Jeremías
Segundo de los profetas mayores que da nombre a uno de los libros proféticos del Antiguo Testamento. Aunque es imposible determinarlo con precisión suele acotarse su ciclo vital entre el 650 a. C. y el 585 a. C. unos momentos extremadamente difíciles para el pueblo elegido que se vio sometido a la cautividad de Babilonia y a la destrucción del templo de Jerusalén.
Para el profeta esa tragedia era consecuencia de la inobservancia de la Ley, llegando a calificar a Nabucodonosor de «Siervo del Señor» en cuanto ejecutor de la cólera divina. Ello provocó que fuera considerado un traidor y encarcelado, así como a sufrir numerosas persecuciones que no quebraron su misión profética en la que anuncia el retorno a la amistad con Dios.
Los investigadores consideran que, dentro del conjunto del libro, sólo puede serle atribuida la primera parte del mismo, a la que se le añadieron otros materiales, probablemente por su secretario Baruc, que también fue profeta, así como una parte final de carácter narrativo.
A Jeremías se le atribuye también la autoría de los dos libros de los Reyes y por sus «Lamentaciones» el nombre del profeta se aplica para designar a un determinado tipo de personas.
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