Oración universal
También conocida como Oración de los fieles se recita al final de la Liturgia de la Palabra, en la celebración de la Santa Misa, antes de dar comienzo a la Liturgia Eucarística.
Esta oración formaba parte de las celebraciones eucarísticas en los primeros tiempos de la Iglesia pero fue suprimida en fecha temprana, posiblemente a comienzos del siglo VII. Fue el Concilio Vaticano II quien promovió su restauración.
En ella, el pueblo responde a la Palabra de Dios que acaba de ser proclamada, ejerciendo su función de sacerdocio para rogar a Dios por todos los hombres. Es importante destacar que es todo el pueblo de Dios el que reza conjuntamente. Son, por lo tanto, los fieles con el sacerdote. Por eso, la expresión «oración de los fieles» puede prestarse a error, siendo más correcta esta denominación de «oración universal».
La Instrucción General del Misal Romano aconseja que el celebrante invite a la oración con una breve monición. Seguidamente, el diácono u otra persona van leyendo las intenciones, a las que responde el resto de los fieles con la invocación «Te rogamos, óyenos» u otra similar.
Las peticiones deben seguir un orden, comenzando por las necesidades de la Iglesia, continuando con las intenciones por los que gobiernan y por la salvación del mundo. A continuación, se pide por los oprimidos y, finalmente, por la comunidad parroquial. No obstante, este esquema puede completarse con otras peticiones. Al término de las mismas el celebrante recita la oración conclusiva.
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