Maitines
Dentro del Oficio Divino es la parte más importante y la de mayor antigüedad, dado que recuerda el rezo que los primeros cristianos efectuaban por la noche, antes del amanecer. Aunque ha experimentado numerosos cambios en el transcurso del tiempo, ese sentido de nocturnidad se ha mantenido hasta época reciente en los monasterios, donde la comunidad se reunía, en mitad de la noche, para el rezo. Tras el Concilio Vaticano II recibió el nombre de Oficio de Lecturas, atendiendo a su contenido y es una de las horas canónicas obligatorias para sacerdotes y diáconos, aunque no es necesario rezarlo por la noche, habiendo quedado reservada esta práctica a determinados monasterios.
La importancia del mismo viene determinada tanto por su extensión como por su contenido. Esencialmente se compone del invitatorio, cantado o recitado en forma de un responsorio; himnos que hacen relación simbólicamente al carácter nocturno original; salmos compuestos por una serie que comprende desde el salmo 1 al 108, que se recitan o cantan secuencialmente a lo largo del año; las lecturas que, a diferencia del resto de las horas canónicas, son mucho más extensas y consisten en ciertas partes de la Sagrada Escritura, seleccionadas en función del tiempo litúrgico, así como textos de Doctores de la Iglesia o de los santos que se conmemoran cada día; un invitatorio final y el canto del Te Deum.
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