Nunc dimitis
Cumpliendo con la tradición judía, todos los primogénitos debían ser consagrados a Dios o redimirlos con el rescate establecido. Como toda mujer que daba a luz tenía prohibida la entrada en el templo hasta cumplir la cuarentena, San José y la Virgen esperaron a cumplir ese plazo para llevar al Niño al templo.
Según relata el Evangelio de San Lucas, vivía entonces en Jerusalén un hombre llamado Simeón, justo y piadoso, al que el Espíritu Santo le había revelado que no moriría antes de ver al Mesías. Aquel día fue al templo y, al ver al Niño, lo tomó en sus brazos y, alabando a Dios, pronunció el canto que hoy conocemos como Nunc dimitis, nombre que proviene de sus dos primeras palabras, en la versión latina.
El Nunc dimitis es, junto con el Magnificat y el Benedictus, uno de los tres grandes «cánticos evangélicos» que se han incorporado a la Liturgia de las Horas. En concreto, se recita en el rezo de Completas, seguido de la antífona: «Sálvanos, Señor, despiertos, protégenos mientras dormimos, para que velemos con Cristo y descansemos en paz».
El texto completo, en latín y castellano es el siguiente: Nunc dimittis servum tuum, Domine,
Ahora, Señor, según tu promesa secundum verbum tuum in pace:
puedes dejar a tu siervo irse en paz. Quia viderunt oculi mei salutare tuum, Porque mis ojos han visto a tu Salvador, quod parasti ante faciem omnium
a quien has presentado ante todos los
populorum
pueblos: Lumen ad revelationem gentium
Luz para alumbrar a las naciones et gloriam plebis tuae Israel.
y gloria de tu pueblo Israel.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.