Limbo de los niños
El denominado «limbo de los niños» no fue nunca una verdad dogmática, sino una teoría propuesta por los teólogos para salvar el obstáculo que para ellos representaba conocer el destino de todos los niños que, al morir sin bautizar, no merecían el premio de la visión beatífica de Dios, a causa del pecado original. Sugerían la posibilidad de la existencia de un lugar en el que, sin recibir ningún castigo al no haber cometido pecados personales, gozarían de una felicidad natural, sin el dolor que pudiera causarles no participar del gozo de la Gloria, al ignorar aquello de lo que estaban privados.
En la enseñanza tradicional de la Iglesia se recurría a esta teoría que, sin embargo, no encontraba ningún fundamento explícito en la Revelación. Sin embargo, en los últimos tiempos, hubo un interés creciente por dar una respuesta adecuada a esta cuestión y, aunque el Concilio Vaticano II, no se pronunció sobre ello el Catecismo de la Iglesia Católica ya no lo menciona.
Fue San Juan Pablo II, vivamente interesado en lograr una solución, quien encargó su estudio a una Comisión Teológica Internacional, dependiente de la Congregación para la Doctrina de la Fe, que fue presidida por el entonces cardenal Ratzinger. Tras un profundo análisis, el 17 de junio de 2007 se dio a conocer el fruto de sus trabajos, a través de un documento titulado «La esperanza de salvación para los niños que mueren sin bautismo».
En su introducción señala que, aunque a primera vista este tema pudiera parecer marginal respecto a otras preocupaciones teológicas, urgentes necesidades pastorales hacen necesaria una explicación, especialmente en nuestros tiempos, en los que ha crecido sensiblemente el número de niños que mueren sin haber sido bautizados por las causas que se exponen en el documento.
Analiza, a continuación, la doctrina de la Iglesia a lo largo de los siglos ya que, en ella, radicaba una de las mayores dificultades a la hora de pronunciarse sobre esta cuestión, constatando que ninguna respuesta explícita viene de la Revelación, constatando además que los principios teológicos parecen favorecer la salvación de los niños no bautizados, de acuerdo con la voluntad salvífica universal de Dios. El hecho de la existencia de una tradición doctrinal prolongada que, en su preocupación por salvaguardar y no comprometer otras verdades del edificio teológico cristiano, ha expresado una cierta reticencia e, incluso, un claro rechazo a considerar la salvación de esos niños, lo que convierte la cuestión de su destino eterno en uno de los problemas más difíciles de resolver, por tratarse de un caso límite.
El documento señala que la Iglesia no tiene un conocimiento cierto de la salvación de los niños que mueren sin Bautismo, pero es portadora de un mensaje de esperanza y, como el Concilio Vaticano II enseñó, Dios no niega la ayuda necesaria para la salvación a todos aquellos que, sin culpa por su parte, todavía no han llegado a un explícito conocimiento de Dios y no pide cosas imposibles.
Por ello, puede dar la gracia del Bautismo sin que el sacramento sea administrado. Es esa imposibilidad de recibirlo y la esperanza en la misericordia de Dios, a cuyo cuidado amoroso son confiados los niños, lo que nos permite confiar en que haya un camino de salvación para ellos.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.