quedado obsoleto, sobre todo tras las reformas del Concilio Vaticano II en el que, dentro del ordenamiento canónico, cobraron especial protagonismo las Conferencias Episcopales. Por otra parte, era difícil compaginar la concreción geográfica de ese «Occidente» con la realidad de una iglesia extendida por todo el mundo.
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