Mitra
Es la prenda de cabeza propia del obispo. Esta formada por una base circular de la que parten dos hojas rígidas, terminadas en punta o ápice. Hendida a los lados, la unión de tela facilita el plegado de la mitra cuando dejas de usarse. De su parte posterior, cuelgan dos tiras de tela llamadas ínfulas.
Este tocado de origen civil, ha sido siempre símbolo de autoridad y, en el ámbito eclesiástico, comenzó a ser utilizado por el Papa, generalizándose su uso entre todos los obispos a partir del siglo X.
Hasta épocas recientes, los obispos utilizaban tres tipos de mitra: la pretiosa, ricamente decorada con pedrería que utilizaba habitualmente en las celebraciones litúrgicas; la auriphrigiata, bordada con hilo de oro pero sin pedrería, reservada para los tiempos de Adviento y Cuaresma; y la sencilla, sin adornos, para los oficios del Viernes Santo y las misas de difuntos.
En la actualidad, aunque se mantiene la existencia de dos tipos, se ha generalizado el uso de la más sencilla, siempre de color blanco. No obstante el diseño y la forma pueden variar y, de hecho, ha habido distintos tipos a lo largo de la historia, de acuerdo con los gustos estéticos de cada momento.
La mitra simple de los cardenales es de tela de damasco, en la que se dibuja una piña, y de sus ínfulas caen flecos rojos.
La mitra es propia de la dignidad episcopal pero su uso ha sido reconocido a determinados abades y abadesas, llamados por este motivo «mitrados». En ocasiones, los Papas han concedido el privilegio de su uso a otros eclesiásticos como deanes e, incluso, canónigos y capellanes.
En la celebración de la Eucaristía los obispos la llevan durante la procesión de entrada y se la quitan para besar el altar. Se la vuelven a colocar desde que termina la oración colecta hasta antes de que se proclame el Evangelio y también en la homilía. Se la quitan, tras recibir las ofrendas, antes de presentarlas durante el Ofertorio. La utilizan de nuevo tras la oración después de la comunión y la conservan hasta la procesión de salida.
Cuando no lo emplean, un acólito la sostiene con la vimpa o, más frecuentemente, se deposita en la credencia.
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