Obispo
Es el varón que ha recibido la ordenación episcopal que representa la plenitud del Sacramento del Orden, en virtud de la cual, se constituye en sucesor de los Apóstoles.
La consagración episcopal confiere, junto con la función de santificar, la de enseñar y gobernar. De esta manera, según enseña el Catecismo de la Iglesia Católica, los obispos, de manera eminente y visible, hacen las veces del mismo Cristo y actúan en su nombre.
Se convierte en miembro del Colegio episcopal, en comunión jerárquica con su cabeza que es el Papa. Tiene a su cargo el oficio pastoral de la Iglesia particular que le ha sido confiada pero, al mismo tiempo, tiene con todos los obispos responsabilidad solidaria en la misión apostólica de la Iglesia universal.
La ordenación de un obispo se realiza mediante la imposición de manos de otro obispo y el recitado de una oración consecratoria. Para que, además de válida, sea legítima se requiere la intervención especial del Papa como expresión de la comunión de todas las Iglesias. Hay además unos ritos complementarios entre los que se encuentran la unción con el Santo Crisma, la entrega de los Santos Evangelios, del anillo, de la mitra y del báculo. En la ordenación de un obispo, deben participar varios obispos que, a su vez, impondrán sus manos en el momento de la ordenación.
Para ser candidato al episcopado se requiere haber sido ordenado presbítero, al menos cinco años antes; tener más de 35 años; ser Doctor o Licenciado en Sagradas Escrituras, Teología o Derecho Canónico, aunque no es condición inexcusable; y, sobre todo, destacar por la firmeza de su fe, su piedad, buenas costumbres y otras virtudes consideradas idóneas para el desempeño de su ministerio.
Como signos de su jerarquía los obispos usan el báculo, cruz pectoral y anillo episcopal. Se tocan con el solideo de color morado y la mitra propia de las ceremonias litúrgicas.
De acuerdo con una antigua tradición traen heráldica propia y, en España, tenían el tratamiento de Ilustrísimo y Reverendísimo, aunque en los últimos años se ha introducido la costumbre de usar el de Excelentísimo y Reverendísimo.
Tienen encomendada un obispado o iglesia particular, siendo la catedral el templo propio, desde cuya cátedra ejerce su ministerio de la Palabra. Entre sus obligaciones figuran las de residir en su sede, con carácter permanente y efectuar, periódicamente, la Visita Pastoral a las comunidades parroquiales que forman parte de la diócesis.
Todo obispo depende, como obispo sufragáneo, del metropolitano a cuyo cargo está la provincia eclesiástica a la que pertenece su diócesis.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.