Parusía
Con esta palabra de origen griego que significa «presencia», se designa a la venida gloriosa de Cristo a la tierra en el final de los tiempos.
A esta nueva venida se refiere, en varias ocasiones, el Nuevo Testamento. Ya en el momento mismo de la Ascensión, los discípulos que estaban presentes escucharon el anuncio de que «Este Jesús que acaba de subir al cielo volverá tal como le habéis visto irse» (He: 1,11). Pero fue el propio Jesucristo quien se había referido a ella, como se relata en el evangelio de San Mateo: «Porque el Hijo del hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces dará a cada uno según sus obras» (Mt: 6,27). En su última visita al templo volvió a referirse a ella: «y verán venir al Hijo del hombre sobre las nubes del cielo con gran poder y majestad. Y mandará a sus ángeles con potentes trompetas, y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos desde uno a otro extremo del mundo» (Mt: 24, 31), así como a las señales que la precederían.
Los primeros discípulos creyeron que ese regreso de Cristo estaba próximo y se preparaban para recibirle. Sin embargo, Él mismo había afirmado «que aquel día y aquella hora nadie los conoce, ni los ángeles del cielo, ni el Hijo, sino sólo el Padre» (Mt, 24,36).
La Iglesia en el Símbolo de la Fe expresa la certeza en el glorioso advenimiento del Señor para juzgar a vivos y muertos. El Catecismo hace referencia a la última prueba que la Iglesia ha de pasar antes de esta llegada, bajo la forma de una impostura religiosa que proporcionará a los hombres una aparente solución a sus problemas mediante el precio de la apostasía de la verdad que tiene su expresión en el Anticristo.
La llegada de Cristo triunfante no puede ser contemplada desde la perspectiva del temor, sino de la esperanza. Es significativo, en este sentido, que la Biblia se cierre con las últimas palabras del Apocalipsis que la Iglesia repite: «Ven, Señor Jesús» (Ap: 22,20).
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