Letanías de los Santos
Oración dialogada, como toda letanía, que la Iglesia utiliza en casos de especial solemnidad, como en la Vigilia Pascual, antes de proceder a la administración del Sacramento del Bautismo, cuando se lleva a cabo en el transcurso de la misma.
Su carácter de invocación, por la que se pide la especial protección de Dios y de todos los Santos, justifica su canto o recitado en especiales circunstancias como en la procesión de los cardenales electores antes de entrar en el cónclave; o en el transcurso de la celebración del Sacramento del Orden. De igual forma se cantan con motivo de las exequias del Papa y, con frecuencia, en las de otros eclesiásticos.
También, con ocasión de la canonización de un santo o durante el rito de dedicación de un templo, así como, cuando por alguna circunstancia especialmente grave, se tiene que proceder a su reconciliación.
Su estructura es la siguiente: Comienzan con la súplica a Dios, por medio de la aclamación del Kýrie eléison, seguida por las invocaciones a los Santos que siguen un orden jerárquico. En primer lugar, a la Virgen, seguida por los ángeles, los patriarcas, los profetas, apóstoles, evangelistas, discípulos del Señor, mártires, obispos, doctores y padres de la Iglesia, presbíteros y religiosos, y santos laicos. Su número puede ser variable y adaptado a las circunstancias del momento y del lugar, incluyendo al final una invocación genérica a todos los Santos y Santas. A la enumeración de cada uno de ellos se responde: «Ruega por nosotros».
Siguen a continuación las invocaciones a Cristo, por las que se pide su protección, y a las que se responde: «Líbranos Señor». También pueden adaptarse según la ocasión en la que se recen.
Después se incluyen peticiones por diversas necesidades, respondidas con «Te rogamos, óyenos», finalizando con una oración conclusiva.
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