Inmixtión
En la celebración de la Santa Misa, dentro de la Liturgia Eucarística y del rito de la Comunión, el sacerdote, tras haber efectuado la fracción del Pan, deja caer una pequeña parte de la Hostia en el cáliz.
Es una tradición muy antigua en la que, al unir el Cuerpo y la Sangre de Cristo se expresa la unidad de su Persona en las especies eucarísticas.
En el pasado, quiso representar también la unidad de la Iglesia. Por ese motivo, el Papa enviaba un fragmento de su Eucaristía a los obispos suburbicarios de Roma para que lo mezclasen en sus respectivos cálices, haciendo patente su comunión con el Pontífice. A su vez, los obispos efectuaban un gesto similar con sus presbíteros. De hecho, lo que San Tarsicio llevaba cuando fue martirizado era uno de esos fragmentos, ya que el transporte era encomendado a un acólito.
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