Obediencia
Es la virtud que íntimamente vinculada a la virtud cardinal de la Justicia nos obliga a reconocer libremente la autoridad de los superiores legítimos.
Hay que distinguir, en primer lugar, lo que el Catecismo de la Iglesia Católica denomina «obediencia de la fe», por la que nos sometemos a la palabra escuchada con la seguridad de que está garantizada por Dios, teniendo como modelo a la Virgen María en la que ese sometimiento alcanzó su más alta expresión.
Pero la obediencia también es debida a las autoridades eclesiásticas y civiles, en este último caso cuando sus normas no atenten contra el orden moral.
La obediencia es uno de los tres consejos evangélicos (pobreza, castidad y obediencia) que, mediante la emisión de voto solemne, asumen los que profesan en un instituto de vida consagrada, siendo sin duda el más difícil de cumplir.
Los sacerdotes no emiten votos, sino que efectúan una promesa de obediencia al obispo como cabeza de cada iglesia particular.
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