Leccionario
Se designa con este nombre a los libros utilizados en la Liturgia de la Palabra, durante la celebración de la Santa Misa. Aunque en ellos están incluidos los textos correspondientes a la proclamación del Evangelio, suele haber otro libro más rico, conocido como Evangeliario, que es utilizado específicamente con ese fin.
El Leccionario no es un libro único, sino que, en la actualidad, está constituido por una colección de 8 volúmenes que contienen las lecturas propias de cada celebración, dentro del Año Litúrgico. Su distribución es la siguiente: Leccionario I
Con las lecturas correspondientes a domingos y festivos del ciclo A Leccionario II
Con las lecturas correspondientes a domingos y festivos del ciclo B Leccionario III
Con las lecturas correspondientes a domingos y festivos del ciclo C Leccionario IV
Con las lecturas correspondientes al Tiempo Ordinario Leccionario V
Con las lecturas correspondientes al Propio y Común de los Santos,
así como Difuntos Leccionario VI
Con las lecturas correspondientes a Misas diversas y votivas Leccionario VII
Con las lecturas correspondientes al Tiempo ferial de Adviento, Cua
resma y Pascua Leccionario VIII Con las lecturas correspondientes a las Misas rituales
Hasta el Concilio Vaticano II, durante la Misa tan sólo se leían dos lecturas, la Epístola y el Evangelio propio del día, aunque al final de la celebración siempre se recitaba el comienzo del Evangelio de San Juan.
La Constitución Sacrosantum Concilium dispuso que se organizara una lectura de la Escritura más rica y adaptada. En cumplimiento de este mandato, el Consilium para la reforma litúrgica comenzó a trabajar con este objetivo y, en un plazo relativamente breve, dio a conocer sus criterios que fueron aprobados por el Papa San Pablo VI mediante la Constitución Apostólica Missale Romanum, de 3 de abril de 1969.
Entre los aspectos más importantes del nuevo Orden de Lecturas de la Misa, destacaba la introducción de tres lecturas, en los domingos y fiestas. La primera profética, la segunda apostólica, y la tercera el evangelio.
Al mismo tiempo se proponía la organización de un sistema, que quedó establecido en tres ciclos, para que los fieles, a lo largo de tres años, pudieran tener conocimiento de las partes principales de la Sagrada Escritura. Ese fue el origen de los ciclos A, B y C, actualmente en vigor.
De acuerdo con este modelo, en los domingos y festivos de cada año se leen las lecturas del ciclo correspondiente que son tres. La primera está tomada del Antiguo Testamento, excepto en tiempo de Pascua en el que se leen los Hechos de los Apóstoles porque relatan episodios acaecidos tras la Resurrección del Señor. La segunda lectura es un fragmento de una Epístola o del Apocalipsis. La tercera corresponde siempre al Evangelio. Durante el ciclo A se lee el Evangelio de San Mateo; en el ciclo B, se utiliza el de San Marcos, completado con el de San Juan; finalmente, en el ciclo C se utiliza el Evangelio de San Lucas. El de San Juan se ha reservado para ser leído en tiempo de Cuaresma y de Pascua, debido a sus características específicas.
La estructura de las lecturas correspondientes a las ferias de tiempo ordinario es diferente. En primer lugar, se leen únicamente dos lecturas. La primera está tomada del Antiguo Testamento y se distribuye en dos únicos ciclos, el I y el II. En tiempo de Pascua se leen los Hechos. La segunda lectura es el Evangelio, del que se ha elaborado un ciclo único que se repite todos los años.
El Leccionario V contiene, como hemos visto, las lecturas del Propio y Común de los Santos. En el primer caso se trata de las lecturas que corresponden a las solemnidades y fiestas de santos señalados en el calendario litúrgico, con textos propios. En el otro caso incorpora un repertorio de lecturas adecuadas a cada categoría de santos, bien sean confesores, mártires, vírgenes, etc. En este Leccionario están incluidas, también, las misas de Difuntos.
El volumen VI comprende misas votivas para determinadas ocasiones, mientras que el VIII está dedicado a las propias de los diferentes rituales sacramentales, salvo el de la Penitencia que, como es sabido, no se puede unir al de la celebración eucarística.
El volumen VII reune las lecturas correspondientes a los tiempos litúrgicos de Adviento, Cuaresma y Pascua.
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