Hijo
Segunda Persona de la Santísima Trinidad, consubstancial con el Padre que, en el momento establecido por Dios, se hizo hombre y, sin perder la naturaleza divina, asumió la naturaleza humana.
Jesucristo, el Verbo encarnado, es por lo tanto verdadero Dios y verdadero hombre, con dos naturalezas unidas en una única Persona.
Como enseña el Catecismo de la Iglesia Católica su inteligencia y voluntad humanas están en consonancia y sometidas a su inteligencia y a su voluntad divinas que tiene en común con el Padre y el Espíritu Santo.
Concebido en el seno de la Virgen María, por obra del Espíritu Santo e Hijo único de Dios, es Señor y Salvador nuestro, gracias al Misterio de la Redención en el que libremente y cumpliendo la voluntad de Padre se ofreció como víctima propiciatoria para la salvación de todos, cargando con nuestra culpas.
Su gloriosa Resurrección y su Ascensión a los cielos constituyen la entrada definitiva de la humanidad de Cristo en el dominio celestial de Dios. Como cabeza de la Iglesia por Él fundada, nos ha precedido en el Reino de los Cielos para que vivamos con la esperanza de compartirlo un día eternamente con Él. Mientras tanto, intercede por todos y, como mediador ante el Padre, nos asegura la efusión permanente del Espíritu Santo.
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