Hostiario
Instrumento para fabricar las hostias que se utilizarán como materia en el Sacramento de la Eucaristía.
Eran unas pinzas con mangos de hierro que en el punto de confluencia estaban rematadas por un rectángulo en cuyas caras interiores estaban grabados, en negativo, determinados elementos decorativos, generalmente cruces o figuras relacionadas con Cristo.
En primer lugar se preparaba la masa, siempre de harina reciente, mezclada con agua, sin levadura, dada la condición de pan ácimo que se requería para su empleo en la Eucaristía.
El hostiario se calentaba al fuego y, cuando había alcanzado la temperatura adecuada, se frotaban las caras de las planchas con aceite, para que no se pegase la masa que se depositaba sobre ellas. Tras unir las planchas durante un tiempo, la masa se cocía, separando del hostiario lo que, en algunos lugares se llamaba el «panal». Después, mediante un troquel se cortaban las hostias circulares que solían ser de dos tamaños, las más pequeñas para la Comunión de los fieles y las mayores para el celebrante y las exposiciones eucarísticas. Las partes sobrantes, que se conocían como «recortes» eran muy apreciadas por los monaguillos y niños, a los que se regalaban.
Más tarde, se introdujo la energía eléctrica para calentar los hostiarios, lo que facilitó un proceso que no era excesivamente sencillo, dado que era preciso acertar con la temperatura correcta y el calentamiento al fuego hacía que muchas veces fuera preciso desechar las hostias elaboradas por su color o las impurezas arrastradas.
En la actualidad existen máquinas para su producción industrial y, aunque se mantienen los tamaños habituales, se suelen fabricar otras, mucho mayores, para determinadas solemnidades y para cuando concelebran varios sacerdotes. También se ha introducido el uso de hostias de mayor grosor y de color más oscuro, diferentes a las que se venían empleando en España, aunque los elementos básicos para su elaboración siguen siendo los mismos.
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