Mundo
En el antiguo Catecismo se enseñaba que los tres grandes enemigos del alma eran: Mundo, Demonio y Carne.
Tras la palabra «mundo» se engloba todo ese conjunto de valores que arrastran al hombre hacia unos objetivos completamente alejados de los que le conducirían a la salvación. No en vano Satanás es llamado en el Nuevo Testamento «príncipe de este mundo» y de la tentación de poder y dominio de las realidades materiales no se libró ni el propio Jesucristo, cuyas tentaciones durante su retiro de cuarenta días antes de iniciar su vida pública se centraron en esos enemigos. La tercera de ellas fue una tentación de poder terrenal cuando al mostrarle los reinos del mundo, el demonio le dijo: «Todo esto te daré, si te postras y me adoras». La respuesta de Jesús fue concluyente «Al Señor tu Dios adorarás y sólo a Él darás culto». Pero esa tentación está permanentemente presente en todos los hombres, muchos de los cuales sucumben ante el atractivo del poder y del dinero.
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