Inquisición
Con este nombre se conoce al conjunto de tribunales que fueron siendo creados para hacer frente al problema que representaban las herejías.
Fue en el siglo XII cuando, con motivo de la herejía cátara, fueron creados en el Sur de Francia los primeros tribunales que estaban bajo la dependencia de los obispos. Medio siglo después, ante el mal funcionamiento de los mismos, fue creada una Inquisición que dependía del Papa.
En España el modelo adoptado fue diferente. Cuando se implantó en Aragón, en 1249, estaba sujeta al poder real. Curiosamente, en Castilla no se creó hasta 1478 para combatir no a los judíos, sino a aquellos miembros de esa comunidad que, tras convertirse al Cristianismo, seguían manteniendo prácticas judaizantes. Bajo la dependencia de los Reyes Católicos el modelo se extendió a Aragón y a todos los territorios dependientes de esa Corona en 1483.
La Inquisición se convirtió más adelante en uno de los elementos fundamentales de la llamada «leyenda negra», resaltando sus elementos más negativos que, sin que sea posible negarlos, no fueron ni mayores ni más crueles que los propios de la época y similares a los que se llevaron a cabo en otros países, a veces con mayor contundencia que en España.
Conocida también con la denominación de Santo Oficio, la Santa Sede creó en 1542 la Sagrada Congregación de la Romana y Universal Inquisición, la más antigua de las nueve Congregaciones de la Curia. En 1908, el Papa San Pío X cambió su nombre por el de Sagrada Congregación del Santo Oficio. Finalmente, en 1965, recibió el nombre actual de Congregación para la Doctrina de la Fe, bajo el Pontificado de San Pablo VI, que tiene como función específica la de promover y tutelar la doctrina sobre la fe y las costumbres en todo el orbe católico.
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