Misa de los Presantificados
Antes de la reforma litúrgica de la Semana Santa, introducida por el Papa Pío XII en 1955, y consolidada después con la promulgación del Misal Romano de 1969 por San Pablo VI, la Misa de los Presantificados, también llamada «Misa in Parasceve», era una de las ceremonias que tenían lugar el Viernes Santo, tras la adoración de la Santa Cruz.
Comoquiera que ese día la Iglesia nunca celebró la Eucaristía, en señal de luto, se traía al altar, desde el monumento en el que se había reservado el día de Jueves Santo, una hostia que era incensada y elevada, para ser consumida exclusivamente por el celebrante que ese día iba revestido con ornamentos negros, junto con el vino del cáliz en el que se había depositado una partícula de la misma, aunque ello no significara que comulgara bajo las dos especies, pues el vino no había sido consagrado.
El nombre de «presantificado», hace referencia a que la hostia había sido consagrada el día anterior, por lo que no se trataba, en realidad de una misa, aunque recibiera ese nombre.
Esta «misa» de gran tradición en la liturgia latina fue introducida por San Gregorio Magno en la oriental, donde se ha conservado, no solo circunscrita al día de Viernes Santo, sino a todos los viernes del año.
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